En busca de nuestra esencia:

La Estación de Penitencia en Murcia 

 

    Nos hallamos inmersos en una época de gran esplendor cofrade, en un periodo que algunos incluso se han atrevido en bautizar como Edad de Oro de las Cofradías. Hay hechos concretos que en Murcia, al igual que en otras ciudades de España, apoyan esta afirmación; asistimos a la creación de nuevas cofradías, las existentes aumentan progresivamente sus miembros, salen con relativa facilidad nuevos pasos a la calle, se bordan estandartes y túnicas para las imágenes,

etc..., todo ello en busca de un mayor esplendor de nuestras procesiones. Dentro de este afán, que se viene palpando desde hace ya más de dos décadas, encontramos otro tipo de novedades que en realidad no lo son tanto pues suponen la recreación de usos, costumbres y tradiciones propias de las cofradías de nuestra ciudad que fueron olvidadas y que hoy se recuperan con gran acierto. Estas entroncan directamente con la esencia y raíces que dieron personalidad propia a nuestra Semana Santa a través de los siglos.

 

De este modo se retoman las calles estrechas, más adecuadas para las carreras o recorridos de las procesiones, en detrimento de las calles anchas que son frías y distantes para los cortejos. Además se va recuperando la iluminación de los pasos con cera, lo que les da mayor vistosidad y recogimiento a las imágenes y un valor estético original que con la explosión lumínica de bombillas, focos y halógenos habían perdido. En estos aspectos aún queda mucho por trabajar, pero quiero utilizar estas líneas para centrarme en una tradición importante para nuestras procesiones, cuya recuperación creo que merece la atención de todos los cofrades y amantes de las procesiones de la ciudad.

Se trata de la Estación de Penitencia a la Sta. Iglesia Catedral que deberían efectuar como antaño por su interior todas nuestras cofradías.

   La tradición es, junto a la imaginería, el principal valor de nuestras procesiones y todos deberíamos velar no solo por mantenerla sino también por recuperarla del olvido. Las cofradías quizás cometen el error de no documentarse y de no acudir a las fuentes (Archivos y Hemerotecas) en busca de documentación acerca de su historia y de las ancestrales tradiciones en torno a la Semana Santa.

 

  Ese sería el primer paso para tratar de recrearlas, para satisfacción de nuestras instituciones cofrades y por el interés de la ciudad que podrá ver en ellas organismos vivos no preocupados solamente de la salida procesional sino también por los valores culturales, artísticos, estéticos e incluso etnográficos que encierra una celebración que cuenta ya con casi seis siglos de intensa vida. Considero que la recuperación de nuestra Estación de Penitencia sería un paso de considerable importancia, no ya solo por el añadido cultural que representaría, sino también por el profundo valor espiritual que encontrarían nuestras procesiones en el interior del primer templo de la Diócesis, el culmen de la vida anual cofrade y el centro de la celebración penitencial de las cofradías.

   Aludiré primero al significado del término, ya que quizás sea desconocido para alguno de los lectores, y para ello nada mejor que recurrir al “Diccionario Cofradiero” del sevillano Juan Carrero Rodríguez, que lo define como acción de dirigirse haciendo penitencia en su recorrido hasta el lugar señalado, en este caso la Sta. Iglesia Catedral, el lugar a donde las cofradías murcianas encaminaban sus pasos en su recorrido procesional hasta el año 1915 en que fue suprimida tras unos desafortunados sucesos acaecidos en la noche de Viernes Santo de dicho año. Las fuentes hablan que estando el paso de San Juan de la Cofradía del Sto. Sepulcro a punto de salir de la Catedral por la Puerta del Perdón, ya de vuelta a su templo, una de las personas que contemplaba el desfile al comprobar la proximidad de las tulipas del paso a los laterales de la puerta alertó a la multitud con un grito de atención ¡cuidado con las bombas! (bombas era el nombre que entonces recibían las tulipas del paso), lo cual fue malinterpretado por la multitud, originando carreras y una histeria colectiva que acabó incluso con heridos. Fue un lamentable hecho aislado, pero suficiente para perder una costumbre de siglos. El suceso está perfectamente documentado en el diario local “el Liberal” de fecha de 3 de Abril de 1915, un día después del hecho.

Como recuerdo de esta pérdida nuestras cofradías aun transitan por el exterior del templo catedralicio. Por suerte, hemos tenido la dicha de poder comprobar la hermosura del caminar de nuestros pasos por el interior de las naves de la Catedral en los últimos años. En 1998 con motivo del 250 Aniversario de su entronización en San Bartolomé la Virgen de las Angustias de los Servitas procesionó y quedó expuesta en la Catedral, y en el pasado Año Jubilar 2000 dos imágenes acudieron a la cita del Jubileo, el Cristo del Refugio (junto a las cofradías de la Diócesis) y Ntro. Padre Jesús Nazareno (en conmemoración del 400 Aniversario de su Cofradía).

    Por desgracia a los intentos de algunas cofradías por hacer su Estación de Penitencia a la Catedral no se les ha prestado la más mínima atención. En este asunto todas las cofradías deberían ir unidas y el Cabildo de Cofradías tendría que manifestar nuestros intereses tanto al Cabildo Catedral como al señor Obispo y reivindicar esta necesidad histórica, máxime cuando ciudades de menor tradición cofrade (al menos no tan antigua) como Madrid o Granada, han conseguido tan prestigioso honor para sus desfiles. Precisamente el artífice en Granada ha sido D. Antonio Cañizares Arzobispo de esta ciudad y Administrador Apostólico que fue de nuestra Diócesis.

 

Ahora le toca a nuestra Catedral un letargo de dos años en que será cerrada al culto por las obras que van a efectuarse en su interior y una exposición que habrá posteriormente. Qué mejor acto de reapertura para nuestro principal templo que la entrada de nuestras cofradías, ello sería el culmen espiritual de nuestras procesiones y un valor sentimental añadido, la posibilidad de todos los nazarenos de la ciudad de procesionar por unos momentos junto a nuestra patrona, la Virgen de la Fuensanta.

   Sería el hermoso legado de nuestras generaciones a los cofrades del futuro y una muestra de que nuestra Edad de Oro no fue tan solo el afán por sacar nuevos pasos o tener más novedades cada año, sino el testimonio de una ciudad cofrade volcada con sus tradiciones y con su propia esencia en busca constante de la recuperación de sus raíces.

   Merece la pena.

 

  José Alberto Fernández Sánchez. Mayordomo de la Archicofradía de la Sangre

 

    

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