| El Sagrario abandonado
Un
pastor y un borriquillo llegan a Palomares.
Es
mi primera misión, mi ilusión es más que grande.
¿Cómo será la parroquia? ¿Acudirá mucha gente?
¡Qué
gozo el del prelado cuando a la clausura llegue!
El sacristán me acompaña y me habla de la iglesia,
todo
son puertas y rajas, mejor está la taberna.
Los que comulgan son pocos, tan sólo en los casamientos,
y
los enfermos, a veces, reciben los sacramentos.
Al llegar a Palomares no encuentro a ningún chiquillo,
¿dónde
se hallan los niños? De trabajo al campo han ido.
Me fui derecho a la iglesia, buscando elevar mi ánimo;
mi
entusiasmo se fue al suelo, ¡Señor mío, qué sagrario!
Al verlo yo recordé de Judas la gran traición;
de
Belén aquel pesebre; de Pedro, su tentación.
Gran esfuerzo hube de hacer para quedar largo rato,
mas
comprendí mi misión: “El sagrario abandonado”.
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