©Antonio Sureda Milan

 

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Serranía de Ronda

(Màlaga)

Noviembre del 2008

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 Itinerario:

Tras las indicaciones de nuestra amiga Ana nuestra primera ruta por la Serranía, seria dirigirnos a Igualeja, donde visitamos a familiares natos en tan bonito pueblo, estos nos obsequiaron con castañas, guindas, miel y mistela, todo ello producto de Igualeja, visitamos el nacimiento del rio Genal donde antaño había numerosas truchas, que debido a la incursión de nutrias, estas acabaron con ellas. El nacimiento es espectacular con un caudal impresionante que aflora a la superficie desde una gran cavidad.

La villa de Igualeja se encuentra entre la serranía de Ronda y Sierra Bermeja, en terreno abrupto, de bellos paisajes y abundante en agua. Riegan sus tierras el río Genal y su afluente el Seco. Este es un buen lugar para andar por su cauce formado por barrancos, cuyas laderas se cubren de pinos y castaños, en sus orillas se asienta la típica vegetación de ribera, salpicada por hermosos nogales. La principal fuente de riqueza es la forestal y la cosecha anual de castañas.

Como otros tantos pueblos de la Serranía, situados junto al río Genal y encaramados en las faldas de los montes, sus calles tienen que salvar grandes desniveles. La fisonomía del casco urbano es muy similar en los dos únicos barrios que forman el pueblo. A ambos lados de las calles estrechas y empinadas se levantan casas de piedra, encaladas, formando una trama típica de trazado laberíntico. Merece la pena visitar la Iglesia de Santa Rosa (s. XVI). A la entrada del pueblo, no podrá dejar de visitar el nacimiento del río Genal, un paraje de espectacular belleza. A pocos km. se halla el coto nacional de Fuenfría, que en parte pertenece a este término municipal, donde podrá practicar la caza mayor.

En cuanto a la artesanía, cabe destacar la elaboración de objetos de pleita de esparto, el cuero y la marroquinería. Entre sus numerosos platos podrá degustar la elaboración artesanal del salmorejo, así como las gachas.También son muy típicas las migas y el gazpacho. Finalmente, en el calendario festivo destaca la feria y fiestas mayores de Santa Rosa de Lima, que tienen lugar a finales de agosto y principios de septiembre.
Tras visitar las callejuelas, plazoletas, río y familia pusimos rumbo a Cartajima.

Cartajima se levanta como una atalaya a 846 m. de altitud, en los riscos de su mismo nombre, sobre el Alto Genal en la Serranía de Ronda. Está situado en la Sierra del Oreganal rodeado encinas, castaños y olivares. A lo largo del siglo XIX el pueblo vivió un fuerte desarrollo económico gracias al cultivo de la vid y a la explotación de los yacimientos de hierro existentes en el municipio, lo que propició la creación de una fábrica de cañones y que la población llegase a conocerse como el "Cádiz Chico".

El casco urbano guarda la fisonomía propia de la zona del Valle del Genal con estrechas y empinadas calles, destacando la iglesia de Ntra. Sra. del Rosario (s. XVI). Fuera de la villa podrá visitar el Castillo medieval y media docena de yacimientos arqueológicos como la Cañada de Harife (termas romanas), el cortijo del Ratón (necrópolis romana), los poblados medievales de Cartamón y Casapalma. Parajes que también merecen una visita son las cuevas de Carrión, Charcón Bajo, de la Miguela, de Ronda... De igual belleza paisajística son Los Riscos, la Canaílla del Lobo y Cepo o las simas de la Hurta y la de Veleño.

Podrá degustar el "sopeao", la sopa refrita, las setas fritas, las "tostaeras" de castañas del Genal... Además existe un buen mosto todo el año. En cuanto a las fiestas destaca la Semana Santa, especialmente el Domingo de Resurrección, que tiene lugar una ceremonia llamada "Las Cortesías". Para su descanso cuenta con una amplia oferta de alojamientos rurales, aprovechando las viviendas que quedaron deshabitadas en el pueblo.

Recorrimos sus callecitas empedradas, desde allí y tras un debate con Maria decidimos subir a la carratera de Ronda y comer en un restaurante que anteriormente habíamos visto. (yo hubiera preferido comer en Cartajima).

Después de comer cambiamos de zona en la serranía para dirigirnos en esta ocasión hacia Setenil (Provincia de Cádiz) pasando por los pueblecitos de la ruta que hasta allí nos acercó.

Setenil de las Bodegas es uno de los pueblos más asombrosos y sorprendentes -por desconocido- de la geografía andaluza. Enmarcado en la Ruta de los Pueblos Blancos de la Sierra de Cádiz, pero muy cerca de Ronda y de la A382, que enlaza con Málaga, Cádiz y Sevilla, Setenil es algo así como una pesadilla arquitectónica o un literal sobresalto geológico, según palabras de Caballero Bonald; un pueblo que no le dejará indiferente, por cuanto, a cada paso descubrirá algo nuevo, rincones y paisajes para deleitar al más exigente de nuestros visitantes.

De la etapa antigua conocemos que en sus cercanías se ubicaba la colonia romana Laccipo. No obstante, es de la época bajo medieval de cuando data el primitivo asentamiento urbano en el mismo lugar que el actual.

En la época musulmana, la conquista de la villa era fundamental para la Corona en su avance hacia Granada. Ya con Juan II de Castilla, en 1402,  se intenta conquistar, sin éxito, y desde ese momento se producirán siete sitios, de ahí una de las teorías sobre el origen del nombre de Setenil (Septem-nihil, siete veces nada), siendo el último, el 21 de Septiembre de 1484, el que conduce a la victoria, considerada fundamental para la recuperación del territorio granadino. Como curiosidad, señalar que en el coro de la catedral de Toledo hay una escena sobre este asedio.

En la parte más elevada se encuentran los edificios de mayor interés histórico: la Iglesia Mayor, los restos de la Fortaleza árabe (el Torreón del Homenaje y las Murallas), y la Antigua Casa Consistorial, que alberga un impresionante artesonado de tracería mudéjar de par y nudillo. Sin olvidar los restos romanos de Acinipo, ya fuera del pueblo, a 5 Km de Setenil, en los que destaca el teatro y las impresionantes vistas que desde este lugar se disfrutan.

Martes 25 noviembre

En esta ocasión tomamos la ruta de la carretera que va de Ronda a Algeciras, nos detuvimos en los múltiples miradores de esta ruta y visitamos algunos pueblecitos tales como Benadalid.

Benadalid está enclavada en pleno Valle del Genal, formando parte de la serranía de Ronda, en un paisaje de olivos, castaños, encinas y alcornoques. El entorno natural que rodea el núcleo urbano está formado por una cadena montañosa entre la que destacan el Tajo de los Aviones, el Tajo de la Cruz y Monte del Cuco, algunos de ellos superan los 1.000 m. de altura.

Podrá visitar los restos arqueológicos del antiguo castillo de origen árabe, perfectamente conservados y convertido su interior en cementerio. Creciendo día a día el valor turístico del municipio, tanto por su entorno natural como por la belleza plástica de su urbanismo, Benadalid le ofrecerá también la posibilidad de conocer mejor los rasgos culturales de estos pueblos. Así en el museo restaurante El Alambique le permitirá apreciar sobre todo las costumbres gastronómicas de la zona.

En cuanto al panorama festivo podrá disfrutar de las fiestas patronales de San Isidoro. Se escenifican las luchas entre moros y cristianos a propósito del rapto de la imagen de San Isidoro. La localidad de Benadalid fue pionera en la promoción del turismo rural en Málaga, cuenta con casas rurales de las que se puede disfrutar durante todo el año.

Caminamos algunos pueblecitos de la ruta todos ellos preciosos también y llegamos hasta mitad del descenso hacia el llano, cuando ya se ve Algeciras y el mar en la lejanía donde decidimos retroceder. 

A Benadalid regresamos para comer en un restaurante precioso que hay a la llegada al pueblo, justo pasado el lavadero, pero que el servicio brillo por su poca profesionalidad, y al que no recomiendo a nadie. deciros que me tuve que marchar sin acabar de comer aburrido por la espera. Ya por la tarde llegamos a Ronda.

Y hasta aquí nuestra vueltecita por estas sierras rondeñas.

 

A. Sureda

 

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