CURSO DE TAUROMAQUIA SANFERMINERA

Tercera lección:

Los toros

El toro de lidia (Bos taurus L.) es un mamífero ungulado y rumiante cuya cría para la fiesta se conserva en la península Ibérica (y por extensión en América) debido a su bravura y nobleza; se ha extinguido allí donde los bóvidos sirven sólo para hacer hamburguesas. Se discute si procede del antiguo uro que pastaba en el norte de Europa o del toro africano representado en los jeroglíficos egipcios.

Bravura significa que cuando está solo embiste a todo lo que se mueve, pese a que siendo herbívoro no tiene necesidad de atacar a otros seres vivos. La nobleza implica que no es un animal muy inteligente y se empeña en seguir embistiendo aunque no consiga nada; se le puede engañar con una capa o una muleta a la que acomete sin darse cuenta de que nunca las va a poder alcanzar. Cuando un toro es más listo de lo habitual no embiste, y entonces decimos que es manso, o embiste pero pronto aprende el truco y se para o va a por el torero, con lo cual diremos que es un toro avisado y peligroso tan poco apto para la lidia como el manso. El toro ideal, del que diremos que tiene bravura y casta, es el fiero tontorrón que no cesa de embestir con determinación y en línea recta, lo que permite al torero lucirse.

Los toros se clasifican con varios criterios. Empecemos por la ganadería; cada toro procede de una que se suele nombrar por su propietario. Sabemos de qué ganadería son los toros por el cartel, además de por el hierro, su marca a fuego (sí, como en las películas del Oeste), y otra señal en las orejas, que en la plaza difícilmente distinguiremos. El ganadero también pone número y nombre a cada toro; dato poco útil, salvo recordar que el que mató a Manolete se llamaba Islero. Las ganaderías son como los equipos de fútbol, hay unas con más prestigio que otras. No es igual que anuncien una corrida de Eduardo Miura o Partido de Resina (antes Pablo Romero) que otra de Joaquín Núñez, igual que no es lo mismo que al Sadar venga el Real Madrid o el Barcelona que el Levante. Para distinguirlas y poder opinar hay que acudir a la prensa: igual que las clasificaciones de fútbol, a diario nos cuenta los antecedentes y momento actual de cada ganadería.

Además de la ganadería está el encaste o saga familiar, que podríamos decir. Los toros de diversas ganaderías suelen tener antepasados comunes, los ganaderos se venden reses unos a otros, y se puede seguir la procedencia de cada toro y ganadería igual que uno puede encargar su árbol genealógico. Así como entre los humanos cada familia tiene sus características propias y hay dinastías particularmente ilustres (Habsburgo, Sajonia-Coburgo, Rockefeller) en los toros hay encastes más reputados por su bravura; algunos de ellos son los de Vistahermosa, Domecq, Murube, Vázquez, Veragua, etc. Particular prestigio tiene Miura, ganadería que no se ha querido mezclar con otras. Hubo una casta navarra, hoy prácticamente extinguida; la mayoría de los encastes modernos son andaluces.

Otra clasificación importante es la de la capa o la pinta; para entendernos, el color del bicho. Los toros tienen el pelo de diversos colores, lisos o mezclados, y un amplio repertorio de nombres para distinguirlos. Casi todos los toros que veremos serán negros, y unos pocos castaños; si queremos profundizar nos darán la descripción en los periódicos o en el marcador luminoso de la plaza. Por ejemplo: negro zaíno quiere decir totalmente negro y mate; azabache, negro brillante; negro bragado que tiene una mancha blanca en el vientre; mulato es un negro tirando a pardo; cárdeno que tiene pelos blancos y negros mezclados; berrendo, a manchas blancas y negras; ensabanado es de color blanco, y así sucesivamente. También hay diversas clases de toros según el tamaño y disposición de la cornamenta: astifino, veleto, bizco, playero, etc. No ahondaremos más, salvo sentar la norma esencial: nunca decir cuernos. El verdadero entendido dirá pitones, defensas, astas, encornadura; todo menos cuerno, que delata bisoñez taurina.

Otra clasificación fundamental: la edad. El toro tiene más de cuatro años; con menos es un novillo, y si no llega a tres años, un becerro (añojo, eral o utrero, según vaya a cumplir uno, dos o tres años). En sanfermines vemos corridas de toros todos los días, menos el primero, que se celebra una novillada, y becerradas por las mañanas fuera del cartel de la Feria del Toro. Además hay un peso exigido según la categoría de la plaza. En Pamplona, mínimo de 460 kilos para los toros, pero lo normal es que superen los 500 y que los mayores lleguen a los 600; aquí exigimos un toro con trapío (es decir, con buena planta, y lo más tremebunda posible). Con menos de media tonelada gritaríamos lo de "esto es un atraco".

 

 

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