| La fe del centurión
Pueblo de Cafarnaúm, un enfermo
que se muere,
siervo de un centurión, cuyo gozo por él pierde,
oye hablar de Jesús y le manda unos ancianos,
ruega que venga a su casa para a su siervo sanarlo.
Ellos llegan a Jesús y le ruegan insistentes,
concédele el favor Tú, él a nuestra raza quiere.
En camino, Jesús se pone en camino,
al llegar a la casa del soldado,
a Jesús se encamina muy sumiso,
a decirle muy humilde y con agrado:
Señor no te molestes, no soy digno de que entres,
no fuí a Ti, por no ser un atrevido,
mas di una palabra y mi siervo curará,
yo soy hombre sujeto al mandato de las tropas,
y a un sólo gesto que hago van aquí o van allá.
El rostro de Jesús, de gozo se
ha llenado,
vuelto a la multitud sereno ha sentenciado:
“Ni
aún en Israel fe como esta he encontrado”,
vete centurión que tu siervo ha sanado.
“Ni
aún en Israel fe como esta he encontrado”,
vete centurión que tu siervo ha sanado.
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