TIEMPO DE CUARESMA

 

 

         La cuarentena que precede a la celebración de la Semana Santa es un tiempo de reflexión, preparación, penitencia y purificación que nos dispone para celebrar en plenitud la Pascua del Señor, fiesta primordial de la Iglesia y fundamento de nuestra fe.

 

         Consciente de la importancia de este periodo hacia el que caminamos, la Cofradía participará activamente en su inicio, el Miércoles de Ceniza, día 25 de febrero, sumándose, como cada año desde 1999, a las celebraciones que lleva a cabo la Cofradía hermana de la Salud en la Iglesia de San Juan de Dios, con el Vía Crucis a las 20 horas y la Santa Misa a continuación, en el transcurso de la cual se celebrará el rito de la imposición de la ceniza.

 

         Es una buena oportunidad para entrar con buen pie en la Cuaresma, una excelente ocasión para asumir la frase que pronuncia el sacerdote a la hora de hacer la señal de la cruz sobre nuestra frente: “Conviértete y cree en el Evangelio”, y no tomarla como mero formulismo, sino como un propósito firme, como una apuesta valiente y decidida por la necesaria conversión.

 

 

 COMIENZA EL CUARTO TEMA DEL CURSO DE FORMACIÓN SOBRE LOS EVANGELIOS

 

         El curso formativo sobre los Evangelios llega a su cuarto tema: El Evangelio de San Lucas, que se desarrollará los días 26 de febrero, 11 y 24 de marzo. En las dos primeras reuniones intervendrá como coordinador nuestro cofrade Joaquín Vidal, mientras que la tercera será dirigida, como viene sucediendo con los anteriores temas, por don Fernando Colomer, vicario general de la Diócesis y párroco de San León Magno.

 

 

CICLO DE CHARLAS DEL CABILDO SUPERIOR DE COFRADÍAS SOBRE EL ESCULTOR SÁNCHEZ LOZANO

               El escultor José María Sánchez Lozano nació el 16 de abril de 1.904 en El Pilar de la Horadada (Alicante) y falleció en su localidad natal el día 2 de noviembre de 1.995. En consecuencia, este año se cumple el centenario del nacimiento del imaginero, y el Cabildo Superior de Cofradías de Murcia, consciente de lo mucho que las hermandades pasionarias deben al artista, ha querido

 honrar su memoria en esta efemérides organizando un ciclo de charlas con su vida y su obra como referencia, que tendrán lugar los días 16 y 23 de febrero y 1 de marzo, en la Sala de Armas del Casino de Murcia, con arreglo al siguiente programa:

Lunes 16 de febrero: “Sánchez Lozano y la Semana Santa de la posguerra”, mesa redonda con la participación de don Carlos Valcárcel Mavor y don Adrián Massotti Littel. Moderador: don José Emilio Rubio Román.

Lunes 23 de febrero: “Renovación y clasicismo en la imaginería murciana de la segunda mitad del siglo XX”, charla a cargo de don José Alberto Fernández Sánchez, licenciado en Historia.

Lunes 1 de marzo: “El escultor, su taller, su tiempo”, charla a cargo de don Antonio Labaña Serrano, imaginero.

La entrada es libre.

 

  

REUNIONES INFORMATIVAS CON LOS ESTANTES Y PENITENTES DE LA COFRADÍA

    La Junta Directiva de la Cofradía ha tomado el acuerdo de facilitar la comunicación, puesta en común de ideas y aclaración de dudas tanto con los penitentes como con los estantes de la Cofradía por medio de unas reuniones que tendrán lugar durante los primeros días de la Cuaresma con arreglo al siguiente calendario.

         Día 4 de marzo, jueves: Estantes del Paso de Nuestra Señora de la Luz en su Soledad.

Día 8 de marzo, lunes: Penitentes de las Hermandades del Santísimo Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Luz en su Soledad.

Día 10 de marzo, miércoles: Estantes del Paso del Santísimo Cristo Yacente.

Los Cabildos Generales que la cofradía celebra en el mes de octubre y dentro del mes siguiente a la procesión constituyen, desde el punto de vista estatutario, el foro apropiado para que los cofrades hagan llegar a la Junta Directiva cualquier tipo de sugerencia o propuesta, pero la Junta Directiva desea establecer por medio de estas reuniones un nuevo ámbito de intercambio de pareceres más informal y distendido, agrupando a los nazarenos de acuerdo con la labor que desempeñan en nuestra procesión del Sábado Santo.

Confiamos en que esta iniciativa tenga una buena acogida entre los cofrades y que las reuniones, que se celebrarán en la Casa de la Cofradía, cuenten con una elevada participación.

APORTACIONES AL BOLETÍN

 

Al cierre de este boletín no se había recibido ninguna aportación al mismo por parte de los cofrades como respuesta a la invitación que se cursó en el número anterior. La propuesta sigue en pie. Basta con dirigir el escrito, sujetándose a las condiciones expuestas, es decir, nombre, apellidos, dirección y DNI, a la dirección de correo electrónico: yacenteyluz@yahoo.es o a la de correo ordinario: Cofradía del Santísimo Cristo Yacente. C/ de la Gloria 7, bajo. 30.003 Murcia. La extensión máxima es de 30 líneas en formato Times New Roman y tamaño 14.

 

 

TÚNICAS DE ALQUILER

 

Quienes deseen participar en la procesión de la tarde del Sábado Santo vistiendo la túnica de la Cofradía y no tengan túnica en propiedad o no pertenezcan aún a la misma, deben dirigirse al Comisario de Material, Antonio Matencio, los martes de marzo, a partir de las 20:00 horas, en la Casa de la Cofradía. Sólo deberán abonar la cuota de salida en procesión, que es de 25 euros.

 

 

CULTOS CUARESMALES

 

Los días 18, 19 y 20 de marzo, a las 20 horas, celebraremos los cultos cuaresmales en honor de nuestros sagrados Titulares. El primer día estará dedicado, como todos los años, a la Santa Cruz y contará con la presencia de los representantes de las cofradías hermanas. Dará comienzo con un Vía Crucis por el interior del Templo de San Juan de Dios. El segundo día, que este año coincide con la festividad de San José, está dedicado al Santísimo Cristo Yacente. El tercer y último día lo dedicamos a Nuestra Señora de la Luz en su Soledad, y dará inicio con el rezo del Santo Rosario. Predicará nuestro consiliario, don Francisco Arnaldos, y el acompañamiento musical estará a cargo de “Corchea de Oro”.

       

    

MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II PARA LA CUARESMA 2004

Queridos hermanos y hermanas:

1. Con el sugestivo rito de la imposición de la Ceniza, inicia el tiempo de la Cuaresma, durante el cual la liturgia renueva en los creyentes el llamamiento a una conversión radical, confiando en la misericordia divina.

El tema de este año --«El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe» (Mateo 18,5)-- ofrece la oportunidad de reflexionar sobre la condición de los niños, que también hoy en día el Señor llama a estar a su lado y los presenta como ejemplo a todos aquellos que quieren ser sus discípulos. Las palabras de Jesús son una exhortación a examinar cómo son tratados los niños en nuestras familias, en la sociedad civil y en la Iglesia.

Asimismo, son un estímulo para descubrir la sencillez y la confianza que el creyente debe desarrollar, imitando al Hijo de Dios, el cual ha compartido la misma suerte de los pequeños y de los pobres. En este sentido, santa Clara de Asís solía decir que Jesús, «pobre fue acostado en un pesebre, pobre vivió en el siglo y desnudo permaneció en el patíbulo» («Testamento, Fuentes Franciscanas», n. 2841). Jesús amó a los niños y fueron sus predilectos «por su sencillez, su alegría de vivir, su espontaneidad y su fe llena de asombro» (Ángelus, 18.12.1994). Ésta es la razón por la cual el Señor quiere que la comunidad les abra el corazón y los acoja como si fueran Él mismo: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe» (Mateo 18, 5). Junto a los niños, el Señor sitúa a los «hermanos más pequeños», esto es, los pobres, los necesitados, los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, los enfermos y los encarcelados. Acogerlos y amarlos, o bien tratarlos con indiferencia y rechazarlos, es como si se hiciera lo mismo con Él, ya que Él se hace presente de manera singular en ellos.

2. El Evangelio narra la infancia de Jesús en la humilde casa de Nazaret, en la que, obediente a sus padres, «progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lucas 2,52). Al hacerse niño, quiso compartir la experiencia humana. «Se despojó de sí mismo --escribe el apóstol san Pablo--, tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz» (Filipenses 2, 7-8). Cuando a la edad de doce años se quedó en el templo de Jerusalén, mientras sus padres le buscaban angustiados, les dijo: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» (Lucas 2, 49). Ciertamente, toda su existencia estuvo marcada por una fiel y filial sumisión al Padre celestial. «Mi alimento --decía-- es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra» (Juan 4, 34).

En los años de su vida pública, repitió con insistencia que solamente aquellos que se hubiesen hecho como niños podrían entrar en el Reino de los Cielos (Cf. Mateo 18, 3; Marcos 10,15; Lucas 18,17; Juan 3,3). En sus palabras, el niño se convierte en la imagen elocuente del discípulo llamado a seguir al Maestro divino con la docilidad de un niño: «Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos» (Mateo 18, 4).

«Convertirse» en pequeños y «acoger» a los pequeños son dos aspectos de una única enseñanza, que el Señor renueva a sus discípulos en nuestro tiempo. Sólo aquél que se hace «pequeño» es capaz de acoger con amor a los hermanos más «pequeños».

3. Muchos son los creyentes que buscan seguir con fidelidad estas enseñanzas del Señor. Quisiera recordar a los padres que no dudan en tener una familia numerosa, a las madres y padres que en vez de considerar prioritaria la búsqueda del éxito profesional y la carrera, se preocupan por transmitir a los hijos aquellos valores humanos y religiosos que dan el verdadero sentido a la existencia.

Pienso con grata admiración en todos los que se hacen cargo de la formación de la infancia en dificultad, y alivian los sufrimientos de los niños y de sus familiares causados por los conflictos y la violencia, por la falta de alimentos y de agua, por la emigración forzada y por tantas injusticias existentes en el mundo.

Junto a toda esta generosidad, debemos señalar también el egoísmo de quienes no «acogen» a los niños. Hay menores profundamente heridos por la violencia de los adultos: abusos sexuales, instigación a la prostitución, al tráfico y uso de drogas, niños obligados a trabajar, enrolados para combatir, inocentes marcados para siempre por la disgregación familiar, niños pequeños víctimas del infame tráfico de órganos y personas. ¿Y qué decir de la tragedia del SIDA, con sus terribles repercusiones en África? De hecho, se habla de millones de personas azotadas por este flagelo, y de éstas, muchísimas contagiadas desde el nacimiento. La humanidad no puede cerrar los ojos ante un drama tan alarmante.

4. ¿Qué mal han cometido estos niños para merecer tanta desdicha? Desde una perspectiva humana no es sencillo, es más, resulta imposible responder a esta pregunta inquietante. Solamente la fe nos ayuda a penetrar en este profundo abismo de dolor.

Haciéndose «obediente hasta la muerte y muerte de cruz» (Filipenses 2,8), Jesús ha asumido el sufrimiento humano y lo ha iluminado con la luz esplendorosa de la resurrección. Con su muerte, ha vencido para siempre la muerte.

Durante la Cuaresma nos preparamos a revivir el Misterio Pascual, que inunda de esperanza toda nuestra vida, incluso en sus aspectos más complejos y dolorosos. La Semana Santa nos presentará nuevamente este misterio de la salvación a través de los sugestivos ritos del Triduo Pascual.
Queridos hermanos y hermanas, iniciemos con confianza el itinerario cuaresmal, animados por una más intensa oración, penitencia y atención a los necesitados. Que la Cuaresma sea ocasión útil para dedicar mayores cuidados a los niños en el propio ambiente familiar y social: ellos son el futuro de la humanidad.

5. Con la sencillez típica de los niños nos dirigimos a Dios llamándolo, como Jesús nos ha enseñado, «Abbá», Padre, en la oración del Padrenuestro

¡Padre nuestro! Repitamos con frecuencia a lo largo de la Cuaresma esta oración; repitámosla con profunda devoción. Llamando a Dios Padre nuestro, nos daremos cuenta de que somos hijos suyos y nos sentiremos hermanos entre nosotros. De esta manera, nos resultará más fácil abrir el corazón a los pequeños, siguiendo la invitación de Jesús: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe» (Mateo 18, 5).

Con estos deseos, invoco sobre cada uno de vosotros la bendición de Dios por intercesión de María, Madre del Verbo de Dios hecho hombre y Madre de toda la humanidad.

Vaticano, 8 de diciembre de 2003.

JOANNES PAULUS PP II.