Los Altares del Corpus: una tradición recuperada.

 

         La fiesta del “Corpus Christi” fue instituida por el Papa Urbano VI en 1264, pero será Clemente V el que decrete su conmemoración en todo el orbe cristiano en el 1311. Durante los años de la  Edad Media fue consolidándose, llegando al siglo XV, en que las celebraciones de este día se convierten en una de las principales fiestas de la cristiandad, centrándose los actos en las triunfales procesiones eucarísticas, que ya en este siglo se configuran de la forma en que se mantendrán, aunque con un gran enriquecimiento, hasta el periodo barroco.

 

       Sobre todo, tras la Contrarreforma, y por contraposición a las teorías luteranas que niegan la presencia real de Cristo en la Sagrada Forma, se produce un fenómeno de máxima exaltación eucarística, convirtiéndose la procesión del Corpus en una inmejorable manifestación externa de exaltación del dogma eucarístico y, por añadidura,  del triunfo de la Iglesia Católica. Será en general y de modo especial en las cabezas de las diócesis, la fiesta principal de cada ciudad, con un carácter cívico-religioso, en la que se van a representar todos los estamentos sociales y religiosos de la ciudad.

       Es considerada durante siglos como la fiesta de las fiestas. Para el cortejo procesional, se engalanan calles y fachadas, se contratan músicos y danzantes, se instalan plataformas fijas y móviles con actores representando autos sacramentales, se crean artilugios fantásticos (como la famosa “tarasca” o animal monstruoso que representaba el pecado y el demonio vencido por la Fe, los gigantes y cabezudos, etc.) y además en el cortejo formarán parte representaciones de todos los estamentos civiles, militares, órdenes religiosas, gremios y cofradías.

        

En Murcia, esta procesión alcanzará una gran riqueza en los siglos XVII (en 1678 Antonio Pérez de Montalvo realiza la bellísima Custodia procesional de la Catedral murciana) y XVIII, para, a partir de ahí, ir languideciendo muy lentamente. Con el siglo XIX, los estamentos civiles van perdiendo presencia, en consonancia con los nuevos tiempos políticos y sociales, los gremios desaparecen y serán las cofradías las que conserven una representación mayor, manteniendo la costumbre de asistir a la misma con sus imágenes titulares, siempre que su situación económica se lo permita, hasta principios del siglo XX. La participación de estas últimas se prohíbe en aras de favorecer una mayor concentración en el Misterio principal.

         En la primera mitad del XX, aunque despojada la procesión casi en su totalidad del aparato barroco, seguirá siendo una fiesta importante y de gran seguimiento popular, con la participación de bandas de música recorriendo la carrera de la procesión y conciertos en las tardes de la víspera, la instalación de toldos en las calles Trapería y Platería y la presencia del ejército, que colocaba sus efectivos en todo el recorrido de la misma, así como un piquete de honor         que cerraba el cortejo tras las autoridades municipales vestidos de chaqué.

 

                Uno de los últimos vestigios de la otrora solemnísima procesión, fue la secular costumbre de instalar altares a lo largo de la carrera de la misma. Esta costumbre aparece, en los primeros años de su celebración, por la necesidad de habilitar zonas de descanso, al incorporar pesadas Custodias para estas procesiones eucarísticas, y ser éstas, llevadas a mano por los sacerdotes u obispos en su caso. Al tratarse de tan preciado objeto y portando, nada menos, que a Jesús Sacramentado, estos lugares de descanso se convierten en altares efímeros en los que las paradas y descansos se aprovechan para hacer las estaciones. Pronto las principales iglesias y especialmente las sedes episcopales se encargarán de dotar a las catedrales de lujosas Custodias procesionales para ser llevadas en andas a hombros de sacerdotes o en carrozas de ruedas. Pero los altares callejeros, a pesar de perder su finalidad práctica, se mantienen como actos de ofrenda y honor al Santísimo, y como hitos para rezar las estaciones durante la procesión.

La realización de éstos solía correr a cargo de particulares, generalmente familias cuya vivienda se situaba en la carrera y, con frecuencia, éstos se engalanaban con los mejores cortinajes de la casa y las imágenes de la devoción doméstica de cada una, además de los enseres y ajuares más lujosos de las, a menudo frecuentes, capillas u oratorios privados de las casas señoriales.        

     Esta bella tradición permaneció hasta la década de los 60 del siglo XX, que desaparece a raíz de la irrupción en el seno de la Iglesia de los aires de “modernidad” que emanaban de la aplicación de los postulados del Concilio Vaticano II. 

      En Murcia capital, de los últimos en desaparecer, fueron los altares que se instalaban en las cuatro esquinas de San Cristóbal, en el que se entronizaba la imagen de la Virgen del Carmen que recibía el culto diario desde su capillita callejera de la inmediata calle Peligros (hoy subsiste la hornacina, aunque sin imagen) y el que se instalaba en los bajos de una casa de la calle Frenería, en el que se colocaba presidiendo una Inmaculada Concepción del oratorio de la familia De Juan, que habitaba la planta noble del edificio.

         Después de casi treinta años sin la presencia en las calles de estos tradicionales monumentos, en el año 1988, la Asociación de Nuestra Señora de Contra Pasmo, recupera esta bella tradición, manteniéndola de forma ininterrumpida hasta el día de hoy. En los primeros años se instalaba en la plaza Puxmarina, hasta que por las obras realizadas en el edificio que le servía de fondo y en la propia plaza, se trasladó a la fachada del Casino, en la calle Trapería, donde se sigue instalando año tras año, siendo ya un referente importante de ese día, siendo seguida la procesión a su paso por ese enclave por numeroso público, para contemplar asimismo la abundante lluvia de pétalos que es arrojada, al paso de la Custodia, desde los balcones de dicho edificio.

Afortunadamente, pronto fueron más los que secundaron la idea, llegando algunos años a instalarse hasta ocho altares, en la cada vez más reducida carrera de la procesión. Se sumaron especialmente cofradías pasionarias y, en los primeros años, algunas peñas huertanas. También asociaciones y grupos folklóricos recuperaron otra bella tradición, como es la de abrir el cortejo con carretas tiradas por bueyes desde las que se arrojan flores y plantas aromáticas para hacer una alfombra multicolor al paso del cortejo.

 

         

Pepe Cuesta

Publicado en la revista del XXIV Aniversario de la Peña L’Artesa

 

         A continuación se muestran y comentan brevemente los altares realizados por la Asociación de María Santísima de Contra Pasmo en estos años.

 

1988:

La Hoja del Lunes del 13 de junio de 1988, insertaba en sus páginas un artículo firmado por D. Carlos Valcárcel, del que entresacamos algunos párrafos:

Nuestro querido colega “La Verdad”, del pasado día 2 del actual, publicaba un artículo mío, en el que hablaba de la Procesión del Corpus, en tres manifestaciones diferentes, la del fin de siglo, en que dejaron de salir los pasos o imágenes de San Patricio, Nuestra Señora del Rosario y la Virgen de la Fuensanta, a la vez –pocos años después- en que se cambiaba la salida vespertina por la matinal, junto con la inauguración de los toldos que cubrían las calles de Platería y Trapería, desde la citada solemnidad hasta la Feria de septiembre.

            Hacía referencia a los altares situados en la carrera de la procesión, de los conciertos y pasacalles, en la noche de la víspera y de las carretas que, delante del cortejo, sembraban las calles de hierbas aromáticas, flores, etc., etc.

En fin, desembocaba en la actual procesión, en la que se admiten mujeres, pero se acorta la carrera o itinerario de aquella, al mismo tiempo que desaparecen las fuerzas armadas cubriendo la carrera y formando en el piquete de honor de la procesión.

Sólo hacía un recorrido por el tiempo y por el espacio, para narrar lo que fue y lo que es esta magna procesión, la más solemne, brillante y, desde luego, piadosa, por la presencia en ella de Cristo hecho Hostia.

Pero, miren ustedes por donde, en esa misma mañana, en la calle de Frenería, un grupo de jóvenes, pertenecientes a la Asociación de la Virgen del Contra Pasmo, y algún vecino de la citada calle, instalaron un altar, con la bella imagen citada, un Niño Jesús de gran calidad, alfombraron el suelo o piso de la calle con matas de romero y tomillo y en un balcón lucían colgaduras granas y otros adornos muy bien puestos, a la vez que un sistema de megafonía lanzaba, al aire caliente de la mañana sin par, las notas emotivas de diversas composiciones sacras.

La vieja costumbre ha sido reanudada. Es un ejemplo a seguir. La procesión se ha enriquecido en público, pues ahora no figura en fila o hilera, sino masivamente, lo cual presta la nota hermosa de una sensación de organización.

Pero, a lo que iba. Estos altares, sus adornos, su aportación vegetal, su música y su presencia, contribuyen a dar mayor prestancia al entorno, al día en sí. Si una Asociación Mariana lo ha conseguido, muchas más existen en la ciudad que pueden intentar tomar ejemplo. Lo mismo cabe decir de las Peñas Folklóricas, evitando, eso sí, desviar la atención hacia cualquier otra cosa que no sea lo netamente religioso del día y del acto. Es decir, no hacer de ello una manifestación más de folklorismo, pues también se hace Murcia contribuyendo a realzar la procesión del Corpus”.

 

     Con estas palabras D. Carlos Valcárcel dio el espaldarazo a la Asociación de Nuestra Señora María Santísima del Contra Pasmo. El altar estaba situado al final de la calle Frenería, cerca de la plaza de la Puxmarina. Como se puede observar en las fotografías, era un altar sencillo, presidido por la Virgen. A sus pies, la imagen del Niño Jesús con el Cáliz y la Hostia.

       La anécdota de este año fue la avería que sufrió el carro de la Custodia, teniendo que ser ésta portada a mano, bajo palio, por Monseñor D. Javier Azagra.

 

         En la fotografía anterior puede observarse el palio en una vista tomada desde el balcón engalanado al que hacía referencia D. Carlos Valcárcel.

 

1989:

         Al año siguiente, la estructura del altar fue similar a la del precedente. La imagen de Nuestra Señora lucía un traje distinto,  pero el Niño Jesús era igual que el año anterior.

Sin embargo, el año 1989 nos proporcionó lo que tanto habíamos estado esperando: el paso de la Custodia por delante del altar. La primera foto de la Custodia frente a  un altar en la época moderna de los Altares del Corpus.

1990:

 En este año, la festividad del “Corpus Christi” se traslada a domingo. El altar crece notablemente en tamaño, sobre todo en altura, colocándose una cruz de buganvilla y unos grandes ángeles en el balcón de la casa. A ambos lados del altar se pueden ver las imágenes de Santa Ana con la Virgen Niña y San José con el Niño Jesús. Por primera vez desfila una carreta de bueyes, con muchachas vestidas de huertanas, arrojando al suelo plantas aromáticas y pétalos de flores. La recuperación de esta tradición se debe al Grupo de Murcia de la Asociación Provincial Francisco Salzillo.

1991:

         Por primera vez, los miembros de la Asociación de María Santísima de Contra Pasmo realizaron una gran alfombra floral en la calle de Fenería, que puede verse en la parte inferior de la fotografía. 

         Esta vez el altar estaba coronado por un gran cuadro de la Santa Cena.

       De nuevo, la imagen del Niño Jesús, Santa Ana y San José acompañaron a la Virgen de Contra Pasmo. Aunque no pueda apreciarse en estas fotografías, este año se entoldó parte de la calle, recuperando la tradición murciana y una gran bola realizada con buganvilla colgaba por debajo del entoldado.

1992:

         Este año de 1992, la meteorología no respetó la festividad del “Corpus Christi”. Llovió esa mañana murciana y, la procesión tan sólo dio la vuelta a la Plaza de Belluga, volviendo a recogerse en la Santa Iglesia Catedral. El altar colocado este año, tuvo que ser desmontado a toda prisa. Entre la tristeza y la rabia, no hubo humor para plasmar gráficamente el mismo. Sin embargo, miembros de la Asociación recuerdan que estaba presidido por una magnífica imagen del Niño Jesús, del siglo XVIII, prestada al efecto por D. José Espadero.

1993:

   La idea de un Niño Jesús presidiendo el altar volvió a plasmarse este año. La imagen, realizada por el escultor calasparreño Juan José Álvarez Buendía, fue gustosamente cedida por el mismo.

Además,  el altar estaba coronado por un gran cuadro de la Inmaculada Concepción. A ambos lados del mismo se pueden observar las imágenes de Nuestra Señora y de un Nazareno que, para la ocasión, no portaba cruz sino que se encontraba con las manos atadas.

 

             El Niño Jesús lleva en sus manos un racimo de uva y una espiga, en representación del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.     

        De nuevo se realizó una alfombra floral, con ramas de romero, tomillo y pétalos de rosas de distintos colores.

 

1994:

         Ante la generosidad de la desaparecida empresa murciana Rosamur, los componentes de la Asociación disponían de gran cantidad, no sólo de pétalos de rosas, sino de capullos de rosas rojas.

        Por eso, en el año 1994 le hicieron a Nuestro Padre Jesús una gran cruz de rosas rojas. Nuestro Señor, abrazado a dicha cruz hacía un bello contrapunto a la imagen de Nuestra Señora, vestida de rojo y blanco. Es una lástima que no se conserven más fotografías de este altar que, sin duda alguna, es uno de los más hermosos que se han colocado al paso de la procesión del Corpus en Murcia.

 

1995:

         Se celebraban las Bodas de Plata Episcopales de D. Javier Azagra. El altar estaba especialmente dedicado a él.  

  En la parte superior del altar, justo debajo del cuadro de la Inmaculada Concepción, se colocó el escudo de Monseñor Azagra, a relieve, realizado por los miembros de la Asociación.

 

         Una gran custodia en el templete de pan de oro que se había utilizado en años anteriores, daba paso al Lagar Místico. Nuestro Padre Jesús Nazareno pisa la uva que se convierte en vino y, directamente es Su Sangre. En la parte inferior del tonel, un angelito recoge el Sagrado líquido en un Cáliz.

         A ambos lados del altar se situaron las imágenes de Nuestra Señora María Santísima de Contra Pasmo y de San Francisco Javier, este último, de nuevo, en honor de nuestro querido Obispo.

 

 Este fue, probablemente uno de los altares más celebrados por el gran contenido simbólico del mismo. Fue la primera vez que miembros del clero felicitaron a los artífices del altar.

1996:

         Debido al estado prácticamente ruinoso que presentaba el edificio al que se adosaba el altar en la plaza de la Puxmarina, la Asociación se vio en la necesidad de trasladar su ubicación. El lugar escogido fue la calle Trapería. Sin embargo, en 1996 no se atrevieron a pedir permiso al Casino de Murcia para instalarlo en su fachada y lo situaron apoyado en la tapia de un solar cercano.

 

 

 

1996 fue un año de muchas celebraciones y jubileos: el Cristo del Perdón, la Cruz de Caravaca, la Esperanza de Calasparra y los Santos Médicos de Abarán: San Cosme y San Damián. Todos ellos estuvieron representados en el altar de la Asociación de Nuestra Señora María Santísima de Contra Pasmo.

El altar estaba coronado por una pequeña imagen del Cristo del Perdón (con su característico rosal).

En el centro la imagen de Nuestra Señora con una vistosa ráfaga realizada con flores.

A sus pies, y a ambos lados del ángel que porta la Custodia, las imágenes de los Santos Médicos, especialmente prestadas por una señora de Abarán.A la derecha, una pequeña y bellísima imagen de Nuestra Señora de la Esperanza de Calasparra, obra del escultor Juan José Álvarez Buendía.

 

 

       A la izquierda, el milagro de la Cruz de Caravaca, en el que puede verse como los ángeles la bajan desde el cielo para presidir la Misa celebrada por el cura Chirinos ante el rey moro.

       La minuciosidad con que se representó esta escena fue del agrado del público murciano que admiraba las imágenes (de unos 20 cm de alto) y los detalles de la mesa del altar.

1997:

         En este año, las Cofradías de Semana Santa de Murcia participan, como antaño, en la procesión del Corpus.

         El altar recuperó la sencillez de sus primeros años, presidido por la imagen de Nuestra Señora de Contra Pasmo, flanqueada por Santa Ana y San José y dedicado a la Santa Faz de Alicante. 

1998:

Este año el tema central del altar era las Tres Virtudes: Fe, Esperanza y Caridad. Puesto que la festividad del Corpus coincidía con San Antonio, éste también estuvo presente en el altar.

En el centro, un precioso Niño Jesús está orlado con un arco de flores multicolores.

1999:

         Con motivo de la finalización de la guerra de Afganistán, el altar de 1999 estuvo dedicado a la Paz.

         La Virgen de Contra Pasmo, vestida de blanco, estaba acompañada por San Miguel y San Juan.

En el centro del altar, una alegoría de la guerra, vencida por el Niño Jesús con bandera blanca.

La anécdota de este año fue el desfile de la Custodia de Molina de Segura, puesto que la magnífica Custodia de la Catedral de Murcia, de 1678, obra del toledano Pérez Montalvo, se encontraba en restauración este año.

2000:

      El altar de este año, presidido por una magnífica custodia, estaba dedicado a San Juan, fecha con la que coincidía el Corpus Christi. Un San Juanito en la parte central del altar así lo manifiesta.

 

         A ambos lados del mismo la imagen de Nuestra Señora de Contra Pasmo y de Jesucristo Resucitado

 

         En la fotografía puede verse un detalle de la pequeña y entrañable imagen de San Juan, así como de la Custodia. 

 

 

2001:

       La Cuarta Estación del Vía Crucis: el encuentro de Jesús con su Madre en la Calle de la Amargura, da nombre a la Asociación de Nuestra Señora de Contra Pasmo. En el año 2001 los integrantes de la Asociación quisieron rendir un homenaje a su nombre, a su Titular y a ellos mismos. Construyeron un Templete en el que se encontraban Nuestro Padre Jesús Nazareno, María Santísima de Contra Pasmo y San Juan.

 

         Fue un altar diferente a los anteriores, alabado por unos y criticado por otros. Pero, sin duda alguna, si algo espectacular ocurrió en el año 2001, fue la lluvia de pétalos de rosas que, si bien se venia realizando todos los años, éste tuvo una significación especial.

 

         La fotografía tomada desde uno de los balcones del Casino de Murcia nos da una idea de la magnitud de la lluvia de pétalos que tuvo lugar ese año.

 2002:

  De nuevo un altar sencillo, la Virgen de Contra Pasmo y un Niño Jesús en el templete dorado.

 

         La novedad, sin duda alguna fue la ráfaga dorada de la Virgen, que le confería un aspecto poco conocido en nuestra tierra murciana.

 

 2003:

   El año 2003 era el año del Rosario. La Asociación  de María Santísima de Contra pasmo no quiso permanecer ajena a esta celebración y presentó a su Titular, en forma de Nuestra Señora del Rosario, sedente, entregando el rosario a Santo Domingo de Guzmán. Al otro lado, Santa Catalina de Siena lo recoge de manos del Niño Jesús.

          En la fotografía puede observarse un detalle: el perro blanco y negro, con una antorcha en la boca y la bola del mundo bajo una de sus patas. Es el sueño de la madre de Santo Domingo de Guzmán y, desde entonces uno de los distintivos de la orden Dominica.     

 

Asociación de Nuestra Señora María Santísima de Contra Pasmo.

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