ALFARERÍA

COMERCIO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MAGISTRI OPERIS TERRE VICINI LOCI DE PATERNA

 

 

 

 

 

EL TRABAJO EN UNA ALFARERIA

 

 

 

 

 

 

 

 

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UN PUEBLO ALFARERO MEDIEVAL: PATERNA (VALENCIA)

ESTUDIO ETNO-ARQUEOLOGICO Y DOCUMENTAL

Mercedes MESQUIDA GARCIA

 

PRODUCCION Y COMERCIALIZACION DE LA CERAMICA

Los contratos medievales de venta de cerámica nos dan una serie de informaciones sobre su producción y los precios que alcanzaba. Los alfareros trabajaban la mayor parte del tiempo sobre pedidos de los clientes, quienes especificaban la forma y el tamaño de las cerámicas; a veces, sobre todo si la cerámica era decorada, entregaban un ejemplar al alfarero para que éste tomara modelo sobre la forma, la decoración o el color de ésta y se estipulaba que la obra del alfarero "debía ser de lo mejor y cuando menos tan hermosa como la muestra". El plazo de entrega de los pedidos variaba entre cinco semanas y dos meses; si la mercancía no estaba lista en el plazo convenido o no era de la calidad especificada en el contrato, el alfarero se comprometía de antemano a pagar una multa. A veces ésta era bastante elevada, pero otras era más bien simbólica, como la que se comprometía a pagar Jucef Alquatyo en 1446: un par de gallinas.

El precio de la cerámica variaba según los costes: en 1404 los alfareros pagaban el quintal de plomo a 40 sueldos, mientras que el mismo quintal solo valía 28 sueldos en 1460; en 1500 se pagaba el plomo a 15 sueldos la arroba y el estaño a 2 sueldos la libra, lo que explica que la cerámica esmaltada (impermeabilizada con estaño y plomo) se vendiera más cara que la que iba solo barnizada con plomo. También influía en el precio las materias primas empleadas en la decoración (cobre, cobalto, plata) y la cochura: las cerámicas bizcochadas, pintadas o no en manganeso y las barnizadas se cocían una sola vez; las pintadas en verde/manganeso y en azul había que cocerlas dos veces y las que llevaban decoración azul y dorada, tres veces, lo que aumentaba el coste de combustible. Si la decoración era de encargo con especificaciones del comprador ("pots factos à la domasquina dauratos e de cafre argentatos" dice un comprador en 1414), también aumentaba su precio.

Algunos alfareros vendían sus productos mucho más caros que sus colegas por su reputación de calidad: así ocurría con las tinajas de los Torrent que llegaban a venderse al doble de precio que las de otros alfareros, también de Paterna; es por eso que para garantizar sus productos, éstos irían marcados: hemos encontrado muchas tinajas con marcas estampilladas en el cuello y en la boca, lugares muy visibles, (Amigues/Mesquida 1987a: fig. 32). En los contratos de venta el precio de la cerámica se da, por lo general, en sueldos reales de Valencia o en florines de oro de Aragón. La cerámica se cuenta por docenas y por gruesas (doce docenas), estipulándose que se refieren a "obra de terra bona, mercantibilis et receptibilis". La cantidad de piezas de cerámica que se vende en algunos contratos es enorme: en 1404, Mahomet y Cahat Alcudo le venden al comerciante valenciano Vicente Corts, noventa gruesas de "obra de terra de pinzell" (12.960 piezas de cerámica pintada, de las que 10.680 eran "escudelles de menjar" iguales al modelo que entregaba el comprador); la cerámica debía entregarse en el Grao de Valencia en el plazo de dos meses; el precio por gruesa se estipuló a nueve sueldos de Valencia.

En los recipientes contenedores se especificaba la capacidad, como en un contrato de 1414 en el que se le pide al alfarero 720 "pots" (botes) de una libra y de libra y media. Las tinajas y orzas podían tener entre 10 y 40 cuartillos en 1415 o bien se especificaba que fueran tinajas u orzas "d'escudellar" (literalmente: meter escudillas) donde cupieran desde gruesa y media (150) hasta seis gruesas de escudillas (864), como en el contrato de 1435 a los alfareros Egido y Vicent Torrent.

Los alfareros cobraban por adelantado (lo que ellos llamaban una señal del encargo), si no todo el precio de la cerámica, sí una parte importante que podía ser en dinero o en las materias primas que necesitaran para realizar el pedido, como plomo, estaño o cobalto (zafre). En el contrato de los Alcudo que hemos visto anteriormente, se les entregaba 100 sueldos por adelantado como señal y el resto al entregar la cerámica, en que recibirían 10 quintales de plomo y la diferencia en dinero. También Jaime Rodrigo se obligaba, en 1500, a entregar a Dña. Isabel Berecasa "obra de maliqua buena y de recibo", puesta en el Grao, hasta el total importe de lo que le debía (que había recibido anteriormente) por las arrobas de plomo, libras de estaño y dinero prestado; la "obra de terra" a entregar se contaría "al precio de costumbre establecido para las ventas de artesano a comerciante" (Osma 1908: 146).

A veces los alfareros cambiaban sus productos por objetos de uso personal, dejándonos así prueba de algunos de sus caprichos y al parecer de su buen nivel de vida; o bien, los cambiaban por otras mercancías que luego volverían a vender. Juan de Torrent en 1418 entrega al mercader Martín Andrés de Valencia 250 tinajas, "sanas y buenas, de recibo y recubiertas de esteras de esparto (enxarpellatas)" para pagar una mula de pelo negro. Otra mula de pelo negro recibe Bernardo Alcudorí como señal de su hornada de moldes para azúcar en 1415 e igualmente su hijo Sancho en 1431. Dos años después, este último vuelve a recibir una jaca, pero de "pelo blanco rodado" por 800 moldes grandes para azúcar y 200 pequeños, mientras que Alí Aluxen prefiere que su mula sea castaña y la pide con silla y brida (1423). Hamet Jafer en 1407 recibe 16 jubones de cotonina de torzal; Hacmet Payoní 50 piezas de alambre de ensartar perlas en 1412 y una pieza de paño blanco de "Mallols" y otra de paño estrecho de "Gostances", en 1414. Egido y Vicente Torrent reciben en 1435, una túnica para mujer de paño de lana verde, con mangas anchas y forrada de arriba a bajo (especifica el documento) con pieles blancas de ardilla, además de 20 espadas con pomos y guarniciones valencianas. Otras veces cambiaban su producción por trigo de Sicilia o por atún y pescado salado de Ibiza interviniendo activamente en el comercio de la época: así los Alcudorí, en 1439 endosan a un comerciante de Valencia unos créditos cedidos por un mercader de Cataluña que los tenía, a su vez, con cargo a dos carniceros y sus esposas.

La producción alfarera era vendida, en muchas ocasiones, varias veces antes de llegar al puerto de Valencia para su exportación, como hemos visto en varios documentos,lo que aumentaba su precio: la producción de un alfarero podía ser comprada por un "botiguerio" de Paterna o de alguno de los pueblos de los alrededores, quien la vendía al comerciante de cerámica, establecido en Valencia. Este, si no la exportaba él mismo, se la vendía al armador o comerciante de la nave que la llevaría a otros puertos para venderla nuevamente. En los primeros años del siglo XVI el Concejo de Paterna prohibió la reventa de sus productos alfareros para evitar los intermediarios y el subsiguiente aumento de precio, pero en 1520, cuando la Ciudad de Valencia pasó a ser propietaria de la Baronía de Paterna, decretó que la venta de la "obra de terra" de Paterna era libre, "pudiendo quienquiera comprarla y traerla a Valencia".

Los comerciantes de Valencia exigían casi siempre que la cerámica les fuera entregada en el puerto de Valencia, corriendo el embalage y el transporte por cuenta y riesgo de los alfareros. En muchos contratos se estipula como deben ir embaladas las cerámicas: la vajilla fina ("obra de pincell o de malica") debe ir "ingerrata", es decir, dentro de tinajas más o menos grandes según la cantidad a transportar: los documentos dicen "Gerres", " gerretes", "gerras d'estibar escudelles", etc. Conocemos varios hallazgos en el Mediterráneo Occidental de estas tinajas llenas todavía de cerámicas; recordemos, por ejemplo, la que se halla en el Monasterio del Puig (junto a Valencia) conteniendo cerámicas del siglo XIII/comienzos del XIV, o las dos del Museo de Soller (Mallorca) llenas de cerámicas de finales del siglo XIV/ siglo XV. En general, el precio de estas tinajas/contenedores está comprendido en el de las cerámicas a transportar dentro de ellas, pues solo en algunos documentos se especifica lo que el comprador deberá pagar por éstos. Los azulejos tenían que ir empaquetados en sacos. Las tinajas para vino y las de aceite estaban recubiertas de una funda trenzada de esparto (así han continuado estando hasta fecha reciente, y aún las podemos contemplar en algunas viejas almazaras y bodegas del País Valenciano). A veces los alfareros se comprometían, "si la nave en que tenían que ser cargadas las cerámicas tuviera que zarpar antes del plazo que se hubiere convenido para la fabricación y entrega de "la obra de terra", a facilitar otro cargamento equivalente al contratado, a satisfacción del comprador" (Osma 1908: 99).

En el "LLibre del Consolat de Mar", código valenciano de legislación marítima medieval, se recogen "pels savis hòmens qui van per lo Mon" una serie de ordenaciones, usos y prácticas marítimas y comerciales que rigieron el tráfico marítimo en gran parte del Mediterráneo hasta el siglo XVIII. De él tomamos unas ordenanzas que hacen referencia a la carga y descarga de tinajas en las naves, así como al transporte de tinajas vacías durante la Edad Media:

"Cuando se tenga que estibar en la nave un cargamento de tinajas, los mercaderes deben proporcionar los hombres que hagan la estiba..... Pero si el patrón promete a los mercaderes que sea él quien mande estibar la nave, los mercaderes no están obligados a buscar estibadores sino que el patrón debe ponerse de acuerdo con los marineros" (Consolat 1407: 160).

"Cuando un patrón da la nave a flete a mercaderes y éstos la cargan, si el cargamento consiste en tinajas.... si una o varias tinajas se quiebran, rompen o agrietan no queda el patrón obligado a indemnización alguna, puesto que el daño no ocurrió por culpa suya. Pero los mercaderes a quienes pertenezcan las tinajas están obligados a pagar íntegramente al patrón, por cada pieza, los fletes que le habían prometido. Pero el patrón debe poder mostrar y dar los tiestos o el envoltorio (la estera de esparto en que iba envuelta) de la tinaja o tinajas rotas, como prueba de su existencia. Pero si el patrón manda estibar las tinajas.... y se rompen, el patrón no queda obligado a indemnizar al comerciante, sino que se limita a dejar de percibir los fletes.... porque nadie debe creer ni puede demostrar que ningún patrón se complazca en que un mercader pierda o se perjudique a bordo de su nave, por su culpa ni por nada que pueda hacer.... El patrón no debe estibar tinajas sin estar presentes los mercaderes o sus representantes....y así, si al cargar se rompe alguna pieza, los mercaderes no están obligados a pagar fletes por ella, pero tienen obligación de dárselos si se rompe al descargar" (Consolat 1407: 205 bis).

"Si un patrón navega por Berbería, España o en otro lugar y algunos mercaderes embarcan en su nave un cargamento de toneles o de tinajas vacías para llevarlas a alguna parte y los mercaderes no han dado un precio por el flete, al llegar al punto de destino donde ha de descargarlas queda a su discreción de cobrar lo que quiera o quedarse la mitad de las tinajas transportadas" (Consolat 1407: 224).

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