| Un niño de contrabando
Sevilla,
calle del Vidrio, las cinco de la mañana.
La
campana está sonando para la misa del alba.
Viene
a la vida el cantor de la mística más blanca,
de
la oración en silencio a la Hostia Consagrada.
Tan
precioso era aquel niño que su madre lo ocultaba
para
que Dios no lo viera, por si acaso lo llevara.
Tal
sentimiento de madre en su vida le marcó,
y
en presencia del Santísimo toda su vida vivió.
Un
día tardó en volver, la madre mandó a su hermano,
seis
años mayor que él, con deseos de encontrarlo.
Lo
vio en una procesión. Díjole el niño perdido:
“Vete
muy pronto de aquí, que el cura no quiere niños”.
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