BOLETÍN Nº 52

IV ÉPOCA

FEBRERO 2005

 

 

 

 

 

CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO

        Esa frase, acompañada por la señal de la cruz marcada sobre nuestra frente con la ceniza litúrgica, determinará para los cristianos el inicio de la Cuaresma. Cuarenta días para la oración y la penitencia, cuarenta días para la conversión, para cimentar nuestra fe.

        El día 9 de febrero es Miércoles de Ceniza. Estamos convocados en nuestra sede canónica de San Juan de Dios, a las 20 horas, para que iniciemos nuestro caminar de 40 días acompañando al Señor de la Salud en su Vía Crucis por los alrededores del templo, para participar, a continuación, en la Santa Misa, en el transcurso de la cual se impondrá la ceniza.

        Se nos brinda la ocasión de iniciar el camino que conduce a la Pascua en compañía de nuestros sagrados titulares, de esas mismas imágenes a las que acompañaremos en procesión por las calles el Sábado Santo, de esas mismas imágenes con las que cerraremos el ciclo pasionario, por medio de nuestro solemne cortejo penitente, y abriremos el ciclo glorioso el Domingo de Resurrección.

Ofrecimiento de la Cuaresma

Señor Dios, Padre Nuestro, a ti que te has dignado redimirnos con la Preciosa Sangre de tu Hijo, te ofrecemos, al iniciar la Cuaresma, hacer oración más frecuentemente durante todo este tiempo, leer y meditar más tu Palabra en la Biblia, analizar las raíces de nuestros pecados para convertirnos más a tu Hijo Jesucristo, a quien deseamos imitar y seguir para toda nuestra vida. Te ofrecemos también contemplar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, acompañándolo por su vía dolorosa hasta el monte Calvario. Nos vamos a privar de comida y gustos lícitos en memoria de los dolores de la Pasión; vamos a perdonar para que se nos perdone, vamos a amar más a los necesitados, en quienes Tú estás, para que borres las penas merecidas por nuestros pecados. Bendice nuestra Cuaresma y derrama tu presencia sobre nosotros, que nos amparamos en la cruz de Cristo. Amén.



VÍA CRUCIS Y MISA DE CENIZA

        El día 9 de febrero, a las 20 horas, tendrá lugar el Vía Crucis del Santísimo Cristo de la Salud, que partiendo de la Iglesia de San Juan de Dios recorrerá las calle aledañas al templo. A continuación, el reverendo don Francisco Arnaldos celebrará la Santa Misa, en el transcurso de la cual se impondrá la ceniza.

CURSO DE FORMACIÓN

        Los días 10 y 24 de febrero, a las 20:30 horas, en la Casa de la Cofradía, tendrán lugar sendas reuniones correspondientes al Curso de Formación que venimos celebrando desde el pasado mes de septiembre. La primera reunión versará sobre la Flagelación, y la segunda sobre el Ecce-Homo.

ADORACIÓN EUCARÍSTICA

        Como todos los meses, desde el pasado octubre, el tercer jueves lo dedicamos a la Adoración del Santísimo Sacramento. En consecuencia, el próximo día 17 de febrero, a las 20:30 horas, tenemos una cita en San Juan de Dios con Cristo presente en la Eucaristía.

CULTOS CUARESMALES

        Durante los días 3, 4 y 5 de marzo celebraremos nuestros tradicionales cultos cuaresmales en honor de la Santa Cruz, Santísimo Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Luz en su Soledad, que tendrán lugar en la Iglesia de San Juan de Dios a las 20:30 horas. Como es habitual, el primer día estará dedicado a la Santa Cruz y se aplicará la Santa Misa en memoria de todos los nazarenos murcianos fallecidos. El segundo se dedicará al Santísimo Cristo Yacente, se rezará el Vía Crucis, al ser viernes, y se aplicará la Santa Misa por los cofrades fallecidos de la hermandad y paso del Señor. Finalmente, el tercer día se dedicará a Nuestra Señora de la Luz en su Soledad, se rezará el Santo Rosario, al ser sábado, y se aplicará la Santa Misa por los cofrades fallecidos de la hermandad y paso de la Santísima Virgen.

AVISOS PARA LA PROCESIÓN

        Los cofrades que deseen disponer de túnica de la cofradía para participar en la procesión del próximo Sábado Santo deberán ponerse en contacto con el Comisario de Material los días 15 y 22 febrero, de 20:30 a 22 horas, en la Casa de la Cofradía. A partir de esa fecha, las túnicas se pondrán a disposición de los fieles en general, que podrán solicitarlas en el mismo lugar y horario durante los días 1, 8 y 15 de marzo.

        Los cofrades y familiares de cofrades menores de 12 años y mayores de 8 que deseen salir como acólitos han de solicitarlo al Comisario de Juventud durante las fechas antes reseñadas en el mismo lugar y horario.

Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para la Cuaresma 2005

¡Queridos Hermanos y Hermanas!

1. Cada año, la Cuaresma nos propone un tiempo propicio para intensificar la oración y la penitencia y para abrir el corazón a la acogida dócil de la voluntad divina. Ella nos invita a recorrer un itinerario espiritual que nos prepara a revivir el gran misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo, ante todo mediante la escucha asidua de la Palabra de Dios y la práctica más intensa de la mortificación, gracias a la cual podemos ayudar con mayor generosidad al prójimo necesitado.

Es mi deseo proponer este año a vuestra atención, amados Hermanos y Hermanas, un tema de gran actualidad, ilustrado apropiadamente por estos versículos del libro del Deuteronomio: “En Él está tu vida, así como la prolongación de tus días” (Dt 30,20). Son palabras que Moisés dirige al pueblo invitándolo a estrechar la alianza con el Señor en el país de Moab, “Escoge la vida, para que vivas, tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voz, viviendo unido a Él” (Dt 30, 19-20). La fidelidad a esta alianza divina, constituye para Israel una garantía de futuro, “mientras habites en la tierra que el Señor juró dar a tus padres Abrahán, Isaac y Jacob” (Dt 30,20). Llegar a la edad madura es, en la visual bíblica, signo de la bendición y de la benevolencia del Altísimo. La longevidad se presenta de este modo, como un especial don divino.

Desearía que durante la Cuaresma pudiéramos reflexionar sobre este tema. Ello nos ayudará a alcanzar una mayor comprensión de la función que las personas ancianas están llamadas a ejercer en la sociedad y en la Iglesia, y, de este modo, disponer también nuestro espíritu a la afectuosa acogida que a éstos se debe. En la sociedad moderna, gracias a la contribución de la ciencia y de la medicina, estamos asistiendo a una prolongación de la vida humana y a un consiguiente incremento del número de las personas ancianas. Todo ello solicita una atención más específica al mundo de la llamada "tercera edad”, con el fin de ayudar a estas personas a vivir sus grandes potencialidades con mayor plenitud, poniéndolas al servicio de toda la comunidad. El cuidado de las personas ancianas, sobre todo cuando atraviesan momentos difíciles, debe estar en el centro de interés de todos los fieles, especialmente de las comunidades eclesiales de las sociedades occidentales, donde dicha realidad se encuentra presente en modo particular.

2. La vida del hombre es un don precioso que hay que amar y defender en cada fase. El mandamiento "No matarás", exige siempre el respeto y la promoción de la vida, desde su principio hasta su ocaso natural. Es un mandamiento que no pierde su vigencia ante la presencia de las enfermedades, y cuando el debilitamiento de las fuerzas reduce la autonomía del ser humano. Si el envejecimiento, con sus inevitables condicionamientos, es acogido serenamente a la luz de la fe, puede convertirse en una ocasión maravillosa para comprender y vivir el misterio de la Cruz, que da un sentido completo a la existencia humana.

Es en esta perspectiva que el anciano necesita ser comprendido y ayudado. Deseo expresar mi estima a cuantos trabajan con denuedo por afrontar estas exigencias y os exhorto a todos, amadísimos hermanos y hermanas, a aprovechar esta Cuaresma para ofrecer también vuestra generosa contribución personal. Vuestra ayuda permitirá a muchos ancianos que no se sientan un peso para la comunidad o, incluso, para sus propias familias, y evitará que vivan en una situación de soledad, que los expone fácilmente a la tentación de encerrarse en sí mismos y al desánimo.

Hay que hacer crecer en la opinión pública la conciencia de que los ancianos constituyen, en todo caso, un gran valor que debe ser debidamente apreciado y acogido. Deben ser incrementadas, por tanto, las ayudas económicas y las iniciativas legislativas que eviten su exclusión de la vida social. Es justo señalar que, en las últimas décadas, la sociedad está prestando mayor atención a sus exigencias, y que la medicina ha desarrollado terapias paliativas que, con una visión integral del ser humano, resultan particularmente beneficiosas para los enfermos.

3. El mayor tiempo a disposición en esta fase de la existencia, brinda a las personas ancianas la oportunidad de afrontar interrogantes existenciales, que quizás habían sido descuidados anteriormente por la prioridad que se otorgaba a cuestiones consideradas más apremiantes. La conciencia de la cercanía de la meta final, induce al anciano a concentrarse en lo esencial, en aquello que el paso de los años no destruye.

Es precisamente por esta condición, que el anciano puede desarrollar una gran función en la sociedad. Si es cierto que el hombre vive de la herencia de quien le ha precedido, y su futuro depende de manera determinante de cómo le han sido transmitidos los valores de la cultura del pueblo al que pertenece, la sabiduría y la experiencia de los ancianos pueden iluminar el camino del hombre en la vía del progreso hacia una forma de civilización cada vez más plena.

¡Qué importante es descubrir este recíproco enriquecimiento entre las distintas generaciones! La Cuaresma, con su fuerte llamada a la conversión y a la solidaridad, nos ayuda este año a reflexionar sobre estos importantes temas que atañen a todos. ¿Qué sucedería si el Pueblo de Dios cediera a una cierta mentalidad actual que considera casi inútiles a estos hermanos nuestros, cuando merman sus capacidades por los achaques de la edad o de la enfermedad? ¡Qué diferentes serán nuestras comunidades si, a partir de la familia, trataremos de mantenernos siempre con actitud abierta y acogedora hacia ellos!

4. Queridos Hermanos y Hermanas, durante la Cuaresma, ayudados por la Palabra de Dios, meditemos cuán importante es que cada comunidad acompañe con comprensión y con cariño a aquellos hermanos y hermanas que envejecen. Además, todos debemos acostumbrarnos a pensar con confianza en el misterio de la muerte, para que el encuentro definitivo con Dios acontezca en un clima de paz interior, en la certeza que nos acogerá Aquel "que me ha tejido en el vientre de mi madre" (Sal 139,13b), y nos ha creado "a su imagen y semejanza" (Gn l, 26).

María, nuestra guía en el itinerario cuaresmal, conduzca a todos los creyentes, especialmente a las personas ancianas, a un conocimiento cada vez más profundo de Cristo muerto y resucitado, razón última de nuestra existencia. Ella, la fiel sierva de su divino Hijo, junto a Santa Ana y a San Joaquín, intercedan por cada uno de nosotros “ahora y en la hora de nuestra muerte."

Con afecto os imparto mi Bendición.
IOANNES PAULUS PP II