SHAKESPEARE Y NAVARRA

 

 

 

         El presidente Sanz se fue a Londres para disertar, entre otras cosas, sobre la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución, esa que permite a la ciudadanía navarra decidir en referéndum si quiere formar parte de la Comunidad Autónoma del País Vasco.

 

         Gracias a esta expedición hemos sabido que si esa disposición fuera suprimida, como patrocina Miguel Sanz (sí, ya sabemos, sólo para el caso en que se emprenda una reforma constitucional con el mismo consenso de 1978… o sea, que se podría prescindir de UPN), entonces “mejorarían las relaciones entre Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca, ya que podrían hablarse de igual a igual, superando pasadas situaciones de confrontación y desconfianza” (copio de la nota de prensa del Gobierno de Navarra, espero que no desmientan que fue eso lo que dijo). Así que de las malas relaciones entre las dos comunidades vecinas, o mejor, entre sus dos gobiernos, por una vez no tienen la culpa los nacionalistas vascos sino los padres de la Constitución. Quién nos lo iba a decir.

 

         Mr. Sanz, ya que estaba en la sede del Instituto Cervantes, echó mano de los clásicos y citó la frase escrita por William Shakespeare en Trabajos de Amor Perdidos (Love's Labour’s Lost): “Navarra será el asombro del mundo” (“Navarre shall be the wonder of the world”).

 

         Como casi siempre que se cita esta frase, se hizo fuera de contexto y alterando su sentido. El autor inglés nunca hizo semejante afirmación admirativa sobre nuestra tierra. La expresión aparece en los labios de Fernando, rey de Navarra, uno de los ficticios personajes de la obra de teatro, al explicar su propósito de convertir su corte en una pequeña academia en la que él, junto con sus mejores amigos, buscarán la inmortalidad encerrados durante tres años para dedicarse exclusivamente al estudio y la contemplación, comiendo y durmiendo lo mínimo y comprometiéndose a apartarse de cualquier contacto femenino. La visita de la hija del rey de Francia y otras damas, sin embargo, alterará sus propósitos.

 

         Hay que aclarar que esta obra es una comedia (tiene su versión cinematográfica como musical a cargo de Kenneth Branagh, que traslada la acción al Oxford de los años treinta) y sus diálogos están cargados de ironía. Shakespeare probablemente no llegó a conocer nunca Navarra (no se sabe que viajara fuera de Inglaterra) y seguramente situó a los personajes de Love's Labour’s Lost en su corte porque el pequeño reino pirenaico le sonaba pintoresco. Recordemos que otras de sus comedias también se sitúan en sitios tan exóticos para un inglés del siglo XVI como Venecia (El mercader de Venecia), una remota isla mediterránea (La tempestad), Atenas (El sueño de una noche de verano), Éfeso (La comedia de las equivocaciones), Mesina (Mucho ruido y pocas nueces),  o París, Florencia y el Rosellón (A buen fin no hay mal principio).

 

         Tampoco parece arriesgado afirmar que cuando Shakespeare eligió la corte de Navarra como escenario en realidad no estuviera pensando en lo que conocemos hoy como Comunidad Foral de Navarra. Probablemente se refería a la corte de los monarcas bajonavarros en Pau, y se inspirara en la cercana época (para él) de Enrique II de Albret y Margarita de Angulema, una reina escritora autora de poemas y cuentos; de su hija Juana III, casada con Antonio de Borbón, una reina culta y calvinista que protegió a numerosos intelectuales partidarios de la Reforma y patrocinó la traducción de la Biblia al castellano y la del Nuevo Testamento al euskera por Joannes de Leizarraga; y de su hijo Enrique IV, rey de Francia y de Navarra. Algunos han supuesto que el romance entre el rey de Navarra y la princesa de Francia de la obra teatral se inspira en el matrimonio de Enrique IV y Margarita de Valois, que llevó a la unión de las dos coronas. En toda esta época la corte de Pau se convirtió en un foco de irradiación de la cultura renacentista, mientras que para los ingleses contemporáneos de Shakespeare los dominios del rey de España, entre los que se hallaba la Alta Navarra, serían territorio enemigo y un ejemplo de intolerancia y oscurantismo papista. En Love’s Labour’s Lost aparece un único personaje español, el caballero llegado de España don Adriano de Armado, fatuo y fanfarrón que es el hazmerreír de la corte.

 

Así que la afirmación shakesperiana sobre convertirse en el asombro del mundo a través del cultivo del saber posiblemente debieran reclamarla, con más fundamento que nosotros, nuestros vecinos bajonavarros y bearneses.

 

 

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