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Capítulo Cuarto

De Jerusalén a Antioquía: 6,1-15,35

         

La comunidad de los Helenistas y el inicio de la misión fuera de Jerusalén


4.1 Estructura:

 A: Los Hechos de los Helenistas: 6,1-8,40

                         B: Los Hechos de Saulo: 9,1-31

                         C: Los Hechos de Pedro: 9,32-11,18

 A: Los Hechos de los Helenistas: 11,19-30

                         C: Los Hechos de Pedro: 12,1-25

 A: Los Hechos de los Helenistas: 13,1-14,28

            (Misión de la Iglesia de Antioquía)

 A: Los Hechos de los Helenistas: 15,1-35

            (Asamblea de Jerusalén confirma a la Iglesia de Antioquía)

 4.2 Interpretación global de 6,1-15,35

 Esta sección, entre la primera parte dedicada a los 12 apóstoles en Jerusalén (1-5) y la tercera parte dedicada a Pablo (15,36-28,31), pertenece al grupo de los Helenistas. Normalmente este sección no es valorada en su dimensión específica. Los 7 helenistas aparecen normalmente como “diákonos”, sometidos a los apóstoles o como precursores de Pablo. En la estructura del libro, casi siempre se hace comenzar en 13,1 la sección paulina, y se designa los capítulos 13-14 como el primer viaje misionero de Pablo. Los Hch son presentados como los hechos de Pedro y Pablo y los helenistas desaparecen. Esta visión reduccionista distorsiona gravemente la sección de Hch 6,1-15,35 y subvaloriza el protagonismo específico de los helenistas, tan importante en el relato de Lucas. Como veremos, la sección 13,1-14,28 no corresponde al primer viaje de Pablo, sino a la primera misión de la Iglesia de Antioquía, donde Bernabé y Pablo participan enviados por la Iglesia de Antioquía, fundada por los helenistas. En la estructura presentada al comienzo, hemos dividido toda esta segunda parte en cuatro secciones tituladas “Hechos de los Helenistas”, donde se intercalan una sección sobre los “Hechos de Saulo” (9,1-31) y dos secciones sobre los “Hechos de Pedro” (9,32-11,18 y 11,27-12,25). Estas secciones intercaladas están en función del relato principal sobre los helenistas. Se narra la “conversión” de Saulo, pues Bernabé en 11,25 lo integra a la Iglesia de Antioquía. Igualmente, el relato de Pedro y Cornelio prepara y legitima la misión de los helenistas a los griegos (11,20). También el capítulo 12, centrado en la prisión y liberación de Pedro, está enmarcado por la misión de la Iglesia de Antioquía a Jerusalén (ida en 11,27-30 y regreso en 12,25). El capítulo 15 sobre la Asamblea de Jerusalén comienza en Antioquía y termina en Antioquía, y es lógico, pues dicha asamblea está en función de la Iglesia de Antioquía, fundada y dirigida por los Helenistas. En síntesis: Hch 6,1-15,35 es una sección con identidad propia, dedicada a la elección, misión y legitimación de los helenistas. No es una sección puramente intermedia o de transición.

 Lucas ha tenido mucho cuidado en unir redaccionalmente este bloque de los helenistas. Por ejemplo: 8,1b (todos fueron dispersados … a excepción de los apóstoles), se une a 8,4 (“los que se habían dispersado …”), que introduce la evangelización de los samaritanos por Felipe (8,5-24), lo cual se une con 11,19 (“los que se habían dispersado cuando la tribulación originada a la muerte de Esteban …”), que introduce la evangelización de los griegos por los otros del grupo de los helenistas (11,19-20)[1]. Igualmente las dos frases paralelas y estructurantes en 8,14 (“Al enterarse los apóstoles que estaban en Jerusalén de que Samaria había aceptado la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y Juan”) y en 11,22 (“La noticia de esto llegó a oídos de la Iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía”). Lucas también agrega una serie de versículos, estilo resúmenes (con verbos en imperfecto), que le dan mayor unidad a todo el relato de los helenistas: 6,7; 8,25; 9,31; 11,21; 12,24; 13,1; 14,27 y 15,35. Vuelvo a insistir que la sección 13,1-14,28 pertenece a los helenistas: es la misión de la Iglesia de Antioquía. Bernabé y Pablo, como parte del grupo de profetas y maestros que dirigen dicha comunidad, participan de la misión de la Iglesia. No se trata del primer viaje de Pablo (los viajes misioneros de Pablo están en 15,36-19,20), sino todavía de los “Hechos de los Helenistas”. Igualmente pertenece a los helenistas la sección 15,1-35, donde la Iglesia de Jerusalén confirma a la Iglesia de Antioquía. Aquí culmina el bloque de los “Hechos de los Helenistas”.

 Daremos algunas claves para interpretar los eventos más importantes de esta sección. Es importante leer primero los Hechos de los Helenistas entre 6,1 y 15,35, como un solo bloque, para mostrar la coherencia literaria y teológica de esta sección, la cual comienza con una asamblea en Jerusalén, donde se constituye el grupo de los 7 helenistas (6,1-7) y termina con otra asamblea en Jerusalén, donde se confirma la posición teológica de la Iglesia de Antioquía fundada por los helenistas (15,1-35). Luego leer, en el contexto de los hechos de los Helenistas, los tres bloques intercalados, un referente a los Hechos de Pablo y dos a los Hechos de Pedro.

          

 4.3 Los Hechos de los Helenistas

 4.3.1 Constitución del grupo de los 7 Helenistas

             Hechos de Esteban y Felipe: 6,1-8,40

 Estructura:

 a) Asamblea de Jerusalén: elección de los 7 helenistas: 6,1-7

            b) Hechos de Esteban: 6,8-7,60

a) Dispersión del grupo de los Helenistas: 8,1-4

            b) Hechos de Felipe: 8,5-40

 

Constitución del grupo de los 7 Helenistas: 6,1-7

 En el v. 1 se mencionan dos grupos en la comunidad de Jerusalén: los Hebreos y los Helenistas. El consenso entre los estudiosos define a los Helenistas como un grupo judeocristiano, de habla y cultura griega, residente en Jerusalén (posiblemente originarios de la diáspora). Esto, sin embargo, no basta para explicar su actuación en Hch Es necesario agregar que los helenistas -según Lucas- configuraban un grupo profético, crítico de la Ley y del Templo (léase las acusaciones que se hacen contra Esteban y su discurso ante el Sanedrín). Lucas presenta a Esteban lleno del Espíritu, discípulo fiel de Jesús, que muere como su Maestro (7,59-60). Los helenistas son también los perseguidos y dispersados el día de la gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén después del martirio de Esteban (8,2); son los mismos helenistas dispersados los que anuncian la Palabra por todas partes: Felipe a los samaritanos y al eunuco etíope (8,5-40) y otros del mismo grupo a los griegos (11,19-21). En síntesis, para Lucas los helenistas son en ese momento la mejor expresión del movimiento de Jesús, como movimiento del Espíritu y movimiento misionero. El grupo de los Hebreos, opuesto al de los helenistas, son judeocristianos, de habla aramea y de cultura tradicional hebrea. Lucas los presenta en Hch como fieles observantes de la Ley, centrados en la vida cúltica del Templo. Los sacerdotes (6,7) y los fariseos (15,5) que aceptan la fe son posiblemente de este grupo. Son los mismos que más tarde en Jerusalén son descritos como “los miles y miles de judíos que han abrazado la fe y son todos celosos partidarios de la Ley” (21,20). Los 12 apóstoles son presentados como los líderes de este grupo, posteriormente conducidos por Santiago, el hermano de Jesús.

 El relato en 6,1-7 es un poco incongruente y da la impresión que el sentido aparente del relato oculta un sentido más profundo. Se nos informa sobre una queja de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en el servicio diario. El sentido aparente del relato es que los apóstoles, al multiplicarse el número de los discípulos, no logran atender a todos los pobres y, por otro lado, descuidan la Palabra de Dios. Por eso Pedro propone a la asamblea que se elijan 7 hombres para servir a las mesas y así poder ellos dedicarse totalmente a la Palabra de Dios. Pero este relato aparente no convence, pues no se trata de un problema de descuido de todas las viudas, sino solo de las viudas de los helenistas. No es por lo tanto un problema práctico de falta de servidores en las mesas, sino un problema profundo de discriminación de los helenistas. Tampoco es comprensible la oposición entre la diakonía (servicio) de las mesas (v. 2) y la diakonía de la Palabra (v. 4). Además, en todo el relato del cap. 6 al 15, los helenistas lo que menos hacen es servir mesas; se dedican más bien al servicio de la Palabra. La solución al problema de la discriminación de los helenistas no es por lo tanto aumentar el número de los servidores de las mesas, sino la de legitimar y organizar al grupo de los helenistas. ¿Como explicar esta incongruencia entre el sentido aparente y el sentido profundo del texto?

         

 Una solución a las incongruencias que encontramos en el texto es suponer que Lucas juntó dos hechos o tradiciones históricas distintas. Una más antigua, referida al problema práctico del servicio a las mesas, y otra posterior, sobre el conflicto entre el grupo de los hebreos y de los helenistas. Al juntar ambas tradiciones, aparecen como yuxtapuestas las dos soluciones: la aparente sobre el aumento del número de servidores para liberar a los apóstoles, y la otra más profunda sobre la organización del grupo de los helenistas para superar su discriminación. Lucas oculta con la solución aparente el problema más profundo de la discriminación. Otra solución a las incongruencias en el texto, de carácter más evolutivo, sería la siguiente: los 7 helenistas en un principio habrían sido elegidos realmente para servir a las mesas, pero muy pronto esta diakonía de las mesas los habría proyectado, más allá de esta tarea concreta, al servicio profético de la Palabra. Lo que posiblemente se dio en forma sucesiva, aparece en el texto como una acción simultánea, de ahí las incongruencias del texto. Esta solución evolutiva valoriza mejor el sentido espiritual y profético del servicio a las mesas y la dedicación (posterior) de los 7 helenistas al servicio de la Palabra. Podríamos decir que los 7 helenistas descubrieron su vocación profética a partir del servicio cotidiano a los más pobres de la comunidad.

 El problema profundo y grave que vive históricamente la comunidad es la discriminación del grupo de los helenistas, que Lucas presenta en forma mitigada como una discriminación de las viudas helenistas. Podemos reconstruir la situación histórica detrás del texto más o menos así: la defensa que hizo Gamaliel de los apóstoles y el reconocimiento de ellos por parte del Sanedrín (5,34-41), posiblemente reforzó al grupo de los hebreos en Jerusalén. Por eso el texto comienza en 6,1 situando cronológicamente los eventos con la frase: “por aquellos días …”, es decir, por aquellos días cuando el Sanedrín aceptó la propuesta de Gamaliel. La multiplicación de los discípulos en 6,1, provocada por la nueva coyuntura creada por Gamaliel, sería especialmente la multiplicación de los discípulos del grupo hebreo, lo que haría inclusión con 6,7bc donde se nos informa igualmente sobre la multiplicación del número de los discípulos en Jerusalén y la conversión de multitud de sacerdotes. Este reforzamiento del grupo de los hebreos habría llevado a una marginalización, y posteriormente a una discriminación, del grupo profético y misionero de los helenistas. Los apóstoles buscan superar justamente este problema, convocando una asamblea para nombrar a 7 helenistas, “hombres de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría”. Tomando en cuenta el problema de fondo, los 7 son elegidos no solo para solucionar el problema práctico de la falta de servidores para las mesas, sino sobre todo para dar a los helenistas una organización propia que les permita afirmarse como grupo. En la intención de Lucas, con dicha organización, se está salvando el movimiento de Jesús como movimiento del Espíritu y como movimiento misionero. Por eso Lucas acentúa tanto que los 7 helenistas, especialmente Esteban, están llenos del Espíritu Santo (6,3.5.8.10.55). Con la elección de los 7 helenistas se supera la discriminación de ellos en Jerusalén, pero sobre todo se asegura la misión (en la perspectiva de Lucas) hacia los samaritanos y gentiles. La solución al conflicto, por lo tanto, no es nombrar solamente más servidores de las mesas, para ayudar a los apóstoles, sino además designar a 7 dirigentes para presidir el grupo de los helenistas. Así como el grupo hebreo tiene su dirección en los 12 apóstoles, los helenistas tendrían ahora su dirección en los 7 líderes helenistas (en cierto paralelismo con Lc 10 donde aparecen los 70 discípulos en paralelo con los 12 apóstoles). En ningún lugar en el relato se dice que los 7 son “diákonos” (se usa solamente el verbo “diakonein” y el sustantivo “diakonía”). Es más congruente con el conflicto de fondo y con el sentido de todo el relato (del cap. 6 al 15) suponer en el grupo de los 7 una “jerarquía” del grupo de los helenistas, tan importante como la “jerarquía” del grupo hebreo constituida por los 12. Los apóstoles imponen sobre los 7 nuevos dirigentes sus manos, como símbolo de entrega del Espíritu, para que los nuevos elegidos compartan con los apóstoles la misión de conducir a la Iglesia: los 12 en Jerusalén, los 7 en el compromiso primero con los pobres en la diakonía diaria, pero muy pronto en el movimiento profético y misionero fuera de Jerusalén.

         

 La solución al problema entre hebreos y helenistas tuvo dos consecuencias positivas (6,7). Primero: creció la Palabra de Dios. Segundo: se multiplicó en Jerusalén considerablemente el número de los discípulos y multitud de sacerdotes aceptaron la fe (al definirse claramente la identidad de los dos grupos judeo-cristianos ya existentes, ahora cada uno con su liderazgo propio). La primera consecuencia (sobre el crecimiento de la palabra de Dios) está en sintonía con la identidad del grupo emergente de los helenistas (y también con la intencionalidad de Lucas), la segunda consecuencia (sobre la multiplicación de los discípulos en Jerusalén y la conversión de los sacerdotes) es más coherente con la identidad de los hebreos. El reforzamiento de los hebreos permitió asegurar la continuidad con Israel, el reforzamiento del nuevo grupo de los helenistas permitió la misión a los samaritanos y gentiles. Lucas nos muestra que, cuando los conflictos se resuelven correctamente y con Espíritu, es toda la Iglesia la que sale fortalecida.

 

Los Hechos de Esteban: 6,8-7,60

  En la sección de Esteban tenemos una narrativa y un discurso. La narrativa comienza en 6,8-15 y continúa en 7,55-60. El texto está claramente interrumpido por el discurso de 7,1-54. La transfiguración de Esteban que comienza en 6,15 continúa en 7,55-56. Es en medio de esta transfiguración que Lucas inserta el largo discurso de Esteban.

 En 6,8 tenemos el testimonio de Esteban en Jerusalén: lleno de gracia y poder, realiza grandes prodigios y señales. Es una actividad carismática (obra del Espíritu en Esteban), cuyo objetivo es hacer visible en medio del pueblo la resurrección y exaltación de Jesús. Esto provoca la oposición de algunos judíos venidos de la diáspora, pero éstos “no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba” (v. 10). Lucas nos muestra en toda su obra que el testimonio del Espíritu es irresistible. El testimonio difiere de la apología. La apología, normalmente en los tribunales, depende de las pruebas y testigos que se aportan y de la calidad de los abogados. La apología puede ser refutada con mejores pruebas, testigos y abogados. El testimonio es, por el contrario irrefutable, e irresistible, por ser obra directa del Espíritu en nosotros. Lucas insiste siempre en la necesidad del testimonio y que no nos preocupemos por hacer nuestra apología (Lc 12,11-12 y 21,12-15: dos textos que recomendamos leer atentamente para entender el testimonio en el libro de Hch).

 En los vv. 11-14 tenemos el juicio contra Esteban. Este juicio es muy semejante al de Jesús, pues sus enemigos utilizan el soborno y los falsos testigos. Lo acusan de hablar mal (blasfemar) contra la ley y el Templo (vv. 11.13.14). Esteban, y todo el grupo de los helenistas igual que Jesús, tiene una actitud profética crítica de la Ley y del Templo (en la línea de los profetas Miqueas, Jeremías, Sofonías). Esta posición profética es falsamente interpretada como blasfemia. Esteban no se defiende. Dios solamente lo reconfirma en su fe con una visión, que se hace visible ante todos en una maravillosa transfiguración de Esteban (6,15 y 7,55-56). Esteban no responde a las acusaciones, solo da testimonio de que está viendo a Cristo resucitado. El testimonio de Esteban provoca la ira del Sanedrín y su posterior lapidación. Esteban muere, igual que Jesús, haciendo la invocación: “Señor Jesús, recibe mi espíritu” (7,59; cf. Lc 23,46) y luego: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado” (7,60; cf. Lc 23,34). Esteban es el primer discípulo mártir de Jesús.

 El largo discurso de Esteban (7,1-54) es una composición lucana, pero trata de reconstruir fielmente la teología profética del grupo de los helenistas. En este sentido es un discurso histórico. En el discurso tenemos una re-lectura cristiana de la historia de la salvación. La crítica profética aparece especialmente en vv. 39-43 contra los sacrificios en el Templo, y en los vv. 44-50 contra el Templo mismo. A partir del v. 51 Esteban hace una denuncia profética: “Ustedes siempre resisten al Espíritu Santo”. Ya no dice “nuestros padres” (como en los vv. 38.39.44.45), sino “sus padres”, con lo cual manifiesta su ruptura con los líderes de Israel, a los que denuncia como asesinos de Jesús (vv. 51-53).

            

Dispersión del grupo de los Helenistas: 8,1-4

 El día del martirio de Esteban “se desató una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén”, pero la sorpresa es que “todos fueron dispersados, excepto los apóstoles”. Lucas da a entender que la persecución fue solo contra los helenistas, no contra los 12 apóstoles, y posiblemente tampoco contra el grupo de los hebreos. La presencia de dos grupos al interior de la comunidad de Jerusalén no es solo un problema interno, puesto que las autoridades de Jerusalén pueden identificar ya públicamente al grupo de los helenistas. Los helenistas dispersados van por Judea y Samaria, las dos regiones marcadas justamente por Jesús en su mandato en 1,8: “serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, hasta los confines de la tierra”. Los apóstoles dieron testimonio en Jerusalén, ahora les toca a los helenistas dar testimonio a los samaritanos y gentiles. Lucas introduce aquí (redaccionalmente) a Saulo como perseguidor del movimiento de Jesús: 7,58b; 8,1a.3, preparando así los Hechos de Saulo que intercalará en 9,1-31.

 Hechos de Felipe: 8,5-40

 Uno de los helenistas dispersados es Felipe. Los Hechos de Felipe los tenemos en 8,5-40 y en 21,8-9 donde se menciona por última vez a Felipe, como evangelista y uno de los 7, que reside en Cesarea y tiene cuatro hijas vírgenes que profetizaban. En estos Hechos de Felipe hay dos momentos contrapuestos. El primero (8,5-25) nos narra la evangelización en la ciudad Samaria, donde hace muchas señales y milagros y tiene mucho éxito, incluso el mago de la ciudad, Simón, creyó y fue bautizado. Pero este primer momento misionero es insuficiente. En la evangelización masiva y extraordinaria de Felipe todavía no había Espíritu Santo. Éste llega solo con la visita de Pedro y Juan desde Jerusalén. El gran triunfo de Felipe, que era Simón el mago, cree más en el poder del dinero y busca comprar el don del Espíritu. Es un rotundo fracaso para Felipe. Por eso Lucas nos narra el segundo momento en la evangelización de Felipe (8,26-40). Ahora no va al norte, sino al sur; no a una ciudad, sino al desierto; no a evangelizar multitudes, sino a una sola persona: el eunuco etíope. Felipe ya no hace señales y milagros, sino que se pone a caminar con el eunuco y a escuchar lo que iba leyendo. Felipe anuncia la buena nueva de Jesús a partir del texto que el etíope iba leyendo. Felipe imita exactamente el método que utilizó Jesús con los discípulos de Emaús (Lc 24). Felipe actúa ahora conducido por el Espíritu (v. 29) y después es arrebatado por el mismo Espíritu (v. 39).

       

 Reflexión pastoral

 1) En el relato de Hch aparece por primera vez un conflicto interno en la comunidad (entre hebreos y helenistas). El conflicto se hace público con el grito de protesta de las viudas de los Helenistas. Es el grito de los pobres lo que denuncia el problema de discriminación en la comunidad. El grupo nuevo son los helenistas: un grupo profético (crítico de la ley y del Templo) y misionero, que es discriminado como tal por el grupo de los hebreos. Lucas nos narra la superación del conflicto, en un clima de profunda espiritualidad. También hoy en la Iglesia surgen conflictos parecidos. La Iglesia tiende a marginar, y a veces a condenar, a los grupos proféticos, con lo cual se apaga el Espíritu y daña la misión de la Iglesia. La lectura de Hch 6,1-7 nos sirve como paradigma para superar hoy los conflictos en la Iglesia. Es ejemplar cómo actúa Pedro: invita a la comunidad a hacer un discernimiento y propone organizar al grupo profético de los helenistas con un nuevo liderazgo. El texto nos muestra también el carácter profético del compromiso con los pobres (la diakonía de las mesas) y su coherencia con la evangelización (diakonía de la Palabra).

 2) La elección de los 7 helenistas fue necesaria para asegurar la misión fuera de Jerusalén hacia los samaritanos y gentiles. El movimiento profético y misionero de los helenistas impuso a la Iglesia de Jerusalén un cambio estructural profundo: la constitución del grupo de los 7 junto al grupo de los 12. ¿Cómo hoy día el movimiento misionero y profético del Espíritu (hacia afuera) transforma las estructuras internas de la Iglesia jerárquica?

 3) Comparemos el relato del martirio de Esteban (6,8-7,60) con la historia de nuestros mártires hoy. ¿Se cumplen hoy todos los elementos constitutivos del relato de Esteban: Espíritu, signos, prodigios, testimonio irresistible, transfiguración? ¿Cómo los mártires hoy son también mal interpretados y acusados de blasfemia?

 4) En el relato de los Hechos de Felipe (8,5-40) tenemos un cambio profundo de estrategia pastoral. Comparemos 8,5-25 con 8,26-40. ¿Qué grupos siguen hoy en día una y otra estrategia pastoral? ¿Cual es para Lucas la auténtica práctica pastoral conducida por el Espíritu? Comparemos Lc 24,13-35 con Hch 8,26-40 y reflexionemos cómo este modelo puede inspirar la práctica de la Iglesia hoy en día.


[1] El verbo “dispersarse” (dia-speiro) aparece solo en estos tres lugares en los Hch, lo que da más fuerza al argumento.

                                                                                                                                                            

El Movimiento de Jesús después de su Resurrección y antes de la Iglesia