SEGUIMOS
APOSTANDO POR LA PAZ Y EL DIÁLOGO
Por el Foro Iruña: Mikel
Armendáriz, Helena Berruezo, Iñaki Cabasés, José Luis Campo, Ginés Cervantes,
Fermín Ciáurriz, Reyes Cortaire, Ioseba Eceolaza, Miguel Izu, Manuel Ledesma,
Javier Leoz, Guillermo Múgica, Iosu Ostériz y José Luis Úriz.
Hemos
compartido la consternación e indignación causadas por el atentado del 30 de
diciembre en Barajas. Nos sumamos al rechazo que instituciones y ciudadanía en
general han expresado contra este atentado y el terrorismo que practica ETA.
Queremos expresar nuestra solidaridad con las familias de las víctimas, los
ciudadanos ecuatorianos Diego Armando Estacio y Carlos Alonso Palate.
Este atentado,
además del horror que producen siempre estos hechos criminales, genera especial
conmoción porque, después de tres años y medio sin víctimas mortales y nueve
meses de “alto el fuego permanente” de ETA, supone la ruptura del proceso de
fin dialogado de la violencia que teníamos la esperanza de culminar con éxito a
partir de la resolución del Congreso de 17 de mayo de 2005. De su fracaso, de
la frustración de las esperanzas de que condujera al final de la violencia, a
la paz y a la normalización política sólo hay un culpable: ETA. Con la bomba y
posterior comunicado denota que no entiende el clamor social contra la
violencia; demuestra total incapacidad para el diálogo y desmiente el propósito
de optar por la política en vez de por las armas. Su empeño en tutelar desde la
amenaza hace imposible la continuación de un proceso que sólo puede estar
basado, como decía la citada resolución, en “el principio democrático irrenunciable de que
las cuestiones políticas deben resolverse únicamente a través de los
representantes legítimos de la voluntad popular”. ETA debe asumir de forma
definitiva e irreversible lo que ya exigía la resolución del Congreso, “A ETA sólo le queda un
destino: disolverse y deponer las armas”, y obrar en consecuencia.
Cualquier intento de mantener un “alto el fuego” o nueva tregua temporal
resulta poco creíble y radicalmente insuficiente. Tampoco Batasuna hace posible
su participación en un proceso político mientras no se desmarque claramente de
la tutela de ETA y le exija el abandono de las armas.
Así como
consideramos que la culpabilidad sobre el fracaso de este proceso recae en
exclusiva en ETA, debemos decir que poner fin a la violencia sigue siendo una
responsabilidad compartida de todas las fuerzas políticas y sociales. Procede
que todos realicemos autoexamen sobre si hemos hecho todo lo necesario para
impulsar la paz, que analicemos los errores e insuficiencias que se han podido
producir y que no han ayudado en abrir caminos a una situación en que sea
posible el fin del terrorismo, que nos cuestionemos quiénes han trabajado a
favor de la paz y quienes por otros fines. En particular es importante superar
la tentación de aprovechamiento partidista y la imagen de enfrentamiento que
vienen ofreciendo los partidos políticos.
Si bien
constatamos que este concreto proceso de fin dialogado de la violencia se ha
frustrado, seguimos creyendo en la necesidad de la paz y del diálogo, de
impulsar nuevos esfuerzos con el mismo objetivo. Iniciar un nuevo proceso de
paz pasa por recomponer la unidad entre todas las fuerzas políticas, que deben
trabajar por establecer los foros de diálogo adecuados en los cuales puedan
plasmarse los consensos mínimos necesarios para asegurar la convivencia y la
normalización política. Seguimos creyendo en el diálogo como herramienta
esencial en cualquier democracia. Nadie puede pretender participar en procesos
democráticos desde la exigencia de imponer su propio programa de máximos. La
democracia, tanto como el juego de la decisión por mayoría, implica pluralismo,
debate, búsqueda de acuerdos y capacidad de diálogo y de compromiso. Cuanto más
conflicto, mayor necesidad de diálogo.
Apelamos a la movilización social contra la violencia. La ciudadanía debe reclamar su derecho a la paz y crear un espacio social donde no se dejen resquicios a la violencia, hacer posible reiniciar un proceso de paz que, a nuestro juicio, exige diálogo entre las fuerzas políticas y sociales, renuncia al uso partidista del terrorismo y de la lucha contra el terrorismo, que los derechos humanos de todos sean escrupulosamente respetados y que la utilización de los oportunos mecanismos policiales, judiciales y penitenciarios pase siempre por la potenciación de derechos y no por su limitación. Junto al reconocimiento a las víctimas, a las de este último atentado y a todas las demás, debemos aspirar a que no haya más víctimas. Finalmente, agradecemos el esfuerzo de todos los que han trabajado y trabajan por la paz y les animamos, aprendiendo de los momentáneos fracasos, a no perder la esperanza.
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