VÍA IRLANDESA, VÍA VASCA

Escribí este artículo unos días antes del asesinato de Tomás Caballero, con la esperanza de que fuera una mínima aportación al fin del terrorismo en nuestra tierra. Desgraciadamente aquellos que no tienen otra razón que las armas las emplearon para acabar con su vida. Tomás Caballero y yo manteníamos posturas políticas distintas y nos enfrentamos muchas veces, pero, como demócratas, con la sola fuerza de las ideas y los argumentos, manteniendo el mutuo respeto y la cordialidad personal propias de seres civilizados. Dedico estas líneas a la memoria de Tomas Caballero y a su familia.

Con motivo del acuerdo de paz para Irlanda del Norte se ha debatido sobre si se trata de una vía de pacificación aplicable también al problema vasco. Se ha apuntado ya por muchas voces lo que resulta obvio; que son problemas distintos y distantes, aunque haya alguna circunstancia común, en particular la utilización de la violencia como instrumento político por determinados grupos.

El acuerdo adoptado en Stormont se caracteriza por las renuncias o cesiones que han hecho todas las partes implicadas, tratando de llegar a unos mínimos que permitan su convivencia pacífica. Los republicanos (tanto del norte como del sur) renuncian a imponer la unidad de la isla sin contar con la voluntad de la mayoría de los habitantes de Irlanda del Norte; así se plasmará en una reforma constitucional de la República de Irlanda. Los unionistas han tenido que aceptar la existencia de órganos comunes para las dos partes de la isla, así como la reforma de la policía norirlandesa (Royal Ulster Constabulary), servidora hasta ahora de los intereses protestantes. El Reino Unido acepta la idea de que los irlandeses del norte puedan un día decidir su separación e integración en la República de Irlanda, y acepta también la participación del gobierno de Dublín en los asuntos de Irlanda del Norte. Todos los grupos firmantes aceptan el proceso de desarme de las organizaciones armadas, muchas de ellas vinculadas a algunas de las fuerzas políticas, lo que viene a significar la renuncia a medios violentos para defender sus posiciones. Como instrumentos para desarrollar el acuerdo se establecen una serie de organismos, el más importante de ellos una asamblea representativa para Irlanda del Norte con funciones ejecutivas que asegura su autonomía.

¿A qué me recuerda todo esto? España y particularmente el País Vasco entre 1977 y 1979. Entre esas fechas se producen una serie de negociaciones y acuerdos que se plasman en la Constitución de 1978 y en el Estatuto de Autonomía del País Vasco de 1979. Con ellas se pretende también superar una situación de enfrentamiento político y de violencia. En ese momento hubo también cesiones por (casi) todas las partes implicadas. Unos cedieron en su visión centralista y uniformizadora de España, y aceptaron la descentralización y la autonomía; otros cedieron en sus posiciones federalistas o en sus reivindicaciones independentistas y aceptaron una amplia autonomía dentro de la unidad de España; se llegó también a un punto de consenso entre la naturaleza fundacional de la Constitución y el carácter histórico de los derechos forales. Se reconoció el derecho de Navarra a decidir si quería o no integrarse en el País Vasco y se estableció el procedimiento para ello. Se crearon órganos representativos que dotaran de voz a los ciudadanos de los distintos territorios (Parlamentos vasco y navarro, juntas generales vascongadas). Algunos abandonaron la violencia política (me refiero a ETA pm) y se les ofrecieron vías de reinserción. Se creó la policía autonómica vasca; se estableció la cooficialidad del euskera. Poco después, con la entrada de España en la Comunidad Europea, empezó también a difuminarse la frontera y se abrieron las vías para fortalecer los lazos culturales, sociales y económicos con el País Vasco francés o Euskadi norte.

En esos años de negociación y búsqueda de consenso, una minoría decidió quedarse al margen. Se fue posicionando sistemáticamente en contra de todos los pasos que se daban; se negó a cesión ninguna y se encastilló en un programa de reivindicaciones maximalistas. Y lejos de buscar vías de paz, multiplicó la violencia terrorista (llegando a niveles exponencialmente superiores a los de la época franquista) para imponer sus posiciones. Me refiero, claro está, a ETA y a su brazo político, HB. Debiéramos preguntarnos si la comparación que se les suele hacer con el IRA y el Sinn Fein, respectivamente, no debiera ser sustituida por una comparación con la inflexible Orden de Orange, con el reverendo Paisley y con los grupos terroristas minoritarios que hoy en Irlanda del Norte se empecinan en negarse a cualquier cesión.

Resulta paradójico que quienes en su día optaron por otras vías se proclamen hoy ardientes defensores de la negociación y el diálogo y reclamen una vía irlandesa para el País Vasco después de que en Irlanda hayan descubierto algo muy parecido a la vía vasca. En fin, mejor tarde que nunca. Ni la Constitución ni los Estatutos de Autonomía son inamovibles; al contrario, como procede en todo sistema democrático, esas mismas normas contienen las previsiones para su desarrollo y su reforma. Por eso siempre hay tiempo para reabrir el diálogo y la negociación, o mejor dicho, para ampliar el diálogo y la negociación permanentes que son esenciales en la democracia a las fuerzas políticas que han estado ausentes de él. Todas las fuerzas políticas que participaron en el consenso producido durante la transición a la democracia lo hicieron sin renunciar a sus propias concepciones políticas ni a conseguir en el futuro otros avances (desde la perspectiva de cada una) que en un primer momento no fueron posibles.

Pero el paso previo e irrenunciable para ello es la opción por la vía pacífica y la renuncia a la vía violenta y al terrorismo. Que traducido al román paladino significa para HB pedir a ETA una tregua indefinida, para ETA declarar esa tregua sin condiciones previas, y para ambas organizaciones renunciar a las posiciones maximalistas que vienen defendiendo bajo el engañoso título de "Alternativa democrática".

 

 

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