FORMAS Y DECORACIONES DE LA CERAMICA RENACENTISTA

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Hacia finales del siglo XV aparece un cambio en las formas y en las decoraciones de la cerámica de Paterna. En este paso de la Edad Media a la Moderna, los alfareros de Paterna, al corriente de las nuevas tendencias y gustos de la sociedad valenciana por su contacto con Italia y con Flandes, introducen nuevas formas y decoraciones que se añaden a las ya tradicionales y conocidas durante la segunda mitad del siglo XV42.

 

I.- La cerámica esmaltada

Durante la primera mitad del siglo XVI hay toda una serie de formas del XV que los alfareros de Paterna siguen fabricando, como son las escudillas con o sin pie, las cuales pueden llevar pequeñas asas triangulares; los platos de ala; los jarros de base plana o con pie; los cuencos con o sin reborde; talladores, aguamaniles y lebrillos. La mayoría de estas piezas van decoradas en azul; unas pocas lo están en dorado. Pero todas van decoradas con motivos que provienen del siglo XV (láminas 2, 3, 4, 14, 22, 27, 28, 29, 30).

A estas formas tradicionales se incorporan otras nuevas como son las de las escudillas sin pie, mucho más bajas y abiertas que las del período anterior, con la base más pequeña y cóncava. Estas, si bien al comienzo siguen llevando las pequeñas asas triangulares del período anterior (lámina 2), pronto empiezan a aparecer con asas mayores, mucho más anchas, de forma trapezoidal y recortadas en ondas (láminas 1, 7, 9, 10, 11, 12), aunque algunas pueden ir sin ellas (lámina 13).

Hacia finales de siglo, la forma de las escudillas cambia nuevamente: las paredes se hacen más gruesas y altas, con formas trapezoidales y base plana. Las asas también cambian, volviendo a ser otra vez triangulares, pero ahora van cortadas en escalera (láminas 17 y 18).

Tanto las asas que llevan las escudillas de finales del siglo XV como las de los siglos XVI y XVII se hacían con moldes, recortándolas de una placa de arcilla y pegándolas luego en la escudilla. Hemos encontrado estos moldes en las excavaciones; son de cerámica, con decoraciones incisas en la base que luego, al recortar las asas, resultan en relieve. Llevan un pequeño pivote para poderlos coger (lámina 59).

Otras formas nuevas son los grandes recipientes cóncavos para servir, como los de las láminas 5, 6, y 24 que mantienen sus formas durante el siglo XVII (lámina 20). Los jarros con pie, que habían comenzado a aparecer durante el último cuarto del siglo XV y que ahora toman formas más y más extravagantes, imitando los jarros en plata que se podían admirar en las mesas de los Grandes de España (láminas 14 y 15)43.

Otra imitación de las vajillas de plata son los grandes platos o fuentes con el ala en forma de gajos o "gallons", que también encontramos en cajitas y jarros (láminas 6, 7, 8, 14, 16). Algunos autores afirman que estos recipientes se hacen con moldes, pero están hechos a torno y los relieves se les hacen presionando con el dedo cuando están algo secos.

Los platos hondos con base plana (lámina 31) son los que más evolucionan, tomando más adelante formas más sofisticadas en las que se marca el ala (láminas 35 y 36).

Aparecen preciosas cajitas (láminas 8 y 34) que podían ser utilizadas como recipientes para poner alguna especia o como polveras o contenedores de rape, pues llevan una tapadera.

Otras formas nuevas que vemos aparecer son las cantimploras, fruteros y salseras (láminas 33 y 34), vasos y hueveras (láminas 6 y 16). Los vástagos de los candiles también se llenan de aristas, reforzamientos y cordones (lámina 16).

Gran parte de la cerámica esmaltada va decorada sólo en dorado, siendo menos frecuente la combinación del azul y dorado en el mismo recipiente. Las formas más frecuentes de esta vajilla son los platos, las escudillas y los jarros. Todos los recipientes van esmaltados por ambas caras.

Otra parte importante de esta cerámica esmaltada es la decorada solamente en azul. Sus recipientes más frecuentes son los cuencos, "talladores" y jarros, que completan la vajilla anterior. La mayoría de estos recipientes sólo van esmaltados en su parte interior excepto los jarros que van completamente esmaltados.

Finalmente, una buena parte de la cerámica esmaltada es dejada sin pintar. Son vajillas blancas, esmaltadas por ambas caras, que pueden llevar algún motivo decorativo en relieve o inciso. Muchos de los recipientes que la componen son, al igual que en la cerámica decorada en azul, de servicio: ensaladeras, grandes platos o fuentes, jarros, etc. (lámina 37).

1- La vajilla de mesa decorada en dorado o en azul y dorado. El dorado que las cubre es de color amarillo/oro, volviéndose rojizo solo en las últimas producciones, ya a finales del siglo XVI /comienzos del XVII. El azul que se les aplica es de color claro. Éste se pinta en bandas, bien alrededor del borde de escudillas, platos y jarros, bien ocupando todo el cuerpo del recipiente, en bandas paralelas. Otra forma de aplicar el azul es en radios que separan la decoración dorada. Mucho más raro es que se emplee como motivo central (láminas 1, 2, 6, 7, 10, 13, 14, 15, 17, 18, 19, 20, 21).

Algunas veces el color azul comparte protagonismo con el dorado, como en las cerámicas de las páginas 6, 17 y 19 o más raramente, forma parte integrante de la decoración, en cuyo caso el dorado pasa a ser su complemento, como ocurre en el plato de la lámina 2. Esta última manera de emplear el azul es una reminiscencia del período gótico, en que era la pauta general.

A comienzos del siglo XVI, si bien todavía se decoran vajillas con los motivos tan populares en el siglo XV como son los ángeles, las rosas góticas, las hojas de hiedra, los sicomoros, los dameros y las hojas de cardo, estos motivos son reinterpretados, indicando un cansancio en su utilización (láminas 1, 2, 3, 13). Así lo podemos ver, por ejemplo, en las dos ensaladeras de la lámina 3, en que a la figura de los ángeles se les ha añadido el motivo central de la pera; también, la cabeza de uno de los angelotes aparece de perfil en vez de ligeramente ladeada como de costumbre y en muchos de ellos ha desaparecido el gesto de mal humor tan típico del período anterior. La falda de los ángeles también tiende a seguir las nuevas modas en el vestir femenino y en vez de caer pegada al cuerpo y luego abrirse, como es típico en las escudillas del XV, se abre desde la cintura y cae redondeada, indicando el uso del miriñaque.

Un uso excepcional del motivo del angel es el realizado en el plato de la lámina 4, donde racimos de tres cabezas encaramadas a dobles tallos decoran los laterales del plato, mientras que el fondo es ocupado por otra cabeza que sobresale entre hojas que le sirven de collarete, a la manera de la nueva moda vestimentaria.

Todos estos motivos descritos más arriba, desaparecen a lo largo del siglo XVI. Otros, también de la segunda mitad del siglo XV, tan populares y abundantes en la cerámica de Paterna como son las hojas de perejil o las medias naranjas, no soportan el cambio de gusto y han desaparecido sin dejar rastro.

La nueva moda renacentista introduce en el repertorio de los artistas alfareros de Paterna, por una parte, motivos miniaturizados, como son pequeñas flores, hojas, motivos de solfas o de encajes, pequeños bodoques, etc.44 Por otra parte, una exuberante decoración vegetal de hojas, palmetas, tallos retorcidos, grandes flores y frutos, etc. que coincide con el descubrimiento y exploración de los grandes territorios americanos y su exuberante flora, la cual fascina a los artistas de la Península que la incorporan a su arte a lo largo del siglo XVI. La audacia de los alfareros de Paterna en la aplicación de todos estos motivos llega hasta no respetar el reparto simétrico de ellos en la superficie del recipiente a decorar, como por ejemplo, en el plato de la lámina 8.

Como decimos, los motivos decorativos más abundantes en la cerámica de Paterna durante el Renacimiento son los vegetales, seguidos de los geométricos y de los animales. Estos últimos son sobre todo pájaros y peces (láminas 12, 14, 18, 19, 28). Poco abundantes son los motivos heráldicos (láminas 1, 2, 5, 31).

En general, los motivos decorativos van pintados en dorado (y azul), quedando el fondo en blanco. Pero también se practica el método contrario de pintar el fondo en dorado y dejar la decoración en blanco o reserva (láminas 9, 10, 11, 17).

Los recipientes que componen las vajillas (platos, escudillas, fuentes, ensaladeras), además de las decoraciones ya descritas que ocupan su interior, van enteramente decorados por su cara externa, y en muchos de ellos la decoración ocupa incluso la base. La más frecuente en las escudillas es la de hojas, tallos y círculos (láminas 9 y 13), seguida muy de lejos por la decoración de líneas y bandas horizontales (lámina 12). Una decoración excepcional es la de la escudilla de la lámina 4, imitando los arcos de un patio o de un claustro.

En cambio, en los platos y ensaladeras, la decoración más frecuente es la de líneas paralelas, pero sobre todo, la de una larga espiral que comienza en la base y acaba en el reborde (lámina 6). Mucho menos frecuente es la de hojas y tallos (láminas 3 y 5).

Conforme avanza el siglo XVI las decoraciones más espectaculares y refinadas desaparecen, hay como un cansancio, una desgana, los trazos se hacen más gruesos y groseros (por ejemplo en el reverso de las escudillas). Hacia finales de siglo y comienzos del XVII se incorporan nuevos motivos, como el pájaro con las alas extendidas45, los motivos de alas, las ondas concéntricas, los racimos de uvas y óvalos con tallos o las cruces.

Piezas excepcionales de esta primera mitad del siglo XVII, son los dos cuencos de la página 19, decorados en azul con un pez y con un macizo de tulipanes respectivamente, dibujados con trazos sueltos y elegantes que recuerdan los mejores momentos de la cerámica de Paterna. Desgraciadamente, su mal estado de conservación nos impide conocer la decoración en dorado que los completa.

La decoración de los reversos de estas cerámicas del XVII también ha ido degenerando y todo el afiligranado de la época anterior ha quedado reducido a unas espirales más o menos grandes y gruesas, aunque siguen conservándose las decoraciones en bandas horizontales (láminas 17, 18 y 21).

2- La vajilla decorada en azul

En el siglo XVI la cerámica decorada en azul se presenta como complementaria de las vajillas más finas, decoradas en dorado o azul y dorado.

Lo que más abunda en el ajuar de todas estas viviendas son los cuencos semiesfércos sin reborde, los cuales son una continuación de los del período anterior, aunque de paredes más altas46. En general, llevan las mismas decoraciones que sus antecesores, con orlas de peces, pero que ya no están formadas por líneas semiovoides, sino por perfectas semicircunferencias que se entrecruzan.

El motivo central que más abunda es el de la flor de lis combinándose entre sí, pero siempre formando torbellinos que ruedan en sentido contrario a las manecillas del reloj (láminas 22 y 23). Otros motivos centrales que también proceden del período anterior son los de la pequeña flor o la seudoepigrafía (láminas 23 y 26).

A los motivos tradicionales se añaden otros nuevos, como los que podemos ver en las láminas 23 y 24 en los que hojas y flores se combinan entre sí para formar nuevos decorados. Todos los cuencos van esmaltados solo en el interior. Los cuencos sin reborde y sus decoraciones desaparecen durante el siglo XVI y no pasan al XVII, en el que solo encontramos cuencos con reborde decorados con cenefas en azul o en azul y manganeso (lámina 34).

Otra forma que es abundante son las servidoras o grandes recipientes con carena (parecidos por su forma a las del tradicional ataifor medieval), con la parte superior de la pared más o menos abierta. Pueden llevar reborde, un ala o escotaduras decorativas. Algunas de ellas van esmaltadas en blanco, con decoración pintada en azul de líneas inclinadas, ondas, tallos, hojas y flores (láminas 24 y 25). Otras van sin decoración, enteramente esmaltadas en un bello color azul (láminas 23 y 26). Su forma no pasa al siglo XVII.

Las cerámicas que hemos encontrado en menor cantidad son las escudillas, tan abundantes en el período anterior (siglos XIV - XV). En el siglo XVI solo quedan algunos modelos decorados con palmetas, círculos concéntricos, orlas de peces y cuadrículas, o grandes margaritas (lámina 27). En cambio sí siguen siendo muy populares los tajadores ("talladors")47. En su decoración hay algunas innovaciones como las de los recipientes que presentamos en la lámina 28. Estas formas y decoraciones también se van a ir perdiendo a lo largo del siglo.

Los jarros son otros de los recipientes que conservan la forma y las decoraciones tradicionales, aunque se añaden otras nuevas o se disponen las antiguas de forma diferente (láminas 29 y 30). Este tipo de jarro desaparece a lo largo del siglo XVI y no pasa al XVII, donde encontramos un nuev jarro decorado en azul: es esferoide, de paredes bastante gruesas y con un pie anular macizo (lámina 30). Va decorado con ramilletes de flores o con clavelones, como los platos con los que forma pareja, con algunos toques en morado, si necesario. Conforme pasa el tiempo se hace cada vez más basto, de paredes más gruesas.

Los platos son los que más cambian durante el siglo XVI. Así como en los otros tipos de cerámica las nuevas formas son las que van decoradas en dorado, en los platos ocurre al contrario: el plato muy plano heredado del siglo XV con ala muy ancha limitada por un pequeño escalón, es el que se decora en dorado, mientras que se introduce una nueva forma, más honda y sin ala, que se pinta solo en azul.

La decoración de este tipo de platos resulta así mismo, innovadora: los motivos, ramilletes de pequeñas florecillas, se pintan en el fondo del plato y apenas cambian de un modelo a otro, haciéndose repetitivos. Donde hay más variedad es en las cenefas que se colocan en los bordes, donde pueden combinarse los colores azul y violeta (obtenido empleando manganeso muy claro, lámina 31). Existen también grandes fuentes con la misma decoración, la cual puede ocupar todo el recipiente o solo formar cenefas (lámina 32).

Esta forma de plato va a evolucionar a lo largo del siglo XVI y ya a finales de siglo y durante el XVII, se le marcará el ala, cambiando también la decoración que si bien sigue siendo de ramilletes de flores, ahora son a base de grandes flores que ocupan la mayor parte del plato, mientras que antes eran pequeñas y ocupaban solo el fondo48 (lámina 35 y 36). Un plato excepcional es el de la lámina 36 en que el movimiento de sus tallos recuerdan aún el de las aspas de molino empleadas como motivo ornamental en la cerámica de Paterna desde mediados del siglo XIV49.

Otros recipientes que también forman parte de estas vajillas decoradas en azul son las salseras que pueden llevar asas acabadas en volutas, los fruteros, cantimploras y barrilitos, etc. (láminas 33 y 34). Hemos encontrado también, decorados en azul, aguamaniles y bacines (lámina 34).

En muchas de las casas excavadas del XVI había juguetes, pequeños recipientes de cerámica que imitan las formas de los grandes: ollas con dos y cuatro asas, bacines, jarros, cuencos, etc. Van esmaltados en blanco y algunos de ellos se decoran en azul o en dorado (lámina 38). También hemos hallado canicas de barro.

De las casas del siglo XVII hemos obtenido tres pequeñas figuritas: dos de ellas son pitos de agua ("chiulet"). Consisten en un pequeño recipiente con una abertura para poner agua, con un pitorro por el que se sopla, produciendo sonidos que imitan el gorgojeo de los pájaros (lámina 38). Estos "chiulets" se han conservado hasta nuestros días en nuestras tierras valencianas. También son de gran tradición en Mallorca. El primero de ellos tiene forma de un pequeño recipiente con pie o tal vez de un gallo, pues la parte superior falta. El segundo es un toro; el recipiente para poner el agua está hecho a torno y luego se le han aplicado la cabeza, las patas y los cuernos. Falta la parte posterior.

La tercera figurita es un busto femenino al que le falta la cabeza, los brazos y seguramente la falda. Podría formar esta última el cuerpo de una campana, siendo el busto de la mujer el vástago para cogerla. Estas campanas de cerámica también son tradicionales en nuestra cultura. Recordemos "les campanetes de la Verge", campanitas de cerámica que se hacen sonar en la víspera de la fiesta de la Virgen de los Desamparados, siguiendo una tradición mediterránea milenaria de culto a la Diosa Madre, para llamar su atención50. Está hecha a molde. Siguen habiendo pequeños recipientes de cerámica como juguetes, decorados en dorado.

 

II- La cerámica melada o barnizada

Es la que se emplea sobre todo en la cocina y en usos domésticos cotidianos: ollas, cazuelas, lebrillos, platos y escudillas, orcitas y tinajas, morteros, lebrillos, candilles y orinales.

En las casas excavadas hemos encontrado un número impresionante de ollas y cazuelas de todos los tamaños y formas51, desde recipientes con capacidad para apenas un cuarto de litro, hasta otros con capacidad para diez/doce litros.

Las ollas son de dos tipos: unas con la cara exterior roja del color de la arcilla, llevan el interior con barniz transparente; son las de la lámina 39, de cuerpo globular. Las de mayor tamaño suelen llevar marcas de alfarero. Pueden tener cuatro asas. Las otras, de cuerpo achatado, llevan la cara externa pintada con manganeso, para ennegrecerla y la mayoría de ellas la tienen estriada (lámina 40). En el interior y en la parte superior externa, hasta donde comienzan las estrías, llevan un barniz verdoso oscuro, tirando a pardo, en capa muy espesa. Las tapaderas van igualmente brnizadas. Tanto un tipo como el otro son formas nuevas que no aparecen hasta el final del siglo XV.

Estos dos nuevos tipos que seguirán empleándose durante todo el siglo XVII coexisten con el modelo de olla fabricado en el Testar del Molí, capa I, la cual se está fabricando desde la segunda mitad del siglo XIV 52.

Lo mismo ocurre con las cazuelas: las de la lámina 41 son muy parecidas al tipo Testar del Molí I53, y como ellas llevan el exterior sin barnizar, mientras que el interior lleva una capa de barniz transparente quee deja ver el color rojo fuerte de la arcilla. En cambio, las de la lámina 42 son un tipo nuevo que no aparece hasta comienzos del siglo XVI. Al igual que las ollas correspondientes, llevan la superficie externa con estrías y pintada de negro, y el interior recubierto de un barniz espeso verde/pardo.

Son curiosas las pequeñas cazuelitas de forma muy peculiar, con paredes muy gruesas y apenas profundidad en el interior, lo que indica que más que para cocer, se emplearían seguramente para freir los alimentos (caçoletes).

Unos recipientes curiosos que no adivinamos para qué podrían servir son los dos que presentamos en la lámina 41, los cuales tienen la misma forma de las cazuelas pero llevan un pie. Están hechos con la misma arcilla refractaria de ollas y cazuelas y pueden ir con o sin barniz. Van siempre muy decorados.

Los hornillos que hemos encontrado siguen siendo iguales a los empleados en el período anterior54 y como ellos, hechos con la misma pasta refactaria con la que se fabricaban ollas y cazuelas. Van sin barnizar. También hemos encontrado un brasero o parrilla para asar que debía emplearse para servirlo encima de la mesa, por su tamaño. Lleva dos asas para poderlo manipular y cuatro pies interiores sobre los que descansaría la parrilla. Su cara externa va barnizada (lámina 45).

Otros recipientes de cocina son los morteros de los que hemos encontrado de diferentes tamaños, así como toda una serie de botellas y de tarros que pueden llevar dos o cuatro asas e ir decorados con cordones, estrias, costillas en relieve, etc. (lámina 43) y que se emplearían para guardar aceite, vinagre, hierbas aromáticas, especias, miel etc.55

En las cocinas se empleaban además, escudillas y lebrillos con ala, de diferentes tamaños (lámina 38) para amasar, poner a remojo legumbres, lavar verduras, etc. Algunos de ellos van decorados en el interior con cenefas pintadas en manganeso. Su cara exterior va estriada y pintada con manganeso para oscurecerla (lámina 44).

Toda esta cerámica va enteramente barnizada, tanto interior como exteriormente (excepto algunos lebrillos que, como ya hemos dicho, llevan barniz solo en el interior), con un barniz transparente que deja ver el color rojo de las piezas, lo que les da un color miel muy bello. Con el mismo tipo de barniz, hemos encontrado también candiles que pueden tener solo una cazoleta (candiles de cazoleta), o llevar ésta colocada encima de un pie o de una peana (candiles de pie y candiles de peana56, lámina 44). Entre estos últimos, las cazoletas pueden llevar uno o dos picos, para poder poner una o dos mechas.

Los últimos recipientes que hemos encontrado recubiertos de barniz transparente son toda una serie de bacines u orinales, en forma de sombrero de copa, de diferentes altura y capacidad. Pueden llevar dos o cuatro asas57(lámina 45).

Además de todo este ajuar de cocina y de higiene personal de color melado, existe toda una serie de lebrillos y de tinajas que van impermeabilizados con un barniz de plomo que se ha coloreado de verde con óxido de cobre. Este barniz va aplicado en capa bien espesa que da un color verde fuerte.

Entre los lebrillos los hay de dos tamaños: los medianos miden 0,35 m. de diámetro, y con frecuencia llevan dos agujeros en el ala para poderlos colgar; los grandes tienen 0,75 m. de diámetro. Se utilizaban para lavar ropa, amasar el pan, hacer la matanza del cerdo, y hasta para el aseo personal. Algunos de ellos están decorados con cordones ondulados que recorren el ala (lámina 46)58.

Las tinajas, de tamaño mediano, van decoradas con bandas incisas horizontales, hechas a peine muy fino (lámina 47)59.

 

III.-La cerámica bizcochada.

El cambio del Gótico al Renacimiento también es visible en la cerámica bizcochada. A finales del siglo XV/comienzos del XVI se introducen nuevas formas y nuevas decoraciones que los alfareros con gran arte, mezclarán con las tradicionales de la cerámica de Paterna.

Así, en los cántaros, las formas tradicionales de los siglos anteriores coexiste con una nueva, de pie más estrecho y capacidad menor (lámina 48). Se siguen fabricando las dos formas anteriores del Testar del Molí I60 (láminas 49 y 50) pero a veces el alfarero se permite fantasías que tienen gran aceptación entre sus contemporáneos (lámina 50). Las decoraciones de los cántaros siguen siendo las tradicionales, ocupando el cuello y los hombros (los más frecuentes) o todo el cuerpo como ya se hacía durante todo el siglo XV. Solo el nuevo modelo de cántaro va sin pintar, limitándose su decoración a estrías en el cuerpo. Conforme va pasando el tiempo, es el nuevo modelo de cántaro el más frecuente en las casas, en detrimento de los otrs dos modelos.

En las alfarerías se fabrican en este tiempo gran cantidad de cántaros pequeños, de base muy ancha, de todas las formas y tamaños, que pueden llevar una o dos asas (láminas 48, 49, 50 y 51). Seguramente serían cántaros para beber directamente en ellos o para llevárselos al campo.

En las cocinas de nuestras casas burguesas vemos pues que se utilizaban gran cantidad de recipientes para transportar o almacenar agua, vino y aceite61. Se empleaban además cantimploras o "botiges de carro". Una de las que presentamos va profusamente decorada en manganeso con motivos vegetales y hondas. También jarros con pie, idénticos a los esmaltados y pintados en azul o en dorado y jarras con dos asas, como la que presentamos, la cual va decorada con una bota (lámina 47).

Otros recipientes que hemos encontrado de cerámica bizcochada son los lebrillos, idénticos en forma y tamaño a los barnizados en verde. Aunque muchos llevan las decoraciones tradicionales que se vienen empleando en Paterna desde mediados del siglo XIV62 (láminas 52 y 54), otros muestran otras completamente nuevas, como son las de los lebrillos de la página 5363.

En todas las casas se utilizaba gran cantidad de orzas, tinajas y cocios, de tamaños diferentes, que se empleaban para el almacenamiento de agua, vino, aceite, pescados y carnes salados, conservas, harina, etc. así como para otros menesteres tales como abrevaderos para las bestias, como bañeras, para la colada, etc.64. Muchos de estos recipientes van decorados con bandas incisas o con cordones en relieve y algunos de ellos los hemos encontrado con las marcas del alfarero que las fabricó, estampilladas (láminas 55, 56 y 57).

 

 

 

 

LOS BARRIOS ALFAREROS EN EL RENACIMIENTO

A comienzos del siglo XV sabemos que había en Paterna dos barrios alfareros: el de las ollerías menores ("oleries menors, oleries xiques") y el de las ollerías mayores ("les oleries majors"). Estos documentos se conocen desde que fueran publicados por Osma en 1911. Pero conocer la existencia de estos dos barrios no inplica que se supiera su emplazamiento. Las únicas precisiones que dan dichos documentos es que el primero se encuentra junto al camino de Liria y el segundo, enfrente de la acequia de Moncada65.

En 1987 Alfonso Barberá habla de los famosos Testares de Paterna66 donde se realizaron las excavaciones de comienzos de siglo, pero en ningún momento dice en que parcela o parcelas del Término Municipal están situados. Se refiere al "campo de la Roxa de Cañizares" al igual que lo hizo antes Folch i Torres o González Martí 67, sin mayor especificación.

Deseosos de descubrir estos testares realizamos una serie de encuestas en Paterna entre la población de nuestros Mayores, pero no obtuvimos ningún resultado pues nadie recuerda el lugar exacto, ni conoce el nombre de la "Roxa de Cañizares" ya que los hechos ocurrieron hace ya casi un siglo, entre 1907 y 1911.

Por otra parte, Alfonso Barberá habla en su obra de la cerámica aparecida alrededor del Molí del Testar. Sabemos que fue en las parcelas 46 y 47 de la partida de Los Molinos donde tuvo ocasión de hacer prospecciones68 y con muy buen tino dice que debe ser en esta zona donde se hallara situado el barrio alfarero de

"las ollerías mayores y cerca, el de las ollerías menores que citan los documentos medievales69".

En 1982 Barrachina, Cardona y Miralles realizaron unas excavaciones en la parcela 41 cuyos resultados publicaban con el nombre de "excavaciones en el Molí del Testar"70, como si en vez de relizarlas en dicha parcela, las hubieran llevado a cabo en el Molino que lleva este nombre.

Es a consecuencia de la publicación de los trabajos de Barrachina, Carmona y Miralles en 1984 que decidimos emprender nuevas excavaciones en la misma parcela pues no encontrábamos nada claros los resultados expuestos por sus autores.

Ya en la primera campaña, en 1985, descubrimos un horno. Desde entonces y hasta la fecha seguimos excavando en la misma parcela, tal y como explicábamos al comienzo de este trabajo. A lo largo de estos diez años hemos descubierto el emplazamiento de una vivienda o taller musulmán datable de la segunda mitad del siglo XII o los primeros años del XIII; el emplazamiento de cinco alfarerías pertenecientes al siglo XIII; de tres alfarerías y un horno pertenecientes al siglo XIV; de una alfarería del XV; y de otra alfarería y un horno pertenecientes al siglo XVI71.

El yacimiento arqueológico descubierto por nosotros ocupa la parcela nª 41 del catastro, y está registrado en la Dirección General del Patrimonio de la Generalitat Valenciana a petición nuestra. Lo bautizamos Testar del Molí para conservar el nombre con el que los autores mencionados más arriba denominaban esta zona sin especificar límites. Después de las investigaciones pertinentes llegamos a la conclusión de que se encuentra enclavado en el barrio medieval que los documentos de la época llaman las ollerías mayores de Paterna y así lo hemos publicado en múltiples ocasiones72

En cuanto al emplazamiento de las Ollerías menores, no estábamos de acuerdo con la propuesta de Alfonso Barberá. En 1989 excavábamos un horno en la calle Eduardo Dato, en el Nº 9 y dos años después una alfarería en el solar contiguo. Por otra parte, Alfonso Barberá nos dejó noticia de que dos solares más allá, en el nº 5, apareció otro horno al construir esta finca73. Conocemos, pues, en esta zona, el emplazamiento de una alfarería y de dos hornos.

El único detalle que dan los documentos medievales sobre las ollerías menores es que se encontraban situadas "en el camí de Lliria", es decir, hacia el Oeste del pueblo, por lo que propusimos su emplazamiento en la zona de las calles Eduardo Dato y de los Molinos donde sabemos había, por lo menos, dos hornos y una alfarería, como hemos dicho. Así lo publicamos en 199374. Desde luego aún es poco lo que conocemos de esta parte del pueblo para estar seguros de que esta zona fuera el barrio de las ollerías menores, pero al estar enclavado actualmente dentro de la ciudad, es imposible acelerar las investigaciones y hay que ir al ritmo que marca el derribo de las casas antiguas de la zona.

Las excavaciones realizadas en 1993 en la calle San Pedro objeto de este estudio, parecen darnos razón sobre el emplazamiento del barrio de las ollerías menores pues este solar se encuentra muy cerca de la zona acotada por nosotros como emplazamiento de las ollerías. Recordemos que en el solar citado, apareció una alfarería y estuvo explotado desde el siglo XII hasta el XV para extraer arcilla por alfareros que no tendrían muy lejos su taller.

En el primer cuarto del siglo XVI, cien años más tarde, los dos barrios alfareros de Paterna parecen haber cambiado de nombre. En el documento publicado por Gimeno vemos que los alfareros de Paterna (o por lo menos el notario que hace las anotaciones, el cual escribiría lo que le dijeran) llaman al primero alfarerías mayores en vez de ollerías mayores y al segundo alfarerías primeras en vez de ollerías menores. Tal vez porque en esta época los alfareros están más especializados; en los documentos anteriores al siglo XV se les llama "ollers", "gerrers" y "cantarers" indistíntamente, pero a lo largo del XV se les deja de llamar así y se les llama "magister", maestros de la obra de tierra75. De la misma manera, desaparecería lentamente el nombre de ollerías para designar los dos barrios alfareros y se les conocería por el nombre de obradors majors y obradors primers respectivamente, el primero es el que estaba "més luny e prop los molins fariners de la dita vila" y el segundo "més prop de la dita vila"76.

Durante la segunda mitad del siglo XVI el barrio de alfareros cercano al pueblo, los "obradors primers", sigue sin nombre específico. En 1584, se venden dos alfarerías y en ambos documentos de venta se dice que están situadas "en los obradors de part debaix de Paterna"77. Teniendo en cuenta que el barrio "dels obradors majors" está "mes luny de la dita vila", éstas debían pertenecer "als obradors primers", lo cual coincide con el emplazamiento arqueológico que le hemos dado al barrio, en la parte de abajo del pueblo.

En este primer cuarto del siglo XVI todavía hay un número importante de propietarios de alfarerías que son musulmanes: el 38 % de las alfarerías de Paterna son propiedad de éstos. Las alfarerías las tienen sobre todo en "los obradors majors" siguiendo la tradición familiar (los alfareros musulmanes estaban instalados en este lugar desde el siglo XII), donde casi la mitad (46 %) les pertenecen. En los "obradors primers" poseen el 32 % de las alfarerías78.

 

I- Las alfarerías.

Conocemos una de las alfarerías de esta época, la cual estaba situada en los obradors majors de la vila. En efecto, en la cuarta campaña de excavaciones que realizamos en el yacimiento del Testar del Molí, en 1988, descubrimos una alfarería perteneciente al siglo XVI79. Esta alfarería va adosada a otra del siglo XV abandonada en esta época. Ocupa la zona que ocupaba una gran balsa de decantación en el período anterior (siglo XV)80.

La alfarería consta de una sola nave de planta rectangular (fig. 11) que tiene una superficie de 46,50 metros cuadrados. La nave mide 15,50 m. de largo por 3 m. de ancho. Sus paredes están hechas de mortero encofrado y están finamente alisadas por ambos lados. En los cimientos llevan piedras para reforzarlas. Los muros se conservan hasta una altura de 0,30 m.

El suelo de la alfarería está hecho con una capa de argamasa, puesta sobre los cascotes de cerámica y tejas con los que se rellenó la balsa de decantación para construir la nave. Su espesor es de 0,10 m. En el eje central hemos encontrado la impronta de dos pilares hechos de ladrillos trabados de tres en tres. Esto pilares servían para sostener el tejado que no creemos fuera de doble vertiente, pues es poca la anchura a cubrir. Este último estaba hecho de cañizo y yeso con teja árabe por encima.

La nave tenía una gran puerta colocada sobre uno de los laterales menores, el lateral Sur. Dentro de la nave no encontramos la más mínima distribución ni ninguna impronta que nos dijera donde estarían colocados los tornos, tal y como encontramos en las naves de las alfarerías anteriores y como parece había en la alfarería de Manises perteneciente a la segunda mitad del siglo XVI81.

Y es que en Paterna ya no se utilizan los tornos excavados en el suelo desde la primera mitad/mediados del siglo XV, como ya constatamos en la excavación de las alfarerías pertenecientes a este período, sino que a partir de ese momento los tornos son aéreos como los actuales y no excavados en el suelo de la alfarería82.

Por ahora es el único taller perteneciente al siglo XVI que conocemos, pero no olvidemos que estamos lejos de haber terminado las excavaciones en el yacimiento del Testar del Molí. Su producción alfarera era muy variada: cerámica esmaltada decorada en dorado y con algunos toques de azul (platos y escudillas, estas últimas con asas polilobuladas), cerámica bizcochada y cerámica melada.

Si bien no podemos saber por la arqueología a cual de los propietarios que conocemos83 pertenecería esta alfarería, sí podemos en cambio conocer dos de las marcas utilizadas por los alfareros que trabajaban en ella.

 

II- Los hornos.

También hemos encontrado en els obradors majors uno de los hornos que utilizaban los alfareros de Paterna en el siglo XVI. Es el que excavamos en 1995 en El Testar del Molí. Este horno se hundió cuando se estaba cociendo la cerámica. La parte superior ha desaparecido, pero encontramos intacta la parte inferior y la carga que contenía, sellada y conservada por los escombros del laboratorio del horno.

Este horno tiene unas dimensiones de .... m. de largo por .... m. de ancho. La altura de los muros que se conservan es de 2 m. Se halla situado enfrente de la línea de alfarerías, al otro lado de una calle que lo separaría de ellas (fig. 13). Su orientación es Este-Oeste, con la boca abierta al Este, dirección de los vientos dominantes en la zona. Su estado de conservación es excelente, aunque las paredes laterales se encuentran abombadas (sobre todo la del lado Norte) debido a la presión de la capa de ceniza que lo rodea, muy inestable.

Las paredes del horno se construyeron con adobes de 0,20 x 0,40 m. pegados con arcilla semilíquida; el fondo de éste, se hizo con una espesa capa de arcilla, cociéndose el conjunto en una primera hornada84. La unión del fondo con las paredes no está en arista viva sino que va reforzada por un burlete de arcilla.

Se ha conservado toda la parte baja del horno (fig. 13), la cual está formada por el sagén o cámara baja de cocción y la caldera u hogar. Falta la otra cámara de cocción, la llamada cámara alta o laboratorio que estaba situada encima de la cámara baja, separada de ella por la parrilla. Este horno del siglo XVI es del mismo tipo que el encontrado en 1985, perteneciente a la segunda mitad del siglo XIV y como él, funcionaba combinando el tiro lateral (caldera-sagén) con el vertical (sagén-laboratorio)85.

La caldera tiene la forma de una semielipse. Al igual que la del horno encontrado en 198586, está excavada un poco más honda que el sagén. La separación entre ambas partes está marcada por un escalón de aproximadamente 30 cm. de altura.

La pared Este, donde se encuentra emplazada la boca del horno, es vertical (a diferencia de la del horno del siglo XIV que estaba inclinada hacia el exterior para facilitar su acceso). En esta pared los alfareros practicaron un orificio rectangular (de 7 cm. de profundidad, 5 cm. de altura y 30 cm. de anchura) para instalar y sujetar una tabla que saltaba el desnivel de la caldera y los llevaba directamente al sagén cada vez que tenían que llenar o vaciar el horno87. Recordemos que en el horno del siglo XIV en cambio, en esta pared iban excavados cuatro escalones para bajar al horno88. Como vemos, a lo largo de algo más de un siglo se produjeron ciertos cambios en la disposición de los hornos, al igual que ocurrió en las alfarerías.

El sagén del horno es de forma cuadrangular. Sus paredes alcanzan 2 m. de altura. Éstas están en mejor estado que las de la caldera pues no sufren tan violentamente la acción del fuego.

Es en la unión del sagén con la caldera donde se perciben distintas remodelaciones y remiendos; en el lado Sur del horno, a esta altura, la pared de la caldera avanza por detrás de la del sagén, reforzándola; en cambio, no ocurre lo mismo con la pared Norte, por lo que en la última cocción, esta pared se rompió y fue desplazada hacia dentro, provocando la caída de toda la parte superior del horno.

La parrilla, que separa el sagén del laboratorio o parte superior del horno, estaba sostenida por tres arcos trasversales. Estos estaban construídos con adobes de 21 X 18 cm., con un lado más bajo que el otro para ir dando la curbatura del arco (5,8 / 2,5 cm.) Sólo el arranque de los arcos se encontraba in situ, todavía pegado en las paredes laterales; fue la parte central de uno de los arcos (o de varios de ellos) la que cedió durante la última cocción, desplazando parte de la pared lateral Norte, y provocando el hundimiento de la parte superior del horno.

El horno se hundió cuando se estaba haciendo una cocción de cerámica. Toda la parte superior y su carga han desaparecido al allanar posteriormente el terreno. En la excavación del horno, la primera capa que encontramos estaba formada por los adobes de las paredes mezclados con fragmentos de las grandes tinajas que formaban la carga de la cámara superior y con gran cantidad de arcilla (de color muy rojo) procedente de la carchata del horno; en la segunda capa, a estos fragmentos se unieron los de la parte central de los arcos y los de la parrilla que sellaban la parte inferior del horno.

Levantada la capa de desechos arquitecturales apareció la carga de la cámara inferior, la cual se hallaba destrozada por el aplastamiento, pero completa, por lo que hemos podido reconstruirla. Al hundirse el horno, lo hizo con un movimiento de Oeste a Este, de atrás hacia adelante, lo que desplazó la carga del sagén hacia la caldera. Por eso hemos encontrado las cerámicas que estaban situadas en la parte delantera del sagén, junto a la caldera, sobre las cenizas de ésta, mientras quedaba libre la parte posterior de éste, junto al muro.

El horno estaba cargado de la siguiente forma:

En la parte superior delantera del sagén se pusieron escudillas de orejas triangulares y polilobuladas, platos, servidoras y cuencos. Todas estas cerámicas estaban esmaltadas en blanco y varias de ellas iban pintadas en azul totalmente o sólo con algunas líneas (fig. 14) para poder completar más tarde su decoración con dorado (láminas 22/5; 23/1; 26/2, 3 y 5, 27; 28/6, 7, 8 y 9; 29/4; 37; 58). Junto a ellas encontramos tinajas medianas de boca ancha (lámina 55/3 y 4); lebrillos de paredes verticales (lámina 52); atifles; grandes placas rectangulares con improntas de bocas de recipientes y "rodells" (algunos de ellos con marcas.

Las escudillas estaban aún en la posición en la que se habían colocado para la cocción o sea, en columnas separadas entre sí por atifles. Estas columnas las encontramos colocadas horizontalmente pues se habían caído, sin dislocarse. Toda la cerámica esmaltada estaba falta de cocción: el esmalte salta en placas y el barro presenta un color amarillo sucio, desmenuzándose fácilmente. Entre las columnas de escudillas y otras cerámicas esmaltadas se encontraban los grandes fragmentos de tinajas y lebrillos.

Si reflexionamos sobre la posición en que encontramos este grupo de cerámicas debemos suponer que la cerámica esmaltada iba metida dentro de estas tinajas y lebrillos, los cuales se cerraban con los rodells y las placas rectangulares y se sellaban con "colomís" de barro para evitar que entrara el fuego y estropeara el esmalte89. Tanto los "rodells" como las placas iban marcadas con los sellos de cada alfarero para reconocer las tinajas de cada uno90 (fig 15). Eso explicaría porqué las tinajas estaban cocidas mientras que la cerámica esmaltada estaba aún tan cruda a pesar de estar colocada en la parte delantera del horno, por donde sube el fuego a la cámara superior. Por otra parte, las improntas dejadas en las placas coinciden con el diámetro de las bocas de las tinajas y lebrillos de paredes verticales. Al caer el horno, las tinajas se rompieron protegiendo las columnas de escudillas.

En el resto de la parte superior del sagén, ocupando la parte central y trasera, encontramos lebrillos bizcochados grandes y medianos.

Por debajo de esta capa aparecen tejas en la zona de separación del sagén con la caldera. Éstas podían haber sido utilizadas como barrera delante del escalón de la caldera, para evitar que el fuego mordiera demasiado violentamente las cerámicas. Inmediatamente detrás de las tejas encontramos tinajas de boca estrecha (lámina 55/1), seguidas por cántaros (lámina 49/2 y 3; 50/4, 5 y 6) tinajas de boca ancha, tinajas con esmalte turquesa y cocios en la parte posterior (lámina 55, 2,3 y 4; 57); entre estas grandes piezas aparecieron algunas cerámicas meladas: ollas, cazuelitas, botellas, morteros, escudillas, lebrillos y candiles de cazoleta (láminas 39/4; 40/3; 41/1 y 2; 43; 44).

Por último, ya reposando sobre el suelo del sagén, encontramos varias placas planas que caerían de la parte superior, un hornillo, un bacín, dos jarros bizcochados, tipo cántaro, un lebrillo puesto boca hacia abajo, dos cántaros, una placa y una forma de azúcar.

Dentro de la caldera (no olvidemos que hemos dicho más arriba que la carga fue desplazada hacia ésta), en la última capa encontramos fragmentos de tinajas y debajo, metidos de canto dentro de las cenizas aparecieron gran cantidad de azulejos, unos más cocidos que otros (algunos estaban practicamente crudos), esmaltados en blanco y pintados de azul cobalto. Los hay cuadrados y de forma exagonal irregular. Algunas de las decoraciones que se perciben son rosas y eslabones (fig. 15).

La cantidad de cerámicas que formaban la carga inferior del horno es la siguiente:

- cerámica esmaltada : 142 piezas

- cerámica barnizada : 33 piezas - cerámica bizcochada: 249 piezas

- trébedes: 439 piezas

- placas: 17 piezas

- tejas: 35 piezas

El horno debió ser utilizado por alfareros musulmanes pues la mayor parte de las marcas alfareras encontradas son inscripciones árabes (fig. 15).

 

LOS ALFAREROS DEL SIGLO XVI

No conocemos gran cosa sobre estos alfareros que trabajaban en Paterna en el siglo XVI. Solo su nombre y algunas de sus actividades nos han llegado a través de unos pocos documentos. Uno de ellos es Jacobo Ramón, "magister operis terra" (maestro de obra de tierra)

que trabajaba en Paterna a comienzos de siglo. En 1493 sabemos que hizo una carga de platos y escudillas decorados con el escudo de Valencia para el Asilo de las Arrepentidas de la ciudad de Valencia91.

Junto a él vivían por los mismos años Jaime Rodrigo, Martín Rodrigo, Fernando Salvador el Piquico, García Alcodorí y Juan Almila, todos ellos también maestros alfareros, fabricantes de cerámica dorada ("opus terre de Malica"). Estos alfareros vendían su producción directamente a los comerciantes valencianos. En 1500, vendieron en exclusiva toda la cerámica dorada que fabricaban a Doña Isabel Berencasa, comerciante de Valencia. La cerámica "debía ser de recibo y puesta en el puerto de Valencia sin cargos" y ellos cobrarían por adelantado su trabajo en plomo, estaño y dinero "al precio de costumbre ya estatuído para las ventas del fabricante al comerciante"92.

El alfarero Pascual Gil que fabricaba tinajas, también le vendió a la misma comerciante anterior, Isabel Berencasa, 140 tinajas de diferentes tamaños y 40 cocios. Otro maestro alfarero de comienzos de siglo se llamaba Domingo de Luna, perteneciente a la familia de los Lunas, alfareros de Paterna que conocemos desde 141893.

En 1521 sabemos por el documento publicado por Gimeno94 que existían en Paterna por lo menos, ochenta y una alfarerías pero como vemos, conocemos muy pocos nombres de los alfareros que trabajaban en ellas. En este documento en el que se evalúan los daños "en les cases e obradors de la vila de Paterna per causa del siti e camp que tingue lo virrey Don Diego Hurtado de Mendoça parat en la dita vila de Paterna"95, al hacer el recuento de daños se cita el nombre del propietario de cada una de las alfarerías, pero no se dice su profesión, por lo que no podemos saber si es él mismo el alfarero o si la tendría alquilada a uno de ellos para su explotación.

En efecto, sabemos que los alfareros podían ser propietarios y trabajar en sus propias alfarerías o alquilar éstas. Repasando varios documentos de la época encontramos que muchos agricultores son propietarios de alfarerías, los cuales las alquilan a alfareros, bien por un precio fijo o bien se asocian a éste y participan de los beneficios que produzca la venta de cerámica.

Esta práctica ya se seguía en la Edad Media96 y se sigue utilizando durante el siglo XVI. Por ejemplo, en la segunda mitad del siglo XVI conocemos a dos agricultores que eran propietarios de unas alfarerías de Paterna: uno de ellos, llamado Benito Guillem, era vecino de Paterna y propietario de "un obrador situm et positum en los obradors dicte vile de Paterna, en los obradors de part debaix"97; pero el otro, Francisco Bogiot, agricultor y alfarero, era vecino de Manises y propietario de "un obrador ab dos fornets situm et positum en los obradors de part de baix dicte vile de Paterna"98. Los dos le venden sus alfarerías a Vicente Mir, comerciante de Valencia y por lo tanto, tampoco alfarero. Otra vecina de Manises era también propietaria de una alfarería de Paterna "un obrador en la partida dels Obradors de Paterna"99.

Como vemos, es bastante arriesgado llegar a la conclusión de que todos los propietarios de alfarerías en Paterna, en 1521, eran alfareros, aunque es muy posible que muchos lo fueran, pero el documento arriba citado no lo especifica100. Lo que sí especifica es que en 1522 las fuerzas del rey destrozaron ochenta y una alfarerías, por lo que podemos afirmar que en esta primera mitad del siglo XVI había una gran cantidad de alfareros que trabajaban en Paterna, ciertamente más de ochenta y uno, pues sabemos que en muchas alfarerías (en todas las excavadas por nosotros) trabajaban varios alfareros juntos101.

De mediados del siglo XVI nos ha llegado sólo el nombre de dos de los alfareros que trabajaban en Paterna, son los maestros Juan Bueso y Miquel Ferrando102. Durante la segunda mitad del siglo conocemos a los hermanos Juan y Francisco Micó, maestros de "obra de terra" que trabajan juntos. En 1587 Juan Micó se separa y se instala por su cuenta, alquilándole por dos años a Isabel Joan, vecina de Manises, la alfarería que ésta posee en Paterna. Por el arriendo el alfarero le pagará seis libras anuales103.

Es interesante notar que vecinos de Manises son propietarios de alfarerías en Paterna. Es lógico pensar que también ocurriría lo contrario pues es evidente en los documentos que ambas poblaciones siguen estando estrechamente unidas como ya ocurría en la Edad Media. Un testamento de 1544 nos dice que María Ferrando, vecina de Paterna, deja todos sus bienes a su hija Francisca, casada con un alfarero de Manises. Es así como pasaban a manos de vecinos de Manises algunas alfarerías de Paterna y como ocurriría lo mismo al contrario.