©Antonio Sureda Milan

 

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Cases de sa Costera y Cingles de n'Amet

(Escorca)

25 de febrero del 2012

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Ficha de la ruta

Dificultad según el método M.I.D.E  del itinerario: 

Inicio: el Mirador de Ses Barques, en la carretera Pollença - Andratx, C 710, Km. 44,800

Guía: Antonio Sureda

Equipo: La ropa que el día aconseje, botas de montaña con buen agarre. Tener en cuenta que en montaña la meteorología puede cambiar radicalmente en pocos tiempo.

Mapa: Alpina Tramuntana  Central E-25  1:25.000

Mejor época: cualquiera, siempre que no haga excesivo calor.

Distancia: 14,41 Km.  Subiendo: 7,47 Km.  Bajando: 6,76 Km.

Tiempo efectivo Subiendo: 2,32 h. Bajando: 1,58 h. Parado: 2,53 h.
Total acumulado: 7,24 h.

Altura máxima: 445 m.
Altura mínima: 140 m.

Desnivel Acumulado: 767 m.   Media en %: 10,27

Velocidad media: 2,3 Km./h.

Recomendaciones:

  • Haya o no fuentes en el recorrido, siempre recomiendo llevar agua propia (mejor bebida isotónica)

  • No lleveis perros.

  • No dejeis rastro de vuestro paso por las fincas.

 

Precauciones:

  • Abandonar o no empezar si las inclemencias son adversas

  • La mayor dificultad la encontraremos en los mas de 700 m. de desnivel acumulado.

  • Avisar de la ruta que se va a recorrer antes de la salida a parientes o algún amigo

  • Nunca ir solo

Prólogo:

Sa Costera es el predio más alejado del término de Escorca. La podemos identificar con la llamada, hace siglos, "Costa", documentada en el año 1332, y que era un cobertizo integrado dentro la alquería de Bini.

Un año más tarde, el señor de Bini, Ramón de Nari, hizo donación de Sa Costera a Ramón Pardo, de Tuent. En este siglo XIV se formalizó una sociedad ganadera.

A finales del siglo XV era propiedad de la familia Bisbal de Fornalutx. Más adelante, fue cambiando de manos con cierta frecuencia: los Pisà en los siglos XV y XVI, los Arbona en los XVI y XVII, la familia Busquets-Xandre, también de Fornalutx, en el XVIII. Después pasó a la familia Maiol, que fue propietaria hasta mediados del siglo XX.

 

Descripción de la excursión:

Comenzamos en el Mirador de Ses Barques (Wp-1), en la carretera Pollença - Andratx, (C 710, Km. 44,800). Junto al Mirador Además de la pista que baja a los Bàlitx, nace al Norte y paralela a la pista, un camino de herradura, inicialmente escalonado y empedrado, iniciamos una corta una corta subida, el camino se ensancha, caminamos en descenso hasta enlazar en pista de los Bàlitx, justo antes del portillo de Montcaire (que aunque permanece abierto no podemos dirigirnos hacia esta propiedad, puesto que la segunda barrera permanece actualmente cerrada a cal y canto),  pronto llegamos cerca de las casas de Bàlitx d’Amunt que nos quedan algo alejadas a la izquierda. Pasamos un portillo con barrera abierta, en en el mismo collado, apareciendo ante nosotros la vista del valle de Bàlitx (26', Wp.2).

Descendemos y pronto, en una curva de la pista, tomamos a la derecha por el antiguo camino empedrado. En un idílico rincón, a la derecha del camino, encontramos la Font de Bàlitx (7', Wp.3). Seguimos el camino, llegando en poco mas de 5’ a Bàlitx d’Amunt, (Wp.4), que están en estas fechas en proceso de restauración.

Continuando por la pista forestal, cruzamos una  barrera metálica, y en el cruce tomamos a la izquierda, donde nos fijaremos en un cartel indicador para tomar la continuación del camino empedrado por donde continuamos.

Justo antes de las casas la pista vuelve seccionar el viejo camino, que recuperarnos unos pocos metros mas antes de llegar al agroturismo de Bàlitx d'Avall (40', Wp.5), donde por 2 € podeis tomar un zumito de naranja. En el agroturismo podemos visitar la capilla.

Allá arriba al norte, veremos el Coll de Biniamar (de hecho ya lo venimos viendo desde el Coll de Bàlitx d'Amunt), que es el próximo objetivo a alcanzar; retomamos el camino vadeando el torrent de Na Mora por un pequeño puente o por el mismo lecho si no lleva agua. Tras cruzar el torrente ascendemos fuerte, abandonamos la pista para tomar el antiguo Camí de Na Cavallera empedrado en algunos tramos.  Avanzamos en dura ascensión continuando por la pista cuando esta engulle el camino y por ella llegamos al Coll de Biniamar (40', Wp.6), dejando a la izquierda el camino de la torre de Na Seca, (o  tomando hacia la torre si nos decidimos por esta opción).

Cruzado el Coll de Biniamar descendemos por la pista, que pronto se acaba. Llegamos a un cruce del camino (3', Wp.7). Es una pequeña explanada donde escondida, podemos ver una “bassa” abandonada. Por el camino de la izquierda nos dirigimos hacia las casas de Sa Costera a las que llegamos en 30' (Wp.8).

Pasamos las casas y por un sendero muy desvanecido, enseguida localizaremos la Font de sa Costera, a la cual se accede por una mina (Wp.9), junto a ella otra mina derruida, suponemos que es un ramal de la misma fuente, seguimos superando algunos pasos entre rocas, nos dirigimos a los Cingles de N'Amet. Son unos bancales de cultivo, actualmente invadidas de carrizo y pinar. Nos acercamos a la orilla de los acantilados (37', Wp.10), mirando por algunos puntos a los pavorosos acantilados sobre el mar.

El regreso lo efectuaremos a la inversa por los mismos pasos.

 

Otros temas de Interés

Amet: Nombre propio arábigo, usual entre los esclavos moros de señores cristianos.

Cuentan que un moro fue capturado en uno de los Cingles de Sa Costera. Lo llevaron a las casas de Sa Costera y le pidieron el nombre. Tan sólo contestó: "Amet, Amet".

El 5 de Julio de 1521 fue adquirido por Antoni Maiol de Llucmajor, que pagó por él 68 libras en pública subasta.
De este hecho nos queda el topónimo Cingle de N'Amet, que perpetúa en la geografía de Escorca la memoria del infortunado esclavo.

En Mallorca, el esclavismo fue introducido posiblemente en la época romana, aunque no se encuentre documentado. Durante la Edad Media, fue un hecho social normal sobre lo que existe una gran cantidad de documentación, ya que las transacciones de esclavos se hacían siempre ante notario.

En los contratos de compra-venta se consideraban los defectos que invalidaban la operación: falta de menstruación en las mujeres, enfermedades mentales, eneuresis nocturna o epilepsia.

Debido al peligro de fuga, era frecuente que los esclavos llevaran anillos de hierro en las piernas y que las noches fueran cerrados incluso dentro cisternas, además de la prohibición de acceder a las marinas. Las durísimas condiciones de vida de muchos de ellos provocaban numerosas fugas, que determinaron la existencia de bateadores que buscaban cobrar la recompensa. También fueron la causa de rebeliones y asesinatos. A mediados de S. XV, con ocasión de un ataque corsario en Palma, huyeron cerca de un centenar de esclavos.

En muchas ocasiones, sobre todo en el caso de los esclavos ciudadanos, eran objeto de la estima de los señores, que en sus testamentos los concedían la libertad. La liberación podía producirse por libre decisión del propietario o por la compra del esclavo de su libertad mediante el trabajo con otro señor. En este último caso, el esclavo era llamado “setmaner”, porque solía pagar el precio estipulado semanalmente.

En un principio, los esclavos fueron árabes encarcelados después de la Conquista de 1229. Después eran capturados en el mar o adquiridos a un mercader. A pesar de que la mayoría procedían del norte de África, también había turcos, albaneses, tártaros, ortodoxos griegos, búlgaros, rusos y eslavos. También están documentados animistas de raza negra e incluso cristianos sardos.

Cuando los esclavos pasaban a ser libertos, añadían a su nombre el adjetivo sardo, negro, rubio, griego, que pasaban a convertirse en linajes.

Los esclavos de alta extracción social eran frecuentemente rescatados por sus familias y se comportaban como colonias de emigrantes. Así, llegaron a crear cofradías propias, como la de los rusos de la iglesia del Santo Espíritu o la de los circasianos de la Sede.

La lengua que usaban era su propia y a veces trabajaban de traductor o de maestro. Son conocidos los casos de Ramón Llull, que estudia árabe con su esclavo. O del pintor Pedro Maiol, que tenía uno que trabajaba de traductor para la corte del alcalde de Mallorca.

Normalmente, el esclavo trabajaba en el campo, pero había que ejercían oficios calificados, como el de pintor o ayudante de boticario. Se trataba de una mano de obra barata que provocó el odio de los jornaleros del campesinado y los artesanos humildes, que los veían como competidores. Este hecho provocó varias matanzas de esclavos y la fijación de restricciones laborales en los reglamentos de los oficios.

Les Celades:

Los tuentins, los calobrins y sollerics organizaban “Celades” para protegerse y sacar provecho de la situación.

Los hombres de armas, comandados por el capitán de Sóller, se dirigían de noche, para no ser vistos, a la Sa Calobra o Tuent. Escondidos entre las rocas y la garriga, lejos de las casas, hacían salir, como cebo, tres o cuatro hombres que fingían ocuparse en las tareas del campo mientras los otros quedaban al acecho. ¿Cuál sería el susto de los moros cuando, creyendo que apremiaban unos pobres campesinos, se encontraban sin posibilidad de salir adelante.

Parece que como consecuencia de una de estas “Celades” fue capturado N'Amet.

UN ESCLAVO CON BUEN CORAZÓN:

En 1564, cerca de la Font des Verger, de Sa Costera, los moros sorprendieron Pedro Arbona "Vascos", propietario de Sa Costera y su esclavo. Este último fingió apresuró su dueño, exclamando: "éste no se m'escaparà, vosotros vais por el camino y cogeréis los demás. Viéndolo tan seguro, los piratas se fiaron y partieron y, así, amo y esclavo pudieran huir. Agradecido por la acción, Pedro Arbona liberó el esclavo.

 

 El Grupo lo formaron:

Mª Antonia, África, Yolanda, Petra, Tinita, Amparo

Salvador, Bolli, Juan Morado, Gustavo, Faustino, Paco, y Toni

A. Sureda

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