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estos artículos han sido escritos por RAMÓN PASTOR QUIRANT Hace unos años, una sentencia del Tribunal Supremo de los EE.UU. dió luz verde al aborto libre, aunque aprobó 4 restricciones que el Estado de Pensilvania había decretado. Se dificultaron los trámites para abortar, pero no se impidió lo que para estos jueces representaba "un ingrediente de la libertad de la mujer, pues la madre embarazada está sujeta a ansiedades, a limitaciones físicas y a dolores que sólo ella debe soportar..” Esta declaración fue, según Rojas Marcos, un reflejo del respeto por la calidad de vida de la mujer. Para él, una mujer soltera puede tener un hijo sin padre conocido a partir de una inseminación artificial. Lo importante para Rojas Marcos (y también para mí) es que el niño tenga "afecto". Pero no debe ser lo único. Por ese camino de desprecio hacia la figura del padre se puede llegar al "Mundo Feliz" de A. Huxley. Si lo que defiende ese psiquiatra se consintiera, en poco tiempo un hombre también podrá pedir (y nadie se lo podría negar) tener un hijo a partir de un óvulo y una matriz artificial. De ahí a la probeta estatal, sin padre ni madre, hay sólo un paso, que la ciencia resolverá pronto... Faltaba mencionar un detalle de la sentencia: se revocó un punto, el que permitía a los maridos participar con la mujer en la decisión de interrumpir el embarazo. Hay que recordar pues esta sentencia como la exaltación de la madre y la anulación del padre. Porque eso es lo que hay. Y no sólo en EE.UU. Fíjense en cualquier artículo de los que hablen sobre el aborto: nunca verán la palabra "padres". Son cero absoluto. Una vez me quejé a Cristina Alberdi, después de una intervención suya en su línea típica de que hay que ver lo que sufren las mujeres en todo y lo malvados que son los hombres. Le argumenté que la discriminación y los malos tratos actúan en las dos direcciones, por lo que se debe luchar no contra un sexo, sino contra la discriminación venga de donde venga. Para que se dejara de tanto victimismo le hablé del nulo papel masculino en el aborto. Y ella contestó: "Los hombres no intervenís por una razón: ¡no conozco ninguno que haya parido!". Touché!... El complemento a su respuesta vendría de un hombre de hace 40 años. Le habría éste apoyado, diciéndole que "a las mujeres hay que hacerles el amor y luego desentenderse del resultado". Y luego, le habría replicado que las mujeres ocupan el lugar que “les corresponde en la sociedad” por la falta de la fuerza y las habilidades necesarias. Sin embargo, le hablé del papel reproductor, de la función biológica de los dos sexos, complementarios entre sí. Dije que todo asunto relacionado con el hijo, para bien o para mal y desde el principio, es cosa de los dos padres. Ambos intervienen y son necesarios para su equilibrio salvo casos de fuerza mayor. Esto no impedía reconocer la importancia de la mujer, merecedora de un trato favorable (por ejemplo, en casos de violación o peligro suyo, ella sóla debe decidir), pero que ello no debía implicar que fuera la única con poder de decisión, pues eso supondría la destrucción del derecho paterno. El hastío con que me miraba se transformó en indignación cuando me atreví a decir que los hijos no son "parte de su cuerpo", pues son "otro cuerpo", dentro del de la madre y alimentado por ésta, pero distinto... Hablar de exclusividad de la madre en un embarazo es una salvajada. Y esto no sólo lo dice la propia Naturaleza. Un embarazo y todo lo que conlleva surge de un acto contractual y de amor recíproco, y sólo debe romperse si ambos están de acuerdo. Si la madre reclama la “propiedad” entonces es que ha engañado al padre. Le hizo ver que era un acto conjunto lo que después impondría como individual. Lo está utilizando y rebajando al papel de espermatozoide. Y si en el primer momento los hombres renuncian a su paternidad, que no vengan luego reivindicándola. La dignidad perdida no se recupera fácilmente. Una consecuencia: las separaciones; a los padres se les arrebatan los hijos y no pueden apenas verlos. Hace unos años, la feminista Evelyne Sullerot denunció el papel "ridículo casi" que se reserva a los padres. En la cuestión clave de los hijos, dijo que "las mujeres han impuesto su dominio, y no sólo en materia de procreación, sino también en todos los pasos que se dan hasta la mayoría de edad de los hijos". Ingenuamente se preguntó: "¿qué sociedad nacerá de estos hijos sin padres?", y se declaró decidida a dar la batalla para "salvar a los padres"; y ello, "en el interés de los niños y también en el de las mujeres". ¿En el de las mujeres? Sí, porque ese dominio es un arma de doble filo, ya que supone una atadura social y laboral. Cierto es que a la mayoría de ellas les interesa la situación en la que "se ha pasado del reino de los padres al de las madres", un peligroso monopolio. ¿Y a los hombres? Los conservadores ceden sus derechos porque para muchos de ellos la familia es para la mujer; lo demás, para el hombre. Bueno, hay que dejarlas entrar en el mundo laboral, aunque eso sí, sin responsabilidades, ya que les falta disponibilidad... Pero, ¿y los progres? ¿Por qué renuncian a sus derechos y con ello arrastran a los demás? Por lo mismo que los conservadores, aunque aquí con una pizca de inconsciencia o tal vez pícardía. Para muchos, basta con el "sacrificio" de llevar a sus hijos un día a la semana de paseo. Que no interfieran en su carrera, pero les oyes hablar y todo es compartir las tareas, igualdad, y bla, bla, bla... Casi pùede decirse que para ellos existe una vergüenza colectiva por el hecho de ser padres, que se asocia con lo “antiguo”. Queda una minoría, que tenemos que ver cómo nos arrebatan nuestros hijos. Pero tenemos ún recurso: cuando la mujer desee un hijo hay que dejar claras las cosas sobre la corresponsabilidad, de forma oral y si es preciso por escrito. Si ella contesta con que "será suyo y bien suyo", entonces que lo tenga sóla si es capaz... o que se procure el semental que buscaba en otra parte. Dos milenios atrás, el Consejo de Ancianos Espartano decidía al nacer un niño si debía vivir o morir. Si vivía, a los pocos años se le arrebataba de las manos impotentes de sus madres para educarlo lejos de ellas. Hoy, la barbarie se sigue perpetrando. Mientras que en Occidente los padres no valen nada, en Oriente ese trato es para las madres; sin embargo, ambas zonas denostan a la otra por "incivilizada". Las dos tienen razón.
EL CREPÚSCULO DE LOS PADRES "La justicia es pendular: antes se fastidiaba a las mujeres, ahora a los hombres". Esta frase la pronunció hace un par de años un teniente fiscal de no importa qué procedencia: vistas la Ley del Divorcio y la práctica judicial desde el año 81, la podría haber suscrito casi la totalidad de los jueces y fiscales. No voy a entrar en el análisis de la prevaricación que supone, ni en la situación de la justicia veinte años atrás, que fue como dice la frase. Hablaré de la época presente, y aquí de nuevo se acierta. Si el machismo/misoginia imperó hasta un pasado reciente, hoy está entremezclado con el feminismo/misoandria. Intentaré resumir la realidad actual: si se presentan delante de un juez un padre y una madre cualesquiera, ella -si lo pretende y salvo casos de locura o similares- se llevará la custodia de los hijos. Y con ellos la vivienda, la pensión por alimentos y la compensatoria si hubiera lugar. A él se le aplicará siempre la "presunción de culpabilidad", no la lógica de "inocencia". Se le considerará pues un mal padre que tendrá que demostrar lo contrario. En consecuencia, le dejarán dos bazas: la 1ª, ver apenas a sus hijos, a los que no podrá educar. Aquí, el principio utilizado será el de la "estabilidad". Para lograrla, el niño necesita "un solo ambiente": el de la madre. El del padre se sacrifica. Valdrá más un sofá materno que poder ver a sus primos paternos. Increíble, pero cierto. La 2ª, pagar cuanto más mejor. Sin embargo, será la madre la única que podrá desgravar en el IRPF. Y además, las pensiones no contemplarán, por ej., los gastos que generen los hijos cuando estén con él. Las compensatorias serán vitalicias en la práctica: basta la negativa de una mujer diciendo que no convive con nadie, aún con pruebas evidentes, para que se le dé la razón. ¿Por qué y cómo ha surgido este sistema? Para su creación y su praxis participan las dos "ideologías" mencionadas, hoy por hoy mayoritarias en la sociedad española. Aunque en apariencia contradictorias, confluyen en el mismo fin. Para los de la 1ª de ellas el niño es considerado "una carga", y como tal, "cosa de mujeres". Y al hombre, lo que le corresponde es la vida socio-laboral. La Ley del Divorcio es fundamentalmente obra de éstos. Consiste en un cúmulo de ambigüedades y rancios despropósitos. Una chapuza jurídica que vulnera 8 artículos de la Constitución, tal y como hemos demostrado desde la Fed. Esp. de Padres Separados en una campaña de recogida de firmas. Y lo mismo decimos de la práctica judicial subsiguiente. (Por cierto: los jueces no tienen en lo más mínimo estudios sobre el tema) Citamos sólo tres detalles: la Constitución no autoriza a estos funcionarios a echar al padre de su casa sin compensación, ni a meterlos en prisión por impago de la pensión (sin contar que esta salvajada es traumática para los hijos). Ni tampoco les autoriza a "apartar" a los padres (los "Visitantes") de sus hijos, condenándoles a indignos regímenes de visitas. El famoso "fin de semana alterno" supone para un hijo dejar de ver a su padre doce días seguidos de cada catorce. Y así, semana tras semana. Y ya no digamos los regímenes de unas pocas horas... "en beneficio del menor". ¿Qué se cree un juez que es un padre? ¿Un gato que se olvida de sus crías? ¿Quisiera él ese trato? Para los de la segunda ideología en liza, la mujer está discriminada, y se le debe "compensar" otorgándole los hijos, vivienda y pensión. Si se fijan vds., los/las feministas radicales hablan siempre con la palabra "igualdad"... en una mano. Con la otra, sin embargo, exigen en exclusiva los privilegios sexistas de la mujer: la custodia de los hijos, la pensión, la procreación (en el tema del aborto al padre ni se le menciona), etc. Así, éstos también alientan a la mujer a quedar subordinada a sus hijos -restándole disponibilidad profesional-, y a ser dependiente/parásito del hombre. El sistema actual de las separaciones, pues, defendido por ambos sectores, fomenta su inferioridad social y su condición de segundona y pedigüeña. Pero ésta no es la única consecuencia negativa. Un matrimonio necesita equilibrio, pues bien, la desigualdad en el trato es tan rotunda que provoca el incremento constante de las rupturas matrimoniales. En la actualidad, para la mayoría de los padres la separación es un suicidio. Para las mujeres, una prebenda fácil de conseguir. De hecho, no es casualidad que el 85% de las separaciones las promuevan ellas. Y también aumenta la litigiosidad, ya que los perjudicados querrán recuperar lo perdido y muchos ganadores se aferrarán a los beneficios. Ello, para disfrute de abogados y procuradores. Y en medio, los hijos. Los grandes perdedores. De entrada, les alejan del padre y de sus abuelos y demás familia paterna. Después, se ven inmersos en guerras de las que saldrán en muchos casos traumatizados, inadaptados escolares o agresivos. En cuanto a los impagos de pensiones -muchas veces una forma de rebeldía del padre contra las injusticias a la que es sometido-, las feministas han intoxicado la sociedad. Manipulan los datos para hacer ver al padre como un sinvergüenza que se merece perder sus hijos. Las cifras dadas por los Organismos Públicos no pasan del 15-20%, lejos del 80% que afirman ellas. Y ha sido este tema para ellas la "Madre del cordero", cuando no es más que una de las muchas consecuencias. Y como en una enfermedad, para curarla, hay que ir a la causa: la desigualdad. Solución básica: que el PSOE deje de llenarse la boca con la palabra "igualdad" y que la aplique de una vez. Y aquí significa "Custodia Compartida": compartir con sensatez los hijos y lo que conllevan. Él y los otros partidos deben modificar sustancialmente la Ley del Divorcio, y con la máxima concreción para evitar, como hoy ocurre, que el juez sea la ley. Nuestros hijos necesitan a la madre... y al padre. Los que lo duden, por favor, que no muevan un dedo.
SOLUCIÓN PARA LOS MALOS TRATOS Deseo aportar lo que creo que es la solución para más de la mitad de los malos tratos físicos. Esta solución es la que se suele aplicar en todas las circunstancias gravosas (accidentes, pérdidas, etc.): investigar las causas/móviles para, una vez conocidas, atajarlas de raíz. Estas causas hay que verlas en la mayoría de estos casos en los malos tratos psicológicos persistentes en el tiempo, y en la brutal discriminación que sufren los hombres tras una separación. Es de hipócritas pedir total resignación a alguien después de sufrir una sucesión contínua de malos tratos psicológicos o la pérdida de sus hijos (concedidos siempre a las madres), de la casa y de gran parte del sueldo para mantener a una mujer de por vida con la cual ya no existe relación. Cualquier persona, frente a situaciones repetidas de malos tratos psicológicos que quedan impunes y la pérdida de sus hijos (el régimen de fin de semana alterno supone el alejamiento paterno-filial), puede estallar en un momento dado por la fuerte presión a la que es sometido y cometer la barbaridad reprobable de los malos tratos físicos. El culpable no será sólo él, sino también los jueces, abogados, fiscales, políticos, mujeres, etc., que le han inducido a cometer tal acto. Estas afirmaciones no gustan a determinados colectivos. Mucho más se jalean las que piden “mano dura”, como es el caso de las efectuadas recientemente por el Fiscal Gral. del Estado y la Secretaria de Asuntos Sociales. Ambas son las dos caras de una misma moneda: las de J. Cardenal representan el machismo, las de A. Gómez, el feminismo radical. Pero los extremos se tocan, y el mensaje es el mismo: los hombres sólo sirven para mantener a sus hijos con el trabajo, y su cuidado es cosa de mujeres. Ellas son “inocentes”, que nunca han roto un plato, y que deben ser mantenidas por el marido. En cuanto al esposo/padre, es siempre el maltratador, impagador, etc. En definitiva, se le hace ver como un ser indigno, que no merece quedarse con sus hijos tras una separación. Respecto a las medidas que se propugnan con frivolidad de palabra y de pensamiento, en concreto que “las mujeres denuncien más a sus maridos”, y el “extrañamiento”, me consta que una gran parte de los casos de supuesta violencia conyugal no pasan de ser meras riñas pasajeras, en las cuales ambos cónyuges se saben responsables. Con la sensatez y evidencia de que a un matrimonio no le convienen las injerencias, no denuncian los hechos, pues lo que interesa es el equilibrio familiar. Quien ve que su pareja se ha extralimitado, sabe que puede denunciar tal hecho y no necesita que nadie externo le azuze a romper su familia, con el consiguiente dolor para todos sus miembros. Sobre el “extrañamiento”, lo considero retrógrado, muy dentro de la línea represiva que caracteriza a los que la piden, propia de una justicia decimonónica, con el delincuente visto como un ser malvado que se merece todo lo peor. Con esta medida, me temo que muchos padres, si antes ya tenían difícil poder ver a sus hijos, si se les aplica dejarán de verlos para siempre, con el trauma que ello supone para los implicados. Además, es tan brutal y desmedida, por el desarraigo profesional y social que supone, que lo único que hará será aumentar el odio y el rencor, y con ello la violencia. Unos datos para la reflexión: el 30% de los internos en centros psiquiátricos españoles son separados, y de ellos el 90% son hombres. Asimismo, ha habido cerca de 20 asesinatos de hombres a manos de sus mujeres en el último año. Ello, sin contar los múltiples suicidios de padres que se han dado porque los obstáculos que les han puesto los jueces y sus ex-mujeres para estar con sus hijos les han llevado a la locura y a la desesperación. Hay miles de casos de incumplimientos de visitas en estos mismos momentos y ni jueces ni nadie (ni el fiscal gral.) mueven un dedo para evitarlo. Un caso famoso: aquel que se suicidó a lo bonzo delante de la casa donde vivían su ex-mujer y sus hijos. Es sintomático que en este suicidio y en casi todos apenas se mencionó la causa en los medios de comunicación: le iban a quitar sus hijos y su vivienda. Asistimos a una desmesurada campaña orquestada por la prensa sensacionalista y el poderoso lobby feminista (Min. de Asuntos Sociales, Institutos de la Mujer y las asociaciones que viven a su amparo), para manipular el tema de los malos tratos, silenciar o tergiversar opiniones (entre ellas las de la Unión de Separados, haciendo creer la aberración de que justificamos los malos tratos), amplificar al máximo los malos tratos físicos y ocultar sus móviles, o si se mencionan, no prestarles atención. Sin embargo, su investigación es fundamental en la justicia del siglo XX, pues se trata de ir contra ellos para poder prever el delito. Estoy convencido de que con la aplicación de las medidas que propongo el número de malos tratos físicos disminuirá drásticamente. Si la sociedad quiere solucionarlos tendrá que aplicarlas más tarde o más temprano. Son ingenuos los que se piensan que con mayor represión acabarán con el problema. Consisten en la creación de centros asesores sin discriminación de sexo para la investigación y resolución de los malos tratos psíquicos y físicos (hay 321 en España, pero todos son para la mujer), servicios en las comisarías y fiscalías especializadas en el tema, pisos de acogida mixtos (hay 129 en España, todos para mujeres), y una legislación para atajar el problema de los malos tratos psíquicos (para los físicos ya la hay). Asimismo, urge un correcto análisis de las denuncias, pues abundan las falsas con el objetivo de apartar al ex-marido de los hijos. Además,
como las únicas actuaciones
que garantizan la protección de las personas son las basadas en la
justicia y la igualdad, los hijos deben ser cuidados por igual por ambos
padres, a través de la custodia compartida; la vivienda debe repartirse
equitativamente, pues despojar a alguien de ésta por la fuerza supone tal
presión psicológica que no es extraño que acabe en violencia; el
mantenimiento económico de los hijos ha de ser por igual padres-madres; y
la pensión compensatoria ha de ser por un período de 2 o 3 años, no
vitalicia. Con estas medidas también se acabará con el chantaje que
sufren muchos padres por sus mujeres con la amenaza de abandonarle y
quedarse con los hijos, cuando por contra ellos no pueden separarse ya que
lo perderían todo.
LAS MUJERES Y EL DIVORCIO ¿Experimentan las mujeres los avances que conforman la sociedad actual? ¿O aún están ancladas en el pasado patriarcal, por lo que representan a la maternidad y son mantenidas por los hombres, a los que corresponde la vida pública y el trabajo? Estas preguntas, por su maximalismo, deben particularizarse. En las separaciones, muchas mujeres se encuadran en la segunda pregunta. Aún no han salido de la España profunda y sexista. Y muchísimos hombres les alientan a que no salgan. A nuestras 20 asociaciones llegan diariamente muchas mujeres preguntando por nuestros objetivos y servicios. Un porcentaje bastante elevado, cuando les decimos cosas al parecer extraordinarias como que reivindicamos la igualdad de sexos, y que el cuidado de los hijos, su mantenimiento y la vivienda deben ser compartidos, al igual que el trabajo... entonces desaparecen. No les gusta nuestro mensaje, pues los hijos son "suyos y bien suyos", al igual que la vivienda. El hombre, que pague de por vida y punto (y si no, a la cárcel). Privilegios de sexo puro y duro e hipocresía de gran calibre. Aunque después, en una cafetería cualquiera, muchas obviarán su ancestral complejo de victimismo y las ansias de ser "protegidas" y charlarán sobre la igualdad de sexos, de que los hombres deben compartir el hogar (como si el trabajar diez horas no fuera atenderlo), etc... Y eso, sin distinguir ideología política. Muchas de "izquierdas" son de las más retrógradas y misoándricas que existen. Empezando con que el papel que nos reservan a los hombres en la procreación y en el colateral del aborto es el de cero absoluto. Cristina Almeida nos soltó que "para que un hijo nazca el hombre no es el padre, pero para mantenerlo tras su nacimiento, sí". Cristina Alberdi, del PSOE, la ex-ministra de Asuntos Sociales (o más bien sería decir de "Asuntos de la Mujer"), dijo que "al hombre no se le debe dar la custodia de los hijos porque no los pare", y Emilia Caballero, del PSOE alicantino, sostuvo que "los hombres no van a quitarnos nuestros hijos". Todas estas frases son de rancio arraigo en la carpetovetonia marujona, y sintonizan con el otro extremo: el secular machismo ibérico, de idénticas pretensiones, aunque con otras palabras. El 70% de las separaciones son contenciosas, y el resto mutuos acuerdos, en disminución éstos pues las mujeres saben que se lo van a llevar casi todo y por lo tanto a muchas no les interesa pactar. Ello multiplica los pleitos (para goce de los abogados), lo que equivale a conflictos (para trauma de los hijos), y aplicaciones estrictas de los regímenes de visita de fin de semana alterno. Junto a ellas, todo un aparato judicial y fiscal, sin formación específica, y apoyados por psicólogos que también menosprecian la figura paterna, impone estos regímenes, una de las más grandes ignominias que hoy en día se pueden perpetrar en España. Separar a un hijo de su padre y de su entorno familiar doce días seguidos de cada catorce, con el dolor y alejamiento que supone, es sadismo puro. Muchas mujeres, olvidando su dignidad, se aprovechan de la pensión compensatoria, ésa que reciben de alguien que ya no tratan, pues por algo se han separado. Al no marcarse períodos de terminación, se convierten en vitalicias dada la imposibilidad de demostrar que se convive con alguien (con decir que no, basta), o que se tiene un trabajo. Para algunas es una forma de "hacer carrera" el casarse y luego separarse. Incentivan pues estas pensiones la holgazanería, y equivalen a una jubilación, con la "diferencia" de que la mayoría de receptoras tienen de 30 a 45 años y no se han quedado inválidas o incapacitadas permanentes, sino que conservan todas sus manos para ir a la manicura con el dinero del ex-marido. Otra iniquidad: muchas mujeres no tienen reparos en echar de casa y en 24 horas al ex-marido. Con lo puesto, y que no se lleve una radio, pues recibirá una denuncia por robo. Se aprovechan de la actitud descaradamente sexista de los jueces, que vulneran la constitución, ya que ésta establece que "nadie será privado de su vivienda sin compensación". La podrá perder el padre incluso si fuera heredada o de su propiedad. Una mujer nos llegó a decir con cinismo que "él salía ganando, porque ella tendría que pagar la luz y el agua". Hay que hablar también de las madres que incumplen el régimen de visitas, impidiendo la relación padre-hijos. Constituye esta acción un acto criminal que, como tal, merece su castigo. Nosotros proponemos la retirada temporal de la custodia. Debido a la hipocresía de los diputados, no se contempló nada en la modificación del Código Penal. Por el contrario, el impago de pensiones se castiga con lo típico de la Edad Media: la prisión. Nos referiremos ahora a una práctica habitual: ciertas mujeres no dudan en recurrir a falsas denuncias de malos tratos (con la manipulación de que de los psíquicos que pueden generar ellas ni se habla). Ultimamente, las abogadas feministas suelen ofrecer una moda importada de EE.UU.: el de las denuncias por abusos sexuales a los hijos. En un santiamén, al hombre se le puede privar de las visitas, de la custodia e incluso de la libertad, y ello sin pruebas, investigación ni presunción de inocencia. El trato que se le da a los denunciados por hechos sexuales es equivalente al que la Inquisición daba a los judíos. Así que, cuidado con cambiarle las braguitas a las hijas, o ducharlas, pues seremos considerados abusadores por el funcionario estirado de turno. Y de nada sirve luego que se verifique la inocencia. Ya le han hecho a ese hombre un daño terrible y perdurable, mientras que la denunciante saldrá airosa debido a la enorme dificultad de demostrar su falsedad. Un inciso sobre un tema colateral: el de los "metomentodos/as". Es esa gente que pulula como testigos dispuestos a decir las mayores atrocidades, a sabiendas de que no se les puede tocar un pelo. Se meten en medio de una pareja con ansias destructivas para beneficiar a una parte. Las más de las veces, envenenan el ambiente y cometen un daño irreparable a una persona que no les había hecho ningún daño. Pero sobre todo, y debido a su ignorancia de los entresijos de esa pareja, traumatizan a los hijos porque conseguirán que se les aparte de su padre. Esta circunstancia posiblemente implicará el que algunos niños salgan con fobias de todo tipo. Pregunto: ¿por qué los padres no recurren al Constitucional para acabar con estas prácticas judiciales discriminatorias? Los padres deben luchar sin desmayo por sus hijos. En cuanto a las madres, deben luchar con nosotros para que los hijos se críen con el equilibrio que proporciona un contacto regular y sano con los dos padres, y para que las palabras igualdad y respeto dejen de ser pisoteadas. Si se comparte lo que era común, desoyendo los consejos y sentencias ruines, lo que equivale a rechazar las maldades, sin duda alguna el ambiente mejorará y de ello se beneficiarán todos... en especial los hijos. LA PARÁBOLA DE LA MADRE Y EL JUEZ
Había una vez en la bella villa de Orihuela del Señor un juez
alto y alfeñique, de nombre Manrique, de cuyo orgullo prepotente lenguas
se hacía la gente. Y así para los valencianos pasaban los años, igual que para los vascos y los maños. Llególe un día al juez una madre agriada. "¡Basta -gritó despechada-, quiero el jornal de mi marido, pues mantener debo a mí y a mis hijos queridos!". "No se preocupe, señora -contéstole él-, que lo tendrá todo en una hora, pues dar los niños a la madre, y el jornal del padre también, es para mi inteligencia obrar bien y con sapiencia". Y, palabra de juez, cumplióse la resolución sin más dilación. Llególe un día al juez el padre irritado: "¿para qué padre he querido ser -espetó indignado-, si a a mi hijos ya apenas puedo ver? ¿Y para qué quise una casa comprar, si ya en ella no puedo morar? ¿Y para qué quiero laborar -prosiguió el hombre locuaz y muy tenaz-, si mi peculio va a volar?" "Márchese usted al instante y sin enfado -respondióle con aire terminante el magistrado-. Y trabaje más y no moleste tanto, que ello es de varón santo". Marchóse el hombre vacilante y con el semblante desencajado. A otros jueces quejóse amargamente, mas su derecho violado fue igualmente. Avejentado, al Gremio de Maltratados recurrió con presteza y harta fiereza. Oyéronle y luego contestáronle: "al juez iremos, y al fiscal, al Síndico, al Ministro y al Conde acudiremos con tesón, pues tu causa es nuestro causa, tu desdicha es nuestra desdicha, y tus hijos, hijos nuestros son". Manrique les respondió: "con vosotros hablar no quiero, pues mi profesión venero y en ella es mi ilusión ser el primero. A vuestro consejo e influencia me sometiera si eso hiciera, y ello es indulgencia". "Pero -objetáronle ellos-, pues del pueblo eres servidor, con atención de nuestra opinión has de ser oidor." Y en esto, el juez ordenó presto: "idos con diligencia, o perderé la paciencia". El Síndico, que era mujer altanera y de buen ver, les recibió, les escuchó, y luego así les habló: "hacia nuestros hijos la ternura es signo de cordura, mas ni un dedo moveré ni os protegeré, pues a las mujeres maltratáis y a los hijos abandonáis". "Pero Señora -replicáronle ellos con zozobra-, no todos maltratamos ni abandonamos, ni..." Cortóles ella tajante y con muy mal talante: "desapareced al instante, o llamaré al vigilante". El Conde no les atendió, y ni siquiera les respondió. El Ministro, que era tan importante como distante, una carta firmó que luego se les envió: "El poderos atender sentimos que nos sea imposible conceder. Asuntos de la nación exigen toda nuestra dedicación". El Fiscal General, que era hombre amable y cordial, les recibió, les escuchó, y luego así les habló: "les comprendo y les aliento, mas váyanse ahora y esperen mi llamada, que en su hora les será enviada". Veranos transcurrieron, y las hojas de los árboles cayeron y de nuevo aparecieron. Ellos se manifestaron en las plazas e incluso se maniataron, pero se desesperaban y de nada valía lo que gritaban. Mientras tanto, el padre, un galeno grave, a sus hijos acogió y así les manifestó: "hijos míos, quereros es mi vida y mi felicidad, no veros mi cruel adversidad. Jueces injustos y vuestra madre apenas os dejan estar junto a vuestro padre". Y ellos dijéronle: "padre querido, a tierras lejanas llévanos contigo. Nuestra madre y sus hermanas sufrirán, mas por ello razonarán. Pasado un año volveremos y un digno acuerdo firmaremos". Y esto hicieron, pues presto desaparecieron. La madre entonces las vestiduras se rasgó, el cabello se estrujó, la piel se arañó. El juez Manrique, asaz pertinaz, colérico indicó: "búsquenmelo, tráiganmelo, y con vivo fierro quémenlo". Mas buscarónle en vano, por caminos, montañas o llano. A un brujo pelandujo la madre acudió. "¿Quién sabe dónde? es la pregunta principal ‑adujo con empacho el brujo, atusando su mostacho blando‑. Rastreemos, indaguemos y, tarde o temprano, a vuesa satisfacción la mano al bribón le echaremos". Mas en vano fue también aquello. El tiempo pasó veloz, y la golondrina, precoz, cantó y más tarde se marchó. Rayos atronaron y las nubes diluviaron. Cayó granizo y entonces el matrimonio del juez se deshizo. Su mujer, infiel, por otro habíale con mala hiel engañado, dejando acongojado al juez y llorando. Mas ahí no terminó lo que mal se empezó. Llevóse lejos de él a su querido hijo, por lo que el juez se dijo soez: "¿de qué me aflijo? Mis compañeros mi carne y mi uña son, a ella despedazarán y a mí la razón darán". Mas ellos, sagaces, dijéronle audaces: "proteger el sistema es nuestro deber y nuestro lema preciado, en oro grabado; si por ti cuidamos, nuestro tesoro amenazamos". Por aquellos días, el Conde murió. En las torres pusieron vigías, y el pueblo clamó: "entiérrenlo despacito, bajo mármol y granito". El Ministro y la Síndico cayeron en desgracia, pues grande era su ineficacia. Fueron sin piedad cesados y de su heredad apartados. El Fiscal General, hombre amable y cordial, en su cargo siguió hasta que su amargo mandato hubo expirado, mas nunca lo repitió. Y el pobre Manrique, flaco ya cual dedo meñique, marchóse abatido de Orihuela, yendo a parar muy entristecido a La Muela, donde el galeno trabajaba y con sus hijos de pleno disfrutaba. El juez, quejoso, y a la vez temeroso, en la casa del galeno entró. Éste, disfrazado, reconoció a quien habíale vejado y para sí se pronunció: "¡oh, qué pendejo! No llegará a viejo, pues antes se le caerá el pellejo. Justicia, palabra amable que para él es insondable, y porque mala gente fue, mala hierba en su recipiente verteré..."
Termina aquí lo que en paladino verso fue su sino ser impreso, y
como es parábola vieja, tiene su MORALEJA:
"Aquello que uno hiciere, en sí mismo viere.”
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