9:1 También les dijo: De
cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que
no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido
con poder.
9:2 Seis días después, Jesús tomó a Pedro,
a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se
transfiguró delante de ellos. 9:3 Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como
la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede hacer
tan blancos.
9:4 Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban
con Jesús.
9:5 Entonces Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros
que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para
Moisés, y otra para Elías.
9:6 Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados.
9:7 Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una
voz que decía: Este es mi Hijo amado;
a él oíd.
9:8 Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo,
sino a Jesús solo.
9:9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen
lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado
de los muertos.
9:10 Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué
sería aquello de resucitar de los muertos.
9:11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen los escribas
que es necesario que Elías venga primero? 9:12 Respondiendo él, les dijo: Elías
a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas;
¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca
mucho y sea tenido en nada?
9:13 Pero os digo que Elías ya vino, y
le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él.
9:14 Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio
una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.
9:15 Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró,
y corriendo a él, le saludaron.
9:16 El les preguntó: ¿Qué
disputáis con ellos?
9:17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi
hijo, que tiene un espíritu mudo,
9:18 el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos,
y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que
lo echasen fuera, y no pudieron.
9:19 Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh
generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar
con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.
9:20 Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús,
sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba,
echando espumarajos.
9:21 Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto
tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño.
9:22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle;
pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.
9:23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al
que cree todo le es posible.
9:24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo;
ayuda mi incredulidad.
9:25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió
al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu
mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en
él.
9:26 Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con
violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo
que muchos decían: Está muerto.
9:27 Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó;
y se levantó.
9:28 Cuando él entró en casa, sus discípulos le
preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle
fuera?
9:29 Y les dijo: Este género con nada
puede salir, sino con oración y ayuno.
9:30 Habiendo salido de allí, caminaron por Galilea; y no quería
que nadie lo supiese.
9:31 Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía:
El
Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán;
pero después de muerto, resucitará al tercer día.
9:32 Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo
de preguntarle.
9:33 Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó:
¿Qué
disputabais entre vosotros en el camino?
9:34 Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado
entre sí, quién había de ser el mayor. 9:35 Entonces él se sentó y llamó a los doce,
y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será
el postrero de todos, y el servidor de todos. 9:36 Y tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y
tomándole en sus brazos, les dijo:
9:37 El que reciba en mi nombre a un niño
como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me
recibe a mí sino al que me envió.
El que no es contra nosotros, por nosotros es
(Lc. 9. 49-50)
9:38 Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que
en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo
prohibimos, porque no nos seguía.
9:39 Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis;
porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir
mal de mí.
9:40 Porque el que no es contra nosotros, por
nosotros es. 9:41 Y cualquiera que os diere un vaso de agua
en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá
su recompensa.
9:42 Cualquiera que haga tropezar a uno de estos
pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase
una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar.
9:43 Si tu mano te fuere ocasión de caer,
córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos
ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, 9:44 donde el gusano de ellos no muere, y el
fuego nunca se apaga.
9:45 Y si tu pie te fuere ocasión de caer,
córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies
ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado,
9:46 donde el gusano de ellos no muere, y el
fuego nunca se apaga.
9:47 Y si tu ojo te fuere ocasión de caer,
sácalo;
mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos
ser echado al infierno, 9:48 donde el gusano de ellos no muere, y el
fuego nunca se apaga. 9:49 Porque todos serán salados con fuego,
y todo sacrificio será salado con sal.
9:50 Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida,
¿con qué la sazonaréis?
Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros.
10:1 Levantándose de allí, vino a la región de Judea
y al otro lado del Jordán; y volvió el pueblo a juntarse
a él, y de nuevo les enseñaba como solía.
10:2 Y se acercaron los fariseos y le preguntaron, para tentarle, si
era lícito al marido repudiar a su mujer.
10:3 El, respondiendo, les dijo: ¿Qué
os mandó Moisés?
10:4 Ellos dijeron: Moisés permitió dar carta de divorcio,
y repudiarla. 10:5 Y respondiendo Jesús, les dijo: Por
la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento;
10:6 pero al principio de la creación,
varón y hembra los hizo Dios. 10:7 Por esto dejará el hombre a su padre
y a su madre, y se unirá a su mujer,
10:8 y los dos serán una sola carne; así
que no son ya más dos, sino uno.
10:9 Por tanto, lo que Dios juntó, no
lo separe el hombre.
10:10 En casa volvieron los discípulos a preguntarle de lo mismo,
10:11 y les dijo: Cualquiera que repudia a su
mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella;
10:12 y si la mujer repudia a su marido y se
casa con otro, comete adulterio.
10:13 Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos
reprendían a los que los presentaban.
10:14 Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo:
Dejad
a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque
de los tales es el reino de Dios.
10:15 De cierto os digo, que el que no reciba
el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 10:16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos,
los bendecía.
10:17 Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo,
e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro
bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
10:18 Jesús le dijo: ¿Por qué
me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios.
10:19 Los mandamientos sabes: No adulteres.
No mates.
No hurtes.
No digas falso testimonio.
No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. 10:20 El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he
guardado desde mi juventud.
10:21 Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le
dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que
tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven,
sígueme, tomando tu cruz.
10:22 Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque
tenía muchas posesiones.
10:23 Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos:
¡Cuán
difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen
riquezas!
10:24 Los discípulos se asombraron de sus palabras; pero Jesús,
respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán
difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían
en las riquezas!
10:25 Más fácil es pasar un camello
por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
10:26 Ellos se asombraban aun más, diciendo entre sí:
¿Quién, pues, podrá ser salvo?
10:27 Entonces Jesús, mirándolos, dijo: Para
los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son
posibles para Dios.
10:28 Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros
lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.
10:29 Respondió Jesús y dijo: De
cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas,
o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y
del evangelio,
10:30 que no reciba cien veces más ahora
en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con
persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.
10:31 Pero muchos primeros serán postreros,
y los postreros, primeros.
10:32 Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús
iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces
volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas
que le habían de acontecer:
10:33 He aquí subimos a Jerusalén,
y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes
y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán
a los gentiles;
10:34 y le escarnecerán, le azotarán,
y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día
resucitará.
10:35 Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron, diciendo:
Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos.
10:36 El les dijo: ¿Qué queréis
que os haga?
10:37 Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos
el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.
10:38 Entonces Jesús les dijo: No sabéis
lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo bebo,
o ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? 10:39 Ellos dijeron: Podemos. Jesús les dijo: A
la verdad, del vaso que yo bebo, beberéis, y con el bautismo con
que yo soy bautizado, seréis bautizados;
10:40 pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda,
no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado.
10:41 Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo
y contra Juan.
10:42 Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis
que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean
de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad.
10:43 Pero no será así entre vosotros,
sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro
servidor,
10:44 y el que de vosotros quiera ser el primero,
será siervo de todos.
10:45 Porque el Hijo del Hombre no vino para
ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
10:46 Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó
él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego,
hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando.
10:47 Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar
voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de
mí!
10:48 Y muchos le reprendían para que callase, pero él
clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí!
10:49 Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle;
y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate,
te llama.
10:50 El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús.
10:51 Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué
quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la
vista.
10:52 Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te
ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía
a Jesús en el camino.
11:1 Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a
Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de
sus discípulos,
11:2 y les dijo: Id a la aldea que está
enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis
un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo
y traedlo.
11:3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué
hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo
devolverá.
11:4 Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el
recodo del camino, y lo desataron.
11:5 Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué
hacéis desatando el pollino?
11:6 Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado;
y los dejaron.
11:7 Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él
sus mantos, y se sentó sobre él.
11:8 También muchos tendían sus mantos por el camino,
y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por
el camino.
11:9 Y los que iban delante y los que venían detrás daban
voces, diciendo: ¡Hosanna!
¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! 11:10 ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna
en las alturas!
11:11 Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo;
y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía,
se fue a Betania con los doce.
11:12 Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre.
11:13 Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver
si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada
halló sino hojas, pues no era tiempo de higos.
11:14 Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca
jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.
11:15 Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en
el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban
en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de
los que vendían palomas;
11:16 y no consentía que nadie atravesase el templo llevando
utensilio alguno.
11:17 Y les enseñaba, diciendo: ¿No
está escrito: Mi casa será llamada casa de oración
para todas las naciones?
Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. 11:18 Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban
cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el
pueblo estaba admirado de su doctrina.
11:19 Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad.
11:20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había
secado desde las raíces.
11:21 Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la
higuera que maldijiste se ha secado.
11:22 Respondiendo Jesús, les dijo: Tened
fe en Dios.
11:23 Porque de cierto os digo que cualquiera
que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no
dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que
dice, lo que diga le será hecho. 11:24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis
orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
11:25 Y cuando estéis orando, perdonad,
si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre
que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.
11:26 Porque si vosotros no perdonáis,
tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará
vuestras ofensas.
11:27 Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por
el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas
y los ancianos,
11:28 y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas,
y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?
11:29 Jesús, respondiendo, les dijo: Os
haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré
con qué autoridad hago estas cosas.
11:30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo,
o de los hombres? Respondedme.
11:31 Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si
decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
11:32 ¿Y si decimos, de los hombres...? Pero temían al
pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero profeta.
11:33 Así que, respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos.
Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Tampoco
yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
12:1 Entonces comenzó Jesús a decirles por parábolas:
Un
hombre plantó una viña,
la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre,
y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.
12:2 Y a su tiempo envió un siervo a los
labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña.
12:3 Mas ellos, tomándole, le golpearon,
y le enviaron con las manos vacías.
12:4 Volvió a enviarles otro siervo; pero
apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron
afrentado.
12:5 Volvió a enviar otro, y a éste
mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros.
12:6 Por último, teniendo aún un
hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán
respeto a mi hijo.
12:7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí:
Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será
nuestra.
12:8 Y tomándole, le mataron, y le echaron
fuera de la viña.
12:9 ¿Qué, pues, hará el
señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los
labradores, y dará su viña a otros.
12:10 ¿Ni aun esta escritura habéis
leído:
La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo; 12:11 El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? 12:12 Y procuraban prenderle, porque entendían que decía
contra ellos aquella parábola; pero temían a la multitud,
y dejándole, se fueron.
12:13 Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para
que le sorprendiesen en alguna palabra.
12:14 Viniendo ellos, le dijeron: Maestro, sabemos que eres hombre
veraz, y que no te cuidas de nadie; porque no miras la apariencia de los
hombres, sino que con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es
lícito dar tributo a César, o no? ¿Daremos, o no daremos?
12:15 Mas él, percibiendo la hipocresía de ellos, les
dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme
la moneda para que la vea.
12:16 Ellos se la trajeron; y les dijo: ¿De
quién es esta imagen y la inscripción? Ellos le dijeron:
De César.
12:17 Respondiendo Jesús, les dijo: Dad
a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.
Y se maravillaron de él.
12:18 Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay
resurrección,
y le preguntaron, diciendo:
12:19 Maestro, Moisés nos escribió
que si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos,
que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano.
12:20 Hubo siete hermanos; el primero tomó esposa, y murió
sin dejar descendencia.
12:21 Y el segundo se casó con ella, y murió, y tampoco
dejó descendencia; y el tercero, de la misma manera.
12:22 Y así los siete, y no dejaron descendencia; y después
de todos murió también la mujer.
12:23 En la resurrección, pues, cuando resuciten, ¿de
cuál de ellos será ella mujer, ya que los siete la tuvieron
por mujer?
12:24 Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No
erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder
de Dios?
12:25 Porque cuando resuciten de los muertos,
ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán
como los ángeles que están en los cielos.
12:26 Pero respecto a que los muertos resucitan,
¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo
le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham,
el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? 12:27 Dios no es Dios de muertos, sino Dios de
vivos; así que vosotros mucho erráis.
12:28 Acercándose uno de los escribas, que los había oído
disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó:
¿Cuál es el primer mandamiento de todos?
12:29 Jesús le respondió: El primer
mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el
Señor uno es.
12:30 Y amarás al Señor tu Dios
con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con
todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.
12:31 Y el segundo es semejante: Amarás
a tu prójimo como a ti mismo.
No hay otro mandamiento mayor que éstos.
12:32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho,
que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 12:33 y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento,
con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como
a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios. 12:34 Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente,
le dijo: No estás lejos del reino de Dios.
Y ya ninguno osaba preguntarle.
12:35 Enseñando Jesús en el templo, decía: ¿Cómo
dicen los escribas que el Cristo es hijo de David?
12:36 Porque el mismo David dijo por el Espíritu
Santo:
Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga tus enemigos por estrado de
tus pies. 12:37 David mismo le llama Señor; ¿cómo,
pues, es su hijo? Y gran multitud del
pueblo le oía de buena gana.
12:38 Y les decía en su doctrina: Guardaos
de los escribas, que gustan de andar con largas ropas, y aman las salutaciones
en las plazas,
12:39 y las primeras sillas en las sinagogas,
y los primeros asientos en las cenas;
12:40 que devoran las casas de las viudas, y
por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor condenación.
12:41 Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba
cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban
mucho.
12:42 Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas,
o sea un cuadrante.
12:43 Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De
cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los
que han echado en el arca;
12:44 porque todos han echado de lo que les sobra;
pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo
su sustento.
13:1 Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos:
Maestro, mira qué piedras, y qué edificios.
13:2 Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves
estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no
sea derribada.
13:3 Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo.
Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte:
13:4 Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y
qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de
cumplirse?
13:5 Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir:
Mirad
que nadie os engañe;
13:6 porque vendrán muchos en mi nombre,
diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos.
13:7 Mas cuando oigáis de guerras y de
rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda
así; pero aún no es el fin.
13:8 Porque se levantará nación
contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en
muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores
son estos.
13:9 Pero mirad por vosotros mismos; porque os
entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán;
y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí,
para testimonio a ellos.
13:10 Y es necesario que el evangelio sea predicado
antes a todas las naciones.
13:11 Pero cuando os trajeren para entregaros,
no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis,
sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros
los que habláis, sino el Espíritu Santo. 13:12 Y el hermano entregará a la muerte
al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra
los padres, y los matarán.
13:13 Y seréis aborrecidos de todos por
causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será
salvo. 13:14 Pero cuando veáis la abominación
desoladora de
que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que
lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes.
13:15 El que esté en la azotea, no descienda
a la casa, ni entre para tomar algo de su casa;
13:16 y el que esté en el campo, no vuelva
atrás a tomar su capa. 13:17 Mas ¡ay de las que estén encintas,
y de las que críen en aquellos días!
13:18 Orad, pues, que vuestra huida no sea en
invierno;
13:19 porque aquellos días serán
de tribulación
cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios
creó, hasta este tiempo, ni la habrá.
13:20 Y si el Señor no hubiese acortado
aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos
que él escogió, acortó aquellos días.
13:21 Entonces si alguno os dijere: Mirad, aquí
está el Cristo; o, mirad, allí está, no le creáis.
13:22 Porque se levantarán falsos Cristos
y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para engañar,
si fuese posible, aun a los escogidos.
13:23 Mas vosotros mirad; os lo he dicho todo
antes.
13:24 Pero en aquellos días, después
de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, y la luna no
dará su resplandor,
13:25 y las estrellas caerán del cielo,
y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. 13:26 Entonces verán al Hijo del Hombre,
que vendrá en las nubes
con gran poder y gloria.
13:27 Y entonces enviará sus ángeles,
y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo
de la tierra hasta el extremo del cielo.
13:28 De la higuera aprended la parábola:
Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis
que el verano está cerca.
13:29 Así también vosotros, cuando
veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a
las puertas.
13:30 De cierto os digo, que no pasará
esta generación hasta que todo esto acontezca.
13:31 El cielo y la tierra pasarán, pero
mis palabras no pasarán.
13:32 Pero de aquel día y de la hora nadie
sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo,
sino el Padre. 13:33 Mirad, velad y orad; porque no sabéis
cuándo será el tiempo.
13:34 Es como el hombre que yéndose lejos,
dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra,
y al portero mandó que velase. 13:35 Velad, pues, porque no sabéis cuándo
vendrá el señor de la casa; si al anochecer, o a la medianoche,
o al canto del gallo, o a la mañana;
13:36 para que cuando venga de repente, no os
halle durmiendo.
13:37 Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo:
Velad.
14:1 Dos días después era la pascua,
y la fiesta de los panes sin levadura; y buscaban los principales sacerdotes
y los escribas cómo prenderle por engaño y matarle.
14:2 Y decían: No durante la fiesta para que no se haga alboroto
del pueblo.
14:3 Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso,
y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume
de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo
derramó sobre su cabeza. 14:4 Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron:
¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?
14:5 Porque podía haberse vendido por más de trescientos
denarios,
y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella.
14:6 Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por
qué la molestáis? Buena obra me ha hecho.
14:7 Siempre tendréis a los pobres con
vosotros,
y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí
no siempre me tendréis.
14:8 Esta ha hecho lo que podía; porque
se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.
14:9 De cierto os digo que dondequiera que se
predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará
lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.
14:10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales
sacerdotes para entregárselo.
14:11 Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero.
Y Judas buscaba oportunidad para entregarle.
14:12 El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, cuando
sacrificaban el cordero de la pascua, sus discípulos le dijeron:
¿Dónde quieres que vayamos a preparar para que comas la pascua?
14:13 Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id
a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro
de agua; seguidle,
14:14 y donde entrare, decid al señor
de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento
donde he de comer la pascua con mis discípulos?
14:15 Y él os mostrará un gran
aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí.
14:16 Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron
como les había dicho; y prepararon la pascua.
14:17 Y cuando llegó la noche, vino él con los doce.
14:18 Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo
Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros,
que come conmigo, me va a entregar.
14:19 Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por
uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo?
14:20 El, respondiendo, les dijo: Es uno de los
doce, el que moja conmigo en el plato.
14:21 A la verdad el Hijo del Hombre va, según
está escrito de él,
mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado!
Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.
14:22 Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo,
y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto
es mi cuerpo.
14:23 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron
de ella todos.
14:24 Y les dijo: Esto es mi sangre
del nuevo pacto,
que por muchos es derramada.
14:25 De cierto os digo que no beberé
más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo
en el reino de Dios.
14:26 Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.
14:27 Entonces Jesús les dijo: Todos os
escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está:
Heriré al pastor, y las ovejas serán dispersadas. 14:28 Pero después que haya resucitado,
iré delante de vosotros a Galilea. 14:29 Entonces Pedro le dijo: Aunque todos se escandalicen, yo no.
14:30 Y le dijo Jesús: De cierto te digo
que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado dos
veces, me negarás tres veces.
14:31 Mas él con mayor insistencia decía: Si me fuere
necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían
lo mismo.
14:32 Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo
a sus discípulos: Sentaos aquí, entre
tanto que yo oro.
14:33 Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó
a entristecerse y a angustiarse.
14:34 Y les dijo: Mi alma está muy triste,
hasta la muerte; quedaos aquí y velad.
14:35 Yéndose un poco adelante, se postró en tierra,
y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora.
14:36 Y decía: Abba, Padre, todas las
cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que
yo quiero, sino lo que tú.
14:37 Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón,
¿duermes? ¿No has podido velar una hora?
14:38 Velad y orad, para que no entréis
en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto,
pero la carne es débil.
14:39 Otra vez fue y oró, diciendo las mismas palabras.
14:40 Al volver, otra vez los halló durmiendo, porque los ojos
de ellos estaban cargados de sueño; y no sabían qué
responderle.
14:41 Vino la tercera vez, y les dijo: Dormid
ya, y descansad. Basta, la hora ha venido; he aquí, el Hijo del
Hombre es entregado en manos de los pecadores.
14:42 Levantaos, vamos; he aquí, se acerca
el que me entrega.
14:43 Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno
de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte
de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos.
14:44 Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo:
Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle con seguridad.
14:45 Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo:
Maestro, Maestro. Y le besó.
14:46 Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron.
14:47 Pero uno de los que estaban allí, sacando la espada, hirió
al siervo del sumo sacerdote, cortándole la oreja.
14:48 Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Como
contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para
prenderme?
14:49 Cada día estaba con vosotros enseñando
en el templo,
y no me prendisteis; pero es así, para que se cumplan las Escrituras.
14:50 Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.
El joven que huyó
14:51 Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una
sábana; y le prendieron;
14:52 mas él, dejando la sábana, huyó desnudo.
14:53 Trajeron, pues, a Jesús al sumo sacerdote; y se reunieron
todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas.
14:54 Y Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del
sumo sacerdote; y estaba sentado con los alguaciles, calentándose
al fuego.
14:55 Y los principales sacerdotes y todo el concilio buscaban testimonio
contra Jesús, para entregarle a la muerte; pero no lo hallaban.
14:56 Porque muchos decían falso testimonio contra él,
mas sus testimonios no concordaban.
14:57 Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra
él, diciendo:
14:58 Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este
templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho
sin mano. 14:59 Pero ni aun así concordaban en el testimonio.
14:60 Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó
a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué
testifican éstos contra ti?
14:61 Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote
le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo,
el Hijo del Bendito?
14:62 Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis
al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en
las nubes del cielo. 14:63 Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué
más necesidad tenemos de testigos?
14:64 Habéis oído la blasfemia; ¿qué os
parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte. 14:65 Y algunos comenzaron a escupirle, y a cubrirle el rostro y a
darle de puñetazos, y a decirle: Profetiza. Y los alguaciles le
daban de bofetadas.
14:66 Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del
sumo sacerdote;
14:67 y cuando vio a Pedro que se calentaba, mirándole, dijo:
Tú también estabas con Jesús el nazareno.
14:68 Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé
lo que dices. Y salió a la entrada; y cantó el gallo.
14:69 Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir
a los que estaban allí: Este es de ellos.
14:70 Pero él negó otra vez. Y poco después, los
que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú
eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante
a la de ellos.
14:71 Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco
a este hombre de quien habláis.
14:72 Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó
de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo
cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba.
15:1 Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes
con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús
atado, y le entregaron a Pilato.
15:2 Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los
judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú
lo dices.
15:3 Y los principales sacerdotes le acusaban mucho.
15:4 Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes?
Mira de cuántas cosas te acusan.
15:5 Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que
Pilato se maravillaba.
15:6 Ahora bien, en el día de la fiesta les soltaba un preso,
cualquiera que pidiesen.
15:7 Y había uno que se llamaba Barrabás, preso con sus
compañeros de motín que habían cometido homicidio
en una revuelta.
15:8 Y viniendo la multitud, comenzó a pedir que hiciese como
siempre les había hecho.
15:9 Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis
que os suelte al Rey de los judíos?
15:10 Porque conocía que por envidia le habían entregado
los principales sacerdotes.
15:11 Mas los principales sacerdotes incitaron a la multitud para que
les soltase más bien a Barrabás.
15:12 Respondiendo Pilato, les dijo otra vez: ¿Qué, pues,
queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?
15:13 Y ellos volvieron a dar voces: ¡Crucifícale!
15:14 Pilato les decía: ¿Pues qué mal ha hecho?
Pero ellos gritaban aun más: ¡Crucifícale!
15:15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a
Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle,
para que fuese crucificado.
15:16 Entonces los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es,
al pretorio, y convocaron a toda la compañía.
15:17 Y le vistieron de púrpura, y poniéndole una corona
tejida de espinas,
15:18 comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos!
15:19 Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían,
y puestos de rodillas le hacían reverencias.
15:20 Después de haberle escarnecido, le desnudaron la púrpura,
y le pusieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle.
15:21 Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de
Alejandro y de Rufo,
que venía del campo, a que le llevase la cruz.
15:22 Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido
es: Lugar de la Calavera.
15:23 Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no
lo tomó.
15:24 Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus
vestidos, echando suertes sobre ellos
para ver qué se llevaría cada uno.
15:25 Era la hora tercera cuando le crucificaron.
15:26 Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS.
15:27 Crucificaron también con él a dos ladrones, uno
a su derecha, y el otro a su izquierda.
15:28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y fue contado con
los inicuos. 15:29 Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y
diciendo: ¡Bah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres
días lo reedificas, 15:30 sálvate a ti mismo, y desciende de la cruz.
15:31 De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciendo,
se decían unos a otros, con los escribas: A otros salvó,
a sí mismo no se puede salvar.
15:32 El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que
veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él
le injuriaban.
15:33 Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra
hasta la hora novena.
15:34 Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo:
Eloi,
Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 15:35 Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo:
Mirad, llama a Elías.
15:36 Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola
en una caña, le dio a beber,
diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle.
15:37 Mas Jesús, dando una gran voz, expiró.
15:38 Entonces el velo
del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
15:39 Y el centurión que estaba frente a él, viendo que
después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente
este hombre era Hijo de Dios.
15:40 También había algunas mujeres mirando de lejos,
entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre
de Jacobo el menor y de José, y Salomé,
15:41 quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían
y le servían;
y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.
15:42 Cuando llegó la noche, porque era la preparación,
es decir, la víspera del día de reposo,
15:43 José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también
esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió
el cuerpo de Jesús.
15:44 Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo
venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto.
15:45 E informado por el centurión, dio el cuerpo a José,
15:46 el cual compró una sábana, y quitándolo,
lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba
cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro.
15:47 Y María Magdalena y María madre de José
miraban dónde lo ponían.
16:1 Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena,
María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas
para ir a ungirle.
16:2 Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron
al sepulcro, ya salido el sol.
16:3 Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá
la piedra de la entrada del sepulcro?
16:4 Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande.
16:5 Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al
lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron.
16:6 Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis
a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está
aquí; mirad el lugar en donde le pusieron.
16:7 Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él
va delante de vosotros a Galilea;
allí le veréis, como os dijo.
16:8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro, porque les había
tomado temblor y espanto; ni decían nada a nadie, porque tenían
miedo.
16:9 Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el
primer día de la semana, apareció primeramente a María
Magdalena, de quien había echado siete demonios.
16:10 Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con
él, que estaban tristes y llorando.
16:11 Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido
visto por ella, no lo creyeron.
Jesús se aparece a dos de sus discípulos
(Lc. 24.13-35)
16:12 Pero después apareció en otra forma a dos de ellos
que iban de camino, yendo al campo.
16:13 Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos
creyeron.
16:14 Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos
sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón,
porque no habían creído a los que le habían visto
resucitado.
16:15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad
el evangelio a toda criatura. 16:16 El que creyere y fuere bautizado, será
salvo; mas el que no creyere, será condenado.
16:17 Y estas señales seguirán
a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán
nuevas lenguas;
16:18 tomarán en las manos serpientes,
y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre
los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
16:19 Y el Señor, después que les habló, fue recibido
arriba en el cielo,
y se sentó a la diestra de Dios.
16:20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles
el Señor y confirmando la palabra con las señales que la
seguían. Amén.