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LA CORDA DE
PATERNA
Una
fiesta que tiene su preparación en un pasacalle de cohetes que se
celebra con anterioridad a éste acto, cohetes de bengalas y colores
cogidos a unas tenazas que llevan los festeros, formando en procesión
dos hileras paralelas.
Colorido, humo, chispas y explosiones se suceden entremezclados entre la
multitud que abarrota el recorrido. Son los primeros contactos con el
fuego, la asfixia del humo, los ojos llorosos y los miedos al nivel que uno quiera,
participando el público del júbilo y la fiesta entre las dos hileras y en la estrechez de
las calles, o de solo espectador a un lateral. Es ya un espectáculo
maravilloso para quien no lo conoce.
Terminado el PASACALLE
se inician los preparativos para "LA CORDA" con la intervención
de organizadores, vecinos de la Calle Mayor, municipales, pirotécnicos,
tiradores de cohetes y público.
Los
organizadores, ya han preparado concienzudamente todos los eventos, la
preparación de los tiradores de cohetes, las cajas , los sitios, las
reservas de materiales pirotécnicos, los tiempos, el principio y el
final, anteriormente, revisado la cantidad y calidad de los cohets, cohetons y femelletes (material pirotécnico), que se lanzará en La
Corda; Con las autoridades, tienen preparados los puntos de asistencia médica,
señalizada la Calle Mayor y avisados a su vecinos y éstos, como
siempre, han soportado esta tradición, resguardan sus puertas,
sus ventanas, azulejos y todo aquello que pueda ser quemado, porque el
fuego lo alcanzará, dobles puertas para evitar lo inevitable, la
entrada de humos o amigos que crecen como setas cuando se acerca éste día y hora. Nadie quiere perderse el acontecimiento.
Los
tiradores de cohetes, al igual que un torero se prepara para la
corrida, se visten con toda conciencia, no se arriesgan más de lo
necesario porque conocen lo que hacen, cubren su cuerpo en función
del riesgo y del daño, se abrigan, calzan y cubren su cabeza como
unos astronautas, de hecho van a estar muy solos en esa Calle Mayor.
Su esfuerzo será muy importante, perderán peso por la calor asfixiante.
En el ambiente flota esa ansia y miedo de lo que
se avecina, la Calle Mayor va cerrando puertas, los accesos ya solo
son para los vecinos. Llega el camión de la pirotecnia, va quedando solo
en la calle personal autorizado; con toda precaución, van depositando
el material en el sitio que se tiene que tirar (unos 60.000 cohets, cohetons y femelletes, repartidos en 130 cajas) haciéndose
responsables los tiradores del lugar asignado y el resto en los
lugares de reserva de material, todo con mucho cuidado, se hace
interminable.
Van
a ser de 22 a 30 minutos de los más acuciantes, en ese tiempo todas las
emociones se agolpan en el pecho, nuestros amigos, familiares o hijos,
están muy cerca del lugar, unos dentro y otros a las salidas de la
Calle Mayor, pendientes de lo que se avecina, tienen ganas de que
comience, escudriñan la Calle Mayor por si todo está ya ha punto,
lo tiradores y material en su sitio y una traca rápida de femelletes
desparramada por el suelo.
El acto va a comenzar, ya se ve una bengala verde cruzando la Calle
Mayor, a su paso los primeros chispazos encendiendo las mechas que
prendarán los cohetes, aunque después no harán falta. Por fin, se
enciende una bengala roja, el público se posiciona y retira para
poder ver, sin riesgos unos y atrevidos otros. La traca inicial prende
y con ella unos 200 cohetones y unas 200 de femelletas avanzan por toda
la calle.
Desde
fuera parece que la calle Mayor se enciende en llamas, cohetes sueltos
buscando destino, solo vemos mucho fuego, humo y cuerpos moviéndose
entre ellos, son los tiradores preparando su actuación. Desde dentro,
como tirador el espectáculo no desmerece. Se acerca la traca rápida
plagada de cohetones y femelletas como si de una avalancha de humo y
fuego les cayera encima. En unos segundos, su cuerpo se estremece, se
comprime y se dilata con los nervios, sienten en sus carnes todo ese
fragor de silbidos y explosiones, invadiéndoles una borrachera de
humo y felicidad cuando comprueban que no ha pasado nada, es su
momento activo, es el momento en que el tirador hace que La Corda sea
un espectáculo, acompasando su fuego al de otros tiradores para que
haya armonía, no se detenga. Grandes llamaradas hacia el cielo por la
explosión, controlada o no, de cajones con material, unas veces es el
incremento del fuego quien lo presagia, otras, es la temperatura,
otras las explosiones, no se para, casi no se respira, todo es
trepidante, de pronto, comienza a faltar material, ya no hay reservas,
han pasado 20 minutos, todos muy rápidos para los de dentro, para los
de fuera de todo hay. Una bengala verde cruzando la Calle Mayor nos
indica que La Corda ha terminado, hay que quemar en los dos minutos
siguientes todo lo que quede.
Después
de La Corda, comprobando que los tuyos no han tenido problemas, hay
tradición en pasear la Calle Mayor, comentar el acontecimiento,
comparar con otros años, ver que todo está intacto o que no queda
nada en su sitio, en el suelo miles y miles de escombros de cohetes se
amontonan, huele a pólvora.
Paso a la chocolatá, descansar ducharse y
comenzar de nuevo, esta vez con las peñas, muy importantes en la
fiesta y organización de las Cordas, señalando "La Penya de
L'Espardenya" y la "Penya el Bouet", en los barrios, más
libres, más sueltos, sin tanto protagonismo, solo el de los amigos,
hasta la madrugada. Este
año (2001), el Ayuntamiento ha tomado la iniciativa de construir un
cohetódromo, una especia de jaula gigantesca
para poder tirar los cohetes que quieran las peñas o particulares con
el fin de evitar daños y molestias a terceros (vecinos y viandantes)
a la vez que que sirva de espectáculo a todo el que lo quiera sin
peligro, jaula excelentemente equipada para prevenir daños a los
tiradores. Pues bien, saltó la polémica y lo que me parecía a mí
que podría ser un gran invento, digno de un pueblo que va por delante
de todos los demás en iniciativas referentes al fuego, se convierte
en arma de peñas y partidos políticos para enfrentarse a dicho
proyecto a la vez que con el gobierno municipal. Las excusas
variadísimas, que si el tamaño, que si la legalidad, que si ratonera
o yo que sé, de los partidos lo entiendo, perdón, tampoco lo
entiendo, pero de las peñas menos. Si por tradición es, que las
peñas tienen muy poco de tradición, escasamente unos años, se sabe
que desde que se iniciaron las recordaes, primero en la tarde de San
Vicente (hace unos 45 años) y, posteriormente, conforme las
economías fueron creciendo, en la noche de La Cordá. A los tiradores
no les hacía falta mucho espacio, dentro de una habitación, en un
círculo de amigos, o bajo de la mesa, etc., siempre para que no se
escaparan y aprovecharlos mejor, en fin, con esto quiero decir que
fueron adaptándose a los tiempos, y los tiempos siguen cambiando y no
es posible seguir como hasta ahora. Como tiradores, tenemos muchas mas
posibilidades, más fuego, más peligro, más responsabilidades y
obligaciones, pero la gente, los vecinos y viandantes, también tienen
muchos más derechos y libertades. Con todo lo mayor que es Pepín y
su equipo, creo que se ha adelantado a los tiempos y va a POTENCIAR
QUE A MAS GENTE, le gusten los fuegos.
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