Kriya
Yoga de Babaji
Textos
sobre Kriya Yoga

Samadhi (III): la Presencia
por Nityananda
En las kriyas de samadhi no buscamos "experiencias",
buscamos la "Presencia". Las experiencias vienen y van,
son temporales; a veces nos gustan y las perseguimos, a veces
nos aterran y huimos de ellas. Pero la Presencia siempre está
ahí, ya que podemos tener vivencias porque hay alguien
o algo que las experimenta. La Presencia es la base de todo, es
el Ser, igual que el sol es la base de la luz que nos permite
ver todo. Nosotros "ya" somos el Ser.
Pero
esta presencia es ocultada por las experiencias, de modo que no
podemos percibirla. Imaginemos una roca que asoma por la superficie
del mar, pero que es azotada constantemente por las olas, que
la van cubriendo, una tras otra, y apenas podemos verla. Igualmente,
las olas de nuestra respiración y de nuestra mente (que
como sabemos gracias al Yoga, están íntimamente
unidas) van creando diferentes estados de consciencia y diferentes
experiencias que vienen y van. Y el Ser permanece oculto tras
todas ellas, tras estos movimientos que no cesan.
Cada
noche, en el sueño profundo, nos olvidamos de estos movimientos
y nos recargamos en la paz de nuestro Ser, de forma inconsciente,
por así decirlo, ya que nuestra disposición ordinaria
es la de buscar la experiencia y no a nuestra presencia. Entramos
en el Ser, pero de espaldas a él, mirando lo fenoménico
hasta que lo perdemos de vista.
La
Presencia que somos realmente podría definirse como un
testigo luminoso y gozoso, inafectado por los vaivenes de las
experiencias: "Ishvara es el Ser especial, no tocado por
las aflicciones, acciones, frutos de las acciones, ni por ningún
deseo o impresión interior" (Yoga Sutras, I-24). En
el Kriya Yoga, y con las técnicas de samadhi, vamos volviéndonos
más y más conscientes de esta Presencia (nos volvemos
conscientes de aquello que es consciente). Para ello vamos aquietando
la respiración, y con ella las olas de la mente.
Entrando
en la Presencia
La
mente tiene movimientos de superficie y movimientos profundos.
Estos últimos, por su misma sutileza, son más subyugantes
y nos arrastran de forma inadvertida; de ahí la importancia
de la práctica constante del desapego ("Mediante la
práctica constante y con el desapego surge el cese de la
identificación con las fluctuaciones de la consciencia",
Yoga Sutras I-12) y de la entrega al maestro (Babaji), para no
identificarnos con ellos y entrar en estados más profundos
de auto-consciencia, entrar en la Presencia que es la base real
de todo.
En
la experiencia de la meditación o del samadhi debemos atravesar
capas de samskaras (tendencias mentales) que pueden incluir emociones
profundas como miedos, tristeza, carencias emocionales y un largo
etcétera. Uno puede quedar aterrado - o fascinado - por
estos movimientos internos, pero al hacerlo así, sigue
enganchado a las "experiencias", aunque éstas
sean más sutiles, fallando de nuevo en percibir la Presencia.
Estas experiencias sutiles pueden ser una verdadera trampa en
nuestro avance hacia el completo auto-conocimiento; son un poderoso
entretenimiento, placentero o doloroso, que nos desviará
de nuestro camino.
El
libro "Después del éxtasis, la colada"
de Jack Kornifield recoge la experiencia meditativa de un maestro
de Vipassana, que encuentro especialmente inspiradora: "A
medida que me fui calmando, las experiencias fueron llegando más
rápido. Ahora era como si pudiera darme cuenta de cada
pensamiento, aunque hubiera un constante flujo de ellos. Cada
forma-pensamiento creaba un mundo de ideas, recuerdos o imaginaciones,
y luego se desvanecían tan pronto como me percataba de
ellos. En el profundo silencio de la mente, empecé a sentir
los sutiles pre-pensamientos, como si la mente estuvera preñada,
a punto de soltar su siguiente pensamiento. Me daba cuenta de
cada percepción mínima y la liberaba: sonidos, olores,
emociones. (...) Todas las percepciones flotaban, apareciendo
y desapareciendo como burbujas de gaseosa. Tuve la sensación
de dejarme ir, y las percepciones se produjeron incluso más
rápidamente, como si el universo pulsara velozmente, convirtiéndose
ahora en pulsos de luz, como luciérnagas. Se produjo un
instante de miedo y desapareció. Luego mi mente se abrió,
entonces algo desapareció, y todo quedó totalmente
en silencio, más allá del silencio. No había
yo, ni experiencia, nada, ni palabras que darle. Sólo saber.
El mundo descansaba en un océano de paz, del cual las apariencias
aparecían y desaparecían".
Por
último debemos recordar que la práctica del samadhi
no debe crear dualidad con nuestra vida cotidiana, cuando volvemos
de él a nuestro estado ordinario. Por el contrario, la
vida cotidiana debe convertirse en la prolongación del
samadhi, en la que el testigo luminoso está tan presente
como siempre, en medio de las experiencias, sean externas o internas,
sea en nuestro cojín de meditación o en nuestra
mesa de trabajo. Ésto
es lo que se conoce como Auto-realización, y no es algo
que sucede, sino algo que vamos haciendo posible a cada momento
con nuestra práctica, hasta que la práctica se consolida.
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