Cuando prohíban los toros
CARTELES SIN TOROS
Cuando prohíban los toros va a padecer
mucho una modalidad artística propia, exclusiva y específica de Pamplona, una
de las principales aportaciones de nuestra ciudad a la cultura universal. Me
refiero a los carteles sanfermineros, tradicional disciplina plástica que en
realidad se compone de dos modalidades. La primera es el cartel de San Fermín
propiamente dicho, el anunciador de las fiestas, ese que selecciona el
Ayuntamiento previo concurso público y últimamente mediante votación popular.
La segunda es el cartel de la Feria del Toro, ese que encarga la Santa Casa de
Misericordia a un pintor, diseñador, dibujante, fotógrafo o cartelista de
prestigio y que suele dar menos que hablar hasta el punto de que muchos
pamploneses es probable que incluso ignoren su existencia. El cartel de fiestas
tiene una larga historia que se remonta al siglo XIX, aunque el cartel de la
Feria del Toro también la va teniendo larga porque ya ha cumplido el medio
siglo. En cualquier caso, en ambos carteles suele aparecer el toro bravo. Como
es lógico, aparece casi siempre y como motivo principal en el cartel de la
Feria del Toro, solamente en unas pocas ocasiones su lugar ha sido sustituido
por algunos otros motivos taurinos que evocan al morlaco ausente: toreros,
hierros de las ganaderías contratadas, trastos de torear. Pero en el cartel
municipal anunciador de las fiestas su presencia también es muy habitual; baste
decir que en los carteles de los últimos cincuenta años el toro ha aparecido de
un modo u otro nada menos que en treinta y ocho ocasiones, y no nos remontamos
más atrás por un motivo tan disculpable como la pereza de seguir contando a
partir de un número tan redondo.
Como es lógico, cuando prohíban las
corridas de toros, con la Feria del Toro, tendrá que desaparecer su cartel
anunciador. Y aunque se supone que se mantendrán los Sanfermines, pero sin
toros, y seguirá habiendo cartel anunciador y probablemente concurso para
elegirlo, ya no podrá mostrar toros so pena de incurrir en apología de la
tauromaquia, o sea, de una actividad cruel, ilegal y antisocial, y por lo tanto
motivo de descalificación en su caso para los carteles que se presenten a
concurso. El toro será definitivamente desplazado por los otros motivos que
compiten con él hasta el presente en clara desventaja: San Fermín (este año
triunfador), la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, el chupinazo, el pañuelico,
la faja, las manchas de colorines. Mirado desde el otro lado, será la gran
oportunidad para los cartelistas que aborrecen a los toros o que no saben
dibujarlos (o que a lo mejor los aborrecen porque no saben dibujarlos).
Claro que cuando desaparezcan las
corridas de toros y los encierros podrá seguir habiendo artistas que para
componer sus obras se inspiren en los bóvidos y en la desaparecida tauromaquia
(bueno, quizás no desaparecida del todo, en algún país bárbaro de América puede
que se mantenga) siguiendo esa larga estela de creadores en la que figuran
nombres tan insignes como Goya, Picasso, Dalí, Sorolla, Zuloaga, Fortuny,
Urmeneta. Pero es más que dudoso que sin financiación pública sean muchos los
que se dediquen a mantener viva la tradición del cartel taurino sanferminero;
nada suele contribuir tanto a la inspiración artística como una buena retribución
pecuniaria. En otras épocas solía ser el patrocinio de algún rey, duque, papa,
cardenal u otro mecenas que mantenía a sus artistas de cámara el que daba lugar
a las más admiradas obras de arte. En esta época suele ser el erario público el
que hace lo mismo a través de becas, subvenciones, contratos y premios.
Proscritos los toros de los carteles de fiestas, desaparecidos por imperativo
legal los carteles de la Feria del Toro, pocas posibilidades quedarán de que
perviva el arte de los carteles taurómacos si alguien no los financia. Dudo que
ante la retirada de la Administración municipal del ramo del cartel taurino y
festivo-taurino el sector privado se haga cargo del asunto. Si las camisetas
con toro sí dan dinero (pregunten en Kukuxumusu), los carteles no suelen ser un
artículo de consumo masivo en los Sanfermines ni un souvenir cómodo de meter en
la maleta o en la mochila de los visitantes. La única posibilidad de
supervivencia del noble arte de los carteles taurinosanfermineros y de
preservación de este valioso patrimonio cultural es una fundación sin ánimo de
lucro; con subvención, claro, una cosa es no tener ánimo de lucro y otra
trabajar de gratis.
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