©Antonio Sureda Milan

 

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La España profunda

 (Alcalá de Moncayo y Tarazona )

Noviembre del 2007

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Alcalá de Moncayo

Localidad de aproximadamente 150 habitantes, a 766 m. sobre el nivel del mar. El casco urbano actual se halla en lo alto de un cerro, dominando el Valle del Huecha entre Añón y Vera de Moncayo, y protegiendo la vía de acceso por el Huecha hacia el Valle medio del Ebro. El cerro presenta una ladera muy inclinada y escarpada hacia el norte, es decir hacia el valle, que por el sur es menos pronunciada. El pueblo se dispone en forma alargada en la cresta del cerro, a partir de una calle central. El caserío se ha ido apiñando en el lado sur buscando la solana, para evitar los fríos aires del norte.

El lugar en que se ubica Alcalá estuvo despoblado hasta el siglo XIII, momento en que Jaime I concedía en 1.238 la carta de población de Alcalá al monasterio de Veruela, en concreto al abad Fray Guillen Ramón de Gayán. El 28 de diciembre de ese mismo año, el obispo dona la iglesia de la localidad al monasterio.

Castillo de Alcalá de Moncayo.
Los restos del castillo son difíciles de distinguir, dado que se haya muy modificado por construcciones posteriores. En lo que fue núcleo o torreón de la fortaleza se ha instalado la casa parroquial. Se conservan algunos muros de mampuesto, muy irregulares. Lo más destacable es un cubo semicircular orientado hacia la pendiente del río y que presenta una ventana geminada en forma de arco de herradura.

Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de La Asunción.
Fue levantada a mediados del siglo XVI, siendo bendecida por el arzobispo Hernando de Aragón -promotor de la obra junto al abad Fray Lupe Marco- el 21 de noviembre de 1554. El edificio fue construido en mampostería, sillares y ladrillo. Consta de una nave con capillas alojadas entre los contrafuertes. El retablo mayor, fechado por una inscripción en 1586, tiene pinturas en tabla. En el banco se representa en parejas a San Miguel y Santa Agueda, y San Bartolomé y San Jorge. En el primer piso figuran San Juan Bautista y San Cristóbal, y en el segundo San Bernardo y San Benito. En la calle central, que ocupa los dos pisos, aparece la Virgen con el Niño. En el ático, el habitual Calvario; coronado en frontón por el Padre Eterno. Situado en la primera capilla del lado del evangelio está el retablo de San José. La mazonería y las pinturas son obra manierista del último tercio del siglo XVI. En el lado de la epístola está la capilla de la Virgen del Pilar, oculta tras una cortina, que alberga un retablo de la mismo advocación que data de finales del siglo XVI. Confeccionado en madera estofada y policromada, consta de tres calles, banco y cuerpo. Destaca el busto de San Sebastián, obra del siglo XVI. Imagen del Crucificado del segundo tercio del XVI. Crucifijo de madera estofada y policromada, del siglo XVI o principios del XVII.

El lugar en que se ubica Alcalá estuvo despoblado hasta el siglo XIII, momento en que Jaime I concedía en 1.238 la carta de población de Alcalá al monasterio de Veruela, en concreto al abad Fray Guillen Ramón de Gayán. El 28 de diciembre de ese mismo año, el obispo dona la iglesia de la localidad al monasterio.

 

Comarca de Tarazona

La Comarca de Tarazona y el Moncayo ha sido testigo de grandes acontecimientos históricos, debido en parte a la situación fronteriza que ocupa entre las comunidades autónomas de Castilla y León, Navarra y La Rioja, conserva gran riqueza patrimonial que se completa con un entorno natural considerado como único en Europa.
Son numerosos los restos de su pasado celtibérico, como los poblados de La Oruña (Vera de Moncayo) y Triasu (Tarazona), donde se han encontrado monedas y otro valioso material arqueológico.
En la época Romana, Turiaso (Tarazona) se convierte en una importante población de la "Provincia Tarraconense", dando prueba de ello el hallazgo de una cabeza del emperador Augusto realizada en sardónice, y que constituye una de las más importantes piezas de este tipo encontradas en España.

Tras la caida del imperio romano, la comarca sufre una decadencia que culmina con la invasión árabe del siglo VIII. Tras la dominación musulmana, Tarazona es reconquistada por Alfonso I de Aragón en 1119 y se convierte en sede episcopal, cualidad que ha tenido hasta nuestos días. Nuestra comarca se convierte así en una importante zona fronteriza entre Castilla, Navarra y Aragón. Parte del territorio comarcal cambia varias veces de manos debido a las diferentes guerras entre los reyes cristianos de estos reinos. La edad media marca una importante época de florecimiento cultural, dónde conviven sin mayores problemas cristianos, judíos y musulmanes. Destaca sobremanera la presencia de estos últimos, que dejarón su legado mudejar en importantes edificios civiles y militares, como la catedral de Tarazona. Cabe reseñar que tras la expulsión de los judios en 1492 y de los moriscos en 1610, la zona sufre un importante crisis demográfica y cultural. Tarazona poseía un destacado mercado al que acudían gentes de toda la Zona del Moncayo y de la ribera Navarra. Las poblaciones de la comarca han vivido mayoritariamente de la agricultura y la ganadería a lo largo de su historia

A principios del XX, Tarazona se convierte en un importante centro industrial, en el que destacaban la producción de fósforos y la industria textil, que decayeron y finalmente desaparecieron en los años 80, dejando paso a otro tipo de industrias, como la del automóvil y el turismo, que se han convertido en un importante motor para toda la comarca.

Las tierras de la comarca sorprenden por el rico patrimonio cultural que albergan: fiestas, música, tradiciones y leyendas forman parte indisociable de los pueblos del Moncayo y a lo largo del año hacen disfrutar de la magia de los sentidos a quienes habitan este territorio y a todos a cuantos se acercan a conocerlo.
 

 

 

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