| Huellas sin paso
Aunque
me amarren las piernas y encarcelen a mi yo,
no
me atan con cadenas la Palabra de mi Dios.
Me
quedan libres las manos y también el corazón.
Nunca
dejaré de hablar del perdón y del amor.
¡Venid,
pastorcito bueno! que quiero darte mi acción
y
decir que sólo en darme consiste mi vocación.
El
mundo podrá quitarme la cabeza, el corazón,
pero
no podrá robarme mi poder de redención.
Quizás
necesite el mundo mucho dar y compartir,
no
tanto en la acción de hacerlo como más en el sentir.
Que
puedo no estar estando, o en camino sin andar,
y
dejar profunda huella sin dar pasos al pasar.
|