Si tú hubieras estado aquí
 

Había un enfermo, de nombre Lázaro, hermano de Marta y María,

la que ungió con perfume al Señor y enjugó sus pies con sus cabellos.

Las hermanas del enfermo enviaron recado a Jesús para que les visitase.

Éste, al saberlo, exclamó: "Esta enfermedad no es mortal,

sino que es para gloria de Dios."

Cristo, de momento, no acudió.

Él, en dialogo con sus discípulos, les decía:

"Lázaro ha dormido en provecho de nuestra fe."

Más tarde, al llegar a Betania, Marta salió a su encuentro y le dijo:

"Si hubieras estado aquí Lázaro no habría muerto".

"Yo soy la Resurrección y la Vida,

y el que cree en mí, aunque muerto tendrá vida".

Preguntado hubo Jesús, ante tanto llanto,

sobre el lugar donde se encontraba Lázaro.

A la respuesta de "Ven y lo verás", lloró Jesús.

Ya ante la cueva que lo alojaba, Jesús ordenó: "Quitad la losa".

Dícele Marta: "Señor, ya lleva cuatro días y huele mal."

Mas Jesús respondió: "El que crea verá la Gloria del Dios."

Y Jesús, levantando los ojos, susurró:

"Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado".

Y dicho esto, exclamó: "Lázaro, ven fuera".

... y Lázaro, había resucitado.