VÍAS
CICLISTAS
“69. Vía ciclista: vía específicamente acondicionada para el tráfico de
ciclos, con la señalización horizontal y vertical correspondiente, y cuyo ancho
permite el paso seguro de estos vehículos. 70. Carril-bici: vía ciclista que
discurre adosada a la calzada, en un solo sentido o en doble sentido. 71.
Carril-bici protegido: carril-bici provisto de elementos laterales que lo
separan físicamente del resto de la calzada, así como de la acera. 72.
Acera-bici: vía ciclista señalizada sobre la acera. 73. Pista-bici: vía
ciclista segregada del tráfico motorizado, con trazado independiente de las
carreteras”.
Copio estas definiciones del
anexo de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad
Vial con la esperanza de que las lean en el Ayuntamiento de Pamplona (o en
otros ayuntamientos). Especialmente, los pintores de vías ciclistas y sobre
todo sus superiores. Digo esto porque en los últimos tiempos he visto aparecer
por algunos sitios de Pamplona unas señales de pintura blanca en el suelo que
representan a un ciclista, y que me imagino que quieren sugerir que por allí
pasa una vía ciclista, como la denomina la ley, o un carril-bici, como decimos
popularmente.
Lo que sucede es que no
basta con un poco de pintura. La ley nos dice que vía ciclista es una “vía
específicamente acondicionada para el tráfico de ciclos”. Y acondicionar no
significa limitarse a pintar un monigote sobre una vía que no ha sido diseñada
para el tráfico de bicicletas. Implica algo más, proyectar unos espacios por
donde puedan circular los ciclistas en condiciones suficientes de seguridad y
comodidad, y que al mismo tiempo no generen peligro o incomodidades a otros
usuarios de las vías. Y también, como dice la ley, proveer de señalización, no
sólo horizontal, que debe ser barata visto lo fácil que aparecen pintados los
monigotes, sino también vertical. Y que esas vías sirvan para desplazarse de un
lado a otro de la ciudad; no sólo para recorrer unos pocos cientos de metros.
¿Se imaginan construir autopistas de sólo tres o cuatro kilómetros de longitud?
Pues igual de ridículo es diseminar trocitos aislados de carril-bici que acaban
inmediatamente después de empezar.
A lo
mejor los responsables municipales quieren presumir al finalizar esta
legislatura de que han puesto muchos kilómetros de carril-bici, sumando la
longitud total de los suelos por donde han pasado los pintores y han ido
pintando monigotes. Pero si miden de verdad cuántos kilómetros hay de vías
“específicamente acondicionadas”, la cuenta va a ser bastante rácana.
No es vía ciclista la que no está diferenciada de los espacios peatonales, por mucho monigote pintado que haya en el suelo. Ni la que es inaccesible al ciclista sin invadir espacios peatonales, o la que irremediablemente deben invadir los peatones para circular, o la que penetra en paradas de autobús, o la que lleva de ningún sitio a ningún sitio, o la que acaba bruscamente en un descampado, sin ninguna señalización previa ni conexión con otra vía, o aquélla a la que hay que acceder salvando una acera cuyo bordillo ni siquiera ha sido rebajado. Tampoco la que no se sabe si es de una dirección o de dos, pero en todo caso apenas cabe una sola bicicleta. Y de todo esto hay algunos ejemplos por Pamplona. ¿Tan difícil es pasar por San Sebastián o Barcelona y comprobar cómo se diseña una vía ciclista de verdad? Uno tiene la sensación de que los responsables del “diseño” de nuestras vías ciclistas no han montado en su vida en una bicicleta.
* VOLVER A LA PÁGINA INICIAL DE MIGUEL IZU