| La tierra seca
Un
campo duro te entrego, en tierras que no son tuyas,
tierras
ansiosas de vida, con falta de Dios que abruma.
No
tienes por qué tomarlo, ya que es prójimo lejano,
donde
todos caen y fallan; hay prójimos más cercanos.
Las
tierras que tengo cerca ya reciben su cultivo,
y
aunque los brazos son pocos, la labor ya está en camino.
Mas
para mí no hay extraños, por muy lejanos que estén,
si
allí no empezó la siembra, si Dios quiere, allá iré.
En
voluntad decidido y en el gusto contrariado,
van
los hombres a la lucha, pero con Dios a su lado.
No
tengo confianza en mí, pero si confío en Dios.
Sembraré
la tierra seca, ya dará fruto el Señor.
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