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 | La vida no es tan perra si compartes tus ilusiones |
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El carácter
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A los beagles nos han clasificado como
Canis Familiaris, lo cual ya da una idea de lo domésticos, caseros y buenos animales de compañía que somos. Por lo tanto, si buscas una fiera corrupia que te defienda el chalet, apartamento o la 'torre', no pienses en nosotros ni por un segundo: nos iríamos tan alegremente con cualquiera que nos diese una golosina y un poco de cariño. Mejor te pones una alarma electrónica y dejas que esta mascota se convierta en tu mejor acompañante tanto en casa como en los largos paseos.
¿Sabes que somos una raza muy tenaz? Cuando se nos mete algo entre ceja y ceja -o entre oreja y oreja-, nadie nos para hasta alcanzar lo que el olfato y nuestra tozudez nos dictan. Además, somos infatigables: cuando nos cansamos parece que nos vamos a pisar la lengua, pero nosotros aguantamos más que el penoso conejito de Duracell, seguimos y seguimos hasta que nuestr@ dueñ@ termina exhaust@.
Sobre los niños ¿qué te voy a decir? Al vernos, ni uno solo puede
evitar el decir: "¡Qué perro tan bonito!", "Yo quiero uno" o "Mamá,
déjame que le toque las orejas y le estire del rabo...." y es que
nuestras orejas caídas, el rabo tan tieso y nuestra aparente tristeza
camelan al más pintado. No hay como vernos retozar y describir
círculos alrededor de cuantos nos quieren: es nuestra forma de
expresar el cariño que sentimos por las personas. De puro confiados
más de un susto nos hemos llevado, pero eso lo contaré en otra página.
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La imagen
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¿PREMIO O CASTIGO? Los beagles son omnívoros ingentes y no hacen ascos al color, sabor, aroma, cantidad de lo que traguen ni a los voltios del cable mordido. Les encanta el pienso, la comida del hogar, cualquier juguete o pieza de sus dueños con la que puedan distraerse: si se aburren les da igual que el objeto sea de plástico, tela, cuero o PVC... Cabe recordar aquí un día en que lo 'distraido' fue un rotulador azul. Lo mordisqueó hasta quedar su pelaje tan azul como el de un Pitufo. Concha dispuso darle leche para contrarrestar la posible nocividad de la tinta, así como unos 'fartones' o bizcochos alargados para que hicieran más atractivo el antídoto lácteo. Una vez acabada la 'cura' medicogastronómica y lavada la perra, Duna aprovechó el primer descuido para ir al cubo de la basura, extraer los restos del rotulador y mancharse de nuevo con él....... y quedó a la espera de más 'antídotos'.
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