Cuando prohíban los toros
LA PLAZA SIN TOROS
Cuando prohíban los toros habrá que
buscar otra utilidad a la Plaza de Toros y a lo mejor hasta otro nombre, que
sin toros puede ser un poco tonto seguir llamándole así. Aunque también hacemos
la tontería de llamar Plaza del Castillo a una donde el castillo desapareció
hace siglos o Calle Nueva a una que dejó de serlo en la Edad Media.
En todo caso, la nueva utilidad ha de
ser compatible con la principal utilidad que tiene el edificio ahora y que hay
que conservar como sea contra las tentaciones de derribo y recalificación y en
su misma y óptima ubicación céntrica: la de poder ir todos los días de
Sanfermines a pasar la tarde, merendar, beber y cantar. Ahora lo hacemos
mientras se celebra una corrida de toros; en el futuro habrá que hacerlo sin
toros, ya podemos ir pensando con qué otro espectáculo llenar el abono.
Antiguamente las diversiones populares solían ser combates de gladiadores,
echar cristianos a los leones o quemar herejes. Luego se vio como de mal gusto
disfrutar de la muerte ajena, al menos la humana, y los festejos pasaron a
celebrarse en torno a toros y otros bichos. Ahora que vamos camino de ver
también inhumano matar animales en público (en privado ya es otra cosa) lo
procedente para los futuros Sanfermines será algún tipo de deporte, el
espectáculo de masas por antonomasia de los siglos XX y XXI.
Elegir qué deporte podrá entretenernos
en las venideras tardes sanfermineras es delicado. No vale cualquiera, debe
adaptarse a nuestra idiosincrasia. Que un deporte triunfe tiene mucho que ver
con el temperamento de cada público; por eso, un ejemplo, a los yanquis no les
gusta el fútbol (el de verdad), necesitan una jugada que suba al marcador cada
pocos minutos y parar el juego para la publicidad y comprar un perrito
caliente. Les van más el fútbol americano, el béisbol o el baloncesto, que
cumplen tal requisito, igual que en el cine meten una explosión o un tiroteo
cada cinco minutos. En Europa, donde en las películas se ve crecer la hierba,
que dijo Woody Allen, somos capaces de ver partidos de fútbol sin goles y
llamar goleada a un tres a cero.
Nosotros necesitamos un deporte
compatible con el bullicio de los tendidos sanfermineros, lo que ya excluye el
tenis, que exige silencio cada vez que se saca y que puede ser una buena
alternativa para la Plaza de la Maestranza de Sevilla, donde ahora ya se puede
oír la caída de un alfiler, pero no para Pamplona. Por las temperaturas de
julio vamos a excluir el hockey sobre hielo, el bobsleigh y el resto de
deportes de invierno. El fútbol, que podría ser una buena alternativa dada su
extrema popularidad, resulta incompatible por las dimensiones del terreno de
juego, y por lo mismo vamos a desechar casi todas las modalidades de atletismo,
el rugby, las carreras de caballos, el ciclismo en pista (del de ruta ni
hablamos), el golf, el polo, el béisbol o el críquet. La pelota vasca, tan
nuestra, tampoco puede ser, no cabe un frontón largo y además levantar paredes
en la plaza actual dejaría sin visibilidad a la mayor parte del público. Hemos
de excluir también otros deportes que ofrecen
poca visibilidad desde los tendidos y no digamos desde la andanada:
gimnasia, tiro deportivo, esgrima, bolos, ajedrez, billar, bridge (no, yo
tampoco creo que estos sean deportes, pero el Comité Olímpico Internacional los
tiene reconocidos, así que por si acaso los menciono). Y en cuanto a natación,
waterpolo, remo y vela tampoco son buenas alternativas por obvias razones
hidrológicas.
Así
que nos quedan pocas opciones: boxeo, lucha libre, sumo, artes marciales,
baloncesto, balonmano. No acabo de verlo. Lo mejor sería inventar un deporte
específico para los Sanfermines. Uno adaptado a nuestras necesidades: con una
cancha redonda de 50 metros de diámetro, que el juego sea bien visible por el
público de toda la plaza, que el partido dure unas dos horas, que no haya de
suspenderse por lluvia, que se juegue sin balón (para evitar probables
incidentes como que caiga entre el festivo público y no sea devuelto, o que se
lancen balones suplementarios a la cancha para confundir a los jugadores), y
que el árbitro pueda seguirlo desde el palco presidencial (no vamos a exigir de
los concejales el valor rayano en el desprecio de la propia vida de corretear
por la cancha a tiro de piedra u otro objeto contundente del tendido). Conviene
que el Ayuntamiento convoque un concurso de ideas con esos requisitos, no nos
pille la prohibición desprevenidos.
* VOLVER A LA PÁGINA INICIAL DE MIGUEL IZU