La simbología de la Biblia

Los símbolos

El símbolo habla al hombre entero, no sólo a su razón. Por su medio, el hombre no vive únicamente dentro de la realidad circundante, sino también en una nueva dimensión de esa realidad: la del sentido o significado. Su interior se refleja en el entorno y se expresa mediante él. Cuando se disocian estos dos aspectos, el símbolo muere.

El cielo

Según el AT, el cielo fue creado por Yahvé. La mayor parte de las menciones del cielo con contenido teológico hablan de él como de la habitación de Yahvé, aunque no la única, pues se habla también del templo, del arca de la alianza o de otros lugares sagrados, aunque hay que distinguir en cada caso si se trata de lugar de habitación o de manifestación. Sin embargo, domina la imagen de Yahvé como rey que tiene su trono en el cielo, desde donde gobierna el mundo y donde recibe un culto celeste.

El cielo, considerado el lugar especial de la presencia de Yahvé, se representa como fuente de toda bendición, sede de la vida eterna, inaccesible al hombre, y lugar en el que la salvación preparada por Dios existe ya antes de su realización en la tierra; de ahí que algunos personajes sean arrebatados al cielo

El monte

Tanto en la cultura judía como en las paganas circundantes se consideraban ciertos montes como lugares donde habitaba o se comunicaba la divinidad. Así, entre los judíos, el monte Sión era el lugar del templo, supuesto punto de contacto de Dios con el pueblo; las revelaciones de Dios a Moisés  y a éste con los ancianos tuvieron lugar en el monte Sinaí. De ahí que «el monte» adquiriera un significado teológico. También los cultos paganos se practicaban en montes o alturas, como consta por las denuncias de los profetas. En el AT, «el monte» o «la montaña» dan el sentido de la proximidad de Dios y son el lugar que Dios elige para manifestarse o desde donde despliega su actividad.

La nube

La conexión de la nube con lo divino hunde sus raíces en el animismo primitivo, pero se consolida porque de ella depende la vida del hombre: de la nube procede la lluvia, viene el rayo, cae el granizo, se desata el diluvio destructor. Sobre todo los nubarrones, que sumergen la tierra en las tinieblas, tienen un efecto sobrecogedor.

El agua

El agua, elemento indispensable para la vida, es uno de los símbolos arquetípicos. En el AT se menciona el agua potable, necesidad vital para el hombre y el ganado, pero también para la vegetación. Por ello, el agua se considera un don benéfico de Yahvé. En el desierto, él proveyó milagrosamente de agua, hecho que se recuerda una y otra vez ". En la promesa de la tierra `8, es de importancia decisiva la abundancia de agua. El agua es así factor de vida. Por eso la sequía es uno de los grandes castigos.

El fuego

La historia de las religiones y de las culturas muestra la gran importancia que los hombres han atribuido siempre al fuego, tanto en un sentido positivo como negativo, como dador o destructor de vida. Se le ve como una fuerza de 1a naturaleza que da vida al hombre, pero que es imprevisible y a la que hay que temer. Pero se le tiene también como un logro humano, encendido y mantenido por el genio del hombre.

En el mundo que circundaba al AT y al judaísmo, el culto del fuego de la religión persa fue de particular importancia. El fuego, principio de bien, era el protector del orden divino de la vida. Entre los griegos, el fuego se usaba para purificar. En la filosofía, era uno de los cuatro elementos; para Heráclito, el elemento básico del universo.

La boda, el esposo

Nada tiene, pues, de extraño que los evangelistas utilicen el símbolo de la boda y las figuras del esposo y la esposa para describir la nueva relación que, a través de su persona, establece Jesús entre los hombres y Dios. Tanto la nueva comunidad en la historia (Mt 22,1‑14 par.) como la realidad del mundo futuro (Mt 25,1‑13) se describen como un banquete de boda.

La función divina de Esposo se atribuye al Mesías, Jesús, como en Mc 2,19: «¿Es que pueden ayunar los amigos del novio/esposo mientras el novio está con ellos?» De modo parecido, en Jn 3,29, donde Juan Bautista se refiere a la afluencia de pueblo a Jesús: «El que se lleva a la esposa es el esposo» (cf. Mt 9,14‑17; Lc 5,33‑39). En relación con su papel de esposo está la designación de Jesús como «varón/ hombre adulto» (Jn 1,30).

El perfume

En los evangelios, el perfume aparece ante todo en los episodios que describen una unción. En la unción de Betania, «el perfume» se encuentra en Mc 14,3.4.8; Mt 26,7.12; Jn 12,3.5. En Juan y Lc 7,37.38.46 se ungen los pies de Jesús; en Mt y Mc, la cabeza.

El perfume como símbolo del amor de la esposa al esposo tiene su origen en el Cantar de los Cantares (Cant 1,12: «Mientras el rey [ = el esposo] estaba en su diván [ Jn 12,2: «reclinado»], mi nardo despedía su perfume»). El tema de los cabellos, asociado al del perfume en Jn 12,3 y Le 7,37s, se encuentra en Cant 7,6: «Con tus trenzas cautivas a un rey.»

El vino

Lo mismo que el perfume, el vino coma símbolo del amor entre esposo y esposa tiene sus raíces en el Cantar (Cant 1,2: «Son mejores que el vino tus amores», en paralelo con los perfumes; 7,10: «Tu boca es vino generoso»; 8,2: «Te daría a beber vino aromado», cte.). Aparece este simbolismo en la escena de Caná (Jn 2,1‑11) ,donde el vino, símbolo del amor, representa el Espíritu, que será dado en la hora de la muerte de Jesús (Jn 2,4: «mi hora»).

La luz

La pareja de términos antitéticos «luz» y «tiniebla» o los equivalentes de ésta, «noche», «oscuridad», forman una oposición arquetípica común a todas las literaturas y se encuentra también en el hablar cotidiano. No es extraño que estos términos aparezcan en los evangelios, como antes en las literaturas hebrea y griega, cargados de sentido simbólico.

En la literatura griega clásica, «la luz», en contraste con «las tinieblas» o «la noche», significó en sentido figurado la esfera del bien, mientras las malas acciones se decían tener lugar en las tinieblas. Platón comparó la idea del bien con la luz del sol, y, al entrar en la esfera del conocimiento, «la luz» adquirió nuevas connotaciones.

La tiniebla

Por oposición a la luz-vida, las tinieblas son símbolo de mal y de muerte, que puede especificarse en términos de opresión, como aparece en la misión del Servidor de Dios (Is 42, 6: «Para que saques a los cautivos de la prisión, de la mazmorra a los que habitan en tinieblas»; Is 49,9: «Para decir a los cautivos: "Salid"; a los que están en tinieblas: "Venid a la luz"»). Simbolizan también la injusticia (Is 59,9: «Por eso está lejos de nosotros el derecho y no nos alcanza la justicia: esperamos la luz, y vienen tinieblas; claridad, y caminamos a oscuras»). Este es el sentido que tienen las tinieblas en Mt 4,16, cita de Is 9,1: «El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz intensa; habitaban tierra de sombras, y una luz les brilló», o en Lc 1,79: «brillará ante los que viven en tinieblas y en sombra de muerte».

El simbolismo de los números

El valor y significado de los números en los evangelios recoge unas veces el simbolismo que se les atribuía comúnmente en la época y otras veces depende de alusiones a determinados pasajes del AT; finalmente, pueden simbolizar la nueva realidad de Jesús .

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("Evangelio, Figuras y Símbolos" ---  JUAN MATEOS - FERNANDO CAMACHO)