HOMILÍA DEL ILMO. SR. OBISPO DE LA DIÓCESIS DE CARTAGENA D. JUAN ANTONIO REIG PLÁ EN LA CORONACIÓN DE LA DOLOROSA DE SALZILLO



    Ilmo. Cabildo Catedral, queridos Vicarios episcopales, hermanos sacerdotes y queridos seminaristas, Excmo. Sr. Alcalde del Ayuntamiento de Murcia, Ilmo. Sr. Presidente de la Cofradía de Jesús, General Jefe de la Brigada paracaidista, Mayordomo de honor de la Cofradía de Jesús, Madrina de la coronación Excma. Sra. Dña. Marisol Meroño Balsalobre, Excmas. e Ilmas. Autoridades civiles y militares, Ilmo. Sr. Presidente del Cabildo Superior de Cofradías de Murcia, Ilmos. Presidentes de cofradías hermanas, cofrades de honor de la Cofradía de Jesús, Presidente de la Federación de Peñas Huertanas, Junta particular de la cofradía, camarero y cabo de andas de la Dolorosa, camareros y cabos de andas, nazarenos, queridos hermanos todos


    Hace 250 años en la mente de un escultor murciano fue concebida esta imagen de Ntra. Sra. de los Dolores, icono del amor más profundo de la madre ante el sufrimiento y la muerte de su hijo. Esta imagen deseada por el corazón de un gran creyente, fue lentamente esculpida y casi acariciada por las manos de quien estaba tocado por Dios.

    Su genio artístico, queridos hermanos, no derivaba solamente de la habilidad, ya demostrada, de un buen artesano. Este escultor, orgullo de todos los murcianos, no sólo se recrea en los matices de la belleza humana sino que, como hombre de fe, intenta plasmar en su obra los destellos de la luz divina. En el rostro de la Dolorosa, a la vez sufriente y sereno, se descubre la obra del creador que se recrea en la hermosura de su criatura concebida sin pecado y peregrina de la fe desde la anunciación hasta el tormento de la cruz.

    Quien fue novicio en el Convento de los Padres Dominicos; quien siguiendo la voluntad de Dios, se puso al frente de su familia tras la muerte de su padre; quien asistía diariamente a la celebración de la santa misa y conocía de cerca la hermosura de Dios, era consciente de que toda la belleza creada no era más que participación de la sabiduría de Dios, de su bondad derramada de todo de lo que de Él procede.

    En esta mañana en la que todos los murcianos agradecemos a Dios la obra genial de la Dolorosa que cierra la procesión de la Real y Muy Ilustre Cofradía de Ntro. Padre Jesús en la mañana de Viernes Santo, nuestro agradecimiento se extiende con sentimientos de emoción a la figura de este hombre bueno, genial artista y gran cristiano, Francisco Salzillo Alcaraz.
 


    La Dolorosa camino del calvario fue concebida por Salzillo como una imagen de vestir en la que todos los detalles están cuidados minuciosamente desde el rostro de María hasta la posición de sus manos, sus pies, sus vestidos y los cuatro ángeles niños que enmarcan toda la composición. El rostro de la Dolorosa que desde 1755 enamoró a todos los murcianos no es patético, ni expresa desesperación. Dotado de un especial realismo inspirado en la mujer murciana refleja, a la vez, profundo dolor y serenidad de creyente y de mujer de esperanza. Sus bellos ojos se elevan al cielo después de contemplar el dolor de su hijo. De Él nos ha dicho el profeta Isaías, en la primera lectura: “ El señor quiso triturarlo con el sufrimiento y entregar su vida con expiación. Lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Mi siervo justificará a muchos porque cargó con los crímenes de ellos”.

    Esta es la prueba suprema de la fe: el sufrimiento del inocente. María, que dio la iniciativa a Dios y espera su respuesta con el corazón atravesado con la espada, como le profetizó el anciano Simeón. María, la Virgen de los Dolores, asiste como nueva Eva a la gestación de una humanidad nueva y redimida. El hijo que ella llevó en su vientre virginal, el niño que ella acarició tantas veces con amor de madre, el joven a quien seguía guardando cosas en su corazón, el mismo que dio signos de su divinidad en las bodas de Canaán, o en la resurrección de su amigo Lázaro, ahora está bebiendo del cáliz de la pasión y cargado con la cruz se dirige al calvario donde se consumará su sacrificio y su entrega al Padre.

    Al sufrimiento humano del hijo de Dios se suma el dolor de la madre que se asoció con corazón maternal a su sacrificio consintiendo con amor en la inmolación de la víctima engendrada por ella misma. De este modo, María mantuvo fielmente la unión con su hijo hasta la cruz.

    Cómo expresar, queridos hermanos, a la vez, tanto dolor en el corazón de la mejor de las madres y tanta confianza en el cumplimiento de las promesas del Señor. Esta es, queridos hermanos, la victoria de la fe reflejada genialmente en el rostro de la Dolorosa y en los ojos que miran al cielo y acogen la súplica de todos los fieles murcianos.

    ¡Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y muéstranos a Jesús fruto bendito de tu vientre!

    No cabe mayor dolor en una madre que entregar a su hijo y no cabe mayor consuelo en quienes cogidos de su mano, esperamos alcanzar los frutos de la resurrección.

    Los labios de la Dolorosa, entreabiertos, expresan a un mismo tiempo la conmoción y la súplica. Estos mismos labios que con júbilo prorrumpieron en la alabanza divina con el canto del Magnificat, proclama mi alma a la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, parece que ahora musitan con el salmista. Nosotros aguardamos al Señor. Él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

    Sus lágrimas de cristal dejan correr el llanto de la madre como un reguero de luz que brilla en la mañana de Viernes Santo y que se extiende a toda Murcia pregonando con las palabras del himno

“La Virgen más hermosa,

la luz del cielo

que con sus muchas penas

nos da consuelo”
 

    En Cristo, queridos hermanos, está depositada toda nuestra esperanza. Por eso, no nos debe de asustar el sufrimiento, ni la enfermedad, ni la muerte. Él, como nos recordaba la lectura de la carta a los hebreos, a pesar de ser hijo, aprendió sufriendo a obedecer, y llevado a la consumación se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

    El sufrimiento no es, pues, la última palabra. Así nos lo enseña Cristo, quien en los días de su vida mortal a gritos y con las lágrimas presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado.

    Acudamos, pues, al Señor. Como la Dolorosa, no dudemos en avanzar en el seguimiento de Cristo y, como ella, extendamos los brazos y las manos hacia Él, que nos escucha en nuestra aflicción y nos puede librar de todos los males.

    Vestida con la túnica encarnada y el manto azul, cubierta su cabeza e inclinada hacia atrás, María, la Virgen de los Dolores, avanza hacia el calvario. Fijos los ojos en el Señor Jesús no espanta del sufrimiento y como mártir de la fe se apresta a ofrecer a su hijo para muestra de redención. Y es que, en lo hondo de su alma todavía resuenan las palabras del ángel: “No temas, María, porque para Dios no hay nada imposible”.

    La seriedad de este anuncio del Arcángel Gabriel es sustituido por el llanto candoroso de los cuatro angelitos que rodean a la Virgen como custodios de la madre más tierna y buena. En ellos nos sentimos identificados todos y como ellos nos llevamos las manos a los ojos viendo su dolor y quisiéramos cobijarnos seguros bajo la orla de su manto.

    Después de 250 años de su presencia en Murcia, ¿cómo no nos vamos a estremecer viéndola por nuestras calles y plazas?, y, ¿cómo sostener el llanto en esta mañana al acordarnos de cuantos sufren y están tentados?

    Viendo sus lágrimas nos vienen a la memoria nuestros niños, los que no han llegado a nacer, los que necesitan el calor de un hogar con un padre y una madre; los más pobres que se debaten entre la incertidumbre y deambulan por nuestras calles; los encarcelados, los drogadictos o los atrapados por el alcohol y el juego; las supersticiones y los demás vicios y plagas de este mundo; los que viven en la falta de concordia familiar; los enfermos, los ancianos, los que se sienten solos y abandonados; los que no tienen fe y están turbados. En sus benditas lágrimas está expresado todo el sufrimiento de nuestro pueblo y de España entera. Por eso, esta mañana acudimos con fe a ella que es madre de misericordia y la saludamos como vida, dulzura y esperanza nuestra.

    Cuando nos disponemos a ceñir su imagen como Reina y Señora de cielos y tierra, queremos poner de manifiesto que con el paso de los años la imagen de la Dolorosa ha ido ganando el corazón de los murcianos, que la reconocemos como madre y Señora, consuelo de nuestras almas y alivio en este valle de lágrimas.

    Como hemos escuchado en el Evangelio, Jesús, nos deja a su madre como testamento. La descripción evangélica es concisa: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás, y María Magdalena. Jesús viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba dice a su madre: “Ahí tienes a tu hijo”. Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.”

    En San Juan está representada la iglesia naciente y todos nosotros, hechos miembros de Cristo y de la Iglesia por el bautismo. Sintiendo su intercesión maternal hoy estamos invitados a acogerla en nuestra casa, a experimentar en la Iglesia el calor del hogar donde la llama del amor no se apaga. Hoy, contemplando la imagen de la Dolorosa, sentimos cómo se aviva nuestro amor de hijos, de aquellos murcianos contentos y felices de tener tan buena madre que desde el cielo vela y cuida de nosotros, de nuestras familias y de nuestras parroquias.

    Como señal de gratitud a Nuestra Madre queremos formar una verdadera corona que exprese nuestro reconocimiento filial y la voluntad de vivir como hermanos atentos a los más necesitados. La que nos enseña que, terminado el descurso de su vida terrena, la Virgen María fue asumpta en cuerpo y alma a la gloria celestial y fue ensalzada por el Señor como Reina universal con el fin de que se asemeje de forma más plena a su hijo, Rey de reyes, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte.

 

    La corona sobre su cabeza que a continuación vamos a colocar, signo visible de su realeza de ser madre de Dios, nos recordará de manera perenne que como reina del cielo debe reinar también en nuestros corazones.

    Como obispo os invito a que abráis de par en par vuestro corazón para que ella pueda vivir y reinar en Él.

    Siguiendo la fe de nuestros padres, manifestamos públicamente nuestro amor a Nuestra Señora la Virgen de los Dolores, la Dolorosa de Salzillo.

    Hoy como hace 250 años le decimos: MADRE, NO NOS ABANDONES Y RUEGA POR NOSOTROS AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE.



¡¡¡VIVA LA VIRGEN DE LOS DOLORES!!!

¡¡¡VIVA NUESTRA MADRE DEL CIELO!!!

¡¡¡VIVA NUESTRA REINA!!!



Este esfuerzo para la extracción de la homilía se lo dedico con cariño a la Cofradía de Jesús, al foro y a Nuestra Madre Dolorosa.

He creído que esta preciosa homilía, que no es una homilía más, sino la homilía de la coronación canónica de la Dolorosa de Jesús, no podía quedar en el olvido, y he supuesto que este foro de cristianos y de amantes de la Semana Santa era el lugar idóneo para que no sea desdeñada y relegada al inmerecido desdén.

escrito en el foro de Murcia Nazarena por Cleopatro

 

  Para volver pulsar sobre el cartel