¡SOCORRO! SOY FUMADOR PASIVO

Lo confieso. Soy un adicto. Soy fumador pasivo. No sólo respiro a diario dosis variables de alquitrán y nicotina, sino que además lo hago sin pagar un duro, gorroneando sin piedad de los fumadores activos. No sólo aspiro el humo que sale de los cigarros ajenos, sino que además ni siquiera utilizo el filtro. Soy capaz de estar fumando (pasivamente) de cinco, ocho, una docena de cigarros a la vez. Fumo a diario desde que tengo uso de razón. En el trabajo, en la calle, en los transportes públicos, en los bares, en los restaurantes, en los hospitales, en el vestíbulo de los cines (dentro de la sala no me dejan). Sólo puedo reprimirme del vicio cuando estoy completamente solo.

Juro que he tratado de dejarlo. He utilizado todos los medios a mi alcance para liberarme de la adicción al humo ajeno. He prohibido fumar en mi casa, en mi coche, en mi despacho. Aconsejo a mis amigos y colegas que dejen de fumar activamente. Les recuerdo continuamente que ellos y yo, todos juntos, estamos probablemente alimentando algún tumor canceroso. Procuro frecuentar lugares donde esté prohibido fumar. Cojo plaza de no fumador en los aviones. Recuerdo a los fumadores activos, cuando lo ignoran (o sea, siempre) las prohibiciones legales.

Todo es inútil. Quiero dejarlo y no puedo, a pesar de lo mal que me sienta (me da asco, me marea, me irrita los ojos). No tengo fuerza de voluntad suficiente para renunciar al trabajo, a los amigos, a los bares, a los restaurantes, a los trenes, a las tiendas, a los hospitales, a los ascensores, a los toros, a los cines, a las calles, a los hoteles, a las playas, a las bibliotecas, a las discotecas, a los parques. Sé que si realmente quisiera dejar el vicio podría hacerlo. No tendría más que abandonar la sociedad. Las posibilidades son infinitas: convertirme en ermitaño o ingresar en un monasterio de clausura, vivir entre los esquimales, buscar una isla desierta, encerrarme en una burbuja.

Las autoridades han tratado de ayudarme, con más buena voluntad que resultados. Prohiben fumar en los aviones, pero me harto de respirar humo en los aeropuertos (todo el mundo sabe que se pasa más tiempo en las salas de espera que volando). Prohiben fumar en los cines, pero gracias a los fumadores activos me pongo tibio de humo en los vestíbulos de la entrada (último cigarro antes de entrar a dos horas de abstinencia, se apaga en la misma puerta) y a la salida (¡por fin! hay que encender el cigarro según se cruza la puerta de la sala). Prohiben fumar en los hospitales, pero veo que la mayoría de los médicos fuma en cuanto puede. Prohiben fumar en los lugares de trabajo y centros oficiales, pero se sigue fumando lo mismo. Las medidas contra el tabaco sólo consiguen que algunos fumadores activos se conviertan en fumadores pasivos. Es decir, el número de fumadores pasivos no se reduce sino que aumenta, mientras que el número total de fumadores (activos más pasivos) se mantiene estable.

No quiero echar con esto la culpa de mi adicción a los fumadores activos. Pobrecitos. Sé que me precederán en el Reino de los Cielos (el cáncer los matará un poco antes que a mí). Pero vivo aterrado por las consecuencias que puede tener en el futuro mi vicio. De momento empieza la persecución de los fumadores activos; los discriminan a la hora de aplicarles tratamientos médicos, se propone que paguen más en los seguros médicos, que sean pospuestos para conseguir trabajo, etc. Esto ocurre de momento en otros países, pero es cuestión de tiempo que llegue al nuestro. Y una vez establecida la discriminación del fumador activo, las siguientes víctimas seremos los fumadores pasivos. Es cuestión de tiempo. No hay más que aplicar la misma lógica. Si no merece la pena operar a un fumador activo porque tiene los pulmones deshechos, ¿por qué operar a un fumador pasivo que tiene los pulmones sólo un poco menos deshechos por el humo ajeno? Si los fumadores activos deben pagar más a la seguridad social, ¿por qué no los pasivos? Y lo más sangrante de todo: si los fumadores activos pagan el impuesto sobre el tabaco, ¿por qué no los fumadores pasivos? Los inspectores de Hacienda deberán controlarnos "in situ" y hacer la liquidación correspondiente, evitando que sigamos eludiendo el pago por el simple procedimiento de no comprar el tabaco.

Dentro de unos años la lucha por la supervivencia comprenderá el esfuerzo desesperado por conseguir un certificado que acredite que uno no es fumador pasivo porque puede trabajar en un medio sin humo. Pocos lo conseguirán (monjes de clausura, fareros, astronautas, gasolineros, mineros, aborígenes australianos). Al cáncer y a las enfermedades respiratorias ya estoy resignado. Pero me gustaría evitar la angustia de sentirme perseguido por la sociedad. Por eso quiero dejar el vicio y pido ayuda. ¿Hay otras personas con la misma preocupación? Quizás podamos fundar "Fumadores Pasivos Anónimos" para ayudarnos unos a otros.

 

 

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