LAS ROGATIVAS POR LAS LLUVIAS Y

NUESTRO PADRE JESUS NAZARENO

 

 

Las rogativas, como es sabido, no son otra cosa que unas simples oraciones o súplicas al Todopoderoso, para rogarle por los frutos de la tierra y otras diversas necesidades. Unas veces, para pedirle el cese de algún grave mal; otras, la mayoría, para impetrar la llegada de las lluvias, fuente de vida para los seres vivos y las sedientas tierras.

 

 
Nuestro Padre Jesús nazareno Fotografía propiedad de Puelles  

           

 

Dichas Letanías, que son auténticos actos de fe, en ningún momento tratan de suplir a las ciencias ni a las condiciones geofísicas; las hacen los diocesanos en sus Iglesias y en determinados desfiles procesionales, la mayoría de las veces, para implorar la conclusión de las dramáticas sequías, cumpliendo, de esta forma, la Palabra de Dios, cuando decía: “ ... pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá”.

           

 

            En el Reino de Murcia, estas Rogativas, han venido haciéndose desde tiempo inmemorial y en todas las estaciones del año. Ello, no obstante, con el transcurso de los años y la paulatina modernización de los métodos de cultivo, poco a poco fueron cayendo en una evidente decadencia, prolongada hasta nuestros días.

 En cuanto a las Rogativas hechas a la imagen de Nuestro Padre Jesús nazareno, debemos recordar que la misma fue realizada en el año 1.601 (al poco tiempo de la fundación oficial de la Cofradía de Jesús) y que, desde esa fecha, ya procesionaria todas las mañanas de Viernes Santo, además de celebrar en su honor solemnísimos cultos públicos durante todo el año.

 

            Por esas razones, la devoción al mismo iría creciendo con el transcurso de los años, hasta alcanzar su plenitud a raíz de la riada e inundación del día 14 de octubre de 1.651 (conocida con el nombre de San Calixto), en la que la Cofradía de Jesús perdió todas sus imágenes y otros diversos bienes, al verse su Iglesia anegada por las aguas. Sin embargo, milagrosamente, únicamente se salvaría la imagen de su Venerado Titular, cuyo hecho y circunstancias, al ser conocidas, produjeron la admiración de muchísimos murcianos.

 

De ahí que, casi durante tres siglos (XVII, XVIII y XIX), a Nuestro Padre Jesús, se le hicieran Rogativas con una cierta periodicidad, muchas veces, como se ha dicho, para pedir por la llegada de las lluvias; otras, para suplicar su cese, ya que también, con mucha frecuencia, se producían grandes avenidas e inundaciones.

           

 

            De entre todas esas Rogativas, vamos a dejar constancia de las siguientes:

 

            De la celebrada en toda Murcia el día 12 de abril de 1.684, para implorar la llegada de las lluvias; la verificada el año 1.714, a petición de numerosos fieles, en cuya ocasión, la imagen de Nuestro padre Jesús fue llevada en Rogativa al Convento de las Religiosas de Santa Isabel (en aquella época, perteneciente a la Parroquia de Santa Catalina), en la que se celebró un solemne novenario; después el día 22 de febrero de 1.716 fue trasladada a la Santa Iglesia catedral, en la que permanecería expuesta durante tres días, junto al Santísimo Sacramento y Virgen de la Fuensanta; en 1.719 nuevamente fue sacado procesionalmente por toda la Capital; el 21 de diciembre de 1.747 de nuevo se le lleva en procesión al Santo Templo Catedralicio, en unión de la Virgen de la Fuensanta; posteriormente el día 8 de marzo de 1.748, junto a la Virgen de la Fuensanta, otra vez es llevado en procesión Rogativa a la Iglesia de las Religiosas  Agustinas de esta Ciudad, procesión que se repitió al día siguiente con el acompañamiento de la Virgen de la Arrixaca, en cuyo Templo fueron expuestas dichas imágenes en unión de unas reliquias de San Fulgencio y Santa Florentina.

 

     

      Posteriormente la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, unas veces sola y otras acompañada de la imagen de la Virgen de la Fuensanta, procesionaria en rogativas los días 10 de septiembre de 1.780; 22 de octubre de 1.798; 3 de marzo de 1.799; en 1.800; el 22 de enero de 1.804; 8 de abril de 1.817; 18 de mayo de 1.818; 11 de mayo de 1.824; en 1.825; en 1.826; en 1.827; 1.846; 1.847; 1.848 y finalmente, en 1.869, último año de Rogativas del que se tiene constancia.

 

            La trascendencia de estas Rogativas bien lo demuestra el contenido de la Real Orden de 5 de mayo de 1.825, que prohibía la celebración de todas las Fiestas (fueran públicas o privadas), que coincidieran con el desarrollo de esos desfiles.

 

            En nuestros días, como antaño, los problemas de las sequias siguen teniendo plena vigencia, razón por la que ya sería aconsejable que las Autoridades competentes pusiesen en marcha el Plan Hidrológico Nacional. Mientras así no se haga y las actuales condiciones metereológicas subsistan, para las gentes de fe, el único camino viable para demandar las anheladas lluvias continuará siendo el de acudir a Dios, como recientemente (1.997) ha hecho el Arzobispo de Madrid, que ha difundido una piadosa petición (inspirada en la “Ad petendam pluviam” del Misal Romano) cuyo contenido es el siguiente: “Para que Dios Todopoderoso, en quien vivimos, nos movemos y existimos, nos conceda la lluvia necesaria, y así, ayudándonos con los bienes de la tierra, podamos aspirar confiadamente en los bienes del Cielo, Roguemos al Señor”.

 

            Nosotros, además de reproducirla aquí en estos momentos, con San Francisco de Asís, también pedimos “por la hermana agua...” ¡loado, mi Señor!”.

 

 

Puelles.

 

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