PROCESIONAR EN MURCIA

    La tarde huele a azahar e incienso y parece como si el astro rey quisiera agarrarse a las cumbres de Sierra Espuña para no irse del frondoso valle por el que Jesús pasea su dolor y muerte. Murcia en Semana Santa, la ciudad amada por el Rey Sabio, la siete veces coronada, la novia rica y lozana que piropea su himno, se convierte en calvario.

El redoble de un tambor cubierto por terciopelo anuncia que el Hijo de Dios ha elegido a esta ciudad parar mostrar su pasión, muerte y resurrección como sólo podía plasmarla la gubia de Nicolás de Bussy, Nicolás Salzillo, Francisco Salzillo y Alcaraz, Roque López, González Moreno, Hernández Navarro, Liza... porque Murcia en Semana Santa muestra la más esplendida imaginería que desde siglo XVII hasta nuestros días se podría soñar.

      Y Murcia, la Murcia barroca y eterna, se convierte en marco de la Pasión. Por el viejo Malecón camina el Nazareno de las Capuchinas atravesando huertos de palmeras y limoneros para morir en la ciudad. Desde el barrio de San Nicolás es alzado en la cruz del Amparo; en la Plaza de Santa Catalina, el señor es Caridad; bajo el mensaje franciscano de "paz y bien" parte con el nombre de Fe; en la tarde del Domingo de Ramos y sobre un tesoro de

esmeraldas, lo llaman de la Esperanza; desde el castizo barrio de San Antolín lo pasean perdonando nuestros pecados; desde los extramuros de San Juan viene a nuestro encuentro como Rescate; se convierte en Salud en la noche del Martes Santo; atraviesa el viejo puente bajo la advocación de Sangre; es silencio, luto y Refugio en el Jueves Santo; en la mañana salzillesca del viernes vuelve a ser Nazareno y por la tarde, Misericordia, de Santa Clara la Real, Sepulcro... y su madre, Angustias, Soledad... para yacer el Sábado Santo y Resucitado el domingo en mi barrio de Santa Eulalia.

 
    En Murcia se procesiona desde el Viernes de Dolores hasta el Domingo de Resurrección, porque así lo ha querido el Señor, porque así lo quieren los murcianos.

 

Y se procesiona vistiendo la túnica de cualquiera de nuestras cofradías o hermandades, o bien acudiendo a ver estos desfiles, porque no hay murciano ni visitante que contemplando el paso de nuestros tronos y hermandades no le gustaría sentarse junto al Maestro en la Cena del Viernes Santo; secar las lagrimas de nuestras guapas Vírgenes Dolorosas; aliviar el peso de la cruz del Nazareno de la Merced o de San Pedro; ser rosa que abraza la madera de la cruz del señor del Perdón; voz que rompe el silencio para bendecir al Cristo del Refugio... así es nuestra Semana Santa, así es también Murcia, una ciudad que despierta los sentidos y que en Semana Santa pone en la calle sus museos religiosos bajo un cielo de estrellas y luceros que lloran al paso de nuestros Cristos.

Antonio González Barnés
Teniente de Alcalde de Cultura y Festejos del Excmo. Ayuntamiento de Murcia.
(Pregonero de la Semana Santa 2003)
 

Pregón de Semana Santa de Murcia 2003 por D. Antonio González Barnés  

Para volver pulsar sobre el cartel