La Semana Santa según Salzillo

La Semana Santa de Murcia no se concibe sin el nombre del genial imaginero Francisco Salzillo, su gubia dio forma a las tallas que, bajo la luz del sol cálido de estas tierras Levantinas, alcanzan su máximo esplendor, en la mañana de Viernes Santo.

Cuando la luz reflejada en la impresionante policromía de los grupos escultóricos, concebidos para ser vistos en la calle, en la dinámica del desfile procesional, donde el suave balanceo que le imprimen los estantes en su caminar característico, hace que se fundan con el ambiente de esta maravillosa mañana murciana.

   

Murcia que se transforma por las silueta de los pasos, las largas filas de penitentes que con su cruz a cuestas acompañan el dolor de Jesús camino del calvario, y el sonido de los "toques de burla" producidos por largas bocinas de metal que emiten sonidos como largo y sentido lamento al que dan réplica los sordos redobles de palillos sobre tambores cubiertos de tela.

           

Esta transformación parece transportar a la ciudad a la época barroca en que fueron concebidas por el artista, las obras de portentosa imaginería, que hacen posible esta estampa de júbilo.

            Si bonita es la estampa que podemos contemplar con la luz del día, no menos impresionante es la que, a la luz proporcionada artificialmente, nos muestran las diversas Vírgenes y Cristos que nos dejó el inmortal Salzillo.

            El Viernes de Dolores, el Santísimo Cristo del Amparo recorre la ciudad seguido de cerca por su Madre la Virgen de los Dolores, hasta que al filo de la medianoche se produce el encuentro en la plaza de la Iglesia de San Nicolás de Bari, que se queda pequeña ante la afluencia de gran cantidad de público que acude  a presenciar este acto.

            El Domingo de Ramos, precedidos de San Pedro Apóstol en la escena de la negación, tenemos al Santísimo Cristo de la Esperanza  que con su mirada lanzada al cielo, está en el trance del último suspiro y María Santísima de los Dolores con la mirada de angustia y amargura de una madre, que siente morir a su hijo.

            El Viernes Santo tenemos en la noche, al Santísimo Cristo de Santa Clara la Real y a la Santísima Virgen de las Angustias que en impresionante escena recorre la ciudad desde su Iglesia de San Bartolomé.

            Y volviendo a la mañana de Viernes Santo, según el orden de procesión tenemos: La Santa Cena, conjunto formado por Jesús y los doce Apóstoles cada uno en actitud que refleja perfectamente el papel que desempeña en la escena. A continuación tenemos La Oración en el Huerto, con el Ángel de inusual belleza que conforta a Cristo y en otra parte de la escena el sueño en duermevela de San Pedro junto a otros dos Apóstoles.

Les sigue la escena de “El Prendimiento”, con dos grupos de figuras perfectamente diferenciados; de una parte Cristo, que recibe el beso de traición de Judas y de otra parte San Pedro, que espada en ristre intenta descargar su furia sobre el criado Malco ante la mirada de un soldado romano. Viene a continuación Jesús atado a la columna, más conocido como “Los Azotes”, donde unos sayones con rostro desalmado inflingen un severo castigo a Jesús.

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Sigue La Santa Mujer Verónica, que pasea en su pañuelo el rostro de Cristo. En sexto lugar tenemos La Caída, en la que alrededor de Cristo caído tenemos a los sayones que con miradas de inusitada crueldad dan patetismo a la escena, mientras que Simón de Cirene sostiene la Cruz.

En séptimo lugar Nuestro Padre Jesús Nazareno, obra que sin ser de Salzillo conserva el privilegio de la titularidad debido a la devoción del pueblo Murciano y del propio Salzillo, que no fue capaz de sustituirla. En octavo lugar, tenemos a San Juan, gran exponente de la concepción de movimiento que imprimía Salzillo a sus obras. La Dolorosa, que cierra el cortejo, realiza su salida cuando los primeros rayos de sol inciden sobre la puerta de la Iglesia de Jesús.

Vicente Moreno