El Santo Sepulcro:
LA NUEVA BASÍLICA

Reconstrucción de la Basílica
construida por Constantino
Las obras se iniciaron inmediatamente.
Seguramente un testigo directo de estos hechos sería Eusebio de Cesarea. Los
templos romanos fueron arrasados, los mármoles amontonados, el terraplén
desecho. Algunos peregrinos de aquellos años describieron cómo salió a
la luz la roca desnuda del Gólgota y cómo, en la pendiente cercana, se fue
destapando el suelo del antiguo huerto y apareció la entrada del sepulcro de
José de Arimatea. Pero los montones de tierra y pedrisco, volcados sobre el
huerto, ocultaban también una vieja cisterna para el agua de lluvia. En el
fondo de dicha cisterna, vaciada con cuidado, se encontraron amontonados unos
leños pesados y unos antiguos clavos. Se conserva una carta de Cirilo de
Jerusalén, muerto el 386, dirigida al emperador Constanzo en la que le dice que
"en tiempos de tu padre Constantino, el leño de la cruz fue hallado en
Jerusalén".
Por encima de la cisterna fue edificada una
basílica que se llamó Martyrium. Sobre el cercano sepulcro se construyó
un inmenso santuario circular, en cuyo centro estaba el Sepulcro; se le llamó
Anástasis. Los dos poderosos edificios fueron unidos entre sí
mediante pórticos, galerías y escalinatas.
El complejo basilical fue consagrado el 14
de septiembre del 335, el mismo día que, nueva años antes, en presencia de
Elena, se descubrió la cisterna enterrada con los instrumentos de suplicio.