ESTACIÓN DE PENITENCIA EN LA CATEDRAL

    Imaginaos (los que seáis estantes y penitentes. Si digo alguna burrada, me la perdonáis... es que así es como está en mi mente la estación) lo que seria salir de la Glorieta para entrar en Belluga con los focos, el ver como la gente observa la imagen que portas, de repente, sales de la calle del Arenal y ves la torre, la fachada… todo eso es previo a entrar en el ambiente de la Catedral de Murcia, peculiar entre las Catedrales de España por esa mezcla de estilos que hace que en los libros de Historia haya que estudiarla aparte.

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    Te vas acercando, cincuenta metros, cuarenta… Ves la puerta del Perdón abierta de par en par y te empiezas a dar cuenta de donde estás. Te encuentras en plena entrada. La fachada parece que se inclina ante ti mientras piensas en el tercer cuerpo que le falta para haber completado la idea original. Notas como los Santos que observan día a día a los murcianos, como los cuatro santos de Cartagena: San Fulgencio, San Isidoro, San Leandro y Santa Florentina se hacen merecedores de una recompensa en forma de pastilla o estampa por la atención que prestan al desfile.

    Subes un escalón, dos, tres… Ya estás dentro. Notas como la banda de música deja de tocar, como las burlas cesan de repente. El ambiente mezcla ese fresquito característico cuando entras a cualquier templo con el incienso que aprecias levemente. Cambias el chip, dejas de meterte la mano al buche y entras en el Recogimiento y la Oración. De repente, un golpe del cabo de andas te suena distinto a todos los oídos antes en la carrera: el eco te avisa de que ya estás dentro.

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Fotografías de la entrada del Stmo. Cristo de la Sangre en la Catedral con motivo de su Traslado Extraordinario tras su restauración

Fotografías de: PenitentePromesa


    Los penitentes se abren para tomar la curva a derechas. Parecen auténticos monjes, todos en fila, en silencio. Los estantes entramos de frente, como manda la buena forma de procesionar. Un golpe nos avisa de que vamos a girar a la derecha para rodear el altar, el segundo golpe nos hace meter cuello.

    Intentas empaparte de todo lo que está pasando en ese momento: oyes los golpes de los estantes con el suelo, de los candelabros (gling gling), oyes el sonido de la esparteña a cada paso sobre el suelo. Oyes el órgano de la Catedral, que está interpretando una marcha pasionaria. Miras hacia el lado y vas viendo las capillas de la Catedral, que son las mismas que cuando entras vestido de paisano... pero ahora mismo no se ven igual: la de Verastegui, la del Corazón de Jesús, la de Junterones… Alzas la cabeza hacia la imagen que llevas sobre los hombros y observas que desde arriba, el, ella o ellos (según el paso) también se dedican a disfrutar del recorrido y a mirar a los lados, pasas por la capilla de San José, llegas a la altura del altar mayor y comienzas a girar más sensiblemente, mientras vas pasando la hilera de confesionarios.
 

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Stmo. Cristo de la Sangre en  la Catedral con motivo de su Traslado Extraordinario tras su restauración. 

Fotografía de: NazarenoColorao


    El olor a incienso se incrementa. Es el indicador de que ya estás cerca del momento cumbre y del verdadero objetivo de la carrera. De repente, caes en la cuenta de que vas a pasar por delante del más importante: vas a procesionar ante Dios y te acojonas (si, eso) porque, al fin y al cabo, lo que estas haciendo es una penitencia y una demostración de amor hacia Él y sientes que te va a ver (aunque siempre lo hace).

    Llegas a la altura de los Vélez. Observas la capilla, la decoración gótica con bóveda estrellada, la iluminación, te recreas… durante los cuatro primeros segundos. Al quinto adviertes al Santísimo (o el monumento según el día). Paras, le saludas. Te quedas con ganas de ofrecerle lo mejor que lleves en el buche... y por ello le ofreces tu oración, tu carrera, tu esfuerzo, tu penitencia. El cabo de andas inicia una oración y la voz de los estantes se une en una sola.

    Sientes cómo la Verónica que llevas sobre los hombros le vuelve a enjugar el rostro, como el Nazareno se funde con el Santísimo para abrazar la Cruz, como San Juan mueve el brazo para señalar la custodia, como la Virgen llora con el puñal clavado en su corazón, como los guardias vuelven a golpear a Jesús, sientes como vuelve a partir el pan en la última cena… y así cada uno con su paso y su imagen.


    Un golpe seco te saca de tu oración. Es hora de irte. Te despides, giras y te vas con la sensación de haber hecho penitencia de la mejor forma posible: Frente a Él.

    El paso sigue metiendo el cuello para salvar la curva que queda. Pasas por la capilla de San Antonio, por la del Socorro y llegas nuevamente al altar donde, desde aquí sí, ves a Nuestra Señora de la Fuensanta, patrona de todos los murcianos. Volvemos a parar el desfile y el cabo coge una flor del trono para ofrecérsela en nombre de todos. Tras despedirte también de ella, te dispones a salir.

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Stmo. Cristo de la Sangre saliendo de la Catedral con motivo de su Traslado Extraordinario tras su restauración.  Fotografía de: PenitentePromesa

    Enfilas la plaza de la cruz en lo que se convierte en una imagen preciosa vista desde dentro: un río de nazarenos saliendo de la casa de Dios hacia Traperia. Recuerdas que el camino al calvario tuvo que ser así. Con Jesús abrazando su cruz y un montón de gente a su paso.

    Sales emocionado y lleno. Acabas de recordar por qué, en el fondo, deseas salir portando en la Semana Santa. Ahora vuelves a tener claro de donde sales, a donde vas, que estas haciendo y, sobre todo, por qué lo estas haciendo.


    ¿Es algo malo hacer esa estación de Penitencia con estos sentimientos que seguro son los de la mayoría?


    Una recomendación: Si tenéis tiempo y pasáis por Belluga, entrad a la Catedral, haced este recorrido y me contáis.

escrito en el foro por Veroservita
 

 

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