Con la luna bajo sus pies

    La iconografía española más antigua de la Virgen María es aquella que constituye la trascripción plástica de la cita neotestamentaria que el evangelista S. Juan hace en el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis: “Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. La Tradición ha venido a identificar a esa Mujer como una personificación de María, o bien como representación de la comunidad cristiana, o las dos cosas a la vez. A este respecto resulta paradigmática la interpretación que hace S. Agustín: “Ninguno de nosotros ignora que este dragón era el diablo, y que la Mujer representaba a la Virgen María, la cual siendo virgen, dio a luz a nuestro Redentor; virgen que, además, en su persona representaba a la Iglesia”. Más adelante, la literatura mística ofertó una acabada explicación de los símbolos de la Virgen Apocalíptica. Las doce estrellas son las doce tribus de Israel, o más bien los doce apóstoles; el sol es Jesucristo; y por último, la luna es S. Juan Bautista que mengua en cuanto aparece el Sol de Justicia.
    Lo cierto es que el tema de la Virgen Apocalíptica tiene su más definitiva y esplendorosa culminación en la iconografía inmaculista. La festividad de la Concepción de María es antiquísima. Parece ser que en su formulación primitiva se remonta al S. VIII bajo la denominación general de la Concepción de Sta. Ana celebrándose el 9 de diciembre. Esta fiesta solemnizaba la concepción pasiva de María en las entrañas de su madre al paso que la Conceptio Mariae Virginis aludía a la maternidad divina de la Virgen. En España se comenzó a celebrar con un esplendor extraordinario a partir del S. XIV aunque sin precisar el alcance teológico de su contenido.


    Con motivo de la salida en procesión de la imagen de Ntra Sra del Rosario de la Iglesia de Sta. Ana -Las Anas- una familia murciana desde el anonimato y devoción ha regalado a dicha imagen media luna en plata de ley para ornato de la misma realizada por el orfebre D. Manuel de los Ríos. Se impone pues a la luz de lo que venimos diciendo una reflexión clarificadora sobre la evolución y significado de este elemento iconográfico que a no pocos fieles les resulta oscuro. En realidad, la luna o media luna es un atributo precristiano entendido como principio femenino y aplicado a deidades íberas, romanas, etc. La fe cristiana ha visto en ella un elemento apocalíptico muy ligado a la iconografía de la Inmaculada Concepción aunque ni mucho menos exclusivo de ésta como es el caso que nos ocupa. En cuanto a su forma admite una amplia gama de tipos: con el perfil del rostro humano en la concavidad; con la serpiente enroscada alrededor de ella; con motivos heráldicos, angélicos, inscripciones, etc
    No podemos eludir las posibles connotaciones político-religiosas que algunos historiadores han dotado a este atributo iconográfico. La media luna se asocia e identifica con el Islam. En la Batalla de Lepanto acaecida el 7 de octubre de 1571 los turcos dispusieron inicialmente su flota naval en forma de media luna mientras los cristianos lo hacían en forma de cruz. Así, se ha visto en la media luna bajo los pies de María un modo de resaltar el triunfo del cristianismo. Esta fórmula artística no es ajena al mundo occidental. Recordemos al respecto las estelas con las campañas militares, el célebre bronce de Leoni representando a Carlos V, o la misma iconografía de S. Miguel.
Más alejado en el tiempo y movido por la recta plasmación de los atributos de María el mercedario Fr. Juan Interián de Ayala señalaba hacia 1732 cómo en la representación de la luna se cometía con frecuencia el error de representarla con las puntas de sus cuernos hacia arriba cuando debían estar apuntando en dirección contraria. El tratadista D. Luis Alcázar se posicionaba en la misma línea: “En la conjunción del sol, de la luna y de las estrellas, veo que yerran frecuentemente los pintores vulgares. Pues éstos suelen pintar la luna a los pies de la soberana Señora vueltas sus puntas hacia arriba. Pero los que son peritos en las ciencias matemáticas, saben con evidencia que si el sol y la luna están ambos juntos, y desde un lugar inferior, se mira la luna por un lado, las dos puntas de ellas parecen vueltas hacia abajo, de suerte que la mujer estuviese, no sobre el cóncavo de la luna, sino sobre la parte convexa de ella. Y así debía suceder para que la luna alumbrase a la Mujer que estaba arriba”. Un siglo antes el pintor y tratadista D. Francisco Pacheco, suegro de Velázquez, se decantaba por la posición de la media luna en cuarto menguante.
    Aún a pesar de la queja del P. Ayala es bastante frecuente encontrar en la producción pictórica la luna con los cuernos hacia arriba; lo mismo sucede en los grabados. Pero también se puede apreciar la luna entera quedando opaca y brillante la sección superior a modo de cuarto menguante o como un globo de cristal. En el campo escultórico se produce una interesante variación iconográfica. El globo transparente de la luna sobre los que se posan los pies de María es entendido erróneamente como el globo terráqueo creyéndose entonces los artistas obligados a añadir la media luna. El dominio escultórico de la media luna en cuarto creciente se explica debido a las posibles dificultades materiales o técnicas que supondría la luna en cuarto menguante. El tipo creciente presentaba un mejor punto de apoyo para la imagen. Tampoco habría que olvidar el notable éxito de la Virgen con el Niño sobre la media luna creciente en la escultura del mundo germánico y Países Bajos.
    Los artistas, precedidos de la reflexión teológica, han traducido plásticamente la figura histórica y dogmática de María haciendo aún más amable a los hombres la obra redentora de Jesucristo. La fe de la Iglesia nos presenta a María como auxilio y abogada nuestra. “Pero todo esto ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador” S. Ambrosio. La luna brilla porque refleja la luz del sol. La luz de la luna no quita ni añade nada a la luz del sol sino que manifiesta su resplandor. Así, el disco lunar en perenne y extático creciente, variable, improductor de luz, como un espejo ha quedado a los pies de la Virgen María como signo convencional de su grandeza recibida y reflejada


Comunidad de MM. Dominicas de Sta Ana
Camareras de la Virgen del Rosario
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