El Santo Cáliz de Valencia
Historia anterior a 1437
Es posible reconstruir la historia del
Santo Cáliz de Valencia hasta el día de la Última Cena.
Nadie puede dudar
seriamente del carácter
histórico de la Última Cena, a la que se refieren los evangelistas y
también las cartas de San Pablo. En palabras de la investigadora Janice Bennett,
"es innegable que Jesús utilizó una copa para la consagración y que esta copa es un objeto histórico, no un mito".
El dueño del cenáculo en el que se celebró debía ser una persona acaudalada,
como podemos deducir de lo que se dice en el evangelio de Marcos 14,13-15. Los apóstoles
contactaron con el dueño del cenáculo porque les salió al encuentro "un
hombre que lleva un cántaro de agua", lo que supone que se trataba de un
criado; por lo tanto, el dueño de la casa tenía criados. Por otra parte, se
trataba de "una habitación en el piso de arriba grande y amueblada". No
hay duda de que se trataba de la casa de alguien de un nivel económico elevado.
Jesús celebró
allí la Pascua. Para ello debió utilizar una copa de bendición. Esta era una
copa especial que se utilizaba en la pascua judía. Si el propietario del
cenáculo tenía un nivel económico elevado, la copa de bendición utilizada por
Jesús debía ser de calidad. El Santo Cáliz de Valencia, como ha acreditado el
estudio del profesor Beltrán, reúne las condiciones exigibles para su uso como copa de bendición
por una
familia acomodada en la primera mitad del siglo I. Las copas de bendición judías
no podían ser de madera o de metal, sino que tenían que ser de cristal o piedra.
Una familia acomodada utilizaría como copa de bendición de un material
semiprecioso como el Cáliz de Valencia.
Es evidente el importante papel que la primera comunidad cristiana
otorgó a las palabras pronunciadas por Jesús en esa Cena. Siendo ello así, no
nos puede extrañar que después de los
acontecimientos ocurridos inmediatamente después de la Cena (crucifixión,
sepulcro vacío, apariciones,...), la copa o cáliz utilizado esa noche por
Jesús fuera diligentemente conservado por la primera comunidad cristiana.
La profesora Bennet explica del siguiente
modo el proceso por el cual el Santo Cáliz pasó de Jerusalén a Roma:
"Muchos estudiosos creen que el Cenáculo --la habitación en la que tuvo lugar la Ultima Cena--, y el Santo Cáliz eran propiedad de la familia de san Marcos, el evangelista, que hizo de intérprete de san Pedro en Roma.
San Marcos y san Pedro vivían en relación estrecha y parece tener sentido que san Marcos diera la Santa Copa a san Pedro, por la simple razón de que era muy importante para los primeros cristianos usar reliquias en la liturgia, y Pedro era la cabeza de la Iglesia.
La tradición española afirma que san Pedro se llevó el Santo Cáliz consigo a Roma, donde lo pasó a sus sucesores hasta la persecución de Valeriano, en el año
258".
La tradición nos indica que el Santo
Cáliz fue conservado y llevado luego a Roma, donde era utilizado por los
primeros Papas. El profesor Antuñano ha señalado que existen indicios de que
el verdadero Cáliz fue utilizado por los primeros Papas en la celebración de
sus misas solemnes. El
canon litúrgico romano de los primeros Papas, en el momento de la
consagración, decía textualmente "...tomando este glorioso
cáliz...", con lo que se hacía específica referencia a que en la
consagración se estaba utilizando precisamente el mismo cáliz empleado por
Jesús en la Última Cena. En contraste con el canon romano, en
la fórmula de consagración del canon oriental se decía "...tomó la copa con el
vino...". Esto se explicaría porque se sabía que en las celebraciones que
presidía el Papa se utilizaba el mismo cáliz empleado por Jesús en la Última
Cena. Una de las conclusiones del I Congreso Internacional del Santo Cáliz
celebrado en Valencia en noviembre de 2008 ha sido precisamente la de que el
estudio de las peculiaridades del texto del canon de la consagración romano
supone un avance notable para datar la existencia en Roma del Santo Cáliz en la
primera mitad del siglo III.
Nos situamos así en el año 258, en
el que era Papa Sixto II. Se desató entonces una persecución contra los
cristianos, promovida por el emperador Valeriano. Con el fin de impedir que el
Santo Cáliz sufriera algún daño, el Papa Sixto II lo entregó en custodia a
uno de los diáconos de Roma, llamado Lorenzo, cuyos padres era originarios de
Huesca.

Monedas de la época del emperador
Valeriano
La intervención de Lorenzo salvando el Santo Cáliz y
enviándolo a España se cuenta con detalle en "La Vida de San Lorenzo" contada
por el agustino San Donato en el siglo VI. El original de este manuscrito no se
ha conservado. Sí se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid la traducción
al castellano del manuscrito original en latín efectuada por el también agustino
Lorenzo Mateu y Sanz en el año 1636. Según el traductor el texto por él
traducido (y que no se ha conservado) lo encontró en el colegio de San Fulgencio
de la Orden de los agustinos cuando Mateu estaba allí de lector. Según el
traductor, que el autor del escrito era Donato se extraía de su título y
del contenido del capítulo octavo; el escrito original habría sido encontrado
por los agustinos que, después de reconquistado el Reino de Valencia, fueron al
antiguo monasterio de Servitano (donde fue abad Donato) y recuperaron algunas
antigüedades que quedaban en las ruinas.
San Donato fue un religioso de la orden de los
agustinos que llegó a Valencia procedente del sur de África. Hacia el año 570
Donato era abad del monasterio valenciano de Servitano. La información sobre la
vida de Lorenzo antes de que éste viviera en Roma la le fue transmitida a Donato
por los presbíteros de más edad de Valencia. En el relato de Donato que se
conserva (que como hemos dicho es la traducción efectuada por otro miembro de su
orden el año 1636) se cuenta que los padres de Lorenzo, Orencio y Prudencia, se
trasladaron desde Huesca a Valencia huyendo de las persecuciones a las que
fueron sometidos los cristianos. Según Donato, Lorenzo nació en Valencia, y no
en Huesca, como se recoge en otras tradiciones. Siendo Lorenzo todavía un niño
pequeño, los padres deciden ir en peregrinación a los Santos Lugares. Sin
embargo, durante la travesía una tormenta obliga a desviar el barco y finalmente
la familia se refugia en Italia, en la ciudad de Capua. Estando el joven
Lorenzo, de unos catorce años, en el pueblo italiano de Osca conoció el que
luego sería el Papa Sixto II, que se lo llevó consigo. Si bien la historia que
nos cuenta Donato es verosímil, lo cierto es que existe otra tradición según la
cual Lorenzo nació en Huesca y sus padres Orencio y Prudencia permanecieron
hasta su muerte en esa localidad. Debe señalarse que la historia del viaje de
Orencio y Prudencia de Huesca a Valencia y el nacimiento valenciano de San
Lorenzo se cuenta también en la obra Anales del Reino de Valencia, de Francisco
Diago, del año 1613.
Tanto Sixto II como el que luego se
convertiría en San Lorenzo murieron como mártires en las persecuciones
de Valeriano. El Papa Sixto, antes de que lo mataran, encargó a Lorenzo que
salvara las reliquias y que repartiera las riquezas entre los pobres.
Según el relato de Donato, Lorenzo comenzó a cumplir lo ordenado por el Papa y
acudió a la vecindad de Patricia, donde entró en la cueva de Hepociana, donde
estaban muchos cristianos con el presbítero Justino. Según Donato:
"Entre los que habían encontrado refugio allí, vio a Precelio, su condiscípulo y
conciudadano, porque era un español de la ciudad de Hippo en Carpetania (la
actual Toledo). Le confió algunas
memorables reliquias para que pudiera enviarlas a España, entre las que se
encontraba la más distinguida Copa en la que Cristo nuestro Dios y Maestro
consagró su preciosa sangre la noche de la Última Cena".
La entrega del
Santo Cáliz por parte de San Lorenzo a un soldado podía verse también en unos
frescos dibujados en las paredes de la Basílica de San Lorenzo Extramuros de
Roma, que se remontarían a comienzos del siglo XIII. Estos frescos fueron
destruidos como como consecuencia de los bombardeos de la II Guerra Mundial.

Fotografía del fresco de la Basílica de San Lorenzo
Extramuros antes de su destrucción. Arriba a la izquierda el Papa Sixto II
entrega a Lorenzo el Cáliz. Arriba a la derecha, Sixto se lo entrega a un
soldado
De este modo,
sería este cristiano español llamado Precelio, que se hallaba en Roma, el que se
encargaría de trasladar la reliquia a España. Con seguridad Lorenzo le encargó
que trasladara el Santo Cáliz a Huesca que lo entregara a la familia que Lorenzo
conservaba en esa localidad. Según Donato, los padres de Lorenzo permanecían
entonces en Italia, donde murieron. Como hemos dicho, según la historia de
Donato Lorenzo nació en Valencia, pero allí no tenía más familiares. Su familia
(tíos y primos) seguía estando en Huesca, por lo que era lógico que ordenara a
Precelio que se dirigiera a Huesca. Debe recordarse que San Vicente Mártir era
primo de Lorenzo, pues el primero era hijo de una hermana menor de la madre del
segundo. Vicente nació en Huesca y después permaneció en Zaragoza; como
consecuencia de una nueva persecución contra los cristianos, fue capturado y
trasladado a Valencia, donde moriría martirizado a comienzos del siglo IV. Para
la tradición que sostiene que los padres de Lorenzo, Orencio y Prudencia,
permanecieron siempre en Huesca, no existe ninguna dificultad en explicar que el
primer refugio en España del Santo Cáliz fuera Huesca: Lorenzo dio
instrucciones de que se remitiera la reliquia a sus padres, que ya se
encargarían de guardarla en sitio seguro.
El Santo Cáliz permanecería
escondido en Huesca hasta el año 711, se supone que guardado en la Iglesia
del Santo Pedro el Viejo de dicha localidad.

Iglesia de San Pedro el Viejo de
Huesca
El año 711 comenzó la invasión árabe
de España. Con el fin de proteger el Santo Cáliz, el obispo de Huesca,
llamado Acilso, abandonó su ciudad junto con el Cáliz y otras
reliquias. La antigua sede episcopal de Huesca iniciaría así un largo período
itinerante, en el que sucesivamente iría cambiando su emplazamiento. Cada
cambio de sede episcopal suponía al mismo tiempo el traslado de la ubicación
del Santo Cáliz, que era la reliquia más valiosa que se llevó consigo
el Obispo Acilso en su huía de Huesca. Así, el
Santo Cáliz iría recorriendo un largo itinerario, pasando por las sucesivas
sedes episcopales del antiguo Obispado de Huesca. Así, el Santo Cáliz pasaría
por los siguientes lugares:
-En un primer momento, parece
ser que se buscó refugio en la Cueva de Yebra, en el Pirineo aragonés.
De hecho, en la iglesia parroquial de Yebra se conservan algunas reliquias que
podrían dar testimonio de que allí estuvo durante unos años la sede
episcopal.

Cueva de Yebra
-Algo más tarde el Santo
Cáliz se localizaría en el Monasterio de San Pedro de Siresa, en el
municipio de Hecho. En este sentido, se conserva una Carta de San Eulogio de
Córdoba que menciona a Ferríolo, "Obispo de San Pedro de
Siresa", que gobernó la Iglesia aragonesa los años 815-831. En
Siresa debió estar la sede episcopal por lo menos durante más de cien años.

Monasterio de San Pedro de Siresa
-Posteriormente el Santo
Cáliz se trasladó (al trasladarse también la sede episcopal) a San Adrián de Sasabe, en la localidad de San Adrián, cerca de Aisa.
Por lo menos hasta siete Obispos están sepultados en esta iglesia.

San Adrián de Sasabe
-En tiempos del Obispo Mancio
II (1014-1033) la Sede Episcopal (y con ella el Santo Cáliz) se trasladaron a
la Iglesia de la Corte, que se hallaba en el municipio de Bailo. En Bailo
el Cáliz debió permanecer del 1014 al 1045.
-Hacia el 1045 la Sede
Episcopal se trasladó a Jaca. El Santo Cáliz se ubicaría primero en la
Iglesia o Monasterio provisional, desde donde pasaría a la nueva Catedral de
Jaca, cuya construcción finalizó alrededor del año 1063.

Catedral de Jaca
-Finalmente, alrededor del
año 1071 el Santo Cáliz fue llevado desde la Catedral de Jaca hasta el
Monasterio de San Juan de la Peña, donde permanecería hasta el año 1399.

Monasterio de San Juan de la Peña
La larga
permanencia del Santo Cáliz en San Juan de la Peña (desde comienzos del siglo XI
hasta 1399) dio lugar a que surgieran las narraciones medievales sobre el Santo
Grial. Las tradiciones más conocidas son la versión francesa de Chretien de
Troyes (escrita entre 1181 y 1191) y la alemana de Wolfram von Echembach
(finalizada en 1215). Recientemente el investigador alemán Michael Hesemann ha
demostrado que la estancia del Santo Cáliz de Valencia en el monasterio de San
Juan de la Peña fue el origen y modelo de la leyenda del Santo Grial narrada por
von Echembach.
Por otra
parte, la permanencia del Santo Cáliz en San Juan de la Peña pudo tener un
reflejo iconográfico en la zona del pirineo español, zona en la que prolifera la
representación de Vírgenes portando el Cáliz. Una de las conclusiones del I
Congreso Internacional del Santo Cáliz de Valencia celebrado en noviembre de
2008 ha sido precisamente que debe profundizarse en el estudio de esta
posible influencia.

Virgen portando el Cáliz de San
Clemente Tahull siglo XII
El año 1399 el rey de Aragón Martín el
Humano solicitó de los monjes del monasterio de San Juan de la Peña la entrega
del Cáliz, pues deseaba tener la reliquia en su casa en Zaragoza. Se conserva
en el Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona (Pergamino nº 136 de la
Colección de Martín el Humano) el documento fechado el 26 de septiembre de
1399 de entrega del Santo Cáliz a Martín el Humano. En este documento se hace
constar que "... sea a todos de manifiesto que, como el
excelentísimo Príncipe y señor D. Martín, por gracia de Dios Reay de
Aragón, Valencia, Mallorca, Cerdeña y Córcega, y Conde de Barcelona, del
Rosellón y de la Ciretánea, haya deseado y procurado, con ahinco, tener en su
Capilla Real, aquel Cáliz de piedra en el cual Nuestro Señor Jesucristo, en
su Santa Cena, consagró su Preciosa Sangre, y que el bienaventurado Lorenzo,
que lo recibió de San Sixto, a la sazón Sumo Pontífice, cuyo discípulo era,
y daácono de Santa María in Dominica, envió y dio con una su carta al
Monasterio y Convento de San Juan de la Peña, situado en las montañas de Jaca
del Reino de Aragón...".
De este modo, el Santo Cáliz
fue llevado desde el Monasterio de San Juan de la Peña (donde había
permanecido oculto más de trescientos años) hasta el Oratorio del Real
Palacio de la Aljafería de Zaragoza. Más tarde fue trasladado a la Residencia
del Rey Martín el Humano en Barcelona. En el Inventario de Bienes
hecho en 1410, a la muerte de Martín el Humano, consta que entre los
bienes muebles del monarca en Barcelona se halla el "Calix de vincle
e calcedonia, lo cual, segons se diu, fo aquell ab que Jhsu Chist consegrà la
sua Saneta e precisoa sanch lo dijous sant de la Cena..." .
Al morir Martín el
Humano le sucedió en el Reino, en virtud del Compromiso de Caspe, su sobrino
Don Fernando de Antequera. Y, como ya hemos dicho antes, fue su hijo y
sucesor, Alfonso V el Magnánimo, el que hizo llevar el Santo Caliz desde
Barcelona a su Palacio Real de Valencia, por el año 1414.