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 | A los humanos el alimento y a los beagle la gazuza |
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¡Qué apetito!
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Cuando vine a vivir con mi familia tenía
seis meses y pesaba casi catorce kilos. Actualmente he engordado casi
cuatro kilos más -debe de ser por la edad- y continúo con la misma
voracidad que antaño. Hasta hace poco me daban dos comidas al día:
bolitas variadas de pienso junto con una rodaja troceada de paté para
perros al mediodía, y por la noche un puñadito de bolitas para
contentarme.... aún así siempre he tenido unas ganas locas de zamparme
cuanto me encontraba.
Últimamente sólo me dan una comida,
compuesta principalmente por dos clases de pienso (una de ellas light,
para mantener mi silueta) y a veces añaden algo de arroz blanco
hervido. ¡Ni te cuento el hambre que paso! Yo intento hacerme la
simpática o darles pena: mientras comen apoyo mi hocico en sus piernas
y pongo ojos lastimeros (¡se me da genial!) con el propósito de que
algún trozo de carne, pasta o dulces se deslice desde sus corazones
compasivos hasta mi boca, pero no creas que siempre lo consigo.... en
ocasiones sólo me alcanzan un trocito tan pequeño que oigo el
chasquido de mis fauces en el aire como si intentara comerme el
vacío....
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Yo y mis ganas
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Pues en este nuevo hogar he logrado que se acostumbre todo el mundo a regalarme una chuche -entiéndase una golosina o galleta para perros- en cuanto llegamos o alguien llega a casa. Para ello empiezo a agasajarles con un Auuuuu! Auuuuuu! hasta que de puro cansancio se acuerdan de que mi alegre recibimiento bien merece un pequeño premio. ¡Gracias generosos!
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DELICATESSEN
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¡Qué detalle el día de mi
último cumpleaños! Una tartita de arroz hervido con salchichas
Frankfurt y bolitas de pienso. ¡El festín de mi vida y el récord de
ingesta canina! Visto y no visto..... En la foto podéis comprobar
como a los perros también se nos gana por el estómago, además de que a
la vista también conviene alimentarla.
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