LA CONSULTA GINECOLÓGICA
Cuidar la salud de los órganos sexuales es importante. Algunas mujeres no dudan en consultar al médico cuando sufren un malestar de cualquier tipo, pero se abstienen de visitar al ginecólogo por temor o vergüenza. Hay que recordar en estos casos que los órganos sexuales son tan naturales e importantes como el resto del cuerpo y que cuidarlos es necesario para disfrutar plenamente de la sexualidad.
A partir de la primera relación, y sobre todo ante cualquier señal de alarma, en general a una edad que esté comprendida entre los 18 y los 20 años, se debe acudir a la consulta ginecológica. Estas visitas deben convertirse en algo regular, con una periodicidad que se encargará de establecer el propio ginecólogo o ginecóloga.

Cuando se acude por primera vez al especialista, éste solicitará una información básica para elaborar el historial clínico de su nuevo paciente. Este historial debe incluir:

  • Edad.
  • Información sobre las menstruaciones:

--Edad en la que se tuvo la primera regla.

--Cada cuantos días viene (contando desde el primer día de una hasta el primer día de la siguiente).

--Cantidad de flujo (si es normal, abundante o escaso).

--Dolor.

--Fecha de la última.

Antecedentes médicos.

--Enfermedades fuera de lo corriente.

--Intervenciones quirúrgicas.

--Alergia a alguna sustancia o medicamento.

  • Antecedentes médicos familiares.
  • Información sobre la vida sexual: si tenemos relaciones, con qué frecuencia (esporádicas o no), si es con una pareja estable o no, etc.
  • Motivos de la consulta. Hay que explicar claramente si se va a una revisión o si es que se tiene algún problema o malestar.
Independientemente del motivo de la consulta, el/la ginecólogo/a pedirá que la mujer se desvista y se siente en el sillón de exploraciones, por lo que es conveniente asistir con ropa cómoda, fácil de quitar y poner.
El sillón de exploraciones consiste en una camilla con unos soportes que separan los muslos y levantan las piernas. La postura no es muy cómoda, pero su fin es hacer visibles los genitales externos y facilitar la colocación de un aparato llamado espéculo, con el que se tornan accesibles la vagina y el cuello del útero.
El espéculo es un instrumento metálico o de plástico duro, tubular, que se introduce cerrado en la vagina y que gracias a un dispositivo muy simple se abre. Esta operación, si se realiza con cuidado, no debe hacer daño. Si duele hay que hacerlo saber para que se use uno más pequeño o se ponga un poco de lubricante.

Durante la exploración se inspeccionará primero los labios mayores y menores, la entrada de la uretra y el clítoris para descartar la presencia de infecciones y quistes. Una vez introducido el espéculo, se puede observar si la vagina tiene una coloración normal o no, si está enrojecida o inflamada, si el flujo es el adecuado para el momento del ciclo y si el cuello del útero está inflamado o tiene cualquier lesión.
Después de cerrar y retirar el espéculo, el ginecólogo o ginecóloga realizará un tacto vaginal. Para ello introducirá dos dedos en la vagina y con la otra mano presionará el abdomen delimitando así la forma y situación del útero.

Una exploración de los pechos también puede estar incluida en la revisión periódica, y a partir de cierta edad debe estarlo. Esta exploración consiste en la palpación de los senos para detectar sus características y la presencia o ausencia de bultos.

Si el médico pregunta qué sentimos, qué nos pasa o si nos duele, debemos contestar de forma clara y natural, utilizando un lenguaje comprensible y conciso. También deberíamos exigirle por nuestra parte unas respuestas que entendamos. No hay que temer preguntar, insistiremos, si es preciso, hasta saber todo lo que deseemos sobre nuestro cuerpo y sus cuidados.
A lo largo de la exploración es importante estar relajada y confiada.

¿Cuándo deberíamos acudir a una consulta ginecológica?

  • Siempre que el flujo vaginal aumente anormalmente o cambie de color u olor.
  • Cuando notemos picores o sensación de quemazón, sobre todo si van acompañados de fiebre o dolor de ovarios.
  • Si aparecen bultos en los genitales externos, que normalmente se deberán a la obstrucción de alguna glándula que, al no poder secretar normalmente, se infecta y produce un bulto molesto y doloroso.
  • Si la reglas son irregulares o muy abundantes, o si se mancha en los periodos entre reglas. Al comenzar las reglas es frecuente que éstas sean irregulares, unas muy abundantes y otras casi nulas, por lo tanto habrá que asistir a la consulta si continúan estas irregularidades dos o tres años después de la primera regla.
  • Cuando la regla sea muy oscura y con coágulos.
  • Si las molestias impiden realizar nuestras tareas habituales, si el dolor se hace cada vez más intenso o si aparece después de unos años de reglas no dolorosas.
  • Cuando aparezcan hemorragias fuera de la regla. En este caso, la consulta no debe demorarse.
Si aprendemos a conocer nuestro cuerpo podremos reconocer sus cambios, advirtiendo rápidamente cualquier señal de alarma. La higiene diaria, el ejercicio y el conocimiento de nuestras etapas biológicas, son las medidas preventivas que, junto con la consulta periódica al especialista, constituyen la base de nuestra salud sexual.

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