©Antonio Sureda Milan

 

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Torre des Forat y Aldea de Sa Calobra

(Cala Tuent - Escorca)

14 de marzo del 2010

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Guía de la ruta

Dificultad según el método M.I.D.E  del itinerario: 

Inicio: En Cala Tuent y en la Iglesia de Sant Lloreç (son dos itinerarios cortos poer distintos)

Guía: Antonio Sureda

Equipo: La ropa que el día aconseje, botas de montaña. (se puede afrontar con deportivas)

Mapa: Alpina Tramuntana  Morte E-25  1:25.000

Mejor época: cualquiera, pero escoger un día claro, si es en verano podeis aprovechar para tomar un baño en cala Tuent.

Distancia total de los dos recorridos sin contar las paradas:   Unas 2,15 h.

Desnivel Acumulado Subiendo: unos 200 m.   

Recomendaciones:

  • Haya o no fuentes en el recorrido, siempre recomiendo llevar agua propia (mejor bebida isotónica) sobretodo si se hace en verano, si no hace calor las distancias al ser cortas no necesitáis mas de un litro de bebida.

  • No lleveis perros y mucho menos sin bozal y sueltos.

  • No dejeis rastro de vuestro paso por las fincas.

 

Precauciones:

  • Abandonar o no empezar si las inclemencias son adversas

  • Avisar de la ruta que se va a recorrer antes de la salida a parientes o algún amigo

  • Nunca ir solo

  • En la zona del Sa Torra des Forat me costa que hay un paso de contrabandistas peligroso, asi que si llevais crios no perderlos de vista.

Prologo:

El virrey en 1583 pidió a la villa de Sóller que construyeran una torre en el Morro des Forat y otra en la Vaca. La respuesta de la villa de Sóller fue totalmente negativa indicando que ambas torres se encontrarían en el término de Escorca y que su economía apenas les daba para mantener las que ya poseían. Se cuenta que como el Port de Tuent y no disponía de torre, en e laño 1609 tres naves argelinas desembarcaron e hicieron graves destrozos en sus propiedades. No murieron porque desde la Torre de sa Calobra los barcos fueron percibidos y los soldados de la torre dispararon cañonazos para advertir a las personas de la zona y con ello salvar sus vidas.

En 1619 la torre ya debía estar acabada pues se dispone de documentación del primer soldado encargado de ella que además de la torre trabajaba en otros menesteres para sobrevivir.En 1794 la torre se hallaba en mal estado.En 1867, una vez acabada su misión defensiva la torre pasó a manos de Hacienda.

Armamento:
En el siglo XVIII la torre poseía un cañón de 6 libras, imprescindible para una torre de estas características. Además disponían de un mosquete y un arcabuz y, el gran arsenal de 18 balas de cañón.
En el siglo XIX la torre tenía dos cañones.

 

Descripción de la excursión:

LA TORRE DES FORAT, MORRO DES FORAT - PROVINCIA: Mallorca ( Illes Balears, Islas Baleares )

Se encuentra situada en los límites de Escorca y Fornalutx.

Escorca es un municipio de la comarca Sierra de Tramontana, en la Isla de Mallorca, archipielago de Baleares. Posee una población cercana a los 300 habitantes.

Al llegar en coche a las inmediaciones   de Cala Tuent, Tomaremos el desvío indicado al restaurante es Vergeret una curva antes del aparcamiento del restaurante hay sitio para tra o cuatro coches y en la misma curva can un par mas, asi que procuraremos no ocupar el aparcamiento del restaurante.

Continuaremos por un sendero indicado justo antes de esta ultima curva hasta llegar al la misma puesta del restaurante, (no hay que tomar la dirección de Balitx o sa Costera) la dirección correcta es cruzar por delante a puerta del restaurante y darle la vuelta a la la derecha por sus propiedades valladas, enseguida veremos un "botador de ullastre" el cual salvaremos y siguiendo el sendero que al principio es algo confuso (pero no tienen perdida), pronto veremos un par de itos que nos marcan la dirección correcta, el sendero esta bastante invadido de vegetación pero es siempre bien visible y en algún tramo muy estrecho, así que llevar precaución.

En unos 30 minutos llegaremos a una pared de linde con un portillo sin barrera, no debemos cruzar el portillo, seguiremos un sendero paralelo a la pared que nos llevará a un paso (fácil)  y superado este un gran pico caído nos oculta los restos de la torre, así que voltearemos el pino por su raiz y enseguida veremos  la torre muy cerca, podemos darle la vuelta con precaución y asomarnos a los acantilados, desde los que tendremos muy buenas vistas.

Para acabar la visita podemos recorrer los acantilados del lado Sudoeste de la torre, desde el que tendremos una perspectiva inmejorable de las casas de sa Costera y sa torra de na Seca y toda esta parte de la bahía.

El descenso lo haremos por el mismo sitio. El nombre de la toree es tomado por el mimo cabo que se denomina Morro des Forat, ya que en el entorno existe un agujero "Forat" que seguramente fue usado por contrabandistas , ya que me costa que hay un peligroso paso a base de piquetas de acero clavadas a partir de agujero que bajan hasta el Mar, aunque yo no tuve tiempo de entretenerme en buscarlo.

Algo de historia

La torre fue construida sobre el Morro des Forat. Se encuentra a unos 100 metros de altitud. Visualmente controla la entrada al Port de Tuent y además una gran parte de sa Costera.

La torre tenía una finalidad primordial: evitar que los barcos piratas pudieran tomar agua de la Font de sa Murtera y que se refugiaran en el Port de Tuent, en donde cabían según Binimelis, unas 30 galeras.

El Tipo de torre: La torre no era de vigilancia, sino de defensa, por lo tanto, disponía de una guarnición de soldados muy potente para la época , 3 encargados de controlar la torre.

Tipo de torre:

La torre es ligeramente ataludada. Sus medidas son : 9 metros de altura y 10 metros de diámetro en la base. La entrada se halla a media altura, sobre unos 5 metros a nivel de suelo. En la planta principal existe una chimenea y la correspondiente escalera de caracol para ascender al piso superior. Debió de poseer un porche en la terraza.

El estado actual de la torre está muy deteriorado y con peligro de ruina total. Al lado de la torre se pueden observar restos de dependencias que posiblemente utilizaran los encargados de la torre. En una lápida del portal se puede ver la fecha de creación de la torre: 1785.

Aldea de Sa Calobra

Para llegar a esta aldea  de sa Calobra es tan fácil como subir con el coche hasta la iglesia de sant Llorenç aparcar en la explanada y seguir el sendero que nace justo en el lateral Este de la iglesia donde una barrera metálica nos permitirá el acceso a un bonito camino a tramos empedrado y escalonado y en descenso, y a unos 30 minutos llegaremos a la aldea, simplemente os dejo una narración que describe a la perfección la aldea:

1- La Almudaina, 9 de enero de 1913

BERNAREGGI, Francisco, "NARRACIONES DE ALDEA"

Una tarde de junio llegué a Sa Calobra, caserío escondido entre olivares, huertas de naranjos y frescuras de parras.

Fue una tarde luminosa y tibia; y había una suavidad, una blancura de tonos en el ambiente, que tamizaba en las armonías más sutiles los peñascales y vigorosas siluetas de la sierra.

Dos meses hacía que peregrinaba por aquellas montañas. Había trepado por despeñaderos al borde de precipicios que se perdían en abismos de mar. Había contemplado barrancos colosales rajados por grietas enormes; - desprendimientos, derrumbaderos, cataclismos espantosos; y en el desbarajuste de peñascos y rocas desmoronadas, hechos pedazos, se arrastraban en torturadas inquietudes estatuarias, olivos de troncos blancuzcos y viejos como osamentas prehistóricas.

Por acantilados imponentes, me interné en cuevas y cavernas luciferinas pero, como no quiero asombrar con fantasmagorías pretenciosas dejaré inédita tanta belleza, para seguir contando que no era todo drama y tragedia en el paisaje.

También había montes tupidos de bosques. Pinares espléndidos que se esparramaban hasta los arenales de la playa. Brisas perfumadas por lentiscos y romeros; ráfagas olorosas que se desvanecían en el valle entre gorgeos.

Había también rincones de encanto y de ensueño - caminos deliciosos; sendas ideales sombreadas de mirtos floridos-. Torrentes con frondosidades de álamos y almas; arroyos con remansos que reflejaban los árboles cuajados de fruta que asomaban por las tapias de las huertas.

Gorchs de márgenes tranquilos y magníficos copiaban la suntuosidad del incomparable Torrent de Pareys. La soledad augusta, el silencio tan soberano de estos lugares que, el vuelo de una paloma deja ecos en las peñas, era sólo profanado por mis pasos.

Ansioso de nuevas perspectivas y sorpresas, me encaramaba por resquebrajaduras y aristas, hasta alcanzar las cimas más elevadas.

A vista de halcón, había gozado de espectáculos soberbios, fantasías locas de luces y colores.

En el fondo de los despeñaderos cubiertos de laureles silvestres y retamas, se dibujaba el cauce del Torrent esmaltado por gorchs de Turquesas y de esmeraldas.

Aguas opalinas se deslizaban mansamente, relumbrantes al sol en chisporraleas de pedrerías. A lo lejos; los desfiladeros se estrechaban juntando poco a poco la brecha gigantesca que separa Cosconá de las vertientes del Puig Mayor. La luz dorada que inundaba el paisaje, iba enfriándose en las tenebrosas angosturas de Sa Fosca. En el horizonte; se esfumaban las cresterías de la cordillera de Lluch, coronadas por cúmulos heroicos de blancuras de díamelos y gardenias. Era un cielo triunfal con nubes de gloria.

Después de mis correrías por estos parajes de maravilla, regresaba a Sa Calobra empapado de sol y con el alma llena de emociones.

Al acercarse a la aldea, salía a mi encuentro con ladridos de júbilo interrumpidos por carreras y roncos, Colom, un perro de pastor. Sus saltos de alborozo ahuyentaban las gallinas que picoteaban la hierba.

Llegaba a casa; y bajo el parral exuberante de pámpanos y de racimos me sentaba a saborear su sombra. (Los racimos no estaban maduros todavía).

Una paz bíblica envolvía el lugar. Cuando Madó Margalida bajaba de la fuente con la jarra empañada por la frescura del agua, me ofrecía un vaso que bebía con deleite. Luego, daba una vuelta por C’an Carbeseta, C’an Negus, C’an Puput, hasta pararme en C’an Termes. Con l’amo n’ Lluch comentábamos fumando cigarrillos los últimos sucesos: los crímenes cometidos la noche anterior por una geneta que había degollado a dos conejos y tres gallinas. La pesca milagrosa de Juan d’es Recó que por las inmediaciones de Sa Vaca, habían apresado en gambins no se cuantas langostas y una cantidad fabulosa de meros.

Agotados los temas de actualidad l’amon Lluch solía contarme cosas e historias de la comarca. Hazañas de tiempos muy viejos; de los que cada cueva, cada cingle guarda en recueri; y cada atalaya de la costa una leyenda.

Las tardes se apagaban en crepúsculos perlas, rosas y heliotropos - callaban las cigarras- la oscuridad borraba árboles y montes, y con las primeras estrellas empezaban a cantar los grillos.

Por la noche, amos y madonas, fradinas y misatjes nos reuníamos en c’an Termes. En sa carrera, sentados al fresco (no siempre ha de ser alrededor del fuego de las viejas cocinas payesas), estábamos casi todos los vecinos.

En el grupo, se destacaba un tipo muy curioso; de un buen humor a chorros. Sen Pep. Sus ocurrencias y sus chascarrillos eran coreados por risas y carcajadas. Para él no había imposibles.

Lo mismo se baila unos boleros con la soltura y agilidad de un joven, que entonaba copeos y jotas. Los años y sus canas no pesaban ni le entristecían. Cuando la primera guerra de Cuba en un combate le dejaron abandonado por muerto. En Mancor, trabajando en una mina quedó sepultado entre escombros de un hundimiento. Los suyos le lloraron; hasta que un día se presentó en su casa como siempre: tan campante, sano y salvo.

Sen Pep decía muy convencido, que había resucitado dos veces: una vez en América y otra en Mallorca.

El corro se deshacía, y al cabo de un rato; quedaba la aldea sumida en profundo reposo.

En la quietud de la noche, se oían las esquilas.

Al apuntar el día, salía yo de casa camino de la cala. Alegrías de pájaros victoreaban los primeros albores que se dirigían al trabajo. Nos dábamos los buenos días. Estos buenos payeses que me enseñaban atajos, y me obsequiaban con frutos; no se explicaban que para pintar amaneceres, fuera necesario levantarse tan temprano; ni podían darse cuenta que yo tan dematí, tengues ja sa clenxa feta.

Llegando a la playa. En las montañas más altas comenzaban a iluminarse los picos.

El mar y el cielo se fundían en celestes y platas. Una penumbra transparente, con vapores amatistas, flotaba en el cauce del Torrent.

Por las orillas de sus gorchs encantados, pasaba largas horas; mezclando colores, buscando matices, y queriendo expresar armonías que la paleta no acertaba a decir. A alguien he de echar la culpa.

Cuando el sol caía a plomo, estaba yo de vuelta en casa.

 

 El Grupo lo formaron:

Maria Milan,  Maria Cañellas y Toni

A. Sureda

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