UPN NO ES NAVARRA Y EL ESTADO NO ES ESPAÑA

 

 

Del debate sobre las autonomías celebrado días pasados en el Senado me han llamado la atención dos frases. Una la dijo Miguel Sanz, presidente del Gobierno de Navarra; otra la escribió José Luis Rodríguez Ibarra, presidente de la Junta de Extremadura, aunque la tuvo que leer su vicepresidente al estar él hospitalizado. Sanz afirmó que si se abre la puerta a las reformas constitucionales “Navarra promoverá la supresión de la Disposición Transitoria 4ª”; Rodríguez Ibarra manifestaba su oposición "al debilitamiento de España a costa de favorecer a las autonomías".

 

         Las dos frases tienen algo en común. En ambos casos se toma la parte por el todo, probablemente no por ignorancia sino por una exaltación más o menos patriótica que nubla la capacidad para distinguir objetivamente cuál es cuál.

 

Miguel Sanz, una vez más, volvió a confundir a Navarra con su partido. UPN es el único partido navarro que promueve la supresión de la Disposición Transitoria 4ª de la Constitución. No se puede decir que esa supresión está promovida por Navarra. Ni la promueve el Gobierno de Navarra, ya que el segundo socio, CDN, se opone, ni la promueve el Parlamento de Navarra. Al contrario, el 25 de junio de 2004, con el único voto en contra de UPN, aprobó un acuerdo en el que se afirma que “Las Cortes de Navarra declaran que los navarros y navarras tienen derecho a decidir sobre su futuro de forma directa y democrática, dentro de los cauces políticos establecidos. Por ello, rechazan cualquier reforma de la Constitución Española que suponga la supresión del único mecanismo de decisión directa de la ciudadanía navarra, mediante referéndum, que se contiene en la misma”. Cierto es que posteriormente, tras el cambio en su comisión ejecutiva, algunos dirigentes del PSN-PSOE se han manifestado a favor de la supresión de la Transitoria 4ª. No menos cierto que esa postura está lejos de ser unánime, que desde la dirección federal de dicho partido se ha rechazado la posibilidad de introducir en la futura reforma constitucional esta cuestión, y que no existe ninguna propuesta formal al respecto. Por ello, no parece que en el futuro el Parlamento de Navarra, que representa a todos los ciudadanos de la Comunidad Foral, vaya a promover esa supresión.

 

Pese a lo que parecen creer algunos de sus miembros, UPN no es Navarra. En las últimas elecciones forales UPN obtuvo 127.460 votos. Es decir, el 41,48 por ciento de los votos válidos emitidos, el 27,42 por ciento del censo electoral, y el 22,04 por ciento de la población navarra. Aunque es muy típico de partidos nacionalistas o regionalistas identificarse a sí mismos con la totalidad de la comunidad a la que dicen defender, UPN no es sino una parte minoritaria de la ciudadanía navarra, aunque sea la minoría política relativamente mayoritaria a la hora de recibir votos y ello le permita gobernar.

 

Rodríguez Ibarra parece confundir España con el Estado, más precisamente, con el Estado-como-organización-central. España está constituida como un Estado (Estado-como-organización-global) descentralizado, es decir, donde el poder está territorialmente repartido entre el Estado-como-organización-central, las Comunidades Autónomas y los Entes Locales. Estos tres niveles de organización territorial integran el Estado-como-organización-global, es decir, integran España.

 

A lo largo del tiempo el reparto del poder dentro del Estado-como-organización-.global ha ido variando, y seguirá variando en el futuro. Hace 30 años casi todo el poder se concentraba en el Estado-como-organización-central, y un poquito correspondía a los Entes Locales. A partir de 1978 el poder se reparte más: se crean las Comunidades Autónomas y se amplía la autonomía local. El Estado-como-organización-central pierde una buena parte de su poder. España, es decir, el Estado-como-organización-global, no se debilita por ello. Más bien al contrario, podemos decir que se fortalece en el sentido de que funciona mejor.

 

Suponer que España se debilita porque las Comunidades Autónomas adquieran más fuerza supone identificar a España solamente con el Estado-como-organización-central. Es decir, responde a una mentalidad centralista, según la cual solamente el poder concentrado en una organización central hace posible un Estado fuerte y una nación unida. Tal idea está sobradamente desmentida por la realidad: estados nada débiles tradicionalmente han tenido una organización muy descentralizada, ahí están los casos de Estados Unidos de América, el Reino Unido o Alemania.

 

Resulta paradójico que sea Rodríguez Ibarra quien mantenga posiciones como éstas. Sería más lógico si viniera de nacionalistas periféricos que piensan que dentro del Estado español existen varias naciones, solamente una de las cuales es España. El aumento de poder de Cataluña, por ejemplo, deberá hacerse necesariamente reduciendo el poder de España. Pero quien crea en el Estado de las autonomías debiera pensar que tan España es el Estado-como-organización-central como cualquier Comunidad Autónoma o cualquier Ente Local. Claro que Rodríguez Ibarra se escora habitualmente hacia un cierto nacionalismo español, y ya se sabe que los extremos, y los extremeños también, se tocan.

 

 

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