Cuando prohíban los toros

 

EL ESTOFADO DE SOJA

 

 

         Cuando prohíban los toros va a padecer también gravemente una parte de nuestra gastronomía festiva. Sin toros el clásico estofado de toro de la Feria del Toro que comemos como uno de los platos más típicos de los Sanfermines va a ser complicado de preparar. Porque, claro, también habrán desaparecido los toros en las fiestas de San Juan de Soria y de San Pedro y San Pablo de Burgos, que es en realidad de donde se surte la mayor parte del estofado de toro que comemos en los Sanfermines, pues como todo el mundo sabe hace falta esperar unos días antes de consumir la carne. Bueno, todo el mundo no, que hay algunos guiris antitaurinos que en su extensa ignorancia sobre la materia creen que una vez muertos los toros y finalizada la corrida nos lanzamos en masa al ruedo y allí mismo los desollamos, descuartizamos y asamos en hogueras para comérnoslos en una bacanal tan salvaje como creen que es nuestro carácter.

 

         Cierto que se puede sustituir el toro por la ternera o algún otro animal para preparar un buen estofado. Pero no es lo mismo, le falta el ingrediente de la tradición, ese ingrediente misterioso pero real que hace apetecibles muchas cosas que si no fueran tradicionales serían una tontería. Llevar un pañuelo rojo al cuello, hacer cola en una churrería o cantar el himno de Eurovisión (los menores de treinta años no saben ni lo que es, ya no lo ponen en la tele para retransmitir nada) simplemente ni se nos pasaría por la cabeza si no fuera por el sabor de la tradición. Además, hay algunas tradiciones gastronómicas que requieren necesariamente del toro, como los pinchos de criadillas del apartado; dudo seriamente que las vacas tengan alguna víscera equivalente a efectos culinarios, y sé positivamente que los bueyes, tan apreciados por sus chuletones, tampoco pueden aportar mucho en esta materia. Otras tradiciones exigen, además, que los toros no solo sean toros sino que además sean toros bravos y de la Feria del Toro de Pamplona, como el premio al toro más jugoso que conceden los del Gazteluleku.

 

         Por otro lado, me temo que para cuando triunfe la prohibición de los toros, Dios quiera que sea dentro de muchos años, se habrán impuesto ya otras costumbres también incompatibles con el estofado y con cualquier otra forma de consumir la carne de los toros. Probablemente esté muy mal mirado no ser vegetariano. En eso seguramente tengamos que volver a nuestras raíces e imitar las costumbres de nuestros antepasados, que eran mayormente vegetarianos, en todo caso mucho más vegetarianos que nosotros porque apenas podían permitirse el lujo de la carne. El progreso humano sigue tendencias paradójicas. En los países pobres los pobres, que suelen ser mayoría, también suelen ser mayoritariamente vegetarianos por obligación, se tienen que conformar con arroz y verduras. En cambio los ricos suelen ser carnívoros, pueden pagarse un solomillo o un filete. En los países ricos los pobres suelen ser más carnívoros porque sólo les llega para una hamburguesa en McDonald’s o Burger King y no se pueden permitir frutas o verduras, que suelen tener precios prohibitivos; en cambio entre los ricos cunde cada vez más el vegetarianismo, entre otras muchas modas relacionadas con la vida sana. Por eso resulta que en los países pobres la obesidad suele ser síntoma de riqueza mientras que en los países ricos la obesidad tiende cada vez más a ser síntoma de pobreza.

 

         De momento en Pamplona y sus alrededores tenemos la peculiaridad de habernos convertido en nuevos ricos pero manteniendo intacta la afición por el chuletón, la chistorra y las magras con tomate. Algunos vegetarianos hay entre nosotros, sí, pero suelen ser personas más bien peculiares que cultivan otras excentricidades como el yoga, el budismo o los viajes a la India, inocentes y hasta simpáticas pero decididamente excéntricas. Pero claro, el día en que nos convirtamos a la causa de los derechos de los animales con fervor suficiente como para renunciar a nuestras tradiciones más arraigadas y prohibir las corridas de toros, a lo mejor ya no tendremos valor para comernos ni siquiera una vaca o un cerdo sacrificados en matadero. O quizás sí, vaya usted a saber. Ahí tenemos el caso de los argentinos o los uruguayos, que abolieron la fiesta de los toros en nombre de la civilización pero no saben celebrar nada si no es con un monumental asado del que suelen ser víctima vacas, cerdos y pollos. Así que quizás evitemos tener que pasarnos al estofado de soja.

 

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