Nuevas tradiciones

 

LAS VALORACIONES

 

 

         Valorar, en el sentido que le vamos a dar aquí, no se refiere a calcular el valor de algo o reconocer los méritos de alguien, como dice el diccionario. Las valoraciones son algo inventado a medias por periodistas y políticos. A los periodistas les permite trabajar con el mínimo esfuerzo, las piden cuando les viene en gana y a menudo por teléfono. Desde que se inventaron los móviles saben que los políticos que deben valorar están siempre a tiro. Nada más producirse un hecho noticioso, sea un atentado, la caída de un meteorito o la publicación de una sentencia, el periodista empieza a marcar números de teléfono y hace una ronda de valoraciones. Con lo que le dicen llena media página del periódico o cinco minutos de informativo radiado o televisivo sin haberse movido de la silla.

 

         Los políticos se ponen al teléfono o a la grabadora y valoran siempre, porque la principal manera de pintar algo en política es aparecer en los medios de comunicación, que en nuestra época son el espacio público por excelencia, y ser capaz de ofrecer una opinión sobre cualquier cosa. A veces son ellos los que toman la iniciativa de convocar una rueda de prensa para valorar algo y además salir en la foto. Esto exige más trabajo al periodista: tiene que salir de la redacción.

 

         El caso es que hasta fines de los años ochenta no hizo falta ofrecer valoraciones sobre los sanfermines. Se acababan y ya está. Desde entonces se ha hecho imprescindible. En esa década surgió el centro territorial de TVE y los periódicos navarros, aparte de aumentar el número de páginas y disminuir su tamaño desde la sábana al tabloide, dejaron de incluir unas pocas noticias sobre los sanfermines en la sección local para publicar unos cuadernillos especiales todos los días de las fiestas repletos de fotografías y publicidad que necesitan llenar también con algo de texto. En la siguiente década llegaron, junto a la concesión de nuevas frecuencias de radio, las televisiones locales y su programación especial de fiestas.

 

         Los primeros balances de los sanfermines los empezaron a hacer los propios medios de comunicación. Tras las fiestas dedicaban un par de días a hacer recuento de heridos en los encierros, del número de asistencias sanitarias, de las denuncias de delitos y los detenidos, de los objetos perdidos acumulados en las dependencias municipales, sobre si la cantidad de visitantes había sido mayor o menor que otros años y si los comerciantes y feriantes decían haber hecho más o menos caja.

 

         La tradición de que los políticos valoren los sanfermines nació en 1988. Las fiestas de ese año fueron especialmente conflictivas, con incidentes políticos que no sólo obligaron a suspender el Riau-Riau (lo que ya iba siendo tradición) sino que afectaron incluso al normal desarrollo de la procesión. Los portavoces de todos los grupos municipales fueron invitados, aprovechando su asistencia a la función de la Octava el día catorce, a valorar lo que había sucedido. Los periodistas descubrieron una nueva manera de llenar una página del periódico del día quince e implantaron una nueva costumbre. Por el mismo motivo de los incidentes producidos el grupo municipal del Centro Democrático y Social convocó una rueda de prensa una vez finalizadas las fiestas. La semilla estaba sembrada y la oportunidad se revelaba demasiado golosa como para seguir desperdiciándola. El quince de julio de 1989 quien convocó a la prensa para hacer balance de los sanfermines fue el alcalde Chourraut, inaugurando otra tradición que no sólo se mantiene sino que tiene asegurada una vida tan larga como la que tenga la sociedad mediática en la que vivimos.

 

         El primer acto municipal posterior a las fiestas es, pues, la rueda de prensa a la que acuden masivamente los medios porque, en pleno julio, no hay nada mejor para llenar espacios informativos.  El balance consiste en asegurar que las fiestas han sido estupendas, mejores que las de años anteriores, y ello gracias a la participación de todo el mundo (dicho de modo que la insinuación de que en realidad todo se debe a quien valora sea suficientemente clara). Si ha habido algún incidente desagradable, incluso mortal, se lamenta asegurando que ha sido la única sombra que ha empañado un poco unas fiestas incomparables. Si algunos no se han comportado debidamente, también se lamenta señalando que han sido una minoría insignificante entre una multitud de ejemplar conducta. Si algo no ha funcionado, se asegura que se va a trabajar para mejorarlo de cara al año próximo. En cualquier caso, la valoración de las fiestas debe ser positiva. Es la tradición.

 

 

* VOLVER A LA PÁGINA INICIAL DE MIGUEL IZU