Pues hace un par de años mis dueños se echaron la manta el cuello y decidieron traerme a un barrio totalmente nuevo, muy cerca del instituto donde imparte clases José Luis. Aquí crecen nuevos edificios cada día y tengo grandes avenidas, paseos y jardines con mucho césped para retozar. Incluso tengo un pequeño jardín privado en el que me sueltan cuando vuelvo de pasear y tras haber hecho mis cosas. Por cierto, ¿sabéis que tengo una fan entre las entrenadoras de delfines, en el Oceanogràfic? Se llama Julieta, es argentina y un día vendrá a visitarme y me traerá una golosina, ¡qué guay! Alrededor de la medianoche a veces salimos a pasear. Huele a hierba fresca y se oyen las ranitas croar por el Paseo de las Estatuas, frente al Museo de las Ciencias. No hay nadie alrededor y mis amos me sueltan de la correa para que corra y olisquee todo los arbustos, las bases de los árboles y 'marque' con mi orín cuantos rastros encuentro: casi me quedo 'sequita' de tanto marcar... pero qué a gusto me alejo, oteo y vuelvo a la carrera sobre la hierba húmeda sacudiendo mis orejotas.
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