El Santo Sepulcro:
A LA BÚSQUEDA DEL SANTO
SEPULCRO

Puerta principal de la
basílica
En el año 326, envuelto en una controversia
cristiana y eclesiástica, Constantino convocó en Éfeso una reunión de obispos de todo el imperio,
incluyendo a Macario, obispo de Aelia Capitolina, como se llamaba aún a Jerusalén. La madre del emperador,
Elena, que era cristiana, quedó muy impresionada con el relato del obispo acerca del
lamentable abandono en que se encontraban los lugares consagrados por la vida y
muerte de Jesús y, con la bendición, autoridad y fondos de su hijo, partió a
visitar la Tierra Santa.
En Jerusalén el Obispo de
Jerusalén Macario identificó el lugar de la crucifixión
(la roca que se supone que es el Gólgota) y la tumba en su cercanía conocida
como Anástasis (resurrección en griego). El emperador decidió construir un
santuario apropiado en el lugar la magnífica Iglesia del Santo Sepulcro,
descrita en detalle por Eusebio, un historiador y biógrafo de la época. Así lo
cuenta Eusebio de Cesárea:
"Le pareció necesario, dada su
posición, devolver la magnificencia al lugar bendito de la Resurrección de
Nuestro Señor para que fuera un objeto de atracción y veneración de todos. Por
lo tanto, inmediatamente dio órdenes para que en ese espacio se erigiera una
casa de oración: cosa que se hizo, no sólo bajo un simple y natural impulso de
su propia mente, sino que fue empujado espiritualmente por el mismo Salvador…
Acudiendo a la ayuda divina, dio órdenes para que el lugar fuera completamente
purificado, pensando que las partes que hubieran recibido del enemigo el mayor
grado de contaminación deberían recibir símbolos especiales, de acuerdo a sus
medios, por medio de la grandeza de los favores divinos. Apenas sus órdenes
fueron dictadas, esos factores de deshonestidad fueron destituidos de su
orgullosa eminencia, y los lugares erróneamente elegidos, con las estatuas y los
malos espíritus a los que representaban, fueron tumbados y destruidos… Pero el
celo del emperador no se detuvo allí; sino que dio más órdenes para que los
materiales que se destruían, tanto fueran de piedra como de madera, debían ser
quitados y completamente destruidos, arrojados lo más lejos posible; y esta
orden también fue ejecutada expeditivamente. El emperador, sin embargo, no se
sentía satisfecho habiendo llegado a tal punto: una vez más, inflamado de santo
ardor, indicó que la tierra misma debía ser cavada hasta una considerable
profundidad, y que el suelo que había sido contaminado debido a las malolientes
impurezas de la adoración demoníaca, tenía que trasladarse a otro lugar
distante"(III, XXV-XXVII)
"Apenas la
superficie original del piso, que estaba debajo de la tierra, apareció,
inmediata y contrariamente a todas las expectativas, el venerable y respetado
monumento a la resurrección de Nuestro Señor fue descubierto. Entonces realmente
esta santísima cueva presentó una fiel similitud con Su regreso a la vida, en
que después de haber yacido enterrado en la oscuridad, de nuevo emergió hacia la
luz, y permitió a todos los que fueron a ver, una clara y visible prueba de las
maravillas de las cuales ese lugar fue testimonio de la resurrección del
Salvador, más clara de lo que ninguna voz podía dar"(III,XXVIII).