PATERNA

CRISTIANA

(Edad Media)



PATERNA DESPUES DE LA CONQUISTA CRISTIANA

(continuación paterna musulmana)

Por Mercedes MESQUIDA GARCIA

 

II- Paterna después de la conquista cristiana (siglos XIII-XV)

1- El pueblo. Después de la rendición de Paterna, los primeros cristianos se establecieron alrededor del alcázar. Durante la segunda mitad del siglo XIII el bienestar económico de que disfruta Paterna con la venta de su cerámica en todo el Mediterráneo hace que el número de sus habitantes cristianos aumente y ocupen nuevos emplazamientos. El alcázar había perdido su función defensiva, por lo que parte de la muralla se destruye para dejar sitio a la población cristiana que se instalará alrededor de éste (lám. I, c, 3). En las excavaciones de la C. del Castillo hemos encontrado dentro del foso parte de la muralla que descendía perpendicular desde la parte alta del castillo. Estos fragmentos, mezclados con cerámicas desechos de las alfarerías se emplearon para rellenar el foso y recuperar espacio para las edificaciones de los nuevos habitantes que construirán sus casas encima del antiguo foso adosándolas a la parte externa de la muralla que circunda el castillo.xiii096.jpg (10944 bytes)

Hemos excavado dos de estas casas que estaban construídas sobre una capa de cerámica que rellenaba el hueco entre los grandes bloques de piedra de los cimientos de la muralla y la pared de la antemuralla. Muchas de estas cerámicas ya las hemos publicado (Mesquida 1987, pp.546/556; 1989, pp. 17/28, figs. 18/60). Las paredes de las casas estaban construídas con cimientos de piedras directamente colocados sobre la capa de cerámica. Encima se construía, bien encofrando las paredes o con ladrillos y luego se enlucían (lám III, e); en el interior de las viviendas, las paredes iban encaladas: las hemos encontrado recubiertas con muchas capas. Algunas de estas capas eran de color azul, siguiendo la tradición musulmana. El piso de las habitaciones iba recubierto con ladrillos sin barnizar. También hemos hallado los patios, con suelos tapizados con pequeños guijarros clavados de canto o de tierra apisonada. En uno de ellos hemos hallado un horno: un hueco, de forma troncocónica, excavado en el suelo y con las paredes laterales tapizadas de una gruesa capa de arcilla, con estrías, cocida solo por la parte que daba al fuego.

xiii093.jpg (12177 bytes)Las cerámicas encontradas, prácticamente enteras, están esmaltadas en blanco y decoradas en verde y manganeso, o en azul y dorado; o bien van recubiertas de esmalte de color turquesa y pueden llevar una decoración en manganeso. También encontramos cerámicas solo bizcochadas, con decoración pintada en manganeso, o con decoraciones esgrafiadas, caladas, etc. así como cerámicas recubiertas de barniz de plomo de tonos verdosos, con decoraciones incisas, caladas, estampilladas, etc. Tanto las formas como las decoraciones de toda esta cerámica es de indudable tradición musulmana.

Por encima de estas casas hemos encontrado otra perteneciente ya al siglo XV, con suelos de azulejos pintados. Fue construída también sobre una capa de cerámica de esta época que allanaba los restos de las construcciones del siglo XIII.

XIVescudo.jpg (15623 bytes)Los terrenos situados entre el alcázar y el pueblo musulmán siguen sin ocupar a finales del siglo XIII, sirviendo de separación entre ambas comunidades. En las excavaciones de la Plaza del Pueblo, en la capa perteneciente al siglo XIII (Mesquida 1990e, p. 114), hemos encontrado una serie de hoyos llenos de cerámicas y cenizas (lám. III, a). Por un documento de 1411 (Osma 1908, 102) sabemos que los alfareros podían alquilar un terreno para extraer la arcilla, pero debían dejar "en beneficio de la tierra, todas las cenizas y escorias del horno, cuidando de cerrar bien los "clots" para que luego pueda regarse". Así es como hemos encontrado el terreno, con hoyos de diferentes dimensiones (lám. I, f), algunos lo suficiente profundos para que el alfarero tuviera que hacer en una de las paredes laterales, unas perforaciones a manera de escalones, para facilitar el descenso. Una vez extraída la arcilla, se rellenaba el hoyo resultante con cerámicas defectuosas y cenizas y luego lo tapaban con una capa de tierra. Las cerámicas encontradas en los hoyos son idénticas a las que rellenaban el foso de la muralla en la C. del Castillo.

Paterna conoce una nueva etapa de expansión a partir de la segunda mitad del siglo XIV: el pueblo crece hacia el N. y el NO. del poblado musulmán y hacia el SE. de la fortaleza, en la parte que mira a Quart, única zona libre y posible de expansión, pues al S. el territorio situado entre la parte ocupada por los musulmanes y las acequias es la zona donde se situa la huerta. Los terrenos entre el poblado musulmán y el alcázar (Plaza del Pueblo) continúan sin ser edificados; ocasionalmente, siguen empleándose para extraer arcilla y luego se rellenan con cerámicas (lám.I, f; lám. III, b).

En la primera mitad del siglo XV serán ocupados por fin, los terrenos situados entre el poblado musulmán y el cristiano (Plaza del Pueblo). Allí se instala una tenería (lám.III, c, d, f): hemos excavado una serie de balsas para la limpieza y teñido de las pieles que se suceden y comunican entre sí (lám. I, e). Las paredes están enlucidas. El fondo de algunas de ellas está inclinado para facilitar el paso del agua que discurre de N. a S. y que es recibida en otras, de fondo cóncavo, con un cuenco de cerámica incrustado en el centro que recoge las últimas gotas cuando se limpian (lám. III, c). Estas últimas balsas no tienen desague sino rebosaderos (lám. III, f). De esta época hemos encontrado además, una cisterna no lejos de la tenería, que bien pudo ser utilizada para las necesidades de ésta. Se conservaba en buen estado y tiene un pequeño subterráneo en el fondo, situado en uno de los laterales, para limpieza y filtro de las aguas.

Esta tanería estuvo funcionando hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XV, en que hay una nueva expansión del pueblo; entonces se rellenan las balsas con cerámica de la época (lám. III, d) y se construyen viviendas que seguirán empleando la cisterna, la cual seguirá en uso hasta bien entrado el siglo XVI en que se abandonó, rellenando el subteráneo con cerámica. Las cerámicas que rellenaban las balsas, están decoradas en azul y dorado o solo en azul, con los motivos tan conocidos de hojas de perejil, medias naranjas, rosas góticas, peonias, hojas de cardo y de helecho, etc. etc.

Las casas que hemos encontrado llevan suelos en los que se combinan alfardones bizcochados y pequeños azulejos pintados con rosas góticas. También las nuevas casas construídas en la calle del Castillo, adosadas a la muralla tienen los suelos con azulejos. En un pozo perteneciente al patio de una de las casas (de 7 m. de profundidad) encontramos una buena colección de cerámica, botellas de vidrio, pulseras de pasta de vidrio, de colores azul, blanco, negro y ambar, juguetes de cerámica, dos muelas de molino y una llave de hierro. xivsuelo.jpg (36469 bytes)

Otra teneria estaba situada en la parte oriental del alcázar, al pie de la colina, con idéntica disposición de balsas que la tanería de la Plaza del Pueblo. También fue abandonada hacia finales del siglo XV y sus balsas rellenadas con cerámicas de esta época.

2- Les oleries majors. - En el yacimiento del Testar del Molí ("Oleries Majors") hemos descubierto hasta la fecha, el emplazamiento de cinco alfarerías pertenecientes al siglo XIII (lám. I, d), tres pertenecientes al siglo XIV (lám. I, a), una del siglo XV (lám. I, b) y otra del siglo XVI.

a- Las alfarerías del siglo XIII, capa II.- No conocemos el plano completo de ninguna de ellas, pues o bien en el mismo emplazamiento se volvieron a edificar otros talleres posteriores, haciendo desaparecer o reutilizando los muros antiguos, o no hemos terminado las excavciones. De momento solo conocemos el emplazamiento de sus tornos y de los lugares de donde extraían la arcilla, la amasaban y la conservaban; también conocemos su producción cerámica, así como el emplazamiento de uno de sus hornos.

Los alfareros afincados en el Testar del Molí en el siglo XIII, se procuraban la arcilla (o por lo menos, parte de ella) alrededor de su alfarería, tal y como lo hemos visto hacer aún hoy en día en Portugal, a los alfareros de la región de Molelos o en Marruecos, en Marraquech. En el Testar del Molí hemos encontrado una cantera a cielo abierto, situada a apenas diez metros de una de las alfarerías (lám. I, d, 1). Para extraer la arcilla, los alfareros excavaron el suelo con azuelas estrechas, siguiendo la veta de arcilla y para facilitar el descenso conforme iban excavando (el hoyo tiene 1,80 m. de profundidad) hicieron pequeñas cavidades en una de las paredes laterales, a manera de escalera. Una vez agotada la veta, el hoyo resultante (3,50 m. x 3 m. x 1,80 m.) se empleó para echar los deshechos de los hornos, cerámicas malformadas, poco cocidas, pegadas o con la pintura corrida, cenizas, crisoles rotos, resíduos de las fritas, útiles usados, etc. hasta rellenarlo (lám. 5). Luego se cerró herméticamente con una capa de tierra, al igual que los hoyos encontrados en las excavaciones de la Plaza del Pueblo.

Una vez extraída la arcilla se picaba y se echaba en las balsas, grandes huecos poco profundos, excavados en el suelo (lám. I, d, 2) donde se mezclaba con arena, calcita y agua en diferentes proporciones según la pasta deseada. Allí, se amasaba batiéndola con los pies y con las manos, tal y como lo hemos visto hacer en Marruecos (Mesquida 1993a, fig. 2, c, d, e), dejándola a remojo un cierto tiempo. Más tarde se sacaba y se extendía en el suelo, donde se había echado prealablemente una fina capa de ceniza o de arena para evitar que se pegara y hacer más fácil su recogida posterior, pisándose para darle una mayor plasticidad (Vossen/Ebert 1986, p. 178); En el Testar del Molí hemos encontrado tres balsas para preparar la arcilla. Las tres tienen forma ovalada. Sus dimensiones son de 6,40 m.x 2,10 m., la primera; 3 m.x 1,60 m., la segunda, y 3 m.x 2,10 m., la tercera. Su profundidad máxima es de 0, 35 m. en el centro y va subiendo en curva suave hasta los 0,15 m. por la parte más estrecha.

Una vez preparada la arcilla, se transportaba al interior de la alfarería y se depositaba en los pudrideros donde iba perdiendo el exceso de agua; a medida que se necesitaba, se volvía a amasar y se depositaba en las balsetas, junto a los tornos, ya lista para ser utilizada por los alfareros. Hemos encontrado tres de estas balsetas; todas ellas tienen forma rectangular con los ángulos redondeados y están excavadas en el suelo de las alfarerías, al lado de los tornos. Su dimensiones son de 1,50 m. x 1 m. o algo más alargadas, 1,75 m. x 1 m. Tienen una profundidad que oscila entre 0.30 m.y 0.50 m. Las hemos encontrado llenas de arcilla de color gris, muy plástica, que contenía pequeños gránulos de cal.

Hasta la fecha no hemos encontrado ninguna cavidad de esta época que pudiera servir como pudridero.

Los tornos del siglo XIII, de los que conocemos el emplazamiento de trece de ellos (lám.I, d, 4), estaban semienterrados en el suelo de la alfarería: la rueda estaba enterrada y giraba dentro de un agujero en forma de casquete esférico, de un diámetro de 1,35 m. y una profundidad de 0,35 m. (lám. IV, f, g). El eje del torno iba hundido en un orificio de forma cónica que se practicaba en el centro del casquete esférico; este orificio tiene una base de 0,30 m. de diámetro y 0,40 m. de profundidad. Hasta la fecha desconocemos la forma de fijar el eje del torno en este gran orificio y mantenerlo vertical, al mismo tiempo que gira (lám. IV, h, 1); solo hemos encontrado grandes fragmentos de tinaja tapizando la parte superior de las paredes laterales, seguramente para dar al orificio una forma cilíndrica que abrazara el eje y le impidiera perder su verticalidad (Mesquida/Amigues 1987a, pp. 5/6, figs. 8, 9 y 11). La parte superior del torno, es decir, el resto del eje y el plato, quedaban completamente al aire (lám. IV, h, 1); el alfarero trabajaba sentado en un taburete bajo, de espaldas a la pared, apoyando un pie en el suelo mientras que con el otro hacía girar el torno (Vossen/Ebert 1986, p. 202).

Cada torno ocupaba un hueco independiente (lám. IV, g) y todos ellos los hemos encontrado tapizados de una pequeña capa de arcilla gris que además, rellenaba el orificio cónico. Cuando dejaron de emplearse estos emplazamientos para los tornos, los huecos se llenaron con cerámicas esmaltadas y pintadas con verde y manganeso o azul y dorado, con cerámicas bizcochadas y con cerámicas meladas (lám. V). Por la distribución de los hoyos de torno en la zona excavada, creemos conocer el emplazamiento de cinco alfarerías (lám. I d). Como vemos en el plano, son muy pocas las paredes encontradas pero ya podemos conocer la anchura de las naves que es algo mayor que las del siglo siguiente (las naves del siglo XIII miden 3 m. y las del siglo XIV, 2,80 m.)

Por ahora solo conocemos el emplazamiento de uno de los hornos pertenecientes al siglo XIII, del que solo quedaba la fosa en que fue construído (lám. I, d, 5). Tiene forma oval, con uno de los lados aplanado y está excavado en el suelo. Sus dimensiones máximas son de 9 m. x 5,25 m. x 1,80m. de profundidad. En su fondo encontramos un escalón parecido al que tenía el horno del siglo XIV, por lo que tal vez fuera como éste. Esta enorme fosa la encontramos llena de cenizas, fragmentos de adobes seguramente procedentes de las paredes y cerámicas defectuosas. Toda la fosa estaba recubierta con una capa de arcilla de 0,08 cm de espesor, algo abombada en su centro que la precintaba. La cerámica que contenía estaba poco rota (Mesquida 1990c, pp. 127/131, lám. 2/6); muchas de ellas estaban plegadas o con el barniz quemado y es idéntica a la encontrada rellenando el hoyo de extracción de arcilla, las balsas y los hoyos de torno. Mezclados con la cerámica encontramos gran cantidad de atifles y "llongos". En la parte más profunda de la fosa, la ceniza y las cerámicas se hayan sujetas entre capas de arcilla.

b- Las alfarerías del siglo XIV. Capa I.- Durante los siglos XIV y XV, en el Testar del Molí los talleres de los alfareros estaban contiguos unos a otros, construídos alrededor de patios donde se instalaban los hornos: así nos lo dicen los documentos medievales y así los hemos encontrado: "Un pati de obradors derroquats ab un forn chich atinent"; "una ereta atinent los dits palaus et ab un fornet chich dins lo dit pati", (Osma 1911, pp. 14/15). De las tres alfarerías que conocemos hasta la fecha, dos de ellas las hemos encontrado rodeando un patio y con paredes medianeras entre ellas (lám. I, a).

La técnica de construcción de todos los muros es el encofrado, realizado en franjas de 2.20m de largo y con un espesos de 0,45 m. El material empleado es un tapial hecho con mortero de grava, arena y cal. De vez en cuando, aparecen huecos pertenecientes, seguramente, a maderos de sección rectangular (0.20 m. x 0.30 m.) que irían incorporados dentro de la misma. Las dos caras de las paredes van enlucidas. El estado de conservación de las paredes es, en general, malo, quedando solamente una altura que oscila entre 0.20 m. y 0.35 m. y en algunos lugares han desaparecido totalmente, quedando solo sus huellas impresas en el suelo.

Hemos encontrado tres grandes puertas de salida al exterior de las que quedaba la impronta del madero inferior del vano: estas puertas son grandes, 1,80 m. de anchura. La alfarería I tiene dos puertas, una de salida al patio desde la zona de los tornos que comunica ésta con la parte del patio donde se situa la balsa para preparar la arcilla; y otra puerta que comunica la zona de la alfarería donde se almacenan las cerámicas con el exterior, para poderlas cargar (lám. I, a). La alfarería II tiene una puerta también en la sala de los tornos que parece dar a lo que sería el otro patio (sin excavar). La nave S. está abierta al fondo, pero no hemos encontrado improntas de puerta, pero debemos pensar que habría una puerta, como en la alfarería I, que comunicaría la zona de depósito de cerámicas con el exterior; esta abertura mide 2, 20 m. Lo que sí parece mal situada es la balsa de preparación de la arcilla, a no ser que no pertenezca a esta alfarería si no a otra aún no excavada.

El piso de las naves está hecho con arcilla fina apisonada con un espesor que varía entre 0.10 m. y 0.20 m., según las irregularidades del suelo (lám. IV, f). En las zonas en que el suelo natural es de conglomerados, el piso se hace con arcilla y pequeños fragmentos de cerámica bizcochada, a la manera de un mosaico, para consolidarlo.

La cubierta de todos los edificios es la tradicional en el mundo mediterráneo: techo de cañizo y yeso sostenido por vigas de madera y el conjunto recubierto por hiladas de tejas árabes imbricadas (lám. IV, a); estas tejas tienen todas las mismas dimensiones: 0,44 m. de largo por 0,15 m. de ancho, por un lado y 0,19 m. por el otro. En su parte más estrecha llevan trasversalmente la impronta de tres dedos lo que produce tres amplias acanaladuras para su sujeción. La alfarería I tiene una nave a doble vertiente y otra a una sola; en la alfarería II todos los tejados son a una sola vertiente, cortándose en ángulo. La alfarería III estamos apenas comenzando su excavación.

Dentro de las alfarerías, stuados en una de las naves, hemos encontrado el lugar donde estaban situados los tornos, las balsetas para la arcilla y los pudrideros. También hemos podido identificar las zonas que se empleaban para pisar la arcilla y para guardar las cerámicas ya cocidas y los útiles de trabajo. Los tornos se instalaban apoyados contra la pared. De los siglos XIII al XV varió la manera de colocar y utilizar los tornos (lám. IV, h; Mesquida 1990b; Amigues/Mesquida 1987a, 1991). En las alfarerías del siglo XIV y sin que sepamos la causa, cambia el modo de instalar los tornos que tenían los alfareros anteriores: ahora se entierran y se instalan, a menudo, en una misma fosa excavada también en el suelo de la alfarería como sus antecesoras (lám. I, a, 4). Las paredes de estas fosas son verticales y su profundidad pasa a ser de 0,80 m.; en el fondo llevan tantos orificios como tornos se vayan a instalar; estos son groseramente semicirculares, con una profundidad de 0,25 m. y un diámetro medio de 0,30 m. (lám. IV, b, h, 2). Los tornos van separados entre sí por paredes de ladrillos trabados con arcilla (Mesquida/Amigues 1987a, p. 10, fig. 24). Hemos encontrado fosas para colocar un solo torno, para dos y hasta para tres. El total de tornos encontrados hasta la fecha es de ocho, tres en la alfarería I y cinco en la alfarería II.

Dentro de las fosas los tornos estaban completamente enterrados, sobresaliendo solamente el plato del suelo (lám. IV, h, 2). Para sostener el eje del torno los alfareros empleaban un mortero que incrustaban dentro de cada uno de los orificios que ocupaban el fondo de la fosa, fijándolo y manteniéndolo horizontal con arcilla; dentro del mortero colocaban otro recipiente más pequeño, como por ejemplo una taza, que inmobilizaban, también con arcilla y fragmentos de cerámica y en su interior colocaban una piedra cilíndrica con un orificio central donde se fijaba el eje del torno (lám. IV, d). La posición del alfarero para trabajar en este tipo de tornos es de espaldas a la pared, sentado en el suelo del taller, al borde de la fosa donde ha colocado un ladrillo que le sirve de asiento y con las piernas dentro de ésta, apoya un pie en la pared lateral de la fosa, donde ha practicado una pequeña cavidad, mientras que con el otro hace girar la rueda del torno. Las cerámicas que va fabricando las coloca en el suelo a su alrededor. Este torno se sigue empleando hoy en Marruecos, en las regiones de Safi y del Atlas Medio ( Mesquida 1993a; Vossen/Ebert 1986, p. 181; Vossen 1990, pp. 311-314).

Conocemos dos balsas para preparar la arcilla en este período (lám. I, a, 1), una pertenientes una a cada alfarería; la de la alfarería I tiene unas dimensiones de 3 m. x 2 m. x 0, 40 m. de profundidad y está situada en el patio, delante de la puerta que comunica con la nave de los tornos. La segunda pertenece a la alfarería II y está construída aprovechando el ángulo que forman las paredes de las dos alfarerías que fueros reforzados con un segundo muro, muy duro, de barro y arena. Sus dimensiones son de 9,50 m. x 2,75 m., con un aprofundidad máxima de 0,30 m. Dentro de esta balsa encontramos un cilindro de piedra que serviría para triturar la arcilla. Según Molera y Vendrell que han analizado las materias primas y las pastas crudas encontradas, los alfareros realizaban mezclas diferentes según las cerámicas que querían fabricar: así, para la cerámica destinada a ir al fuego, (ollas, cazuelas, hornillos) los alfareros añadían a la mezcla de arcilla, gran cantidad de arena de cuarzo en granos gruesos, para darle una mayor resistencia a los cambios de temperatura. Las cerámicas que iban a ser barnizadas con un baño de plomo tenían una pasta roja, muy fina, sin impurezas. A las se iba a esmaltar se les añadía arena de cuarzo, muy fina y calcita molturada para blanquearlas (Molera/ Vendrell 1991).

Una vez preparadas las pastas, tal y como hemos explicado anteriormente, se entraban y se depositaban en los pudrideros para que fueran perdiendo agua. Estos se encuentran situados en los ángulos de las naves (lám. I, a, 2). En esta misma zona, la arcilla se pisaba, barriendo bien antes el suelo y echando una fina capa de ceniza para evitar que se pegara y fuera difícil de recoger luego (Brisseaud, pp. 83/84). Por fin, se depositaba en las balsetas, situadas junto a los tornos (lám. I, a, 3); éstas son rectangulares como en el período anterior, pero de mayor capacidad.

A medida que las cerámicas eran hechas en el torno por el alfarero, los aprendices las iban sacando al patio para que comenzaran a secar. Si los recipientes a fabricar eran de gran tamaño (tinajas, orzas, lebrillos), el alfarero colocaba sobre el plato del torno unas grandes placas circulares de cerámica, los "rodells" (Mesquida/Amigues 1987a, fig. 36), y sobre ellas hacía estas piezas que luego eran sacadas a secar sobre el mismo "rodell". Más tarde, la cerámica se volvía al taller para terminar de darle forma y colocarle asas, picos vertedores, decoraciones incisas, estampilladas, etc. y terminaban de secar dentro de la alfarería, a la sombra: hemos encontrado en las naves grandes espacios reservados para este menester (lám. I, a, 5).

Los documentos medievales hablan de la fabricación del horno por los propios alfareros: el tiempo que emplean en construirlo se les cuenta como trabajo si van por cuenta de otro . A veces el horno es propiedad de varios alfareros: así en un documento de 1403 referente a un inventario de bienes de un matrimonio de labradores se dice "V cases contigues ab mig forn de coure guerres majors" (Osma 1911, p. 14/15). Otras veces el horno es propiedad de un particular y el alfarero lo arrienda, como en un documento de 1411, en el que un alfarero de Valencia arrienda un horno desde Agosto hasta Navidad (Osma 1908,

p. 102).

Las excavaciones del Testar del Molí solo nos han hecho conocer hasta la fecha, un gran horno del siglo XIV (Amigues/Mesquida 1987a, 1990; Mesquida 1990c). Este horno conservaba intacta la parte inferior en la que podemos distinguir dos partes: la caldera u hogar, donde se hacía el fuego y la cámara baja o "sagén", separada de la anterior por un escalón que la elevaba y donde se ponían a cocer las cerámicas; en ella encontramos cinco cántaros y dos lebrillos intactos procedentes de la última cocción del horno que habían quedado "in situ" cuando se desmoronó. Estos hornos estaban semienterrados. Son de planta semiovalada y las paredes se construían con adobes cimentados con arcilla semilíquida; luego se enlucía groseramente la cara interior del horno con arcilla que se extendía con las manos, dejando huellas en las paredes. Sus dimensiones son de 4,40 m. de largo x 2 m. de ancho. Las paredes las hemos encontrado con una altura de hasta 2 m., viéndose en su parte superior huellas de la parrilla que sostenían (lám. IV, c). Encima de esta planta, los hornos llevaban otra, la cámara alta o laboratorio, separada de la anterior por una bóveda con orificios (la parrilla) que dejaba pasar el calor de la parte inferior a la superior (Amigues/Mesquida 1987a). Esta parte del horno ha desaparecido.

Una vez cocidas, las cerámicas se sacaban del horno y se depositaban dentro de las alfarerías: hemos encontrado parte de la nave de al alfarería I (lám. I, a, 5) ocupada por una enorme cantidad de cerámica lista para la venta, agrupada por formas: lebrillos, cántaros, tinajas, morteros, tapaderas, aguamaniles, cocios, escudillas, servidoras, orzas, candiles, ollas y cazuelas (lám. VI); junto a ellas, se guardaban las materias primas (arena y calcita molturada), los instrumentos empleados en la cocción, trébedes y "llongos" y los empleados para el torno, los "rodells" (había gran cantidad de ellos con diferentes marcas en la alfarería I, distintas de las que llevaban los de la alfarería II) . Hemos encontrado, además, una olla con pez para embadurnar las orzas, así como escudillas con restos de pintura de manganeso que habían sido empleadas para transvasar la pintura.

c- Una alfarería del siglo XV. Capa I.- En algún momento del siglo XV, los alfareros de Paterna vuelven a cambiar el sistema de tornos: esta vez son totalmente aéreos, encontrándose todas sus partes encima del suelo del taller: el alfarero solo excava en éste un pequeño agujero para enterrar el mortero que sirve de base al torno y lo fija con arcilla y ladrillos (lám. V, h, 3). Dentro del mortero coloca directamente el cilindro de piedra que ahora es mucho más grande que en el período anterior, sin colocar previamente una segunda vasija como hacía antes (lám. IV, e). Los nuevos tornos (conocemos cuatro) van también adosados a las paredes de la alfarería pero colocados a ambos lados, enfrentados (lám. I, b, 4) y son idénticos a los empleados por los alfareros actuales de la Comunidad Valenciana (antes de la adopción del torno eléctrico), aunque con distinto modo de sujeción del eje: los tornos medievales estarían sujetos a las paredes del taller con listones de madera; alrededor llevarían unas tablas que se empleaban como asiento del alfarero y para depositar las cerámicas que iba haciendo.

La alfarería correspondiente al nuevo tipo de tornos es, como podemos ver, el mismo edificio que el de la alfarería II del período anterior, pero han sido rellenados los hoyos de los tornos anteriores con cerámicas y se rehizo el suelo de arcilla apisonada (lám. I, b). La puerta que estaba enfrente de los tornos se tapia para colocar allí dos de los nuevos tornos y se practica una nueva puerta en la pared N., (donde antes estaban colocados los tornos) que comunica la nave con el patio de la alfarería I. En la nueva alfarería se utiliza la misma balseta para la arcilla, el pudridero y la balsa de preparación de la arcilla de la alfarería anterior.

Dentro de la alfarería, el espacio reservado para el pisado de la arcilla es el que está entre los tornos y el pudridero (lám. I, b, 6) cuyo suelo lo hemos encontrado con incrustaciones de finas lentillas de arcilla. El espacio reservado para depósito de las cerámicas cocidas se situa en la nave S. (lám. I, b, 5), el cual estaba vacío cuando se derrumbó la nave, excepto por la enorme cantidad de candiles y atifles que hemos encontrado: 79 candiles de cazoleta, 24 candiles de pie y 107 atifles en un montón. Los documentos confirman estos hallazgos: en un inventario de los bienes dejados por un alfarero de Cuart al fallecer en 1500, figuran, entre los bienes legados, una hornada de ollas, y unos montones de arcilla y de atifles que se encontraban en su taller. Esta nave, al igual que su antecesora termina con una gran puerta por la que era fácil meter y sacar las cerámicas.

A finales del siglo XV, la balsa para la preparación de la arcilla, situada en el ángulo (lám. I, b, 1) deja de utilizarse como tal y se rellena con deshechos cerámicos (escudillas decoradas en azul y dorado con hojas de hiedra y perejil y tinajas) trabados con arcilla roja muy compacta y dura. Encima se virtió una capa (0,10 m. de espesor) de mortero de cal y grava, de baja calidad, para hacer el suelo de la nueva habitación, al tiempo que se construía un muro, en la parte occidental, encofrado como los anteriores. La nueva nave se dejó abierta al S. El techo se sustentaba con dos pilares de ladrillo, colocados alineados con la línea central de la nave. No hemos encontrado nada en el interior de ella. Esta nave puede ser una nueva remodelación de la alfarería anterior o pertenecer a una nueva alfarería que se situaría hacia la zona occidental, aún no excavada.

3- Les oleries Xiques. Los documentos medievales nos hablan de un segundo barrio de alfareros, "les oleries xiques" que estaban situadas "en el camí que va a Liria". Pensamos haber identificado esta zona que estaría situada junto a la acequia Uncía, al O. del barrio musulmán y al S. del barrio cristiano (lám. I, c, 6). Aquí hemos excavado dos solares contiguos y hemos encontrado un horno y lo que parece ser una alfarería, pero todo muy deteriorado, pues esta zona, al contrario de la ocupada por las ollerías mayores, ha seguido estando habitada a lo largo de la historia. En la finca adyacente parece ser que también se encontró un horno que no se excavó, lo que nos daría, por el momento, la situación de una gran nave con un horno a cada lado. El horno encontrado por nosotros (excavaciones de la calle Eduardo Dato) estaba totalmente derruído y era más pequeño que los encontrados en el Testar del Molí. Su planta era también oval. Lo encontramos relleno de cerámicas (lám. III, g) que habían sido depositadas después de su destrucción (Mesquida 1993a). Las cerámicas que estamos encontrando en estas excavaciones son de la segunda mitad del siglo XV, pero los documentos antes mencionados nos confirman que este barrio alfarero existía ya a comienzos del siglo y tal vez antes.

A MANERA DE CONCLUSION

 

Las excavaciones llevadas a cabo en el barrio burgués y en el barrio alfarero han dado resultados espectaculares, pues nos han permitido descubrir y dar a conocer la cerámica que los alfareros de Paterna fabricaban durante los siglos XVI y XVII, la cual era totalmente deconocida hasta la fecha. Bástenos, para darnos cuenta de ello, dar una ojeada a las publicaciones especializadas donde se estudia la cerámica valenciana de la época y veremos que toda ella se atribuye arbitrariamente a los alfares de Manises, sin nombrar, en ningún caso, a Paterna. A partir de ahora habrá que tener en cuenta esta cerámica de Paterna al estudiar las importaciones de cerámica valenciana que van apareciendo en las excavaciones realizadas en las diferentes ciudades europeas.

El conjunto de cerámicas descubierto nos da una visión mucho más amplia y rica que la que teníamos hasta la fecha de la cerámica valenciana de los siglos XVI y XVII, ampliando su repertorio de formas y sobre todo, de decoraciones. La cerámica del siglo XVI está lejos de ser una cerámica decadente y repetitiva como se pensaba. En Paterna, en la primera mitad del siglo XVI, sus alfareros siguen fabricandola con el mismo vigor que en los mejores momentos del siglo XV, reinterpretando con nuevo espíritu los viejos temas decorativos y añadiéndoles muchos otros nuevos. En la segunda mitad del siglo XVI, por el instante, no hay indicios de que decaiga la industria alfarera, si bien hay un cambio en las formas y decoraciones que se fabrican.

Todo parece indicar por el momento, que este declive de la cerámica de Paterna se producirá con la expulsión de los moriscos de las tierras valencianas, pues como hemos visto, durante el siglo XVI, prácticamente la mitad de las alfarerías de Paterna pertenecen a musulmanes y la mayor parte de los alfareros que trabajan en ellas son de la misma etnia: de 8 marcas de alfareros encontradas en el horno del XVI, 4 de ellas comportan grafías árabes.

Otro resultado de estas excavaciones es la confirmación de que la actividad alfarera se practica en Paterna al menos desde el siglo XII, existiendo alfarerías desde entonces hasta el siglo XVII sin interrupción.

A comienzos del siglo XVI hay una expansión urbanística de la ciudad coincidiendo con un momento de gran prosperidad económica producida por el gran volumen de ventas de su cerámica, el cual dura desde el siglo XV. El pueblo de Paterna se expande, abriendo y ocupando dos nuevas zonas que anteriormente estaban ocupadas por talleres. La primera, al Oeste del Alcázar, es el barrio burgués objeto de este estudio. La segunda está situada al Este del Alcázar, con casas más pequeñas y humildes, las cuales han dado muy pocos ajuares (excavaciones de 1990). Podría ser el barrio ocupado por la población musulmana de Paterna pues en el documento publicado por Gimeno, las casas pertenecientes a propietarios musulmanes son más pequeñas que las ocupadas por los propietarios cristianos (con alguna excepción) .


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