EL RENACIMIENTO EN PATERNA

RESULTADO DE LAS EXCAVACIONES DE UN BARRIO BURGUES

Mercedes MESQUIDA GARCIA

 

AYUNTAMIENTO DE PATERNA

CONCEJALIA DE CULTURA

SERVICIO MUNICIPAL DE ARQUEOLOGIA

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INTRODUCCION

El Servicio Municipal de Arqueología, bajo mi direccción, tiene la misión de velar y sacar a la luz el pasado histórico de Paterna. Para ello, con la ayuda y bajo la tutela de la Dirección General del Patrimonio de la Generalitat Valenciana, realizamos dos tipos de excavaciones: unas, las ordinarias, tienen como misión la investigación de uno de los mayores yacimientos medievales de la Comunidad Valenciana, El Testar del Molí. Es en este lugar donde se encontraba emplazado en la Edad Media uno de los dos barrios alfareros de Paterna, el de las Ollerías Mayores. En este yacimiento, que comenzamos a excavar en 1985, llevamos realizadas diez campañas.

Además de estas excavaciones, el Servicio Municipal de Arqueología vigila, prospecta y excava, si ha lugar para ello, todos y cada uno de los solares situados en el casco histórico de Paterna: son las excavaciones extraordinarias que se realizan según las necesidades urbanísticas de la ciudad.

Con los objetos encontrados en las excavaciones, el Ayuntamiento de Paterna creó el Museo Municipal de Cerámica. Su misión es conservar, estudiar, publicar y restaurar los objetos que son depositados en él, pues éstos son parte de nuestra memoria histórica. Las colecciones del Museo Municipal (cerámica, vidrio y metales) abarcan el período histórico comprendido entre los siglos XII y XVII, ambos inclusives. Actualmente cuenta con cinco mil piezas en sus depósitos.

Con esta publicación, pretendo dar a conocer un fragmento de esta Historia de Paterna, la correspondiente al Renacimiento. Este libro es el resultado de dos de mis excavaciones, las realizadas en la Plaza del Pueblo y en la Calle San Pedro en 1988 y 1993, respectivamente. Si bien en ambos solares encontré una ocupación humana que se extiende desde el siglo XII hasta nuestros días, la enorme cantidad de material extraído y las exigencias presupuestarias me han obligado a fraccionar su publicación, comenzando por el período correspondiente al siglo XVI, época mal conocida de la Historia Valenciana.

He elegido dar a conocer en primer lugar el material de la excavación perteneciente al Renacimiento, porque en 1995 el Ayuntamiento de Paterna publicaba el descubrimiento hecho por Gimeno Roselló de un documento histórico importantísimo para el conocimiento de esta parte de la Historia de Paterna3, el cual aporta nueva luz a esta época y viene a confirmar y completar nuestras investigaciones.

En efecto, cuando en 1988 descubrí las primeras cerámicas que daté del siglo XVI, mis colegas me advirtieron que tenían que ser cerámicas hechas en Manises, pues se presuponía que en Paterna no se fabricaba cerámica en esa época4. Las excavaciones de 1993 dieron una enorme cantidad de cerámica perteneciente a este siglo y no hicieron más que confirmar mis sospechas de que era imposible que la cerámica de Paterna hubiera dejado de producirse hacia finales del siglo XV.

La publicación del documento sobre las Germanías por parte de Gimeno, en el que se habla de dos barrios alfareros y de setenta y ocho alfarerías5 como mínimo en 1522, me confirmaba que Paterna se encontraba muy lejos de haber acabado con la fabricación de cerámica en el XVI y me daba nuevos argumentos para defender como paterneras las cerámicas doradas encontradas en las excavaciones de 1988 y 1993.

Finalmente, en el verano de 1995, la campaña de excavaciones en el Testar del Molí sacó a la luz un horno con la carga aún dentro: las cerámicas que se estaban cociendo en él eran idénticas a las encontradas en las excavaciones de 1988 y 1993, lo cual confirmaba arqueológicamente la continuación de la producción en Paterna de cerámica esmaltada decorada en dorado durante el siglo XVI, en la misma cantidad, por lo menos, que en el siglo anterior .

Son pues las cerámicas y vidrios correspondientes a los siglos XVI y XVII encontrados en las excavaciones de la Calle San Pedro y en las de la Plaza del Pueblo (excavaciones de urgencia de 1993/1995), así como las cerámicas que se estaban cociendo en el horno del siglo XVI cuando se derrumbó (excavaciones 1995),los que presento en este estudio.

Agradezco a los propietarios de los solares la colaboración y paciencia que han tenido con nosotros durante las excavaciones, así como toda la ayuda que nos han prestado.

Así mismo, mi agradecimiento a cuantos han colaborado conmigo, obreros, becarios, dibujantes, personal del Museo, sin cuya ayuda hubiera sido imposible este trabajo.

Las excavaciones de la calle San Pedro gozaron de una subvención de la Consellería de Cultura de la Generalitat Valenciana para el lavado y primeras clasificaciones del material extraído.

LAS EXCAVACIONES

La zona de Paterna donde realizamos las excavaciones de 1988 y de 1993, se encuentra situada al Sur de la población, ocupando la ladera de una colina que baja en pendiente bastante abrupta hacia el río Turia. De Norte a Sur hay tres terrazas con un desnivel total de 7 m.

La terraza superior está formada por areniscas, roca tierna fácil de excavar; las dos inferiores son de origen fluvial, con suelos arcillosos.

La ocupación por el hombre de esta zona de la ciudad comenzó en las terrazas media e inferior, las cuales presentan restos humanos a partir de la segunda mitad del siglo XII o, a más tardar, primeros años del siglo XIII.

I- Siglos XII a XV .

En la segunda mitad del siglo XII se estableció en la terraza media una alfarería6 de la que hemos encontrado restos de sus instalaciones: varios hoyos y balsas para tratar y preparar las arcillas. Los alfareros de esta época explotaban la terraza inferior para extraer la arcilla que necesitaban para su trabajo. Hemos encontrado las canteras que excavaron a cielo abierto para extraerla. También encontramos una importante colección de desechos cerámicos pertenecientes a esta época, los cuales rellenaban los hoyos hechos para sacar la arcilla. Muchas de las cerámicas encontradas llevan las marcas de los alfareros que las hicieron, lo que nos permite conocer las señales identificadoras de estos alfareros que trabajaban en Paterna antes de la conquista cristiana.

Después de la conquista cristiana parece haber habido una reorganización del espacio en esta parte del pueblo y la alfarería de la terraza media desaparece, seguramente trasladada a otro lugar no muy lejano, pues los alfareros siguieron empleando la terraza inferior para extraer arcilla. Al igual que en la época anterior, los hoyos resultantes siguieros rellenándose con desechos de los hornos7. Esta explotación duró hasta el siglo XV, momento en el que se construyeron, ocupando la zona, tres tenerías. Una de ellas se instaló en el solar A (calle San Pedro) y las otras dos en el B (plaza del Pueblo).

Estos talleres para curtir pieles constan de varias balsas de dimensiones y profundidades diferentes que comunican entre sí8. Algunas de ellas llevan en el fondo ligeramente cóncavo un cuenco pintado de azul, agarrado en el cemento de la balsa, para facilitar su vaciado completo9. Descubrimos otra tenería de la misma época en las excavaciones realizadas en el solar de la calle Conde Montornés, al Este del alcázar (excavaciones 1990).

Solo tenemos evidencia de la ocupación de la terraza superior a partir de la primera mitad/mediados del siglo XIV. En efecto, en nuestras excavaciones descubrimos una vivienda troglodita excavada en la piedra blanda de la terraza. Esta vivienda en cueva la hemos datado a partir de las cerámicas que se utilizaron para rellenar y allanar el suelo de la vivienda, el cual iba cubierto con ladrillos bizcochados.

La fachada de la casa troglodita se construyó mirando hacia la calle S. Vicente, la cual tenía un trazado algo distinto del actual, estando la antigua calle desplazada dos metros hacia el Este. Desde la calle se entraba a la casa bajando cuatro escalones. Al lado de la puerta, una ventana se abría al exterior.

El descubrimiento de esta casa troglodita ha hecho que podamos documentar la existencia de cuevas empleadas como viviendas en Paterna, al menos desde mediados del siglo XIV. A finales del siglo XV la cueva desaparece para construir el nuevo barrio, siendo su hueco rellenado con cerámicas de época.

II- El siglo XVI: urbanización de la zona.

Tal y como hemos dicho, a finales del siglo XV/comienzos del XVI se urbaniza toda esta parte del pueblo. En este momento, Paterna conoce una fuerte expansión urbanística, creándose dos nuevos barrios que ocupan las zonas "industriales" anteriores: uno al Este del alcázar, en la actual calle Conde de Montornés, y el otro al Oeste, entre las calles San Vicente y Maestro Canós. En ambas zonas se hace desaparecer los talleres de curtidos de pieles y se construyen viviendas.

A juzgar por los ajuares encontrados en las casas excavadas, el barrio situado al Oeste del alcázar (el espacio situado entre las calles San Vicente, Maestro Canós, San Pedro y Plaza del Pueblo) fue ocupado por gente acomodada, burguesa (alfareros, agricultores, comerciantes). En cambio, el situado al Este (calle Conde Montornés) fue ocupado por gente mucho más modesta.

En el barrio burgués objeto de nuestro estudio, existía a comienzos del siglo XVI, por la parte Oeste la calle Santa Teresa, a la cual se abrían las fachadas de las nuevas casas construídas. Esta calle estaba situada algo más hacia el Este de su trazado actual. La calle de San Vicente, a donde darían los huertos y corrales de las nuevas casas, no parece haber sido urbanizada hasta el siglo XVII. Tampoco existiría la calle San Pedro en su trazado actual, pues estaba ocupada por la casa IV del solar A.

Por la parte Oriental, el barrio llegaba hasta mitad del solar B, dando las fachadas de las casas a una calle - hoy desaparecida - que subía por el centro de este solar, paralela a la de Santa Teresa. La calle Maestro Soler no existía, ocupada por los patios de las nuevas viviendas (fig. 2). Más al Este, la zona continuó sin ser urbanizada (parte oriental del solar B) y siguió ocupada por un taller. No conocemos la disposición que tendría la parte central del nuevo barrio, pues esta zona aún no la hemos excavado.

Conocemos el emplazamiento de siete casas pertenecientes al nuevo barrio durante la primera mitad del siglo XVI; cuatro de ellas estaban situadas en el solar A y tres en el B.

 

III- El siglo XVII.

En el siglo XVII hay una nueva distribución del espacio en esta zona. Si bien algunas de las casas parecen continuar existiendo, éstas se distribuyen de diferente manera. Al mismo tiempo, se construyen otras nuevas, ocupando la parte occidental del solar A y abriendo la calle de San Vicente. Sigue sin existir las calles Maestro Soler y San Pedro.

Si resumimos el resultado de las excavaciones, vemos que la ocupación en el tiempo de esta parte del pueblo se presenta así:

Siglo XII: una (o varias) alfarería está instalada en la terraza media y emplea los terrenos adyacentes (terraza inferior) para explotar la arcilla y tirar las basuras. Así mismo, existen en la terraza media una serie de silos (fig. 1).

Siglo XIII: la terraza inferior sigue explotándose para extraer arcilla. La alfarería y los silos han desaparecido de la terraza media.

Siglo XIV: sigue la explotación de arcilla en la terraza inferior. Se construye la vivienda troglodita en la terraza superior (fig. 1).

Siglo XV: sigue existiendo la vivienda en cueva. Ha desaparecido la explotación de arcilla en la terraza inferior. En la terraza media se construyen dos talleres para curtir pieles (fig. 1).

Siglo XVI: han desaparecido la cueva y las tenerías. Toda la zona (las tres terrazas) se urbaniza con casas de gran tamaño (véase su distribución en la fig. 2), ocupadas por gentes pudientes de la ciudad (alfareros, comerciantes, agricultores, etc.) Se abre una calle por el centro del solar B a la que dan las fachadas de algunas de las casas.

Siglo XVII: siguen existiendo algunas casas del XVI. Se construyen otras de nueva planta en la parte occidental del solar A (fig. 3) y se abre la calle de San Vicente.

 

PATERNA EN EL RENACIMIENTO

Como ya hemos dicho más arriba, en estas excavaciones encontramos siete casas pertenecientes a la primera mitad del siglo XVI y otras siete pertenecientes al siglo XVII. Para delimitar su número, nos hemos basado en la cantidad de pozos ciegos encontrados, suponiendo que cada casa no tendría más de uno. Si observamos los planos vemos que cada uno de ellos está lo suficientemente alejado de los demás para poder significar una casa diferente. En dos de las casas hemos encontrado, además, un pozo o cisterna para agua.

En el solar A tenemos el problema de considerar los espacios I y II como una o como dos casas (fig. 2), pues de la casa I no hemos encontrado el pozo ciego, aunque ésta no ha sido enteramente excavada dado que continúa en la finca contigua. Sin embargo, el espacio total ocupado nos ha parecido demasiado grande, por lo que lo hemos considerado como perteneciente a dos viviendas en vez de a una sola: una, a la que pertenecería el pozo ciego hallado y la otra, cuyo pozo está aún sin excavar. Sólamente futuras investigaciones nos confirmarán esta teoría.

Conocemos parte del plano de cuatro de las viviendas pertenecientes al siglo XVI y de tres pertenecientes al siglo XVII .

 

A- LAS CASAS DEL SIGLO XVI

1- El solar A (calle S. Pedro).

Se construyeron dos casas en la terraza superior, una en la terraza media y otra en la inferior.

La casa I está situada en la parte Norte del solar, ocupando parte de la terraza superior (fig. 2, A/I). De ella no conocemos el plano completo (recordemos que se adentra en la finca colindante) pero sí tenemos la línea de fachada, la cual está algo ladeada con respecto a la actual calle Santa Teresa. Las paredes exteriores y las medianeras con las otras casas están hechas de piedras talladas sujetas con argamasa y enlucidas. Las interiores son de ladrillos y también enlucidas. Todas estaban enjabelgadas. Hemos excavado siete habitaciones y parte del corral o huerto.

Si contamos que en las casas derruídas en 152210, la mayoría de ellas (64 %) tenían 4, 5, 6 o 7 habitaciones, nuestra casa sería de tamaño medio, pues hemos excavado 5 habitaciones interiores y pueden quedar tal vez dos en la finca contigua.

La sala a, rectangular, tiene unas dimensiones de 3,40 m. x 4,05 m. El suelo va recubierto con ladrillos rectangulares bizcochados que llevan improntas muy marcadas de dedos, en sentido longitudinal. Van puestos formando dibujos en espiga ("opus spicatus", fig. 5). Esta sala está separada de la b solo por una hilada de ladrillos puestos de canto, para delimitar ambos suelos. Parece ser la entrada o vestíbulo de la casa, desde donde se accedería a las otras dependencias. Esto explicaría porqué lleva suelos más bastos que el resto de las habitaciones.

La sala b mide 3,40 m. x 3,50 m. Lleva un suelo formado por grandes "taullells" cuadrados de color rojo, colocados en falsa regla (fig. 6). Entre ellos van dispuestos unos azulejos cuadrados, más pequeños, esmaltados en blanco y pintados en azul con una flor central y un motivo vegetal en cada esquina, separados entre sí por arcos. Tanto este suelo como el de la sala a están montados sobre una capa de arena amarilla y trabados entre sí con mortero.

Es bastante difícil de imaginar el uso de esta sala; como está abierta a la sala anterior, que hemos dicho sería la entrada, podemos pensar que debió ser utilizada como sala para recibir las visitas o como dice Joly en su relato "..en l'entrada es troben la taula de dinar i les cadires. Encara que en aquest vestibul no penetra mes llum que la que reb per la porta exterior..."11.

La sala c va enteramente decorada con azulejos cuadrados esmaltados en blanco y pintados de azul (fig. 7). Dos tipos diferentes se combinan para formar el dibujo de una preciosa alfombra: unos, los azulejos de "mocador", están divididos por una línea en diagonal, pintándose una parte en azul y la otra en blanco. Los otros llevan el mismo dibujo que los de la sala b (Fig. 6). Ambos azulejos se combinan para formar bandas azules y blancas que se unen en picos y se cruzan en el centro de la habitación.

Los azulejos están montados sobre una gruesa capa de mortero, de 0,10 m. de espesor, colocada directamente sobre el suelo de la habitación. En algún momento, algunos de los azulejos se rompieron y los dueños no encontraron el mismo modelo para su restauración, pues se colocaron otros parecidos pero no iguales (fig. 8).

Esta sala de forma rectangular, es la que se adentra en la casa actual vecina, por lo que no conocemos sus dimensiones exactas. Hemos excavado de ella una superficie de 3,40 m. x 4,10 m.

Además de su suelo tan decorado, la sala debió llevar un artesonado de "socarrats", pues hemos encontrado ocho de ellos dentro de las paredes, empleados como vulgares ladrillos (fig. 8). Seguramente, en la reforma realizada en el siglo XVII en la casa, los arrancaron al no estar ya de moda, reutilizándolos en las paredes. Todos los "socarrats" encontrados van pintados en rojo y negro. Cuatro de ellos muestran temas zoomorfos: tres toros y una liebre; otros tres van pintados con dameros y estrellas; el último, del tamaño de un ladrillo, va decorado con una rama de laurel. La habitación debió estar decorada además, con uno o más arcos de yesería, a la moda mudéjar (fig. 8).

Esta sala es la más rica de la casa y debía parecer espléndida con el suelo azul y blanco; el techo blanco, rojo y negro, y las paredes blanqueadas, seguramente decoradas con tapices y cortinas de gran riqueza, colgados entre los arcos de yeseria12.

La sala d, la más grande, lleva un suelo hecho con alfardones bizcochados exagonales que combinan con azulejos cuadrados. Estos están decorados con cuatro hojas que se mueven como aspas de molino alrededor de un círculo central relleno con una flor (fig. 9). Sus dimensiones son de 3,50 m. x 6,50 m. Debido a su tamaño, nos es imposible imaginar la utilización de esta sala.

La sala e tiene unas dimensiones de 3,50 m. x 5,40 m. Su suelo está hecho con grandes baldosas rojas idénticas a las de la sala b, pero colocadas solas, sin ninguna decoración. Al fondo, en la pared medianera con la sala d, lleva una repisa levantada por un pequeño escalón (0,10 m.) para la chimenea, la cual llevaría una gran campana, tal y como el cronista Jolí nos dejó su descripción: "La Xemeneia te sempre el seu sol elevat en forma d'escaló, i la seua campana no arriba mai prop d'arran del pis sino sols a mitan part, i ordinariament es en talus, inclinada, com una especie de teulada". Esta sala serviría a la vez de comedor y sala de estar en invierno, con la calefacción producida por la chimenea.

La sala f puede ser una entrada o gran pasillo que comunicaría directamente la calle con el corral dejando al lado derecho la parte noble de la casa y a la izquierda, la cocina13. Va enlosado con ladrillos rectangulares bizcochados, bastos, idénticos a los de la sala a, pero puestos longitudinalmente a lo largo del corredor. Sus dimensiones son de 7 m. x 2 m. (fig. 10).

La sala g la encontramos recubierta con un pavimento de ladrillos bizcochados rectangulares colocados en espiga, al igual que la sala a. Mide 7 m. x 3,50 m. En el ángulo Noroeste de la sala encontramos una cisterna o pozo, el cual comunica por un orificio con una balseta situada en el exterior de la casa. La cisterna está excavada en la roca y es ligeramente ovalada: 1,30 m. x 1,45 m. Tiene una profundidad de 5,50 m. Las dos paredes en ángulo de la sala la limitan hasta una profundidad de 1 m., reduciendo su diámetro y sirviéndole de brocal.

Esta sala podría ser la cocina que va separada del resto de la casa14. En ella se encuentra situada la cisterna, tal y como es tradición en nuestras casas de la Huerta.

Hasta los dos metros, este pozo parecía estéril, pero a partir de esa profundidad y hasta los 5 m. contenía una magnífica colección de cerámicas doradas y vidrios que presentamos más adelante, además de una buena cantidad de cerámica melada y bizcochada. Luego volvía a ser estéril y continuaba hasta el fondo con capas de fango horizontales, muy finas, producto de la decantación del agua.

La zona h la encontramos solo con un suelo de tierra, por lo que pensamos formaría parte de las dependencias auxiliares (corral, huerta, gallineros, cuadra, etc.) de que disponían las casas de la época15. Parece ocupar todo el terreno a lo largo de la fachada posterior de la casa.

En la parte Norte del corral encontramos un hoyo poco profundo con cerámicas rotas y tierra muy negra, por lo que deducimos que aquí estaría situado el basurero. En la parte Sur solo hemos encontrado una pequeña pileta adosada a la pared que cierra la sala g. Esta balseta, hecha de ladrillos, tiene unas dimensiones de 0,52 m. x 0,50. y una profundidad de 0,30 m. Encima de la pileta, a 0,17 m. de altura, encontramos un orificio que horadaba la pared y daba al interior de la cisterna. Este orificio iba prolongado por una teja incrustada en la pared y colocada con la parte cóncava hacia arriba, como una canaleta, para facilitar la caída del agua dentro de la pileta.

Esta pileta podía ser utilizada como bebedero de los animales domésticos pudiendo echarse el agua directamente desde la cisterna, dentro de la cocina. Tal vez esta parte del patio llevaba un tejado y servía como cuadra.

De la casa II solo conocemos dos de sus muros, lo que no nos permite conocer su distribución interior; tampoco nos permite saber si el espacio limitado por las paredes encontradas pertenece a la casa propiamente dicha, o al corral (fig. 2, A/II).

Si la disposición de esta vivienda fuera como la de la casa I, entonces la parte delantera pertenecería a la casa propiamente dicha, con fachada a la calle (hemos hallado algunos azulejos sueltos), mientras que la parte posterior sería el corral donde hemos excavado el pozo ciego, de 2,60 m. de profundidad. Contenía, sobre todo, cerámicas bizcochadas o barnizadas. No encontramos vidrio.

La casa III ocupa en solitario la terraza media. Su suelo se halla con un desnivel de 1,70 m. con respecto a la casa II. De ella conocemos los emplazamientos de la vivienda y del patio o corral. La casa, con fachada a la calle Santa Teresa, al igual que las dos anteriores, tiene las paredes exteriores construídas en piedra y mortero. No conocemos su distribución interior dado que han desaparecido todas las paredes en la reforma posterior, pero pensamos que la cocina estaría situada en la parte Norte de la casa pues hemos hallado allí, en el ángulo Suroeste, un pozo de 1,20 m. de diámetro y 4 m. de profundidad. No contenía nada dentro, solo sedimentos en el fondo.

En la parte posterior de la casa, en lo que debió ser el corral, hemos encontrado y excavado el pozo ciego que se encuentra situado en la parte Norte, contra el muro de separación con la casa II. Es circular, con un diámetro de 1,40 m. y una profundidad de 5 m. La cerámica comenzó a aparecer a 1 m. de profundidad y continuó hasta los 4 m., a partir de los cuales solo encontramos los sedimentos típicos de los pozos ciegos.

En este pozo hallamos una gran colección de piezas completas de cerámica de mesa y de cocina, así como recipientes de vidrio. En el solar A han sido esta casa y la IV las que dieron mayor cantidad de cerámicas y vidrios completos16.

En la parte Sur del corral encontramos otro pozo con la forma de un triángulo isósceles de ángulos redondeados. Sus dimensiones son de 1,50 m., los lados mayores x 0,65 m., los menores. Su profundidad es de 3,50 m. En el fondo encontramos poca cerámica, aunque completa, además de dos muelas de molino. Estaba totalmente limpio sin ninguna clase de sedimentos -ni de pozo ciego ni de cisterna de agua- por lo que no sabemos para que sería utilizado, a no ser que lo fuera como silo, de ahí su forma tan distinta de los demás.

La casa IV fue edificada en la terraza inferior. De ella sólo hemos encontrado el pozo ciego. Tenía un diámetro de 1,50 m. y una profundidad de 9 m. Tuvimos grandes dificultades para excavarlo pues el terreno, muy friable, se desmoronaba conforme íbamos vaciando el pozo. A partir de 1 m. de profundidad comenzaron a aparecer unas muescas en la pared que facilitaban el descenso. Hasta los 2 m. fue estéril, luego empezó a aparecer una rica colección de cerámica y de vidrio. A partir de los 5,50 m. la cerámica aparecía raramente, aunque seguimos encontrando vidrio hasta los 8 m. de profundidad, alternándose los hallazgos con capas estériles de más o menos 0,50 m. de espesor. El último metro fue estéril. Era una capa esponjosa, de color grisáceo, muy húmeda.

 

2- El solar B (plaza del Pueblo).

El solar excavado ocupa la terraza media y la inferior. Sabemos que en el siglo XVI sólo se ocupó su parte occidental. En la zona correspondiente a la terraza media se edificaron dos casas y en la inferior sólo una (fig. 2, B).

En nuestras excavaciones hemos encontramos parte del plano de una de las viviendas. De las otras dos sólo hemos hallado sus pozos ciegos. Todos estaban excavados en la arcilla y los encontramos rellenos de cerámicas y vidrios.

De la casa I (fig. 2, B/I) conocemos parte de su plano, pues continúa en la finca contigua. Estaba construída con paredes de piedra, talladas y trabadas con mortero, las cuales las hemos encontrado hasta una altura de 1,50 m. La parte que hemos excavado se dividía en dos habitaciones.

La sala a es rectangular; mide 4 m. x 7,50 m. No sabemos si habría alguna separación interior, pues solo subsisten las paredes más gruesas. Es la parte delantera de la casa y da a una calle desaparecida en la actualidad. Su fachada está orientada hacia el Este, con ventanales a cada lado de la puerta de entrada.

La sala b mide 3 m. x 7.50 m. La sala c debe ser el corral o patio, donde hemos encontado el pozo ciego de forma groseramente circular, con un diámetro de 1,50 m. y una profundidad de 3 m. El relleno comenzó a partir de 1,50 m. de profundidad, dándonos una gran colección de cerámicas y de vidrios en muy buen estado de conservación. Es la que mayor cantidad de piezas nos proporcionó en este solar.

De la casa II (fig. 2, B/II) solo conocemos el emplazamiento de su pozo ciego, el cual es de forma elíptica, con un diámetro de 1,50 m. x 1 m. y una profundidad de 4 m. El material arqueológico comenzó a aparecer a partir de 1 m. de profundidad. Aparecieron cerámicas de mesa muy bellas, de cocina y una buena colección de vidrios. También aparecieron dos muelas de molino.

En la casa III solo encontramos algunos fragmentos de paredes que nos dan poca información sobre el plano de la casa (fig. 2, B/III). También hemos encontrado el pozo, situado junto a uno de los muros. Es circular, de 1,75 m. de diámetro en la parte superior y se estrecha a partir de los 2 m. hasta tener solo 1,25 m. de anchura. Llega a una profundidad de 7 m. Tenía escalones excavados en la pared para facilitar su descenso, al igual que el pozo de la casa A/IV. Los escalones son unos pequeños huecos planos por debajo y semicirculares por la parte superior que permiten introducir medio pie.

En este pozo encontramos cerámicas y vidrios formando un único estrato continuo, al igual que en los demás excavados. También encontramos una muela de molino, una llave, una cuchara y una mano de mortero, de bronce. A partir de los 5 m. desapareció la cerámica y los objetos de bronce y sólo continuó saliendo vidrio que alternaba con capas estériles (al igual que en la casa A/IV).