El mar embravecido
 

“Un día estaba er Zeñó en un pueblo que tenía er má a la vera, y dijo: `Pos ahora vamos a dí a la otra banda`. Y va, y agarra y se monta en una lancha de unos amigos que eran sus apóstoles. Er má estaba mu tranquilo, y mu bueno, y er só mu brillante y tó. Y va el Zeñó y se acuesta sobre un montón de cuerda, y se pone dormío y cataplún, se arma un viento mu grande y un olaje mu fuerte y empieza la lancha como si estuviera borracha, dando muchas camballás pa un lao y pa otro. Y se mojaban tós, hasta er Zeñó.

Y va uno con más mieo que la má y se pone a jalarle de la ropa ar Zeñó, y le dice: ´Maestro, alevántese usté corriendito que nos ajogamos`. Y va entonce er Zeñó y les dice a la gente: `Valiente mieo tienen ustedes, más valía más fe`. Se pone de pie y le dice ar vendavá: `He, apárate ahí`. Y se aparó tó”.

Señor, Señor, levántate, que la barca juega, y a la mar caeré.

 “Paráos ahí aguas de Dios” y, haciendo caso, la furia paró.

 “- Oye, ¿qué harían aquellos hombres al ver aquel milagro tan grande?

- Pos bailá un zapateao que por un tris no se junde otra vez la lancha.

- ¿Y qué se saca de este Evangelio?

- Que hay que hacé al revé que los discípulos: ellos tuvieron más mieo que fe, y nosotros tenemos que tené más fe que mieo.

- Muy bien, ¿Y tú que dices?

- Que pa que no nos ajoguemos ni en este mundo ni en el otro, es mesté está a la vera del corazón de Jesú.

- ¿Y tú?

- Que si va uno a la vera suya, puede uno mojarse y marearse, y hasta gomitá, como gomitarían los hombres aquellos, con tanto meneo de la lancha, pero que no tenga uno cudiao, que como uno s`agarre bien a él, no s`ajoga ni pal gallo.

- ¿Y tú?

- De esto se saca la humildá de Cristo.

- ¿En qué?

- Sí señor, en que pudo dí a la otra banda en un vapó, y se fue, y se fue en una lanchilla.

- ¿Pero, hombre, si entonces no habían vapores?

- Güeno, pos se pudo dí en la lancha de un señorito, y no, que se fue en la lancha de un pescaó”.