SYDNEY 2000: UNOS JUEGOS CON ETIQUETA VERDE
Como otras ciudades que han acogido los Juegos Olímpicos, Sydney ha aprovechado su oportunidad para acometer importantes inversiones en infraestructuras urbanas, que en su caso persiguen el propósito de ofrecer un ejemplo de inquietud ecologista.
Los Juegos Olímpicos del 2000 se desarrollarán entre el 15 de septiembre y el 1 de octubre –seguidos entre el 18 y el 29 de octubre por los Juegos Paralímpicos- en trece sedes repartidas en un radio de 40 kilómetros en torno a la ciudad de Sydney, además de en estadios de Adelaida, Brisbane, Canberra y Melbourne para encuentros de fútbol. Pero la sede principal es el Parque Olímpico –el nombre, como veremos, no es casual- de Homebush Bay, una antigua zona pantanosa a orillas del río Parramatta a 14 kilómetros del centro de Sydney. En el último siglo Homebush Bay acogió usos industriales y parte de las zonas húmedas fueron desecadas a base de acumular basura, incluidos residuos tóxicos depositados por empresas químicas. A principios de los años noventa se calcula que había más de nueve millones de metros cúbicos de basuras esparcidos en un sector de 160 hectáreas, y que sus lixiviados amenazaban con extender la contaminación. En 1992 la ciudad de Sydney decidió ubicar en ese espacio las instalaciones olímpicas dentro de una estrategia de recuperación ambiental. Se convocó un concurso de ideas para el diseño de la ciudad olímpica al que concurrieron más de cien proyectos; entre los finalistas se hallaba la propuesta planteada por la sección australiana de Greenpeace. Esta organización ecologista lanzó una exitosa campaña para lograr que los del año 2000 fueran los primeros Juegos Olímpicos Verdes. Se planteaban como objetivos en el diseño de las instalaciones -además de asegurar la limpieza de los desechos tóxicos- la conservación de la energía y el empleo de alternativas limpias y renovables como la energía solar, garantizar que el sistema de transporte público fuera el principal medio de acceso, fomentar el uso de refrigerantes seguros para el ambiente y materiales de construcción no tóxicos, proteger la biodiversidad nativa y promover el uso sostenible de la madera, así como reducir el uso y desperdicio del agua.
Cuando en 1993 Sydney fue elegida como sede para los juegos del 2000 la mayor parte de las propuestas de Greenpeace fueron incluidas en un manual de protección ambiental y convertidas en ley por el estado de Nueva Gales de Sur. Desde entonces Greenpeace y otras organizaciones ecologistas han mantenido una presión constante sobre los organismos olímpicos y las empresas patrocinadoras para asegurar la celebración de unos juegos verdes. El presidente del Comité Olímpico Internacional –organismo que ha creado en su seno una comisión sobre deporte y medio ambiente-, Juan Antonio Samaranch, ha declarado que la protección del ambiente se ha convertido, tras el deporte y la cultura, en la tercera dimensión de los juegos olímpicos.
La construcción de las instalaciones olímpicas, que supone inversiones por valor de 330 miles de millones de pesetas –la tercera parte a cargo del sector privado-, se ha completado en la mayoría de los casos con muchos meses de antelación a la celebración de los juegos. Muchas de las instalaciones olímpicas ya han albergado acontecimientos deportivos y culturales y el Parque Olímpico ha recibido millones de visitantes. Las obras de construcción se han visto precedidas por tareas de limpieza de las áreas contaminadas, por el movimiento de más de 600.000 mil toneladas de basura, su consolidación en zonas seguras –con sistemas de impermeabilización y de recogida y depuración de lixiviados-, y el recubrimiento de tierra y la plantación de árboles, casi 40.000 de especies nativas, para constituir el Millenium Parkland, uno de los mayores parques de Sydney. Asimismo se han tomado medidas para restablecer el carácter de marisma de algunas zonas ganadas al río y favorecer la recuperación de la flora y fauna originales. La organización calcula que en estas tareas de recuperación ambiental se han invertido unos 14 mil millones de pesetas.
El punto principal de las instalaciones olímpicas es el Stadium Australia, inaugurado en junio de 1999. Con capacidad para 110.000 espectadores –es el estadio olímpico más grande de la historia, aunque después de los juegos las tribunas existentes en los extremos norte y sur serán desmontadas y la capacidad se verá reducida hasta 80.000 espectadores- es en sí mismo una pequeña ciudad que cuenta con multitud de tiendas, bares y restaurantes de comida rápida bien provistos de monitores de televisión de modo que se puedan seguir los juegos durante horas y horas sin necesidad de abandonar el recinto. La construcción del estadio –ha costado casi 70 mil millones de pesetas, financiados en más del 80 % por el sector privado; se han pagado cantidades astronómicas por la compra de suites privadas o por la cualidad de socio con acceso a zonas privilegiadas, en ambos casos para un período de treinta años- se ha realizado atendiendo a las necesidades específicas de unos juegos olímpicos modernos, además de a criterios ecológicos y de accesibilidad. Los deportistas y el personal de servicio pueden llegar directamente al estadio desde la cercana Villa Olímpica por entradas subterráneas. Los disminuidos físicos no sólo tienen asegurado el acceso sino también reservados lugares específicos, tanto en la zona de público como en la de medios de comunicación. La cubierta está diseñada para recoger el agua de lluvia de modo que sea utilizada para el riego del campo central –el cincuenta por ciento del agua utilizada en las instalaciones olímpicas será agua de lluvia o agua reutilizada-. Al igual que en el resto de las construcciones olímpicas, se ha reducido el uso de PVC y otras sustancias potencialmente tóxicas y se han utilizado en lo posible materiales reciclados –incluyendo tierra y grava procedente de obras públicas-. Incluso las antorchas olímpicas se han diseñado con materiales reciclados y con el mínimo de consumo de combustible y de emisión de gases. Las instalaciones olímpicas también cuentan con un sofisticado sistema propio de recogida selectiva de residuos.
El conjunto formado por el Parque Olímpico y la Villa Olímpica constituye la urbanización solar más grande del mundo. La electricidad y el agua caliente de las 665 viviendas donde se alojará la mayor parte de los deportistas –y que tras los juegos saldrán a la venta- se producirán mediante paneles solares. Destacan en el conjunto los diecinueve monumentales reflectores de energía solar que iluminan el bulevar olímpico, cada uno de ellos dedicado a una ciudad olímpica.
El uso del vehículo privado para el acceso de los espectadores al Parque Olímpico ha quedado prácticamente eliminado –aunque hay 10.000 plazas de aparcamiento, éstas se utilizarán sólo previa reserva y la mayor parte de ellas por el personal de la organización-. Se ha construido una estación de ferrocarril que permite llegar a las puertas del estadio en tren de cercanías. También es posible llegar en ferry –un medio de transporte muy utilizado en Sydney, ciudad construida sobre ambas orillas de la amplia desembocadura del río Parramatta- al muelle de Homebush Bay. Las empresas de transporte de Nueva Gales del Sur han creado una compañía especial que gestionará una flota de 3.350 autobuses –la mayoría alimentados con gas natural- que asegure el acceso de millones de visitantes por este medio durante la celebración de los juegos. La compra de las entradas para presenciar cada competición deportiva incluye también el uso del sistema de transporte público durante todo el día de su celebración; se calcula que durante los juegos llegarán más de medio millón de personas al día al Parque Olímpico.
Aunque Greenpeace mantiene que los de Sydney serán los primeros juegos verdes, no ha renunciado a formular algunas críticas. Greenpeace ha emprendido campañas de limpieza de residuos tóxicos y acciones legales contra empresas químicas –Union Carbide, Orica- y organismos públicos para exigir su total eliminación. A falta de pocos meses para los juegos acusa al gobierno de Nueva Gales del Sur de incumplir su promesa de que para 1999 Homebush Bay estaría completamente limpio de contaminación y estima que todavía hay restos de dioxinas, pesticidas y metales pesados que no serán eliminados antes de los juegos. Asimismo en los últimos meses ha criticado al comité organizador de Sydney 2000 por el recorte sufrido en sus presupuestos que ha supuesto la reducción del equipo técnico de seguimiento ambiental, y le ha exigido que la flota de vehículos a su servicio se adecue a las exigencias del manual de protección ambiental de los juegos, esto es, que utilice energía limpia –eléctrica, gas natural, etc.-. Tampoco ha ahorrado críticas contra algunos de los patrocinadores –con el lema Green Olympics, Dirty Sponsors-, especialmente Coca-Cola y McDonald´s, por la utilización en sus aparatos refrigeradores de hidrofluorocarbonos (HFC) que dañan la capa de ozono, algo también prohibido por el manual de protección ambiental. Dichas empresas y el comité organizador han negado estas acusaciones.
La experiencia de cómo organizar unos juegos verdes será objeto de análisis en la conferencia que sobre negocios y medio ambiente se celebrará en Sydney en el mes de julio, con la participación de Greenpeace y muchas empresas implicadas en los juegos olímpicos.
Información en Internet
Página oficial de Sydney 2000: www.olympics.com
Página de Greenpeace Australia: www.greenpeace.org.au
ECOS DE NAVARRA EN AUSTRALIA
Aunque uno de los primeros visitantes europeos de la Terra Australis fue el almirante español Luis Vaez de Torres, que en 1606 atravesó el estrecho que separa Australia de Nueva Guinea –hoy conocido como Estrecho de Torres en su honor- los lazos entre España y Australia son escasos. Los navarros que se animen a viajar hasta Sydney –más de veinticuatro horas de avión- descubrirán que los avisos para turistas con frecuencia están redactados, además de en inglés, en japonés, francés, alemán o italiano, pero rara vez en castellano, y serán poco frecuentes los lugares en que puedan ser atendidos en este idioma –una de las excepciones es el servicio telefónico, que ofrece la asistencia de traductores-. En las bibliotecas públicas de este país de inmigración –muy numerosas y populares en Australia, y que ofrecen, por ejemplo, acceso gratuito a Internet- pueden encontrarse con más libros en ucraniano o griego que en la lengua de Cervantes. Entre los numerosos restaurantes chinos, japoneses, tailandeses, malasios o italianos que llenan el país les costará encontrar alguno español.
Curiosamente, Navarra y Australia comparten el patronazgo de San Francisco Javier. El santo navarro fue proclamado en 1749 por el Papa Benedicto XIV como patrón de la India y de todo el Oriente. Por ese motivo la iglesia católica de Australia -fundada en 1834, tras años de prohibición en nombre de la confesión oficial anglicana, con el nombramiento del primer obispo de Sydney e integrada sobre todo por emigrantes y deportados irlandeses- lo tiene también por patrón. Como otras iglesias parroquiales, la catedral católica más antigua de Australia, la de Adelaida, capital del estado de Australia del Sur -cuya construcción se inició en 1851, aunque en una larga historia digna de las catedrales medievales su culminación no se ha producido hasta 1996-, está puesta bajo la invocación de San Francisco Javier.
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